Encontrar la felicidad puede llegar a ser el gran objetivo en la vida de cualquier ser humano, pero… ¿en dónde la encontramos? Aunque Monsieur Periné tampoco tiene la respuesta mágica, sí nos invita a un viaje sonoro que quizá sea su álbum más experimental y, al mismo tiempo, el más comercial, en el que nos brindan Instrucciones para ser feliz.
¿Dónde está nuestro lugar feliz? ¿Qué es la felicidad? Como dice Catalina de Monsieur Periné: “Dentro de la realidad está lo absurdo, y dentro de lo absurdo, la felicidad”.
Desde Carlos Vives, PJ Sin Suela, Piso 21 y Juliana, hasta Bejuco, Jossman y la voz de Gabriel García Márquez en el interludio, Monsieur Periné se reinventa para experimentar con sonidos más habituales dentro de la gran industria, pero siempre con el sello que ha hecho del dueto lo que es hoy.
¿Cuáles serían las primeras instrucciones para ser feliz?
Catalina: Levantarse tarde [risas]. Haber tenido bastante tiempo para soñar y tomarse un cafecito. Esa primera tranquilidad de la mañana, sin apuros, es lo más rico.
Santiago: Despertar al observador que llevo dentro. Analizar muy bien lo que ocurre antes de tener una mala reacción o tratar mal a alguien. Construir integridad.
Creo que dentro de la industria musical puede haber muchas cosas que quiten la felicidad. ¿Cuál creen que es el secreto para continuar positivos, así las cosas en términos de industria no se den del todo?
Catalina: Gozarse el proceso creativo. Finalmente, la industria es industria por las ideas, y las ideas son interesantes para uno mismo cuando tienen un significado potente. Eso se construye desde el gozo, no desde un lugar negativo, porque se convierte en una cárcel.
Más allá de que las emociones que acompañan tu vida sean complejas, el proceso creativo es un espacio para transformarse, crear universos, expandirse y estar en conexión. Son encuentros muy privilegiados, y eso es lo que permite vivir bacano la industria.
Santiago: Hay que encontrar el propio flow, no compararse ni buscar entrar en categorías. Más bien, encontrar nuestra propia voz y vivir en el presente. Saber que estamos tallando la piedra, pero gozando. El gozo es vital, porque hay muchas fuerzas dentro de la industria que quieren que las cosas ocurran de cierta manera, pero es el artista quien debe tener su propia voz y disfrutarse el proceso.
El disco tiene varias colaboraciones. ¿Qué sienten que hayan aprendido de trabajar con un ícono de la música colombiana como Carlos Vives?
Catalina: Para llegar al lugar donde está él, hay que tener mucha generosidad con uno mismo y con la gente alrededor. Eso fue lo que sentí al trabajar con Carlos, es el ícono que es porque agradece todo y te presta el 100 % de su atención: su corazón, su tiempo, su amistad, su familia y su espacio. La generosidad es lo que lo hace gigante.
Santiago: Una entrega total. Además, es un tipo que tiene a un país encima. Se divierte como un niño y siempre está parchado. Se goza el proceso y siempre está siendo él mismo.
Ahora, al contrario, una artista más joven como Juliana. ¿Qué creen que pudo aprender ella de ustedes?
Catalina: De las cosas más bonitas de juntarnos con Juliana fue que ella nos dijo que habíamos sido los primeros artistas en Colombia en invitarla a colaborar. Eso me sorprendió mucho. Colaborar con otras voces enriquece la vida. Construir con otros, por más complejo que sea, me ha traído familia, amistades, experiencias muy valiosas y canciones muy importantes. El acto de juntarse con otros es entender que sumamos más juntos, que es bonito sumar. Ese es un mensaje valioso para las nuevas generaciones antes de meterse en la película de la fama.
Tiene una voz hermosa —Juliana— y fue muy bello trabajar esta canción con ella. Además, cumplimos el mismo día, el 22 de febrero. Es una persona muy comprometida.
Cuéntenme la historia del interludio. ¿Cómo llegó ahí?
Santiago: Fue una exploración que empecé a hacer en el estudio, buscando frases poderosas sobre la felicidad. Encontré unas de Gabriel García Márquez en una entrevista que hizo en los 70 en Barcelona.
El disco tiene un sonido híbrido, pero con una producción mucho más electrónica que los anteriores. Entonces empecé a sacar samples de YouTube que, junto a la voz de García Márquez, hacen del interludio un corte entre dos mundos que presenta el álbum.
En la presentación del álbum mencionan que ha sido el más retador hasta el momento. ¿Por qué?
Santiago: En mi caso, en gran parte del álbum no estuve presente en la creación de la música. Cuando me llegaban las maquetas, en principio no me convencían tanto; las sentía ajenas a lo que veníamos haciendo y a lo que a mí, personalmente, me gustaba.
Este disco fue para aprender a conversar con otras maneras de producir música, y fue lindo ver las cosas de forma diferente. Ahí estuvo el gran reto, porque anteriormente, desde lo musical, había un gran control de mi parte.
Catalina: Para mí era enfrentarse al rechazo y creer en mí. “No voy a abandonar estas ideas solo porque a otros no les gusten”, era lo que pensaba. Fueron cinco años en los que aprendí a creer en lo que me gusta antes de que alguien lo avale. Me enfrenté mucho a que la gente dijera: “esto no es Monsieur Periné”, “esto no es para Monsieur Periné”, pero al final creí más en mí y sumé a muchas personas a esta narrativa, y terminó siendo un gozo para todos. No importa si incomoda: hay que gozar sin pensar en los prejuicios.
¿Cómo ha sido la incursión dentro de ciertos elementos de la música urbana?
Catalina: Feliz. En mi caso, escucho reggaetón desde sus inicios, desde El General hasta hoy. No es una música ajena a mí. No me ha dado rechazo meterme, y me ha parecido muy divertido trabajar con personas del universo urbano, porque ellos nos ven como “súper músicos”, y yo ni siquiera estudié música.
Es cuestión de transformar la narrativa y jugar con lo que hay, de acercar esas cosas que parecen lejanas, pero que se conectan en un segundo. Conocí a Maff, un increíble productor de Providencia, con quien hice ‘Cámara lenta’.
Santiago: Me pareció muy chévere aprender de un lenguaje diferente, más conectado con lo vital, con lo corporal. Eso es lo más poderoso del reggaetón: tiene bailando al mundo entero. Un ritmo tan simple, pero sofisticado a la vez. Lograr eso es muy difícil. Ver trabajar a Fux es ver a un maestro que se mueve con distintos códigos dentro de la música.
¿En ‘Suerte’ cantas tú, Santiago? ¿Cómo fue eso?
Santiago: Sí. En cada disco me lanzo a cantar una canción, y últimamente lo he hecho con más frecuencia, porque al final la voz es el instrumento más chévere que existe.
Cata me impulsó diciéndome que debía cantar ‘Suerte’, y aunque es una canción bastante alta, me gustó mucho cómo quedó.
¿Por qué es importante sacar el tiempo para soñar?
Catalina: Porque cuando soñamos nos expandimos como soles gigantes. Eso somos: soles gigantes en el universo oscuro. Eso son los sueños.
Santiago: Hay que trabajar la imaginación, cultivarla. La realidad en la que vivimos termina siendo producto de nuestra imaginación y nuestros pensamientos.
Este disco invita al gozo creativo y a construir una imaginación que te lleve a caminos de paz y tranquilidad.


