‘Este pedazo de acordeón, ahí donde tengo el alma mía,
Aquí tengo mi corazón y parte de mi alegría.
¡Ay!, por si acaso yo me muero, les voy a pedí’ un favor,
Que me lleven al cementerio este pedazo de acordeón’
Alejo Durán, ‘Pedazo de acordeón’
Egidio Cuadrado, el hombre que con su acordeón inconfundible ayudó a dar vida a la visión musical de Carlos Vives, nació en Villanueva, Guajira, en el año de 1953. Dos décadas más tarde, en 1973, se coronó como Rey Aficionado como mejor acordeonero en el Festival de la Leyenda Vallenata en Valledupar, y en 1985 se llevó el título como Rey Profesional. Había empezado con el instrumento a los seis años de edad.
Cuñado del maestro Rafael Escalona, y hermano de la célebre Dina Luz (“Tú eres mi golondrina, Dina Luz…”), Egidio recordaba el encuentro que sentó las bases de su sociedad con Carlos Vives: “Mi compadre Carlos estaba de amores con La Mencha (Margarita Rosa de Francisco), y llegó con ella a una parranda en la que yo estaba tocando. Le tocábamos a Caracol, a Enrique Santos, Juan Manuel Santos, a Pacho Santos; a toda esa gente. Y yo le dije a mis hermanos, ‘Miren, ahí llegó el Gallito Ramírez’. ‘Venga compadre Gallito a cantar aquí con nosotros’. Y ese día cantó ‘Tu ausencia’ y ‘La casa en el aire’. Ahí comenzamos. Yo le dije, ‘Compadre, usted lo hace bien’. Empezamos ahí, y luego en Escalona. Fue un éxito, gracias a Dios”.
Por su parte, Vives ha recordado que, “A Egidio lo contrataban para las parrandas en Caracol. Y mientras que yo estaba filmando Gallito Ramírez tuve que cantar algunas veces, y fue con él. Egidio se aterraba de que yo me supiera esas canciones”. El cantante señala que cuando iba a hacer Escalona, la telenovela sobre la vida del célebre compositor vallenato, pidió que el villanuevero se encargara del acordeón: “Le decía a Egidio, “Compadrito, partamos del conjunto vallenato, de tu hermano Heberth en la caja, tú en el acordeón y Alfredo, tu primo, en la guacharaca”. De esa forma, a comienzos de los 90, Vives y Egidio empezaron a trabajar juntos en una alianza que permaneció por más de tres décadas, y ha llegado a su final hoy, con la partida del acordeonero, a causa de una pulmonía.
En esta última etapa el estado de salud de Egidio le impedía hacer viajes largos y no podía emprender giras con La Provincia, pero participó en dos canciones del concierto que Vives dio hace algunos meses en el Estadio El Campín de Bogotá, y tocó en el álbum Escalona nunca se había grabado así.
El cantante samario confiesa hoy que hace un tiempo, ya algunos años atrás, había empezado a despedirse; los problemas de salud venían agravándose, pero asegura que, “uno nunca está preparado para la noticia final”. Cuenta que se la ha venido encima la nostalgia con un montón de recuerdos de todos los años que estuvieron juntos.
Egidio se contagió con el COVID durante la pandemia y tuvo una fibrosis en los pulmones; Vives asegura que eso desencadenó una serie de condiciones que probablemente Egidio traía en su genética, y su páncreas se vio afectado también. El álbum Escalona nunca se había grabado así fue como una despedida en medio de la esperanza que encendía. Después del concierto en El Campín las cosas empeoraron. “Empezó a irse para atrás, para atrás”, indica.
Hace ya más de 30 años el acordeonero grabó Escalona: un canto a la vida(1991) y Escalona Volumen 2(1992), para luego contribuir rompiendo todos los moldes del vallenato con Clásicos de La Provincia(1993) y La Tierra del olvido(1995).
“La primerita vez, cuando grabamos ‘La gota fría’, mucha gente nos criticó, empezando por Escalona, Consuelo Araújo, compositores, acordeoneros, cajeros, guacharaqueros; todo el mundo. Me decían que eso era una falta de respeto, que cómo me prestaba para eso, que pa’llá, que pa’cá”, recordaba en los camerinos antes de un show en 2014. “Yo lo único que les decía era que se esperaran a que saliera el disco; ‘Esperen que salga el disco, ahí están los cuatro aires vallenatos. Está el paseo, el merengue, la puya y el son. A eso no se le ha hecho ningún cambio; solamente es una fusión, algo diferente, sin faltarle el respeto al folclor vallenato’”.
Sin embargo, la verdad es que a Egidio le costó trabajo aceptar y entender el concepto que conectaba al vallenato con las guitarras de alguien como Teto Ocampo, aunque este venía del Cesar y conocía muy bien el folclor. Heberth Cuadrado, cajero de La Provincia, se encargó de ayudarle a asimilar las fusiones, invitándolo a que dejara de ser “terco” y a que se sumergiera a fondo en el proyecto. Heberth murió a los 42 años, mientras jugaba fútbol con sus compañeros durante una de las pausas de la grabación de Tengo fe (1997), el álbum que fue dedicado a su memoria.
En ese camerino de 2014, cuando le preguntamos si se sentía nervioso antes de salir a tocar ante un Parque Simón Bolívar a reventar, el maestro Egidio aseguraba que se sentía “Chévere, fresco, como siempre. Con deseos de tocar bien el acordeón y de transmitir al público, como lo he hecho siempre”. El acordeonero se mostraba sonriente y absolutamente tranquilo para salir a enfrentar un monstruo de más de 40.000 cabezas: “¿Nervioso? Nada de esa vaina. Yo no me pongo nervioso. Yo no sé lo que son los nervios. Ya eso pasó a la historia; me siento tranquilo y sabroso. Nervioso me pongo cuando estoy viajando y hay turbulencia. Eso sí me pone muy nervioso”.
En esa misma conversación, el acordeonero recordaba: “Yo tenía mi conjunto, y él [Carlos] me dijo, ‘Compadre, vamos a hacer esta vaina: vamos a meterle a su conjunto vallenato la batería, las guitarras y las gaitas. Eso va a ser o una pérdida o una ganancia. O triunfamos o fracasamos’. Cuando salió el disco, eso fue una locura. Los mismos que se encargaban de hablar negativamente luego estaban haciendo lo mismo que nosotros”.
Vives asegura que al ver partir a su amigo se siente en paz, “lleno”, porque sabe que el acordeonero fue “un músico feliz”. Él ha señalado que cuando empezó su proyecto la gente se acercaba para decirle que había mejores intérpretes del acordeón, pero, “Al final, trabajé con mi compadre Egidio, porque lo nuestro fue unir dos mundos que –hasta ese momento– no se unían. Los músicos tradicionales de un folclor como el vallenato con Carlos Iván Medina, con un baterista como Pablo Bernal o un guitarrista como Ernesto Ocampo […] todo el proceso lo vivimos con mi compadre y es un proyecto de vida con ellos; es tener en la banda a un campesino, porque mi compadre no deja de ser campesino en su forma de ser, en su humor, en sus cosas; y no cambia, eso es muy valioso”.
Sin lugar a dudas, la fórmula funcionó, y gente como ellos, como Mayte Montero, ‘El Papa’ Pastor, Alfredo Rosado, Carlos Iván Medina o Eder Polo, clásicos integrantes de La Provincia se han convertido en leyendas para la música colombiana. Sin embargo, Egidio ha ocupado siempre un lugar especial, y el guitarrista Teto Ocampo dijo a ROLLING STONE en 2007: “Una cosa monstruosa, Egidio ‘jala’ la banda para donde él quiere. Es un maestro. No sabe qué es Do, ni qué es nada, nunca ha estudiado una corchea, pero tiene la teoría del vallenato. Entonces, éramos nosotros los que teníamos que aprender su vocabulario”.
Por su parte, el baterista Pablo Bernal señala que, “Carlos nos ha enseñado que los vallenateros son los más rockeros del país; Egidio es el más rockero de esta banda, él sale a tocar con todos los huevos y toda la intención. Ser rockero no es tener pelo largo y poner cara de malo; es una actitud”.
Richard Blair, el productor inglés que trabajó en La tierra del olvido, conocido por su historia con Peter Gabriel y Sidestepper, escribió hoy estas palabras para recordar en ROLLING STONE al músico villanuevero: “Egidio Cuadrado hablaba dulce, pasito, y siempre con buen humor. Era un caballero, digno y llena de empatía. Un gran músico, Egidio fue abierto a explorar las posibilidades de su instrumento más allá del vallenato típico, seguro de que la tradición podía evolucionar sin perder nada de su fuerza o autenticidad. Con su sombrero vueltiao y la mirada llena de luz, Egidio fue un icono de la nueva ola colombiana, un pionero, un grande”.
Hoy Egidio se ha unido a Teto y a Heberth. En el Cielo está sonando un pedazo de acordeón.


