En una esquina tranquila del norte bogotano, entre la Clínica del Country y una ciudad que no para de reinventarse, Café Monstruo guarda un secreto que debería estar en boca de todos: su pizza es de otro planeta. Esta empieza a armarse mucho antes de que suene el primer pedido, cuando la masa inicia un proceso de fermentación de 48 horas, sin atajos, sin prisa, sin concesiones. Porque aquí, aunque haya brunch, panadería artesanal, bowls saludables y café de especialidad, la pizza sigue siendo el alma. Y hoy, sus creadores están listos para recordárselo a la ciudad.
“Queremos que la gente vuelva a vernos como ese lugar al que se viene a comer una gran pizza, a tomarse un cóctel, a pasar la noche con amigos”, dice Cristian Vargas, director operativo y comercial. “Cuando arrancamos, el corazón del proyecto era ese: una pizza impecable, hecha en horno napolitano, con método y con alma”. En sus palabras hay un tono de manifiesto, una reafirmación de origen: Café Monstruo nació de la búsqueda por ofrecer una experiencia completa y honesta, sin pretensión, pero con obsesión por la calidad.

Y esa calidad se siente desde el primer bocado. Como en la pizza de portobellos con pecorino romano y aceite de trufa, donde cada ingrediente está en su lugar y no hay una sola nota de más. En la margarita, que parece simple, pero es compleja en su balance: la masa, la salsa, el queso, el horno… todo trabaja en armonía. “La calidad del producto te lo va a probar”, afirman con seguridad. “Es una pizza que tiene estructura, que no se rompe, pero que tampoco pierde la suavidad. Es napolitana, pero con nuestra personalidad”, dice María José Rivera, administradora operativa.
La masa es madre. Literalmente. Hecha con levadura natural, reposada durante dos días completos y horneada en un horno de 90 segundos traído especialmente para respetar ese estilo. La receta fue desarrollada junto a Anthony ‘Falcon Man’ Falco, un consultor de Nueva York especializado en proyectos de panificación y pizzerías, y fue afinada durante meses. “No fue algo improvisado. No queríamos ofrecer la típica pizza inflada de bordes gruesos o saturada de ingredientes. Aquí todo tiene una razón”, agrega Cristian Vargas.

Aunque el restaurante amplió su menú después de la pandemia —apostando por desayunos, pastelería, panadería y una línea saludable pensada para los clientes habituales del sector—, el espíritu sigue siendo el mismo: hacer todo con amor, detalle y mucha técnica. “Casi todos nuestros clientes vienen de la Clínica del Country, son personas exigentes y que cuidan lo que comen. Por eso nuestros proveedores son locales, nuestros pedidos son diarios, y no tercerizamos la panadería. Todo, absolutamente todo, se hace aquí”, dice María José Rivera.
Y ese todo incluye un hummus suave y sedoso, que llega acompañado por pan de masa madre horneado en casa, con la acidez justa y la corteza crujiente. O los croissants, que ya muchos consideran de los mejores de Bogotá, con laminados perfectos, dorados con mantequilla real. O el brioche, los panes integrales, las tortas y los hojaldres. “Estamos orgullosos de lo que sale del horno”, dice el equipo. “Y la gente lo nota”, agrega Rivera.

Pero si hay otro protagonista en Café Monstruo —además de la pizza— es el café. Producido y tostado por ellos mismos, viene de diferentes fincas de Santander, y se sirve con muchísima atención al detalle. Tienen tres variedades: un supremo especial de la casa, con notas a chocolate y caramelo, y dos cafés exóticos —bourbon rosado y geisha— que preparan en métodos de filtrado como Aeropress, V60, sifón japonés y Bee House. “Es una experiencia completa. Ver el sifón en acción es casi un performance. A la gente le encanta”.
Tanto así, que comenzaron a organizar catas mensuales de café donde los clientes pueden probar las variedades, conocer sus perfiles, y maridarlas con productos de la panadería del restaurante.

Ese sentido de comunidad es clave. Café Monstruo no es un restaurante de paso. Es un lugar que invita a quedarse, a llegar de noche, pedir una pizza con vino o cóctel, dejarse llevar por el ritmo tranquilo del lugar. A escaparse del afán y sentarse a comer con calma. Como antes. Como siempre.
La invitación está abierta. Pida una margarita bien hecha. Pruebe la de portobellos con pecorino romano y acompáñela con un negroni o una limonada de la casa. Termine con un café exótico preparado a la mesa. Viva el ritual. Porque si algo tiene Café Monstruo, es eso: ritual. Uno que merece ser celebrado cada noche.


