julio 29, 2022

Desastre inminente

Una mina antitanque es colocada en el auto tripulado por una mujer experta en explosivos, su hijo y la pequeña hija de su novio. ¿Lograrán salir con vida?

Vanya Peirani-Vignes 

/ Nora Arnezeder, Rasha Bukvic, Sara Mortensen, Edouard Montoute, Pierre Kiwitt

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Cinecolor

Sonia (Nora Arnezader, la “coyote” de El ejército de los muertos), es una mujer que trabaja en una organización no gubernamental dedicada a desactivar minas y bombas en zonas de conflicto de países en guerra como Ucrania. Sus socios son Igor (Rasha Bukvic) y Camille (Sara Mortensen), quienes trabajan haciendo el trabajo de campo. Asimismo, François (Edouard Montoute) y Fred (Pierre Kiwitt) se encargan de la parte administrativa.

Fred, el contador de la empresa, es a la vez novio de Sonia y padre de una pequeña niña llamada Zoé (Lewine Brever). Sonia también tiene un hijo de una relación anterior cuyo nombre es Thomas (Marius Blivet).

Un buen día, Fred se dispone a llevar a Zoé y a Thomas a la escuela. Los tres entran al auto ubicado en un estacionamiento, pero Fred no puede encenderlo. Es así que llama a Sonia para que lo asista y cuando ella se sienta en el puesto del conductor, se activa un conteo que pone en alerta a la experta en explosivos. Rápidamente Fred, quien está fuera del auto, comprende la situación: Su novia, su hija y el hijo de su novia van a morir encerrados en un carro bomba.

Esta es la premisa de la película francesa Desastre inminente (cuyo título original es Deflagraciones), el primer largometraje como directora de Vanya Peirani-Vignes y que se aprovecha de la situación generada por la pandemia para crear un thriller minimalista con pocos actores y una sola locación, de una manera muy similar a lo obtenido con Oxígeno, la película de ciencia ficción protagonizada por Mélanie Laurent como otra mujer en aprietos y dirigida por el especialista en cintas de terror Alexandre Aja.

Sin embargo, Desastre inminente es menos claustrofóbica que Oxígeno y mucho más efectiva. Sus influencias son evidentes (Máxima velocidad y Vivir al límite, pero sin persecuciones o escenarios de guerra) y presenta algunos problemas de lógica (la experta en bombas utiliza impulsivamente un dispositivo celular cuando todos sabemos que podría activar la carga). Pero la combinación de thriller (con varias sorpresas que no se ven venir), drama familiar y comentario sociopolítico logra funcionar, en gran parte debido a una experta dirección, un ritmo bien logrado, una buena fotografía cortesía de Thierry Arbogast (colaborador de Luc Besson en Léon y La Femme Nikita) y un trabajo actoral restringido y, al mismo tiempo, potente. Esto da como resultado una película explosiva que se apreciará mucho mejor en su idioma original.

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