Las influencias culturales del Indio Solari: de Lovecraft, Herzog y Oesterheld a Billie Holiday y Leonard Cohen

Amante del cine, la música, la pintura y la literatura, el músico repasó en sus memorias buena parte de sus artistas preferidos

Por  ROLLING STONE

junio 5, 2026

A lo largo de las más de 850 páginas de sus memorias, Recuerdos que mienten un poco (2019), en conversaciones con Marcelo Figueras, el Indio Solari se extiende acerca de las influencias culturales que lo convirtieron en el actor artístico que fue. Aquí un repaso por algunas de ellas:

“El primer libro que recuerdo haber leído –y del que no debo haber pescado una mierda a los diez años– fue El crimen de la guerra, de Juan Bautista Alberdi (…) Así fui entendiendo que el mundo no se acababa en mi calle. Leyendo descrubrías que estaban los asirios y el Estado y los persas y Estambul y la China y Marco Polo y todas esas aventuras de Julio Verne”

“Cuando escuché a los Beatles, mi reacción fue instantánea. hasta física, diría… A mí me sacudió todo lo que representaban los Beatles. Entre otras cosas quería vestirme como ellos, pero esa ropa no existía acá”.

“[En la secundaria] Saltaba de Lovecraft a libros orientalistas. Mi interés hacia esa cultura lo despertó un tipoo que se hacía llamar Lobsang Rampa. Decía ser un lama pero en realidad era inglés, hijo de un plomero: un farsante, sí, pero que me sirvió”.

“El foklore nacional nunca fue lo mío. Antes que el folklore de salón, prefiero una grabación de Leda Valladares con una chola que grita y desafina para la mierda”.

“No tengo grandes recuerdos de cine argentino. Pero con el Negro Beilinson [hermano de Skay] nos metíamos a ver ciclos enteros: Kurosawa, Fellini, Godard, cine alemán… Werner Herzog me sigue pareciendo un cineasta irremplazable, de una demencia total”.

“Las dos artistas que me conmueven hasta las lágrimas son mujeres, la cellista Jacqueline du Pré y Billie Holiday, que nada tenían que ver con el rock y el pop”.

“Mi vida es una banda sonora abismal, va de la tarantela a la música japonesa para niños. Me gusta el tango instrumental. Por supuesto Piazzolla y Rovira. “Ladrillo” es una obra genial”.

“En el cine la obra de Andréi Trakovski. Ingmar Bergman, importante desde que vi una teta en el cine por vez primera. “Fanny y Alexander” es una cosa maravillosa”.

“En materia de artes visuales, Klimt: esas mujeres, esas texturas doradas. Y nunca es un cocoliche, siempre conserva una gran elegancia. Slavador Dalí, que no es muy bien considerado pero a quien de todos modos aprecio”.

“Pollock me interesa, pero no me mata. Con Van Gogh no ligo: esas flores de una carnosidad casi trífida… De Picasso me gustan algunas cosas. Las caras femeninas, post arte africano. Brueghel, esos trípticos. La luz de Rembrandt. El conceptual Duchamp, esa idea de que el bojeto que el artista señala ya es arte. El trazo irreductible de los japoneses”.

“Yo me crié leyendo las historietas de Oesterheld. Los tiempos de Hora Cero marcaron una época de oro para el género: el Tano Pratt había emigrado a la Argentina, Ongaro también, eran un lujo total”.

“Mi escuela también es italiana, pero vitalista: la de Mastroiani, Giancarlo Giannini, Fellini, de ponerse una papa en la boca y jugar”.

“Prefiero a Leonard Cohen, que nunca deja de hacer poesía. Dylan es pillo, Cohen no. Para mí son incomparables, por más que el amigo Andrés (Calamaro) se enoje”.

“Bowie y Peter Gabriel fueron siempre modelos, en términos de approach compositivo”.