Cubel vuelve a hacer de la moda un territorio de pensamiento, memoria y ritual. En La Colmena A.W. 2026, la firma dirigida por Humberto Cubides se interna en los valles de Cundinamarca para construir una colección que no solo se viste, sino que se escucha, se toca y se hereda. El resultado es una propuesta donde la artesanía deja de ser ornamento para convertirse en lenguaje, y la feminidad aparece como una fuerza que ordena el mundo desde lo invisible.
Tras una inmersión profunda en comunidades artesanas de Cucunubá, Cubel observa un equilibrio ancestral entre el trabajo textil y el cultivo de la tierra. Ambas prácticas, transmitidas de generación en generación, comparten una ética común: el saber que se guarda en las manos y en el tiempo. En este cruce entre campo y ciudad, entre lo material y lo espiritual, la colección encuentra su pulso vital, reconociendo a las mujeres artesanas como guardianas de un conocimiento que sostiene la vida cotidiana y la memoria colectiva.

La narrativa se articula a través de tres figuras simbólicas: La Campesina, La Artesana y La Sabia, encarnadas en Sol (Sué), Luna (Chía) y La Abeja. La colmena —o el avispero— funciona como metáfora central: un espacio de transformación constante donde lo viejo se abandona para que lo nuevo pueda nacer. Ese tránsito se refleja en la pasarela como una caminata pausada, casi ceremonial, que recorre el espacio y tensiona lo antiguo con lo contemporáneo, lo sagrado con lo profano.
En lo técnico, La Colmena se apoya en prácticas ancestrales como el croché, el tejido a dos agujas y la construcción de volúmenes que evocan la geometría orgánica de las colmenas. Los tonos tierra dominan la paleta, profundos y cálidos, como un anclaje a los elementos esenciales y a las enseñanzas de las comunidades indígenas de América Latina. En contraste, el negro invernal introduce un diálogo con la estética gótica: no como cita literal, sino como una búsqueda espiritual de belleza más allá de lo evidente, donde el orden y la proporción se convierten en vehículos de lo divino.

La colección fue posible gracias al trabajo de más de 40 artesanos, cuyas manos construyen cada pieza como un acto colectivo. El estilismo suma colaboraciones afines a esta ética material: Doos Eyewear presenta una edición especial de lentes hechos a mano con madera de skateboards recuperados; Curandera y Roor aportan accesorios escultóricos de espíritu orgánico y brutalista, elaborados en plata 9.50 y cobre patinado mediante técnicas de fold forming y oxidación controlada.
La puesta en escena se inspira en el trabajo incansable de las abejas, figuras que, como las mujeres, sostienen el equilibrio del mundo desde el esfuerzo constante. En ellas conviven los opuestos: veneno y alimento, peligro y recompensa. La Colmena A.W. 2026 se presenta así como una oda a esa fuerza creadora silenciosa que mantiene en movimiento el ciclo de la vida, recordándonos que todo —la tierra, el cuerpo, el tejido— está profundamente entrelazado.



