Crítica: La captura

Dos policías detienen a El Chapo y descubren que conservarlo puede costarles la vida, la familia y la conciencia

Chava Cartas 

/ Alfonso Herrera, Noé Hernández, Héctor Kotsifakis, Juan Pablo Cruz García, Paola Fernández, Gerardo Trejoluna, Antonio Fortier, Allan Durell, Fernando Cuautle, Daniela Torres

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía

Pese a estar inspirada en hechos reales, La captura tiene la estructura de un policíaco tipo Sicario y de la buddy cop movie, pero eso sí, alejándose de la comedia y acercándose a la tensión cruda de cintas como End Of Watch.  Arturo Carmona es el policía veterano: tiene una esposa embarazada, dos hijos, un salario insuficiente y el recuerdo de un operativo que terminó mal. Acepta el turno nocturno para ganar algo más de dinero y recibe a Héctor Rosales como nuevo compañero. Primero desconfía de él; después deberá confiarle la vida.

Carmona, interpretado por Alfonso Herrera (El baile de los 41), y Rosales, encarnado por Noé Hernández (Miss Bala), patrullan Los Mochis, Sinaloa, cuando persiguen un automóvil robado. Dentro encuentran a Cholo Iván (Juan Pablo Cruz García) y a Joaquín “El Chapo” Guzmán (Héctor Kotsifakis), quien acaba de escapar de un operativo militar.

Atrapar al criminal más buscado de México debería representar la culminación de una carrera. Para estos hombres es el comienzo de una noche en la que cada llamada, vehículo y uniforme puede pertenecer al cártel. El Chapo está esposado, pero ellos son quienes parecen prisioneros.

La película parte de dos crónicas de Héctor de Mauleón sobre la captura ocurrida el 8 de enero de 2016. Como las identidades de los policías permanecen protegidas, Carmona y Rosales son construcciones dramáticas. Chava Cartas no pretende entregar una reconstrucción definitiva, sino imaginar el dilema de dos agentes ordinarios obligados a custodiar a un hombre que puede comprar a sus superiores y llegar hasta sus familias.

Kotsifakis evita la caricatura del capo extravagante. Guzmán aparece golpeado y fatigado después de la fuga, pero recupera el control cuando comienza a estudiar a sus captores. Descubre rápidamente cuánto ganan, qué necesitan y qué temen perder. No requiere un arma: tiene dinero, hombres repartidos por todo el territorio y la certeza de que la institución policial es considerablemente más frágil que su organización.

Allí se encuentra la verdadera tensión de La captura. El capo ofrece una recompensa capaz de resolver los problemas económicos de Carmona. Entregarlo significa conservar la integridad y volver a una vida precaria; liberarlo podría garantizar el futuro de su familia, siempre que consiga sobrevivir a su propia traición.

El conflicto recuerda a la reciente The Rip, protagonizada por Matt Damon y Ben Affleck, donde una fortuna encontrada durante un operativo obliga a varios policías a desconfiar de sus compañeros y de sí mismos. En ambas películas, la corrupción no comienza necesariamente con la maldad. Puede nacer del cansancio, las deudas y la convicción de que el sistema exige sacrificios que jamás piensa recompensar.

Cartas mantiene la narración en 91 minutos y no intenta convertir el arresto en una superproducción. Después de Contraataque, donde un escuadrón militar combatía contra un cártel, el realizador reduce la escala: una patrulla, unas carreteras nocturnas y dos hombres que no saben si los refuerzos vienen a rescatarlos o a ejecutar al prisionero.

Herrera permite que Carmona contemple realmente la oferta. Si el personaje rechazara el dinero sin vacilar, la película sería una celebración rutinaria del heroísmo. Su duda introduce algo mucho más valioso y es la posibilidad de que un hombre decente también pueda desear aquello que terminaría destruyéndolo.

Noé Hernández dispone de menos información sobre Rosales, pero utiliza esa ausencia a favor del suspenso. Su personaje permanece difícil de leer y la amistad con Carmona se construye mediante decisiones tomadas bajo presión. No necesitan pronunciar grandes discursos sobre la fraternidad; basta con saber si uno abandonará al otro cuando comiencen los disparos.

Documentales como Cuando conocí al Chapo: la historia de Kate del Castillo y Drug Lords contribuyeron a convertir a Guzmán en una figura rodeada por el espectáculo de la fuga, el poder y la celebridad criminal. La captura cambia el punto de vista. El capo no es el protagonista de su propia leyenda, sino el prisionero que pone a prueba la conciencia de dos hombres cuyos nombres reales probablemente nunca conoceremos.

La película pierde algo de fuerza cuando utiliza el pasado trágico de Carmona y la vulnerabilidad de su familia para insistir en aquello que ya había quedado claro. Tampoco desarrolla a Rosales con la misma atención. Sin embargo, Cartas conserva el ritmo y comprende que la historia no necesita explicar todo el narcotráfico mexicano: le basta con mostrar cómo su poder cabe dentro de una patrulla.

El desenlace es conocido, pero la pregunta permanece abierta. No se trata de si los policías conseguirán capturar a El Chapo, sino de cuánto deberán arriesgar para entregarlo. En La captura, hacer lo correcto no garantiza una recompensa. Apenas permite continuar mirándose al espejo.

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