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Crítica: Hypnotic

Regresa el director de El mariachi con un fallido intento de emular el cine de Christopher Nolan.

Robert Rodríguez 

/ Ben Affleck, Alice Braga, William Fichtner, Hala Finley, Jeff Fahey

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Diamond

Un policía de Texas llamado Daniel Rourke (Ben Affleck), está buscando a su pequeña hija Minnie (Hala Finley) y se topa con una conspiración de criminales controladores de mentes. No, no son los Scanners de clásico del cine de horror clase B de David Cronenberg, ni tampoco son los manipuladores de los sueños que hicieron parte de Inception, la popular cinta de ciencia ficción surrealista, que Christopher Nolan le robó al fallecido Satoshi Kon. Aquí estamos hablando de hipnotistas.  

Rourke y su compañero Nick (J.D. Pardo) siguen la pista de una llamada anónima y descubren a un escurridizo y misterioso hipnotista (William Fichtner) que controla mentes con suma facilidad, como si se tratara de un supervillano de los cómics de The Flash. Este hombre es el principal y único sospechoso de un atraco bancario, en el que el botín principal es una foto polaroid de Minnie guardada en una caja de seguridad. Y como si se tratara de un guiño a Memento (esa otra grandiosa cinta de Nolan), la foto contiene un mensaje críptico escrito a mano. 

Robert Rodríguez nos entrega una cinta cuya producción estuvo cargada de problemas, que incluyen dos intentos fallidos de realización y un problema legal relacionado con la seguridad del equipo de filmación. Tal vez por eso es que Hypnotic se siente estéril, carente de imaginación y drenada del ritmo energético que caracteriza a un autor que suele dirigir, escribir y editar sus propios trabajos, como sucedió con la legendaria trilogía de El Mariachi (que incluye a Desperado y Érase una vez en México) y más recientemente, la adaptación del anime Alita: Battle Angel (producido por James Cameron), la cual demostró que los grandes presupuestos no se acomodan al estilo de Rodríguez.

Al igual que con Inception, Rodríguez utiliza un formato cinematográfico de amplio espectro y distorsiones en las perspectivas, para hacernos notar que en esta cinta no todo es lo que parece. Y del mismo modo que sucede con Scanners y en personaje interpretado por Jennifer O’Neill, aparece la aliada femenina para nuestro héroe solitario, en la forma de Diana Cruz (Alice Braga), una médium que ayudará a Rourke a encontrar a su hija. 

En el camino, Rourke y Cruz se detendrán en el restaurante Bone Shack, el mismo de Planet Terror, la fabulosa primera mitad de Grindhouse, el proyecto junto a Quentin Tarantino que le rendía homenaje al cine clase B. Pero Rodríguez, de una manera terriblemente equivocada, intenta que su absurda cinta luzca como si fuera un producto de alto presupuesto. Tendremos breves apariciones de actores como Jeff Fahey y Jackie Earle Haley, así como un hacker paranoico (Dayo Okeniyi) que usa un parche en los ojos para que las cámaras satelitales no descubran su identidad y/o su locación, pero todo se siente como algo ya visto y sin vida. 

Que Rodríguez intente imitar a Nolan no le queda para nada bien a un director que poseía un estilo diametralmente opuesto. Y que la cinta carezca del humor negro, la ultra violencia, el salvajismo y las maravillosas coreografías de acción que conformaban su estilo, hace que casi todo recaiga en el carisma de Ben Affleck, quien aquí luce más cansado que en las polémicas fotos virales junto a su pareja Jennifer López. Se sospecha que Affleck haya actuado en toda esta película bajo los efectos de la hipnosis.

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