Diapositiva anterior
Diapositiva siguiente
Diapositiva anterior
Diapositiva siguiente

Crítica: Beekeeper: Sentencia de muerte

Un apicultor apacible ve sacudida su colmena y cobra venganza, en esta variante de John Wick con abejas.

David Ayer 

/ Jason Statham, Josh Hutcherson, Emmy Raver-Lampman, Jeremy Irons, Minnie Driver

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Diamond

Hablemos de la tríada que conforma esta nueva cinta de acción y venganza. El director David Ayer es el autor de End Of Watch (2012), una de las mejores películas policíacas de todos los tiempos y de Fury (2014) una grandiosa cinta sobre tanques de guerra ambientada en la Segunda Guerra Mundial. Pero también es el artífice de Suicide Squad (2016), una de las peores películas de superhéroes de todos los tiempos, y de Bright (2017), un terrible intento de fusionar el Sword & Sorcery con el Ciberpunk, que es mejor dejar en el olvido. 

El guionista Kurt Wimmer es el escritor de tres sólidas cintas de acción: El clásico de culto Ciberpunk Equilibrium (2002), el neo-noir policíaco Street Kings (2008) y la elegante cinta de espías Salt (2010). Pero también su pluma vomitó a Ultraviolet (2006), una cinta de superhéroes peor que Suicide Squad y que él mismo dirigió; Law Abiding Citizen (2009) un remedo horrible y absurdo de las premisas de Dirty Harry (1971) y Death Wish (1974); y ese bodrio conocido como Expend4bles (2023), por lo hablar de los mediocres remakes de Total Recall (2012), Point Break (2015) y Children Of The Corn (2023).    

El actor Jason Statham es el protagonista de los clásicos de acción Lock, Stock & Two Smoking Barrels (1998) y Snatch (2000), dirigidos por Guy Ritchie (con quien siempre se luce); y tiene en su haber cintas maravillosas como The Bank Job (2008), el remake de The Mechanic (2011) y la fantástica comedia Spy (2015). Pero su filmografía se ha contaminado de basura insufrible como la saga de Transporter y las franquicias de The Fast And The Furious y The Meg

Con estos antecedentes, las apuestas para The Beekeeper son de un 50% para una gran película y 50% para una cinta terrible. La moneda fue lanzada y, curiosamente, cayó parada. Todo comienza con Jason Statham encarnando a Adam Clay, un pacífico apicultor que cuenta con el apoyo de Eloise (Phylicia Rashad), una mujer de la tercera edad y maestra pensionada, quien vive en una tranquila casa rural y que maneja una obra de beneficencia. 

Un buen día, le llega a Eloise un mensaje por su computador, de esos que todos conocemos, que le advertía sobre la presencia de un peligroso virus informático. Acto seguido, la inocente anciana se comunica al teléfono que aparece en el mensaje y un simpático asesor le brinda la instrucción de descargar un programa para salvar toda su información. Sobra decir que a Eloise le roban el dinero de todas sus cuentas, incluidos los dos millones de dólares que constituían los fondos para la obra de beneficencia. Esto lleva a la desesperada mujer a recurrir al suicidio y, obviamente, el pacífico apicultor es acusado de haberla asesinado. 

Todo va bien hasta acá, pero a Wimmer y a Ayer se les ocurre salpicar la historia con incoherencias y lugares comunes. Resulta que la agente del FBI encargada del caso es nada menos que Verona Parker (Emmy Raver-Lampman de The Umbrella Academy), la hija de Eloise. Y el apicultor es nada menos que una máquina para matar en retiro que hace parte de un proyecto ultrasecreto del gobierno conocido como los Beekeepers (Guardianes de las abejas). Eso no justifica los juegos de palabras tontos y la filosofía barata asociada con las abejas que espeta Statham (“¡Tengo que proteger a la colmena de los avispones!”)

Clay, al enterarse de que su protectora se disparó en la cabeza luego de que unos estafadores de la internet le robaron sus ahorros y su capital benéfico, se va en busca de ellos en busca de venganza. ¿Quién no quiere ver eso? Es imposible no llenarse de emoción al ver cómo Statham ahorca a los estafadores con los cables telefónicos, les clava los computadores portátiles en el cuello, utiliza grapadoras en sus rostros y llena de gasolina a estos call-centers de la estafa, para prenderles fuego con o sin estafadores incluidos. Esto es la Catarsis del Nuevo Milenio. 

Pero las cosas no se quedan en un nuevo Steven Seagal rompiéndole la crisma a los malvados. Los estafadores de la internet que llevaron a Eloise a la muerte, responden a las órdenes de un chico centennial que toma leche de almendra, practica yoga y patina por los corredores de sus oficinas. Este hijo de papi es Derek Danforth (un Josh Hutcherson más odioso que nunca), el protegido de su padrastro, el ex director de la CIA Wallace Westwyld (Jeremy Irons en la película equivocada), y de su mamita (Jemma Redgrave), quien es nada menos que la presidenta de los Estados Unidos de América. Digan lo que digan, pero Ayer y Wimmer sí que saben llevar las cosas al paroxismo.     

Wallace, acostumbrado a tapar los entuertos de su hijastro, manda a un grupo de mercenarios para eliminar al apicultor y en el camino acaban con todas las abejitas y los frascos de miel que él cuidó con tanto esmero. Lo que pudo haber sido la premisa original para Winnie The Pooh: Blood And Honey, se convierte aquí en un intento de hacer un John Wick con antófilos en vez de caninos (“Han matado a mis abejas y me voy a vengar”). 

Como si se tratara de una versión simplista de la serie The Wire, Adam Clay sigue el hilo de los estafadores que llega hasta la Casa Blanca y no le importará matar al hijo de la presidenta para liberar a la colmena (léase el pueblo estadounidense) de los zánganos (léase los estafadores de la internet y los centennials consentidos). Y al igual que en un videojuego, Clay se encontrará con varios “jefes” duros de derrotar y con pruebas cada vez más difíciles. Pero al igual que todas las cintas de acción posteriores a John Wick 4, las secuencias de acción y las peleas palidecen comparadas con la magnificencia lograda por Chad Stahelski y compañía (de todas, Extraction 2 es la que más se ha acercado en ese sentido) 

Statham funciona muy bien cuando se aleja de las franquicias tóxicas y realiza trabajos relajados e hilarantes (como su reciente Operation Fortune) o cuando ingresa en mundos oscuros, sucios y corruptos (Revolver y Wrath Of Man son ejemplo de ello). Es grato verlo alejado de Toretto y su “familia” y de los tiburones prehistóricos de pacotilla. Sin embargo, todo parece indicar que tendremos una secuela de The Beekeeper y no es muy seguro apostar que será una buena película. Mi apuesta es que será algo muy cercano a The Mechanic: Resurrection (2016)