Con su álbum BIEN O MAL, Trueno pelea por el trono del “rap real”

En su segundo disco, el joven rapero argentino se la juega por una posición ideológica y estética dentro de la escena hip-hop

Por  SEBASTIÁN CHAVES

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SEBASTIÁN ARPESELLA

Trueno

Bien o Mal

“Hice un disco rascándome los huevos y me pegué. Así las cosas desde el comienzo: Trueno blanquea los modos de producción de su disco debut y todo lo que sigue es una demostración de que ahora, en BIEN O MAL, algo cambió. Si Atrevido fue una suerte de colección de singles con potencial de hit pero poca cohesión interna, acá hay algo bastante cercano a un concepto, una idea y un mensaje. La dualidad de lo que anda bien versus lo que anda mal rige el ordenamiento de los temas que se anclan en la búsqueda de conectar con las raíces: del hip-hop y de la Argentina. “FUCK EL POLICE” se planta como el primer guiño importante hacia el género en clara alusión al clásico de N.W.A. Y en seguida la conexión local se hace explícita con un sampleo a la guitarra de Atahualpa Yupanqui (“Los ejes de mi carreta”) en “ARGENTINA”, una colaboración con Nathy Peluso en la que el derrotero por todas las provincias del país, Islas Malvinas incluidas, arroja en Formosa una de las construcciones más originales del rapero de La Boca: “Aunque el rumbo se me deformó sacando lo que canto”.

Estructurado en dos mitades con un interludio (“Manifiesto”) en el medio, BIEN O MAL plantea un lado más combativo (con menciones a Santiago Maldonado, el gatillo fácil y la dictadura) y otro más festivo en el que se acomodan los singles adelanto (“PANAMÁ” con Duki, “JUNGLE” con Randy y Bizarrap y “DANCE CRIP” con la cita a los IKV). Pero si algo se sostiene a lo largo de todo el disco es la solidez de un flow de dientes apretados que navega entre sampleos a Gustavo Cerati (“Sulky” en “TIERRA ZANTA”), bases boom bap, scratches y referencias a clásicos del hip-hop ubicadas como easter eggs (chequear el parecido en la intro de “BIEN O MAL” con la de “The Real Slim Shady”).

Destinado a reclamar el trono del “rap real” casi por una cuestión de linaje, Trueno siempre se destacó en la escena mainstream por hacer de su flow el arma principal, tal como lo había hecho en las batallas de freestyle. Resuelta esa cuestión desde la cuna, encontrar una identidad sonora y una solidez en la palabra que le permitiera retratar de una manera más profunda que pintoresquista las vicisitudes de patear las calles de La Boca parecía ser el paso necesario en su carrera. En su segundo disco de estudio, Trueno entiende que jugarse por una posición (ideológica y también estética) es más atrevido que demostrar capacidad de contentar a todos. A la escena le hace falta que sus referentes dejen de calcular si cada uno de sus movimientos va a caerles bien o mal a sus seguidores. Y Trueno acaba de dar un paso importante en esa dirección.