Bryan Adams ya no es el chico de los jeans y la chamarra de cuero que conquistó al mundo con sus canciones durante los 80s y 90s, es más, nunca se limitó a ser solo eso. A sus 66 años, el canadiense sigue siendo una interesante anomalía en el universo del rock. Mientras otros de su generación se limitan a vivir de la nostalgia, Adams logra saltar de una gira mundial maratónica a sus prestigiosas exhibiciones de fotografía en Londres o París.
Su historia empezó en los clubes de Vancouver, y allí, en 1978, conoció a Jim Vallance, que le ayudaría a escribir algunos de sus más grandes éxitos. Los 70 fueron de aprendizaje y crecimiento, pero los 80 fueron de conquista absoluta.
En 1983, Cuts Like a Knife lo puso en el mapa global con hits como ‘Straight from the Heart’, pero fue Reckless (1984) el disco que rompió el molde. Estamos hablando de un álbum que es, en esencia, un compilado de grandes éxitos: ‘Run to You’, ‘Heaven’, ‘Somebody’ y, por supuesto, ‘Summer of ’69’. Este último es un himno generacional que, curiosamente, Adams ha confesado que no trata sobre el año, sino sobre una postura sexual y la nostalgia de la juventud. Con más de 12 millones de copias vendidas, Reckless hizo que Adams batiera importantes récords dentro y fuera de su tierra natal.
Ya en los 90, bajo la producción del legendario Robert ‘Mutt’ Lange (el genio detrás de gente como Def Leppard, Shania Twain y AC/DC), Adams pasó a ser una fuerza imparable de las bandas sonoras. Waking Up the Neighbours (1991) vendió 16 millones de copias impulsado por ‘(Everything I Do) I Do It for You’, una canción creada para la película Robin Hood: Prince of Thieves, que se negó a abandonar el número uno en el Reino Unido durante 16 semanas consecutivas.
Pero el momento cumbre de esta faceta llegó en 1993 con ‘All for Love’, escrita para la película The Three Musketeers. Aquí no hubo sutilezas: Adams convocó a una cumbre de titanes y unió fuerzas con Rod Stewart y Sting. La combinación era perfecta: la lija rockera de Rod, la elegancia jazzística de Sting y la urgencia melódica de Bryan.
Detrás del tema estaban el mismo Mutt Lange y el fallecido compositor Michael Kamen, una máquina de crear grandes scores para películas, que también dirigió la orquesta en el primer álbum sinfónico de Metallica. Juntos lograron que una balada de corte épico sonara orgánica a pesar del peso de los egos involucrados. Fue un “todos para uno” real que dominó las listas de medio mundo.
El artista detrás del lente
Mientras su catálogo sigue facturando, él se ha consolidado como uno de los fotógrafos de moda y retrato más respetados del mundo. Ha fotografiado desde a Amy Winehouse y Mick Jagger hasta a la mismísima Reina Isabel II. Esa misma mirada cruda y directa es la que aplica a su música actual, como se escucha en su reciente álbum Roll with the Punches.
Bryan Adams entiende que el rock and roll, al igual que una buena fotografía, depende de saber capturar el momento exacto antes de que se escape. Hace tiempo que la fotografía dejó de ser el “hobby de la estrella de rock” para convertirse en una carrera paralela de prestigio mundial con trabajos para colegas como Iggy Pop, Rita Ora, Cher, Grimes, Kali Uchis, Jennifer Hudson, St. Vincent, Annie Lennox, Rammstein, entre otros.
Lo que comenzó a finales de los 90 como una forma de documentar sus propias giras, pasó a ser una disciplina que lo llevó a ganar múltiples premios y a las páginas de publicaciones tan importantes como Vogue, Vanity Fair, Harper’s Bazaar, GQ y Esquire. Sin embargo, su trabajo más profundo y político reside en proyectos como Wounded: The Legacy of War, donde fotografió a soldados británicos con secuelas físicas graves de las guerras de Irak y Afganistán, demostrando que su ojo no solo busca la estética de la moda (ha trabajado para algunas de las marcas más reconocidas) , sino la verdad incómoda que queda cuando las luces del escenario se apagan.
Adams es un caso muy especial, el ejemplo de una forma auténtica e inteligente de mantener una vigencia con más libertad personal y creativa, con un legado musical que será recordado por generaciones que sintieron cómo sus canciones marcaban el nacimiento de los primeros amores.


