Brian Baker, de Bad Religion: “El punk es de izquierda. Hay punks de derecha… ¡pero su música no es nada buena!”

Antes de su regreso a Buenos Aires, el guitarrista de la banda punk reflexiona sobre la escena, el panorama político y revela un dato desconocido de su viejo grupo, los legendarios Minor Threat

Por  Daniel Flores

noviembre 12, 2023

Bad Religion, los próceres del hardcore melódico californiano

Bandas como Bad Religion parecen haberse formado para evitar que ocurrieran cosas como el gobierno de Donald Trump. Pero no importa que tan fuerte hayan gritado estribillos como “We’re only gonna die from our own arrogance” (“Solo nos vamos a morir de nuestra propia arrogancia”), los pioneros (inventores, casi) del hardcore melódico e “inteligente” californiano vivieron lo suficiente para ver realizadas algunas de sus peores pesadillas políticas.

Con más de cuarenta años de trayectoria y letras fuertemente politizadas, el grupo de (el académico en biología y cantante) Greg Graffin tocará el próximo 28 de noviembre nuevamente en Buenos Aires, una de las ciudades del mundo donde se les rinde mayor culto, desde su primera y determinante recalada a principios de los 90, que coincidió también con uno de sus momentos de mayor popularidad internacional. Y para anticipar el show, Brian Baker, uno de sus tres guitarristas (junto al fundador Brett Gurewitz y Mike Dimkich) se tomó unos minutos para conversar vía Zoom con Rolling Stone.

Baker, de 58 años, no sólo lleva casi tres décadas en Bad Religion, sino que es un prócer del hardcore norteamericano con peso propio y un CV imbatible: integró, como bajista, nada menos que los seminales Minor Threat, luego formó los también influyentes y de culto Dag Nasty, ambos de Washington DC, pasó por Samhain y Government Issue, y hasta hoy ocupa su tiempo libre con otros proyectos, siempre dentro del universo punk-rock, como Beach Rats y Fake Names. Generosamente sacrificando horas de un día off en plena gira, en Nueva York, Baker suena relajado, afable, y asegura que no es ningún problema hacer la entrevista. “Me encanta conversar, realmente. Mi único plan hoy es salir a correr en un rato y encontrar un buen lugar para tomar un yogurt. Así que vamos”.

Por extraño que parezca, treinta años después de sumarte, ¿todavía te sentís un poco “el nuevo” de Bad Religion?

De alguna manera sí, me sigo sintiendo el nuevo. Soy siempre como el invitado, el que tiene menos presión, al que hay que cuidar un poquito más… ¡y al que la comida en la gira le sigue pareciendo muy buena! La verdad es que es todo muy natural con Bad Religion… Salvo el primero, estuve en todos los shows que hicimos en Argentina.

Bad Religion

En la banda son tres guitarristas. ¿Cómo se reparten el trabajo de las guitarras?

No hay una única manera. Brett [Gurewitz] es el más ocupado y complicado para sumarse en las giras. Y cuando grabamos discos, las partes de guitarra dependen de quién está en qué momento en el estudio. Grabamos las bases y la verdad es que lo más importante es tener una buena batería. Después, el guitarrista que está ese día, toca. Así de simple. Después, cada uno tiene su estilo: Mike [Dimkich] tiene mejor toque yo, una cosa más de rock and roll tradicional. Brett es el estilista, el del caos único, el de las cosas más locas. Yo soy más de la digitación y algún toque metálico y oscuro. Pero no hay egos ni competencia. El objetivo es sacar el trabajo adelante.  

¿Cómo te sentís tocando en directo después de tantos años?

Mirá, no toco mejor de lo que lo hacía en los 70. A los 16 años ya tocaba muy bien, básicamente sabía todo lo mismo que sé ahora. Lo único que hice desde entonces hasta hoy es refinar mi estilo. Y también aprendí a ser más tacaño con las notas, a tocar menos. Y a disfrutar más, sobre todo en vivo. Diría que recién ahora estoy disfrutando completamente al tocar en vivo, sin nervios, improvisando, haciendo algo distinto cada noche, inventando los solos en el momento. Eso hace que me mande cagadas, también, pero no importa.

Hay un par de datos que circulan en Internet sobre vos y me gustaría aprovechar la oportunidad de chequearlos, para no repetir errores eternamente …

Dale, ningún problema.

¿Es cierto que a los 16 años tocaste con Santana?

Check. Verdad. ¡Hay fotos!

Ok. ¿Y es cierto que en un momento te propusieron sumarte a R.E.M.?

También. Pero no es que me invitaron a ser parte de la banda, tipo: “¡Vení a Georgia a vivir con nosotros, va a estar muy bueno!”. Me llamaron para ser el tipo que toca en el fondo del escenario en esos momentos en que los verdaderos músicos no están haciendo nada. Era solo un trabajo, pero yo estaba con mis cosas así que les agradecí la invitación y les dije que no. Pero no tiene ninguna importancia, con todo lo que hice en vida es increíble que siempre se mencione esto, jaja. Además, hace cuánto que R.E.M. ya ni existe…

¿Creciste en Washington DC?

Soy de DC, sí. Del centro de la ciudad, una zona conocida como Palisades, cerca de Georgetown. Muy poco interesante, nadie con onda vivía ahí. A principios de los 80, parecía que estaba lejos de todo, aunque la escena punk estuviera ocurriendo solo a un par de kilómetros de casa. Bueno, ¡Nathan Strejcek y Geordie Grindle, de los Teen Idles [banda pionera del punk de DC, con Ian MacKaye, de Minor Threat-Fugazi, como bajista], también vivían en Palisades!

Hace un par de años, circuló una foto con vos y tus compañeros de Minor Threat sentados en el frente de la misma casa y en las mismas posiciones de una de las fotos más clásicas en la historia del hardcore [la icónica tapa del e.p. Salad Days, tomada por el gran fotógrafo Glen E. Friedman]. ¿Cómo se dio esa reunión?

Esa casa es en Arlington, Virginia, a las afueras de DC, y sigue siendo hasta hoy la sede del sello Dischord. Pero la verdad es que nos sacamos esa foto muchas veces en todos estos años. La diferencia fue que esta vez un idiota la publicó en las redes sociales [nota: se refiere a sí mismo]. Los cuatro nos juntamos cada vez que hay que tomar alguna decisión importante respecto de Minor Threat, y Jeff [Nelson, baterista de Minor Threat y mentor del sello independiente Dischord] siempre insiste en sacar la misma foto y nadie tiene ningún problema. Pero eso es todo.

Baker (con lentes) en la tapa del disco de 1985 y en la reunión de 2018, en la “Casa Dischord”, de Arlington, Virginia

Por lo que se ve en la foto, no sólo se siguen juntando en esa casa, sino que la vieja tabla de skate sigue estando por ahí…

La tabla sigue ahí y ahora acabo de conseguir un cajón de Pepsi igual al original, donde estoy sentado. La próxima vez lo llevo, me falta restaurarlo un poco…

Y entonces los fans van a decir: “¡Ahora sí, esa es la señal de que Minor Threat se vuelve a juntar!”

¡La señal del cajón de Pepsi! Sí, pero cuidado, la clave es la posición del cajón. Si está al revés, como en la foto original, es que volvemos; si está derecho, significa que no hay reunión…

¿Notás que, en los últimos años, otros músicos del punk de los 80, que se habían alejado de la escena, se reconciliaron y volvieron a hacerse cargo de todo eso?

Ocurre bastante. Y eso se explica a partir de un fenómeno muy norteamericano: sentir que la música que escuchabas cuando ibas a la universidad es lo más importante del mundo. Y ese fenómeno es lo único que puede explicar que haya gente que escuche cosas como Smash Mouth, ¿no? Es la misma razón por la que en Estados Unidos los tipos de cuarenta pegan en el paragolpes del coche stickers con el nombre de su vieja universidad. Pero a mí nunca me pasó eso, por dos cosas: porque jamás fui a la universidad y porque, igual que muchos otros colegas, siempre vimos esto más allá del pequeño club y continuamos ligados a la música en serio, de por vida. Nunca nos fuimos de ningún lado. Pero, bueno, supongo que es natural ese deseo de volver a tener 20 años, aunque escuchar la misma música que cuando eras chico no necesariamente lo logre.

Para una banda con la posición política de Bad Religion, ¿que haya ocurrido algo como Trump se siente un poco como un fracaso?

Claramente, no creo que el mensaje de Bad Religion haya tenido mayor impacto en la sociedad norteamericana. Dicho esto, si estudiás mínimamente el sistema político y electoral de este país, entendés lo poco que se necesita para que un personaje como Trump llegue al poder. Además, no olvidemos que Trump ocurre en el contexto de una ola global de líderes de derecha. Estados Unidos no es ninguna excepción. Al contrario: esa idea de la excepcionalidad de Estados Unidos es basura, es una mentira. El rol de Bad Religion ha sido precisamente luchar contra esa idea por 43 años. Así que es un buen momento para seguir haciendo nuestras canciones. Al final, somos una banda de protesta. Me asombra lo relevantes que seguimos siendo. Las cosas se ponen cada vez más difíciles.

¿Hay una parte del punk que se inclinó hacia la derecha?

El punk es de izquierda. Hay punks de derecha… ¡pero su música no es nada buena! Pero sinceramente creo que la mayoría de la gente no es tan mala, simplemente quiere algo de dignidad.

Un amigo me dijo una definición del hardcore que siempre me pareció increíble. No puedo dejar pasar la oportunidad de decírsela a alguien como vos, aunque no sé si podré traducirla bien. Él dice que el hardcore es la imposibilidad de soportar las lentitudes de la vida.

Estoy muy de acuerdo, y la traducción funciona perfectamente. Creo que es una síntesis excelente. Especialmente cuando sos joven, el punk te moviliza, tanto física como emocionalmente. Funciona como un acelerador en esos momentos en que no soportás el ritmo del mundo…

¿Y qué pasa con eso cuando ya sos… maduro?

Tengo 58 y sigo siendo un punk-rocker. Es cierto que no tengo mucha idea de lo que pasa con la escena ahora, pero salgo a ver bandas en Nueva Jersey, donde vivo. Veo bandas hardcore con pequeñas cosas de Minor Threat o Gorilla Biscuits, claro, pero -tal como debe ser- no las entiendo. Y está bien. No tocan para tipos de mi edad, tocan para los chicos. De todos modos, me sigue gustando mucho ir una noche cualquiera a escuchar una banda desconocida en un club pequeño.

¿Y seguís comprando discos?

Casi nada, y además en los 90 vendí todos mis vinilos para comprar comida. Era pobre. Ahora ya pasó ese momento, ya es tarde, y, además, es demasiado caro.

¡¿Y adónde estarán esos singles de Teen Idles o Minor Threat?! Hoy valdrían fortunas…

No sé, man… Me quedan un par de cosas. Pero, por ejemplo, tenía una muy buena colección de discos de The Damned y los vendí todos para pagar dos meses de alquiler.

¿Eso fue antes de Bad Religion?

Sí, sí, fue antes…

En una entrevista dijiste que Machine Gun Etiquette era uno de tus discos favoritos. ¿Alguna vez grabaste un cover de The Damned?

Es una de las grandes bandas punk que más vi en vivo, como nueve veces, y la primera fue cuando Minor Threat tocó con ellos en DC. Era la gira del disco Strawberries. Pero nunca grabé ninguna versión. Lo que sí hice fue robarle muchísimo a Captain Sensible [guitarrista de The Damned]. ¡Los discos de Dag Nasty están llenos de robos a The Damned!