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Beck en el Primavera Sound: energía rockera, hits y un invitado que sorprendió a todos

El cantante de "Loser" ofreció uno de los mejores shows en los dos días de festival, incluyendo un regalo muy especial para el público afortunado

Por  FACUNDO ARROYO

noviembre 27, 2023

Beck, en el Primavera Sound 2023

Adán Jones

Beck llegó prendido a Buenos Aires. Y así tomó el escenario Heineken, justo antes del turno de Pet Shop Boys, en la segunda jornada del Primavera Sound. De saco y zapatos, el emblema de un sonido alternativo que nació ya con Golden Feelings (1993) y terminó de macerar con Odelay (1996), salió a escena al frente de un quinteto eléctrico y decidido a repasar dos décadas de música. Canciones que van del funk al hip hop y del pop al country, pasando por alguna improvisación (en este caso fue para “One Foot in the Grave” solo con su armónica) y siempre, pero siempre, alguna balada.

Con la energía con la que los repositores remarcan precios en las góndolas porteñas por estos días, el set tuvo su habitual y feroz inicio con “Devils Haircut”. Una filosa interpretación del concepto que el músico trabajó durante algunos discos antes del nuevo siglo.

Con canciones como “Mixed Bizness”, “The New Pollution” y “Girl”, Beck dejó en claro que su enfoque para este domingo fue un sonido electro anclado a finales de los noventa. Más allá de que haya pasado por discos como Guero (2005) y Colors (2017), el fuerte del show pasó por aquello en lo que Beck supo ser influencia para varias generaciones de bandas. Grupos que se animaron a acercarse a la consola del estudio y retocar las canciones a partir de las nuevas tecnologías digitales. Un gurú freak que, sin abandonar nunca la canción, supo pasearse hasta por la psicodelia de la tropicalia fundada por Caetano Veloso, Gilberto Gil y Os Mutantes, entre otros músicos de Brasil. Aunque, a pesar de este link y de la proximidad geográfica, Mutations (1998) no tuvo lugar en el repertorio.  

Cuando parecía que Beck no iba a bajar la intensidad, de pronto las visuales se apagaron y, con efectos de luces y la ayuda de la luna asomando, llegó la única balada del show. “Lost Cause” arrancó con ese arpegio de guitarra acústica más que profundo para decir cosas como: “Existe tanta gente que solías conocer. / Te han visto venir, te han visto partir. / Saben tus secretos, y tú sabes los suyos. / Éste pueblo está loco; a nadie le importa”. Un momento perfecto para abrazar a alguien y creer que las pequeñas luces blancas del escenario eran estrellas. Pequeñas estrellas creadas por la imaginación de Beck, por los dolores de Beck. Para fortuna de los más cebados, el compositor ya no volvió a ese mood tan predominante de su disco Sea change (2002), que incluye esta balada.

El set en vivo se resolvió con un quinteto de bajo, batería, teclados y guitarra. Ni un bombo de más, las guitarras necesarias. De hecho, los momentos de mayor power pop se tocaron con una guitarra electroacústica y con Beck, que suele ser el segundo guitarrista de su propia banda, solo al micrófono. En referencia a ese rol, la performance del cantante reflejó dos certezas. La primera es que Beck es un gran cantante y la segunda es que no perdió seguridad y vigor con los años transcurridos. Así su performance en el Primavera Sound de Buenos Aires se convirtió en una de las más destacadas del festival. “Debería tomar un poco de agua” susurró, o al menos eso pareció decir, cuando terminó de cantar “Dreams”, esa oda californiana llena de sol y funk. Seguido de esa canción seguiría “Loser”, el hit definitivo de su carrera y la canción más coreada del show.   

Antes del final, Beck miró detrás de escena y dibujó una sonrisa para las pantallas. También hizo un gesto con la cabeza para invitar a Damon Albarn para hacer “The Valley of the Pagans”. La colaboración para Gorillaz mutó al sonido del quinteto de Beck mientras el líder de Blur rapeaba sin errores gracias al teleprompter. Con gafas de leer, se movió lento y feliz para darle una gran conclusión a un show afilado, concreto y justo.

Quedó la impresión de que esta fue la primera vez que Beck pudo estar ante un público más fiel a su música, algunos de ellos jóvenes que pensaban que la voz de Beck era producto de la consola de un productor. Él los toreó con “Where It´s At” y, altanero, como para no perder la costumbre, desapareció del escenario.