“Yo siempre hacía cosas en paralelo al Cuarteto, para mí era algo algo normal y me acuerdo que la primera de todas fue un recital en el teatro La Máscara en 1984, solo con mi guitarra. Hace un tiempito, revolviendo papeles viejos, descubrí una crítica que me había hecho [el cantautor] Fernando Cabrera”, dice Santiago Tavella. El bajista y compositor uruguayo que, en 2024, anunció la desvinculación de El Cuarteto de Nos, el grupo que había formado en Montevideo a principios de los 80. Ese derrotero de proyectos en paralelo incluye un intento, a fines de los 90, de conjunción con Emiliano Brancciari y Pablo Abdala, “el Chamaco”, del incipiente grupo No te Va Gustar (hay alguna grabación inédita que se puede rastrear en YouTube); también incursionó en la música electrónica (con presentaciones en la sala Zitarrosa junto a Max Capote, Astroboy y Dani Umpi, y en la galería de arte Lezlan Keplost, de Osvaldo Cibils) y un disco editado en 2009 por el sello argentino Ultrapop, producido por Rodrigo Gómez. “En 2012 empecé a tocar por ahí yo solo con guitarra canciones que tenían un perfil propio, mío, distinto al del Cuarteto” recuerda el cantante, que repasa el camino hasta el proyecto Otro Tavella & Los Embajadores del Buen Gusto, con el que acaba de editar en vinilo Tuyo, un notable compilado (remasterizado) que presenta este jueves, 15 de mayo, en The Roxy, Federico Lacroze 3499, con entrada libre y gratuita. Pero que tiene agendada, también, una presentación para el próximo 29 de agosto, en la sede palermitana de The Roxy, Niceto Vega 5542.
El proyecto empezó a tener entidad grupal a partir de 2014, y unos años más tarde, encontró en el talentoso Diego Azar, músico y compositor (discípulo del emblemático Coriún Aharonian) un aliado creativo y estético. “Siempre estuve rodeado de muy buenos músicos”, explica Tavella. “Pero cuando empiezo a trabajar con Diego, la cosa fue a otro nivel de producción. Empezamos a juntarnos durante la pandemia, porque no había nada para hacer y en Montevideo al menos nos dejaban salir a la calle con cierta normalidad. La primera canción que hice con Diego como productor fue ‘Colombina, la de veras’, pero en esas charlas también surgió la idea de hacer una canción con [el emblemático grupo de cumbia peruano] Los Mirlos, una banda que para mí es muy emblemática y fue muy especial que hayan aceptado. Y también la idea de incorporar a Mariana Mazú, para la nueva versión, como del dúo Pimpinela, de ‘Pobre mamá y papá’”.
La cumbia es uno de los lenguajes musicales que forman parte del universo sonoro del proyecto de Tavella: “Yo veía que había un perjuicio y que se podían hacer cosas muy buenas, que se podía jugar con eso, que iba a ser disruptivo. En las primeras cosas medio tropicales que hicimos con el Cuarteto creo que salieron en los discos Emilio García [1988] y Canciones del corazón [1991] y desde ahí siempre estuvieron presentes. Y, obviamente,siempre en mí hubo un un gusto por lo disruptivo, ¿no? Por la cuestión de molestar un poco, tratando de hacerlo bien y, además, con respeto. La idea era hacer algo con cariño. Por joder, pero sin burlarse, que no es lo mismo. Si hay algo que está presente en toda mi carrera musical o artística es esa voluntad de hacer las cosas por joder, pero no en joda. ¡Por joder!”, asegura.
“En los 80 se habían puesto de moda en Uruguay los bailes de cumbia. En ese momento yo no entendía mucho de eso y yo decía ‘este no es un lugar para un burguesito como yo’. Porque tampoco me hice nunca el héroe de la clase trabajadora. Pero me puse a estudiar y a investigar muchas cosas, y fui descubriendo que más que cumbia, lo que se bailaba era la plena. Luego, con escuchando las cosas que hacía Diego [Azar], fui comprobando que la plena tenía muchos puntos de contacto con todas las músicas negras de toda América. Y esa es una cuestión que tiene que ver con con algunas cosas folclóricas. Yo me acuerdo que, por ejemplo, que Riki [Musso, exguitarrista de El Cuarteto de Nos] decía que muchas canciones nuestras, aunque sonaban a rock, tenían que ver con la milonga o la chamarrita. Nunca nos consideramos y, en lo personal, yo tampoco me considere nunca un músico de rock”.
Tavella recuerda sus clases con Coriún Aharonián, maestro indispensable de la música uruguaya, tanto en el terreno académico, como el popular. “El primer taller con él lo hice en el Instituto Goethe, que fue un centro de resistencia muy importante durante la Dictadura. Y unos años más tarde en el TUMP [Taller Uruguayo de Música Popular], y hacia 1986 emepecé a ir su casa, en el Parque Posadas, y a mostrar mis canciones. Con Diego [Azar] y Santiago Lorenzo, que toca teclados en mi proyecto, me siento hermanado porque ellos también estudiaron con Coriún, y eso te genera una cabeza, una idea de hacia dónde ir y lo que tiene que hacer un músico”.
La voz de Tavella como autor de canciones es personal y, casi siempre, en un estilo narrativo. “En segundo año del Liceo empecé a leer literatura hispanoamericana desde el principio, al a vieja usanza. Leímos el ‘Poema del mío Cid’ y los romances. Y me acuerdo que el profesor que me había tocado, tenía una cabeza muy interesante, y que había un romance, creo que era el de Fontefrida, que él lo definía como un ‘romance novelado’, porque tenía un principio, un desarrollo y un final. Y yo no sé si todas mis canciones son ‘noveladas’, por decirlo de alguna manera, pero es algo que está ahí. Yo no soy de la idea que eso sea algo mejor que otra cosa. El otro día estaba viendo unas reseñas que hacían fans de discos del Cuarteto y que decían ‘ésta es otra canción de enumeración de cosas’. Y yo me preguntaba, ‘si no te gusta la numeración de cosas, ¿por qué escuchas a El Cuarteto? Porque Roberto es un gran enumerador, y lo hace con mucha gracia, es muy bueno haciendo eso. Y tal vez yo tenga una cierta tendencia más a esa cuestión de armar un un desarrollo con un nudo y toda una cosa. Y también casi siempre hay referencias a otras cosas. Yo, en general, trato de ser lo más explícito posible, de no disimularlo”.
El 20 de marzo de 2024, a través de sus redes, El Cuarteto de Nos anunció la desvinculación de uno de sus fundadores y pilares creativos. “Cuarteteros, queremos contarles que desde hace un tiempo, Santi Tavella nos planteó la idea de dar un paso al costado de la banda, ya que estos últimos años han sido muy exigentes en todos los aspectos”, empezaba el comunicado.
Fue una decisión meditada y consensuada, explica Tavella. Una decisión que implicó, entre otras cosas, cambiar de escala. “Hablando en números, yo sé que El Cuarteto es cien veces más popular que lo que yo hago. Pero si me gusta más lo que hago siendo cien veces menos popular, ¿qué voy a hacer? Lo que más me gusta. Para mí, El Cuarteto representa toda una vida de hacer un montón de cosas, de abrirse un montón de cosas muy importantes: musicalmente, letrísticamente, escénicamente fue una una gran escuela, un gran proyecto. Pero lo que empezó a pasar a partir de determinado tiempo es que yo estaba yendo en una dirección y El Cuarteto estaba yendo en otra. Nosotros empezamos a hacer cosas en los 80 y hasta el 94 éramos un grupito que tocábamos en lugares para 200 o 300 personas en Montevideo. A veces en algún lugar más grande, a veces en algún festival. Nos iba bien, pero no éramos masivos Hacíamos lo que hacíamos porque queríamos. Después pasamos a ser muy conocidos en todo Uruguay, y ahí nos enfrentamos a dar el salto e ir a otros lados, y esos otros lados no funcionaron. Recién a fines de los 90 empezamos a venir a Buenos Aires, en recitales que producían Gustavo, del sello Ultrapop, y Fabián Jara, que nos fueron trayendo al sótano de Unione e Benevolenza y otros ciclos. Pero siempre era una cosa minoritaria para lo que éramos en Uruguay. Y después sí, a partir de 2006, se dió ese de internacionalización, a México, a España, a Colombia… Y en 2007 llenamos una Trastienda en Buenos Aires y la sensación era que ahora sí estaba pasando algo”, evoca.
Sigue Tavella: “A lo largo de la mayor parte de nuestra carrera, todo lo que hicimos lo hicimos porque queríamos, porque era nuestro deseo. Y en determinado momento eso cuajó, y empezó a tener éxito. Fue un éxito bien recibido por nosotros, pero el punto clave del asunto, y esto es algo personal, es seguir lo que yo quiero hacer. Así que ahí estoy…”.
¿Se imagina compartir cartel con El Cuarteto de Nos? “Puede pasar, no me generaría ningún tipo de problema. Sé que seguramente voy a estar en una escenario más chico, lo cual me viene mejor, porque las cosas demasiado grandes no me gustan demasiado. Es una manía mía”.
Dice que lo que necesitaba para desarrollar su proyecto era el tiempo, y ese fue un factor clave para tomar la decisión de dejar su grupo. “El duelo fue hecho durante todo ese proceso en el que conversamos sobre mi decisión. Llevó mucho tiempo todo eso. Naturalmente no fue como esos divorcios de los matrimonios donde alguien dice ‘me voy de casa porque no te aguanto más’. Esto fue hablado, mucho más tranqui, así que el duelo ya está hecho”.
¿Quedó la puerta abierta para un reencuentro de la formación original? “El Cuarteto siempre tuvo esa característica de ir cambiando. A mí también me fueron pasando cosas y fui descubriendo cuestiones musicales, ampliandola cuestión estilística, incorporando el lenguaje musicales y literarios. Y yo no sé si para bien o para mal, pero es cierto que en ambas carreras -en paralelo y ya ahora cada una por su lado- son proyectos que están vivos, que van teniendo sus cambios y que lo que va a pasar dentro de un tiempo no sabemos cómo va a ser. Sería ridículo tratar de planificar algo. Pero con El Cuarteto también pueden pasar cosas inesperadas. Yo soy muy del nunca digas nunca, pero por ahora estoy muy focalizado en este proyecto. En esta etapa en la que estamos haciendo cosas con Diego Azar, tocando con Santiago Lorenzo, que es como un hermano para Diego en en un montón de cosas, y con Miguel Romano, que es uno de los sesionistas con más trayectoria que hay en Uruguay surgen muchas charlas yla posibilidad de divagar. Así van saliendo cosas que muy colaborativas. Diego es una persona con una una mentalidad muy muy crítica y él plantea que en el siglo XXI la canción está muerta no. Eso se lo decía a Walter Venencio. Para mí, que me produzca la canciones un tipo que piensa que la canción en el siglo XXI está muerta, es muy importante. ¡Lo convencí!”.
En medio de su agitada agenda, Santiago Tavella responde el Cuestionario RS.
1. ¿Cuándo fue la última vez que fuiste a una disquería? ¿Qué disco te llevaste? ¿En qué formato?
Creo que fue hace más de diez años. Compré Once I was an Eagle, de Laura Marling, en vinilo. Lo escuché mucho.
2. ¿Te acordás de los sueños habitualmente? ¿Tenés algún sueño recurrente?
A veces me acuerdo. Cada tanto me aparece un sueño de estar en una situación en la que ya no estoy. Y digo “pero yo ya salí de esto, andá a cagar”. Me despierto y paso a otra cosa. No sé si amerita el término de “recurrente”.
3. ¿Sos buen cocinero? ¿Cuál es tu especialidad?
Bueno, pasé por MasterChef. Soy un cocinero bueno, básico. Se cuál es el punto de las comidas, el punto de la cosa. Y en eso en casa somos muy estrictos: la carne nos gusta jugosa. Mi especialidad son las carnes a la plancha y los mariscos.
4. ¿Tenés mascotas?
No. Cuando era muy chiquito tenía un perro que se subía a mi cuna, entonces lo mandaron para la estancia de una tía.
5. ¿Cómo armarías el line-up de tu festival ideal?
David Byrne, Talking Heads, Sting, Daniel Viglietti, Los Olimareños, Alfredo Zitarrosa, Leo Maslíah, Stevie Wonder, Michael Jackson, Los Mirlos y yo, por supuesto.
6. ¿Cuál es el instrumento más raro que tenés en tu casa?
Una quena que traje de algún lugar del altiplano, pero nunca pude hacerla sonar. Nunca fui bueno con ese tipo de instrumentos.
7. ¿Cuál era tu dibujito animado favorito cuando eras chico? ¿Y ahora?
Los Looney Toons, de la Warner, me gustaban por la cuestión masoquista y ultraviolenta. Me siguen gustando. No sé si ahora, con todos estos dibujitos buenitos, no vamos a sacar una generación de pelotudos.
8. ¿Tuviste alguna experiencia sobrenatural?
No.
9. ¿Cuál es el último libro que leíste?
Sumisión, de Michel Houellebecq.
10. ¿A qué celebridad te gustaría tener entre tu público?
En algún momento teníamos la fantasía de que David Byrne nos escuchara, pero evidentemente Uruguay no entró dentro de su radar.
11. ¿Cuál es el objeto más viejo que atesorás?
Un mueblecito muy ñoño de mi tía Elsa.
12. ¿Qué actor podría protagonizar la serie sobre tu vida?
Alguno que sea muy guapo, el Richard Gere de esta época.
13. ¿Cuál es tu deporte favorito?
Ninguno.
14. ¿Cuándo fue la última vez que pediste un autógrafo?
A mi amigo Aldo Mazzucchelli, cuando presentó su último libro.
15. ¿Cuál fue tu primer recital?
Cuando vino Segovia a Montevideo, y también vi otras cosas barrocas con mis padres.
16. ¿En qué creés?
No sé muy bien en qué, pero soy una persona creyente. No soy un materialista, no creo que hay una explicación materialista de todo..


