Pato Sardelli: “Nunca dejamos de hacer lo que nos gusta”

Airbag llega por primera vez a la tapa de Rolling Stone para contar su propia gran historia: la voz de Pato

Por  JOAQUÍN VISMARA

mayo 30, 2025

Fernando Gutiérrez

“Ahí me volví loquito”, dice Patricio Sardelli al momento de recordar el vínculo que desarrolló con la guitarra durante su adolescencia. El enamoramiento con el instrumento fue instantáneo. Y de a poco comenzó a convertirse en una obsesión. “Literalmente me dormía con la guitarra encima, en la cama. Me despertaba, iba al colegio y la llevaba para armar un grupito con el que tocar”, explica Pato sobre su transformación de estudiante de secundario a guitar hero.

“La escuela pasó a ser un lugar social. Empecé a tocar y ya no tenía más nada que ver con un examen o con nada, nunca más tuve carpetas. Hubo un momento en que dije: ‘No puedo estar tan enfermo’. El otro día vi unos videos de la época del primer disco, y ahí hay unos solos que son muy difíciles de hacer, tienen todos mucha digitación y claridad. ¿Cómo tocaba así? Y claro, estaba catorce o dieciocho horas por día con la guitarra encima”, repasa con la certeza de estar hablando de lo que claramente considera como una inversión bien realizada.

Pero el rock no fue su primera pasión. En la casa familiar en Don Torcuato, dice, hubo mucha música desde siempre, con una abuela que cantaba tangos y tíos y primos que llegaban para largas guitarreadas que podían extenderse por horas. Pato llegó al 2×4 a muy temprana edad, convertido en una suerte de niño prodigio que a los tres años iba con un traje hecho a medida a Grandes valores del tango, adonde cantó “Tres esquinas” mirando a los ojos a su autor, Enrique Cadícamo, y llegó a participar de giras y espectáculos. “Le decían El Maradona del Tango. En el programa de Soldán, la Casa de Carlos Gardel le hizo un regalo especial y le dieron una guitarra criolla que le quedaba gigante, así que quedó guardada”, reconstruyen sus hermanos.

Pasaron los años y el rock hizo su aparición sutil como banda de sonido. “Cerca de casa había obras con albañiles, talleres, verdulerías, todas con mucha música. Sonaban Creedence, Aerosmith, algún compilado de The Doors. Estaba con eso hasta que vino Gastón con su banda y fue un flechazo. Cuando lo escuché me volví loco, dije: ‘Tengo que ser parte de eso, no puedo quedarme afuera’”, reconstruye.

Y ahí ocurrió un momento al que los Sardelli le dan su propio carácter mitológico. Ante la necesidad de tocar un instrumento, Patricio fue en busca de la guitarra criolla que había recibido de chico. “Nosotros le decíamos Excalibur; estaba enterrada en el placar hasta que fue él y la sacó”, repasa Guido sobre el propio mito artúrico de Airbag, una metáfora con la que también coincide su hermano. “Hay historias que de pronto simbolizan algo. Esa guitarra estuvo guardada como ocho años, porque me la regalaron a los tres y la fui a buscar cuando tenía diez, pero ni bien la agarré, ahí arrancó esto”, completa Patricio sobre la reconversión en fetiche rockero de un regalo nacido de su amor por la música del arrabal.

En ese momento, las pasiones pasaron a ser bien claras, y de a poco Pato relegó el tiempo de otras actividades para dedicárselo a la música: “Desde que agarré la guitarra dejé todo lo demás. El fútbol, la bicicleta, la calle, prácticamente todo lo que hace un pibe. Mis días se convirtieron en tratar de aprender a tocar mejor el instrumento, que además me dio una seguridad en la vida en todo sentido, sentí que había encontrado mi lugar en el mundo”.

Como suele ocurrir en este tipo de historias, Patricio tuvo en el secundario un profesor que, mientras veía cómo postergaba el estudio en pos de la guitarra, intentaba hacerlo cambiar de actitud ante lo que consideraba un poco probable futuro exitoso. “En los últimos años, medio que hacía acto de presencia, iba al colegio a pasar un rato, ya ni llevaba mochila. Había encontrado lo mío y me dije: ‘Esto es lo que voy a hacer toda la vida’. Él me verdugueaba y me decía que tenía que estudiar, pero era buena onda y no me lo decía mal”, repasa Pato. La tensión entre alumno y docente siguió hasta que Airbag finalmente fichó con Warner: “Yo siempre le decía: ‘Voy a grabar un disco sí o sí’. Hasta que un día llegó el momento. Esperé a tener el contrato firmado y se lo llevé. No lo podía creer, se puso contento”, repasa Pato. Enseguida aclara los tantos: “Pero todos se ponen contentos cuando las cosas ya suceden. Antes nadie quiere saber nada”.

Todo en la vida de Pato parecía ir a la misma velocidad en la que recorría con los dedos el diapasón de su guitarra eléctrica. “En un momento vi que había un tipo que daba clases y dije: ‘Bueno, vamos a intentarlo’, pero fui dos veces y no me gustó. Cuando el tipo me pasó un par de cosas escritas para que yo reprodujera, y vi que era algo académico, dejó de llamarme la atención”, cuenta para explicar cómo forjó su educación de manera autodidacta.

A los trece años empezó a trabajar como plomo de Magiar, la banda de heavy metal que el guitarrista Martín Knye formó después de Kamikaze. Ese terminó siendo su camino hacia el aprendizaje informal. “Martín tocaba muy bien, y yo estaba con él todo el tiempo: iba a la sala de ensayo, a Acatraz, a La Colorada, todo un círculo metalero buenísimo. Estando ahí, viendo y escuchando fue para mí la mejor escuela”, dice sobre un proceso que años más tarde lo pondría en la situación inversa, cuando Airbag hizo un show junto a la Orquesta Buenos Aires Sinfónica. “En los ensayos, en un momento estaba con el primer violín, un músico del Colón. El tipo no improvisa, yo no lo sabía. Yo le decía: ‘Hacé tal cosa’, y su respuesta era: ‘Transcribímelo’. Él no improvisaba y yo no leo música, y en los dos mundos hay algo muy espectacular”, reflexiona sobre ese episodio.

Durante la sesión de fotos para esta nota, después de posar junto a sus dos hermanos, a la hora de ser retratado individualmente, Patricio se paró frente a la cámara con dos guitarras distintas, como si de un cambio de vestuario se tratara. Primero fue el turno de una Grestch similar a la de Billy Duffy de The Cult, luego llegó el momento de la siempre presente Gibson Les Paul. La elección, dice, responde a un tema de seguridad: “Me siento más cómodo con una guitarra encima para todo. Me expreso mejor con una que cuando no la tengo”. Al rato, ensaya una comparación ajena a la música: “Es como en la primera de Rambo, que Stallone dice: ‘Allá en Vietnam yo era alguien importante, mi vida tenía sentido y acá no me dejan ni agarrar un cuchillo’. A mí me pasa lo mismo, con la guitarra me siento mejor. Tengo muchas guitarras, pero no soy un coleccionista. Si encuentro una que me gusta cómo suena, estoy bárbaro”, asegura y le baja el precio al fetichismo.

Como representante de un género que se caracteriza por el despliegue pirotécnico, Pato sabe que ese es también el frente en donde se libran muchas de las críticas hacia Airbag, algo que lo tiene sin cuidado. “Eso está entre nosotros desde el primer día. ‘La partida de la gitana (si te vas)’ es una canción medio de punk melódico de aquel momento, hasta que llega el solo que es todo en la escala menor armónica, que es la que usaban todos los guitarristas que me gustaban, y después vuelve a su estado original. Son los gustos de los tres, y es lo que cada uno aporta. Hay canciones que ni tienen solo, pero donde la canción necesita un rayo de virtuosismo, aparece y nos gusta. No me pongo un freno; siempre que está el espacio, el solo está”, defiende.

Al igual que sus hermanos, ve en la carrera de Airbag también una toma de decisiones que a la larga se volvió una política ética de trabajo. “Nosotros siempre hicimos la nuestra. Los productores siempre quisieron que hiciéramos lo contrario a lo que teníamos ganas. Vinieron, nos cuestionaron los solos de guitarra y fue terrible para nosotros, no lo podíamos creer. Lo mismo cuando nos dijeron que se venían el reggae o el ska, porque estaban muy fuerte y las bandas de rock nacional hacían eso. Después fue el momento del electropop y así, y nosotros en todas esas etapas siempre fuimos por al lado, haciendo la nuestra. Es muy fácil cuando vas con la corriente, pero también te da frutos seguir a tu corazón. Es el lema de una canción nuestra: lo único importante es seguir tu corazón”, dice mientras cita la letra de “Apocalipsis confort”. “Siempre fuimos contando los altibajos y los momentos no tan buenos, pero nunca dejamos de hacer lo que nos gusta”.

Gastón

Guido