‘Nuevo Hotel Miranda!’: acompañados en el drama

Cómo es la segunda parte de 'Hotel Miranda!', con canciones nuevas y feats de Fito Páez, Nicki Nicole y Vicentico, entre muchos otros

Por  AYELÉN CISNEROS

mayo 9, 2025

El dúo conformado por Ale Sergi y Juliana Gattas tomó una decisión poco cómoda a la hora de hacer la continuación de Hotel Miranda!: que el disco tenga canciones nuevas. Es motivo de celebración esta toma de riesgos porque el grupo podría haber seguido sacando de la galera reversiones de otros hits -su cosecha luego de casi 25 años de carrera es grande- y rompiéndola, teniendo en cuenta de que esa serie de hits reversionados con músicos y músicas jóvenes fueron un éxito que los catapultó a ganar el Gardel de Oro en 2024 y sumar millones de escuchas en plataformas. 

Así las cosas, el comienzo de Nuevo Hotel Miranda! es prometedor. Damos play y de pronto aparecemos en una pista de baile en los años ochenta y suena el sintetizador de “Everybody Wants to Rule the World”, de Tears For Fears. “Triste” es en colaboración con Conociendo Rusia, con la voz dulce inconfundible de Mateo Sujatovich. El efectivo estribillo es lo que destaca en esta canción: “Tan triste, ¿por qué no me dijiste que estaba tan mal?, quisiera cambiar, estoy a tiempo de volver a empezar”. Un arranque hitero y luminoso.  

Luego llega la colaboración con Tini, “Me gusta”: una canción radiable (un término anticuado, pero pertinente), que remite a muchas que escuchamos en el presente, con un sonido familiar del pop de lista de Spotify. Tini transmite su impronta de estrella pop, pero no alcanza, sus “me gusta” quedan apabullados por la performance del dúo que brilla. 

Continúa “Sin solución”, tema que comparten con Leo Rizzi, un cantante español viral. Nos traen una canción alegre, con estribillos tarareables y punto. Sigue “Hace rato”, donde la fórmula de Miranda! se destaca de nuevo con Nicki Nicole: la temática es la incomprensión y la incomodidad en el amor y aparecen en escena unos jugueteos con la deformación de la voz de Ale y unas melodías luminosas. Esos son los contrastes que funcionan en estas canciones y que conforman el espíritu de la banda, desde que hacían bailar al público argentino  (y olvidar las penas) en pleno 2001. 

“Plutón” produce el hechizo del que habla la canción, Vicentico representa a un enamorado, fuera de toda ironía, con el desparpajo que una canción de Miranda merece. Es una balada que logra hacernos bajar unos cambios post sobredosis de bases electrónicas. Oportuno. 

El hit definitivo de disco es “Siempre que lo beso”. Fue uno de los primeros singles estrenados del álbum, hace un año, y funciona. Levanta luego del momento cursi-suave de Vicentico. La canción es pegajosa hasta la muerte y Kenia OS los segundea en el desborde de pasión, métricas perfectas y rimas ajustadísimas. El juego entre el amor a un gato o a un gym bro es esa ironía infalible a la que Miranda rinde culto: “Él sigue siempre su rutina, desayuna proteína, se tira panza al sol para absorber energía y siempre se da cuenta si lo miro, y me mira”. 

En “Como amigos” canta Ana Mena, una artista española que lleva un tiempo intentando desembarcar en Argentina. Es una canción luminosa, sin drama, con un saxo ochentoso y una frase (“la vida pasa y el amor también”) que puede imaginarse para un final de show con fuegos artificiales, con el espíritu de Chris Martin “viva la vida”. 

Cuando una pone un disco de Miranda! no defrauda, lo esperable aparece: canciones sobre los vericuetos del amor que pueden bailarse en un boliche, en el cumpleaños de un compañero de trabajo o en el supermercado mientras uno busca un paquete de arroz. El camp como estilo es algo de que se han escrito cantidad de páginas, es la manera estética de desplegar lo ampuloso, lo artificial, lo absurdo, muy vinculada a la cultura LGTB. En la música de Miranda se refleja en la forma de abordar su eterna canción de amor y también en los sonidos y la forma de cantar. Ellos son un gran exponente de lo camp y del sonido pop en Argentina.

El servicio del Nuevo Hotel Miranda! tiene un momento camp, loco, inesperado, pero no por el estilo al que nos tienen acostumbrados. “Igual a nadie” es una canción en la que Ale Sergi narra la historia de Cintia, una chica que conoció en Córdoba Capital. La canción pasa el estribillo sin el invitado y cuando finalmente aparece, resulta ser Fito Páez y su forma inconfundible de cantar. Veníamos comiendo pizza y de repente alguien nos ofrece una milanesa. Fito le canta a Cintia, se desvive, “Cintia, mi amor”, “fumando el pucho en cualquier balcón, te conocí una noche en Córdoba Capital, siempre sos el centro de atención”. Y ahí se termina. No pudimos ni terminar la pizza que la milanesa se acabó. La sensación es como de una aparición en el hotel a medianoche. Fito se come la canción y se va. 

En este punto es inevitable pensar en Hotel Miranda!, que en el final tiene la colaboración con Andrés Calamaro. El invitado consagrado del disco. Calamaro parecía haber nacido para hacer “Tu misterioso alguien”, no desentona, se suma y juega las mismas reglas. Vicentico también lo hace en este álbum. En “Igual a nadie”, Fito no se acopla al tema, manda. 

Promediando el álbum, en “Una loca historia de amor”, que comparten con Young Cister, Juliana canta con sus tonos agudos y Ale hace con la voz la famosa melodía de “Tarzan Boy” de Baltimora. Esa es una forma de homenaje que vemos actualmente también en el género urbano, en el que podemos escuchar a un joven artista haciendo un fraseo con la melodía de un reggaetón viejo (su pasado musical son los comienzos de los 2000). En este caso Miranda! lo hace con su propia referencia del pasado musical, el synthpop. 

En el último tema, “Por ese hombre”, también se referencia a los ochenta oscuros y technos con sus melodías. Abraham Mateo, otro joven músico español, le suma drama, apropiándose de la canción. 

Nuevo Hotel Miranda! corre los riesgos, sale airoso, profundiza en el drama y el artificio y el saldo da buenas canciones, con algunos potenciales hits. Inclusive varios de estos temas cobran vida más allá del invitado y podríamos decir que no lo necesitan. ¿Será hora de volver a ser uno los dos?

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