Muchos podrían decir que crecieron con la música de Village People, pero nadie como Jonathan Belolo. Su padre cofundó el grupo en 1977 y desde entonces el joven Belolo estuvo inmerso en la historia de la banda; incluso llegó a subirse con ellos a un escenario siendo un nene. Pero el 19 de enero pasado, mientras observaba detrás de bambalinas en el Capitol One Arena, en Washington, D.C., Belolo presenció una de las escenas más extrañas en la carrera de Village People. Mientras la versión actual de la longeva banda comenzaba su exuberante “Y.M.C.A.”, se les unió en el escenario su fan más prominente: Donald Trump, a solo unas horas asumir como presidente.
“Fue completamente surrealista, como, ‘¿qué está pasando?’”, dice Belolo, cuya empresa familiar, Can’t Stop Productions, supervisa la marca, la imagen y los derechos musicales de Village People. “Ver a esta personalidad tan fuerte, ya sea que te guste o lo odies, como un niño pequeño, bailando feliz, escuchando a nuestros chicos, fue un poco extraño”. En un momento, Trump se dirigió a Victor Willis —el único miembro original que queda del clásico grupo de los setenta, todavía vestido con su disfraz de policía— y le comentó que notaba que había estado en el grupo desde hacía bastante tiempo. Willis le contó que él había escrito la letra de “Y.M.C.A.”.
Para muchos testigos esa noche, la escena de un presidente electo dando vueltas por el escenario con una banda compuesta por tipos vestidos de policía, nativo americano, trabajador de la construcción, soldado, cowboy y motociclista era algo inesperado. Concebidos hace casi 50 años por dos productores franceses, los Village People eran el epítome de una banda novelty, una curiosidad destinada a desvanecerse rápidamente después de que sus espumosas canciones disco —“Macho Man”, “In the Navy”, y especialmente “Y.M.C.A.”— cumplieran su ciclo.
Pero aquí, en 2025, en la capital de Estados Unidos, estaban los Village People, o al menos una versión de ellos, actuando para una multitud de MAGA (Make America Great Again) que había adoptado como propio a un grupo cuya imaginería podría interpretarse tanto como una celebración del machismo o como una animada fantasía gay.

Al exmiembro Randy Jones, el primer y más icónico vaquero de la banda, no le sorprende el atractivo duradero de su música, especialmente de su canción más famosa. “Cuando hicimos ‘Y.M.C.A.’, queríamos grabar una canción pop”, dice Jones. “La definición misma de una canción pop es ‘popular’, hacer que la canción sea escuchada y apreciada por la mayor cantidad de personas posible. No creo que alguna vez hayamos querido que un grupo demográfico en particular no escuchara nuestra música. En lo que a mí respecta, hicimos música para todos”.
El estatus de los Village People como una de las bandas favoritas de Trump y sus seguidores es el último giro extraño en un grupo, franquicia y saga que se niega a abandonar la pista de baile, más allá de los cambios de alineación, los problemas legales, las transformaciones en el ambiente musical y suficiente mala sangre para un especial Behind the Music en varios capítulos. Desde los días del Studio 54, los Village People no habían sido lanzados a la consideración pública de la manera en que lo han sido en los últimos años. Gracias a la asociación del grupo con Trump, “Y.M.C.A.” volvió a la cima de la lista de música dance de Billboard, 47 años después de su lanzamiento. Y mientras los seguidores de Trump se deleitaban bailando y cantando la canción en mitines y eventos, los fanáticos de toda la vida no pueden evitar preguntarse cuándo y por qué sucedió esto.
Cualquiera que haya vivido en Nueva York a mediados de los setenta probablemente conocía el Anvil, el antiguo motel convertido en bar y club gay en el downtown. Con su política de no admitir mujeres, era el lugar para ver espectáculos de drag y levantar otros hombres, especialmente en su sótano. Uno de los bailarines del club era Felipe Rose, un neoyorquino de ascendencia puertorriqueña y Lakota/Sioux que se vestía con ropa de nativo americano y unas campanitas en los tobillos.
Una noche de 1977, el productor musical francés Jacques Morali estaba en el bar y vio a Rose bailando. “Cuando me vio y escuchó el sonido de esas campanas, preguntó: ‘¿Qué es eso?’”, Rose recuerda. “Y alguien le dijo: ‘Es el tipo de ahí bailando’. Miró hacia arriba y dijo: ‘Oh, Dios mío’. Era hermoso. No había nada como yo”.
Por entonces, Morali, que era gay, y su socio comercial, el productor de discos y cazatalentos francés Henri Belolo, habían puesto en marcha su sueño de conquistar la industria musical estadounidense con la Ritchie Family, una banda de música disco cuyos miembros en realidad no eran parientes. Según Morali (que murió en 1991) le contó a Rolling Stone en 1978, unas noches después de visitar el Anvil, se aventuró a otro bar gay y vio a hombres vestidos de vaquero y obrero de la construcción: “Pensé en que los gays no tenían un grupo para personalizar su experiencia”. Como Belolo (que falleció en 2019) le dijo a Rolling Stone el año siguiente: “Vino y me dijo: ‘Sabés, Henri, vamos a formar un grupo llamado Village People’”.
Reclutando a los compositores Peter Whitehead y Phil Hurtt, Morali y Belolo juntaron un repertorio de canciones con ritmos contundentes y letras que saludaban a las comunidades gay en Greenwich Village, San Francisco, Fire Island y Hollywood. (“No vayas a los arbustos/ alguien podría atraparte”, era un verso de “Fire Island”, sobre el área aislada de Long Island con ese nombre). “Es un álbum conceptual muy específico sobre la vida gay, sobre los valores LGBTQ”, dice Jonathan Belolo. “Es un álbum activista. Las letras hablan de levantar las manos o ser quien sos a plena luz del día. Henri no era gay, en absoluto, pero le encantaba la música y decía que la mejor música sonaba en los clubes gay de esa época”.
Para la voz principal, los productores reclutaron a Willis, dueño de un potente rugido soul, que ya se podía apreciar en el elenco original de la versión de Broadway de The Wiz. Pero cuando se lanzó el álbum Village People, en realidad todavía no había grupo; la foto de la tapa presentaba a modelos masculinos. El trabajo de Willis en Broadway le prohibía participar en la sesión de fotos. Pero después de que el álbum se convirtiera en un éxito en los clubes, el sello de la banda, Casablanca, se dio cuenta de que necesitaba tener un verdadero Village People para las presentaciones en vivo. Los productores armaron entonces una banda que incluía a Willis, Rose y los coristas Alex Briley y Whitehead, que pronto dieron paso a la formación clásica: Willis (el policía), Rose (nativo americano), Briley (soldado), Randy Jones (cowboy), Glenn Hughes (hombre de cuero) y David Hodo (obrero de la construcción).
Desde el principio, Casablanca publicó avisos de la banda en revistas gay como The Advocate. Pero poco a poco, las raíces gay se desvanecieron y el grupo se transformó en un número para toda la familia que celebraba los arquetipos estadounidenses. “El núcleo de la identidad es que somos gays y estamos orgullosos de ello”, dice Belolo, “pero la idea principal era que somos estadounidenses y estamos orgullosos de ello. Se trataba de estereotipos y arquetipos. Los vaqueros y los indios nunca se mataron entre ellos. Están felices. Están sonriendo. Tenés policías negros junto a trabajadores de la construcción blancos y nativos americanos, y todos son una versión pacífica y alegre de este crisol. Los años setenta fueron una época oscura en la cultura y tal vez subconscientemente mucha gente en América necesitaba ver algo así”.
La naturaleza ambigua del atractivo del grupo salió a la luz cuando estaban grabando su tercer álbum, Cruisin’ de 1978. Los orígenes de “Y.M.C.A.”, originalmente acreditados a Belolo, Morali y Willis, aún son disputados por miembros actuales y pasados, pero todos coinciden en que a Morali lo intrigaron las visitas a una sede de la Y.M.C.A. en el límite norte del Greenwich Village. “Logré que Jacques fuera algunas veces conmigo”, dice Jones. “Estaba asombrado por todo lo que incluía una sola instalación: gimnasios, canchas de básquet, comida, clases, incluso habitaciones para viajeros. Algunos de mis amigos del gimnasio habían incursionado en la industria del cine porno, y creo que el viejo Jacques estaba más que deslumbrado cada vez que alguno se acercaba y nos saludaba mientras hacíamos ejercicio”. Añade Rose: “Jacques estaba fascinado, porque los chicos ahí podían hacer ejercicio y también tener sexo”.
Willis (que era heterosexual, a diferencia de algunos de los otros miembros de la banda) dice que la canción surgió cuando Morali le preguntó qué significaban las iniciales Y.M.C.A.: “Young Men’s Christian Association” (Asociación Cristiana de Jóvenes). “Dijo: ‘Muy interesante… ¿creés que deberíamos escribir una canción sobre eso?’”, recuerda. Pero Willis insiste en que la inspiración para la letra fue el Y.M.C.A. en su San Francisco natal y que la canción tenía más que ver con bandejas que con encuentros casuales. “Yo jugaba al básquet y otros deportes en el Y.M.C.A. y observaba a las personas que no tenían suficiente dinero para ir al Ritz-Carlton y necesitaban un lugar donde quedarse”, dice él. “Y ese era un lugar para retomar tu camino. Eso es lo que expresa la letra. La gente lee lo que quiere”.
Hasta hoy, Willis sigue algo sensible a la interpretación más clásica del tema, llegando incluso a anunciar que su esposa y manager, la abogada Karen Willis, demandaría a cualquier medio que usara la frase “himno gay” para describirla. “No me importa si la gente gay quiere reivindicarla como su himno gay –aclara-. Mi problema es que cuando alguien quiere hacer una historia sobre ello, y dicen ‘himno gay’ por la ilicitud de la letra, eso es incorrecto, porque no hay nada en mi letra que se refiera a la homosexualidad o actos homosexuales en el Y.M.C.A.; si vas a decir algo, que sea solo ‘himno’”.
Lanzada en 1978, después de que la fiebre del sábado por la noche de John Travolta arrasara, “Y.M.C.A.” alcanzó el número dos en los rankings, y una aparición en el programa de televisión American Bandstand ayudó a popularizar lo que se convirtió en el baile característico de la canción, deletreando cada letra con los brazos. “No teníamos ninguna coreografía”, dice Rose. “Solo aplaudíamos hacia el final de la canción. Por lo del movimiento de los brazos, siempre le damos crédito a American Bandstand. Tomamos lo que los chicos hicieron con [el conductor] Dick Clark”.
El grupo fue contratado para filmar una película, coprotagonizada por Steve Guttenberg y Caitlyn Jenner, y apareció en la tapa de Rolling Stone. Pero la caída de los Village People fue tan rápida como su ascenso. Durante la producción de Can’t Stop the Music de 1980, Willis dejó el grupo debido a lo que él llama problemas con el guion y para seguir una carrera solista. La reacción negativa hacia el film (The New York Times señaló que carecía de “cualquier trama o impulso real”) y hacia la disco misma —incluyendo la notoria noche de quema de discos “Disco Demolition” en el Comiskey Park de Chicago en 1979— puso fin a la racha de éxitos.
Con el nuevo vocalista Ray Simpson, los Village People abandonaron brevemente sus disfraces por la moda New Romantic y grabaron Renaissance en 1981. Fracasó. “Estábamos tan molestos porque a la gente no le gustaba la película”, dice Rose. “Simplemente cambiamos la imagen”. Willis regresó brevemente para escribir y cantar en otro álbum, pero los Village People, como los zapatos de plataforma, parecían solo otro vestigio de una era pasada.
Afines de los años ochenta, los Village People regresaron, cuando Rose y Jones, sin Willis, consiguieron la licencia del nombre de Can’t Stop Productions y salieron de gira, tocando en casamientos, eventos corporativos y en cualquier lugar que los aceptara. La respuesta ahora era una nostálgica conmoción: el grupo fue parodiado en Wayne’s World y en el video de “Discothèque” de U2. “Los Village People son ese juguete genial que ponés en el armario y olvidás, y luego crecés un poco y lo encontrás de nuevo”, dice Eric Anzalone, que se sumó a la banda a mediados de los noventa, primero como un trabajador de la construcción suplente y después como motoquero, reemplazando a Hughes, que murió en 2001.
Cuando el grupo comenzó a tocar “Y.M.C.A.” en un festival en Europa, Anzalone observó cómo miles de personas hacían espontáneamente la coreografía con los brazos. “Nunca había visto algo así, eran un par de cientos de miles de personas”, dice. “Literalmente me dejó sin aliento”.
Pero esa encarnación de la banda, que aún incluía a varios miembros de larga data, no sabía que estaba viviendo –o bailando– en tiempo de descuento. A fines de la década de 2000, Victor Willis, cuya carrera en solitario nunca había logrado despegar y que había luchado con problemas de drogas, reapareció en escena. Durante su tiempo con la banda, Willis había transferido los derechos de autor de sus canciones a la compañía de Belolo y Morali. Con el impulso de su esposa abogada, Willis decidió aprovechar los derechos de terminación, que les permiten a los compositores recuperar sus derechos después de 35 años. Hubo demandas y negociaciones legales, pero Willis recobró con éxito sus derechos sobre trece canciones de Village People. En una acción posterior, demostró que él, y no Henri Belolo, había escrito la letra de algunos de esos temas, incluyendo “Y.M.C.A.”. Como resultado, la parte de Willis de las regalías de las canciones pasó de un tercio a la mitad.
Fue una victoria, pero Willis iba por más. Quería recuperar su antigua banda. “Era mi grupo”, dice Willis, “y quería poder interpretar mi música”. En documentos judiciales posteriores, afirmó que los Village People fueron formados por él y Morali y que sus discos eran “simplemente Victor Willis más algunos cantantes sesionistas”. Como parte del acuerdo con Willis, Can’t Stop Productions —que aún poseía los derechos de la imagen, nombre, marca registrada y publicación del grupo— informó a la versión de 2017 de los Village People que su licencia se cancelaba. El Harlem West Music Group de Victor y Karen Willis ahora recibiría los derechos para licenciar la marca registrada para presentaciones en vivo. Como dice Belolo, “era muy importante que no pudiera haber dos bandas llamadas Village People en el mercado”.
De nuevo al mando, Willis dice que se acercó a algunos de los otros miembros para darles la oportunidad de quedarse. “Les ofrecí a los chicos unirse cuando volví y se negaron”, dice, “porque querían hacer lo suyo”. (El grupo difundió su propia versión de los hechos en una publicación de Facebook el mes pasado: “Dijimos que no porque no nos incluía a todos!!!!”). Belolo esperaba una reconciliación entre todas las partes, pero eso no ocurriría. “Cuando las personas no se llevan bien y cuando hay intensidad en las relaciones comerciales –dice–, a veces estas cosas se desmoronan”. Como resultado, la anterior formación de la banda fue esencialmente despedida. Willis reanudó las giras con los nuevos Village People y la versión anterior ahora se llamaba Kings of Disco (con el subtítulo de “ex miembros de los Village People”).
Al principio, las relaciones entre los dos grupos podían ser tensas. En sus cuentas de redes sociales, los Kings of Disco dejaron claro que continuarían a pesar de Willis, así fuera con un cambio de nombre. En una demanda posterior contra Disney, que sostiene que la compañía manejó mal la seguridad, el tratamiento y el pago por una actuación en 2018 en Disney World, Karen Willis acusó a “la versión anterior del grupo” (omitiendo nombrarlos) de “alentar a los fans a contactar a Disney para quejarse” sobre el espectáculo, y luego fueron sometidos a “burlas” por algunos de esos fans. La gerente de Kings of Disco, Deborah Crawford, niega esa afirmación: “No enviamos a nadie, y nunca haríamos eso”, dice ella. El caso sigue pendiente.
Para 2020, las tensiones parecían haberse enfriado. Gracias a un acuerdo con la empresa de Belolo, los Kings of Disco aún podían presentarse siempre y cuando no abrieran sus conciertos vestidos con los trajes clásicos y solo interpretaran un número determinado de canciones de Village People. “Fue un gran golpe para nosotros perder la marca registrada”, dice William Whitefield, que se había sumado para ocupar el papel de obrero de la construcción. “¿Pero qué vas a hacer?”.
Y entonces llegó Donald Trump.
Nadie en la órbita de Village People puede precisar el momento exacto en que Trump se hizo fan de “Y.M.C.A.” o de la banda, pero muchos suponen que todo comenzó con la vida nocturna de Nueva York en los años setenta. Jones y Rose recuerdan haber visto a un joven Trump en la escena de clubes de Nueva York. “Yo sé que ha estado al tanto desde que nos conocimos por primera vez en 1978 en el Studio 54, donde [‘Y.M.C.A.’] se pasaba todas las noches”, dice Jones. (Willis dice que “nunca había escuchado” esas historias). También es probable que Trump haya escuchado “Y.M.C.A.” repetidamente en los partidos de los New York Yankees: la canción suena siempre en la sexta entrada, más asociada con la afición deportiva que con la cultura gay.
Pero para 2020, el interés de Trump por Village People era innegable. Comenzó a usar “Y.M.C.A.” en sus mitines sin notificar ni pedir permiso a la compañía de Belolo ni al grupo. “La primera vez fue un completo shock y me costó mucho entender por qué demonios hacía eso y por qué al público le gustaba”, dice Belolo, quien aún estaba lidiando con la muerte de su padre el año anterior. “Nos enojó mucho. Esas canciones eran para todos, ya seas progresista o conservador, blanco o negro, sea cual sea tu sexualidad. Que se usaran durante una campaña parecía inapropiado. No lo aprobamos”.
Willis reconoció el uso de la canción por parte de Trump en una publicación a principios de 2020, pero tomó una postura más firme meses después, tras las muertes de George Floyd y Breonna Taylor. “Les pido que no usen mi música”, escribió. El problema pareció resolverse cuando Trump perdió las elecciones de 2020. Pero en 2023, volvió a poner “Y.M.C.A.” en sus actos. Cuando un grupo de artistas se disfrazó de Village People para aparecer en un evento en Mar-a-Lago ese año, Karen Willis envió una carta al equipo de campaña, condenando “cualquier uso no autorizado de la imagen de Village People”. Pero a medida que continuaba la campaña presidencial de 2024, Willis ablandó su postura. “Noté que a Trump realmente le gustaba la canción y que cada vez que la usaba estaba trayendo mucha alegría al pueblo estadounidense”, dice. Según Willis, instruyó a sus asesores a no suspender la licencia de Trump para usar el tema.
Las elecciones, dice Willis, consolidaron aquella decisión. Cuando llegó la propuesta para tocar en la asunción, Willis se puso su disfraz de policía con entusiasmo. “Soy demócrata, así que Trump no es el candidato por el que voté”, dice. “Pero quien ganó, ganó, y debés apoyar a quien sea el presidente hasta que nos haga algo incorrecto”.
El anuncio de que los Village People se presentarían junto a Kid Rock, Lee Greenwood y otros favoritos de Trump causó su propio impacto y asombro en el mundo de la banda. En las redes sociales oficiales de Village People, MAGA aplaudió al grupo por presentarse. Pero los exmiembros dicen que fueron inundados con correos electrónicos y publicaciones cuestionándolos por participar y tuvieron que recordarles a los fans que los Village People ahora tenían una alineación muy diferente. Los Kings of Disco emitieron un comunicado aclarando que no eran la misma banda que se había inscrito para los eventos de Trump. “Nunca actuaríamos en ningún mitin político o inauguración para ninguna figura política o político”, dice Whitefield.
A pesar de sus propias reservas, Belolo terminó volando a D.C. desde su casa en París para la asunción presidencial. “Nunca habríamos venido durante un mitin previo a las elecciones”, dice. “Pero ahora que hay una transición de poder, ahora que se trata más de celebrar a América, me siento cómodo con eso y creo que Henri y Jacques se habrían sentido igual. Eso no significa que apoyemos la política. Mucho de ello es profundamente contrario a lo que yo creo y a lo que la banda cree. Entiendo que es difícil escuchar eso para muchas personas, dada la personalidad del nuevo presidente”.
Mientras tanto, el negocio de los Village People está en alza nuevamente. El año pasado, Belolo y su hermano Anthony se asociaron con la compañía Primary Wave para explotar la marca de la banda. Comenzando con el primer videojuego de Village People, que espera lanzar este año, exploran no solo un musical, sino también un documental y una biografía, mientras que Willis dice que ha terminado un nuevo álbum de Village People.


