Una duración no muy extensa (cinco años y cuatro álbumes de estudio en su primera versión) le alcanzó a Serú Girán para dejar una huella profunda en el rock argentino. Desde entonces, como lo demostraron la reunión de 1992 y todas las posteriores, pasando por la existencia de numerosas bandas tributo, reediciones discográficas y la nueva propuesta a cargo de Pedro Aznar y David Lebón, nunca hay suficiente Serú Girán. Un repaso por su discografía, en vivo y en estudio, arroja pistas sobre el origen de la leyenda.
Serú Girán (1978)
A pesar de ser inicialmente maltratado por la crítica y rechazado por el público, el homónimo álbum debut de Serú Girán ha envejecido extraordinariamente bien, siendo revalorizado como una obra maestra. Introspectivo, críptico, ambicioso, oscuro por momentos, este disco, producido por Billy Bond y grabado en los Estudios El Dorado de San Pablo, establece un nexo con la última etapa de Sui Generis (“Nena”, transformado aquí en “Eiti-Leda”, una de las grandes letras de García; “Separata”), entrega los primeros frutos de la colaboración autoral entre Charly y David (“El mendigo en el andén”, “Voy a mil”), retrata el exilio e incorpora la experiencia brasileña (“Autos, jets, aviones, barcos”) y produce una balada rock que se convierte en clásico del rock argentino (“Seminare”). La orquesta grabada en Los Ángeles, con arreglos de Daniel Goldberg, envuelve majestuosamente las pretensiones sinfónicas de “Serú Girán” y “Eiti Leda”.
La grasa de las capitales (1979)
Charly acusa el golpe con la realidad argentina, y el resultado es una bomba en todo sentido. En el segundo álbum de Serú, García recupera su condición de afilado cronista de la realidad sociopolítica, la banda posee un ajuste y musicalidad explosivos, la dupla compositiva Lebón-García alcanza su punto de cocción ideal, las armonías vocales son tan refinadas como exquisitas, y las canciones, inspiradas e inolvidables. Para reflejar el clima de represión, paranoia, y frivolidad de la época, la banda se vale de una variedad deslumbrante, que incluye una especie de sinfonía de rock latino en “La grasa de las capitales”, el folk en la elaborada parábola de “San Francisco y el lobo”, la declaración de identidad de Charly en uno de sus momentos más tangueros (“Los sobrevivientes”), y la desesperanza elevada a un nivel de dramatismo cinematográfico en “Viernes, 3 AM”, que fuera prohibida por la dictadura. Además, se burla de la prensa sistémica en la tapa (una sátira de la revista Gente), donde aprovecha para responderles a las revistas de rock que lo habían criticado.
Bicicleta (1980)
Serú termina su contrato con Music-Hall y establece su propio sello independiente, SG Discos, junto a su manager Daniel Grinbank. El grupo ya no necesita reaccionar contra nada, ha establecido su propia personalidad, y produce el álbum que los iba a instalar definitivamente en la masividad. Bicicleta inicialmente iba a ser un álbum doble, pero quedó reducido a un solo disco, con lo mejor de lo mejor. Especialmente “Canción de Alicia en el país”, que utiliza la imaginería de Lewis Carroll para pintar un elaborado retrato del país bajo la dictadura. Pero también la introspectiva y melancólica “Desarma y sangra”, con su piano neoclásico, la minisuite “A los jóvenes de ayer”, donde asoma la influencia piazzolliana, y “Mientras miro las nuevas olas”, con un Charly que critica la new wave pero acusa su influencia musical.
Por su parte, Lebón contraataca con el mayor de sus himnos dentro de Serú, “Cuánto tiempo más llevará”, entrega toda su sensibilidad en “Nayla”, que incluye un solo jazzero de piano Rhodes del invitado Diego Rapoport, y rockea al compás de una sección de vientos en “Encuentro con el diablo”, un efectivo afano a Lynyrd Skynyrd.
Peperina (1981)
Serú acepta la llegada de los 80 en su cuarto álbum de estudio, regresando a un esquema más tradicional de canción y desterrando los rastros de sinfonismo. También deja de lado mayormente las referencias a la realidad para centrarse en temáticas más personales y de búsqueda espiritual. La única que tiene un sesgo satírico-social es “José Mercado”, que había quedado de los tiempos de Bicicleta. La colaboración de los dos principales compositores sigue proporcionando grandes canciones, como “En la vereda del sol”, con su aire tropical, y la mística “Esperando nacer” (ambas con un aire esperanzado, que es un signo de los tiempos). Charly aporta gloriosas melodías en “Llorando en el espejo”, “Cinema Verité”, “Salir de la melancolía”, y descarga su ira contra una periodista que había destrozado la banda en la potente “Peperina”. David entrega un nuevo himno con “Parado en el medio de la vida”, y hay tres instrumentales reveladores de sus respectivas influencias: Jimmy Page, en “Cara de velocidad”, de Lebón; Erik Satie en “20 trajes verdes”, de Charly, y los impresionistas (Ravel, Debussy) en “Lo que dice la lluvia”, de Aznar.
En vivo – No llores por mí, Argentina (1982)
Hubo que esperar a su separación para tener un testimonio grabado de algo que era vox populi: Serú Girán en vivo poseía una fuerza e intensidad que no conseguía trasladar a sus producciones de estudio (no hay más que comparar las respectivas versiones de “Encuentro con el diablo”, por ejemplo). Si bien contiene numerosos retoques y sobregrabaciones posteriores, En vivo, grabado en Obras el 6 de marzo de 1982 (en lo que estaba pensado inicialmente como la despedida de Pedro Aznar, y terminó siendo el adiós de la banda), contiene buena parte de los hits de sus cuatro discos anteriores, junto a dos inéditas. “No llores por mí, Argentina”, donde Charly utiliza el título del tema principal de la ópera Evita (prohibida por la dictadura) para construir una canción totalmente distinta, quizás el último de sus ácidos comentarios sociales sobre la época del proceso. El rock’n’roll “Popotitos” (“Bony Moronie”) es Serú versionando a Palito Ortega versionando a los Teen Tops versionando a Larry Williams.
Serú 92 (1992)
Aunque la relación entre ellos estaba bastante tensa, y la crítica tampoco fue demasiado amable, el único álbum de estudio que produjo la reunión de Serú, después de diez años, también ha sido revalorizado con el tiempo, y sus integrantes reversionaron buena parte de los temas en sus posteriores carreras solistas. Si bien es probablemente el menos rockero de sus discos, los hits abundan. Se nota una mayor participación de Pedro Aznar en todos los aspectos (de los once temas, compone tres en solitario y otros cuatro en colaboración). Además, produce su primer clásico dentro del grupo con “A cada hombre, a cada mujer”, al que podemos agregar la beatlera “Si me das tu amor”. David entrega dos temas utopistas cien por ciento “lebonianos” como el hit “Mundo agradable” y “Nos veremos otra vez”, y rockea (si bien discretamente) en “Ese tren”. Y Charly, a punto de ingresar en su etapa Say No More, no puede evitar dar testimonio de su propia metamorfosis en “No puedo dejar” y la magnífica “Transformación”.
En Vivo I & II (1992)
La reunión de Serú de 1992 estuvo plagada de inconvenientes, muchos causados por ellos mismos, especialmente García, ya en una etapa de autosabotaje que profundizaría en años posteriores. Sin embargo, En vivo I y II, un álbum doble editado como dos volúmenes separados, grabado el 19 y el 30 de diciembre de 1992 en River (fue el primer grupo de rock argentino en llegar a ese estadio), muestra que la combinación entre los cuatro seguía siendo imponente. Hay excelentes versiones de “Cinema Verité”, “El mendigo en el andén” y una emotiva “Eiti Leda” cantada por Charly. Pero además contiene numerosas perlas de interés para fans, con temas de las respectivas carreras de sus integrantes interpretadas por Serú, como “Mientes”, de Tango 4, “Dos edificios dorados”, del primer álbum de David, y especialmente el set acústico, donde combinan temas de Serú, de Sui Generis (“Alto en la torre”), de Aznar (“Fotos de Tokio”) y Lebón solistas (“El tiempo es veloz”, “Casas de arañas”) para culminar con una gran “San Francisco y el lobo”.
Yo no quiero volverme tan loco (2000)
El mejor y más auténtico testimonio de Serú Girán en vivo proviene de un casete que consiguió Moro en Parque Rivadavia, con el audio mejorado posteriormente por Pedro Aznar. Es una grabación de consola del segundo de tres conciertos que ofreció la banda en el Teatro Coliseo, el 26 de diciembre de 1981, sin retoques de estudio. Sin conciencia de la separación (que ocurriría meses después) y sin la obligación de presentar un álbum, la banda funciona en la cúspide de sus poderes, con una fantástica selección de canciones y un tremendo ensamble musical. Presentan varios temas pensados para lo que iba a ser su quinto álbum de estudio, y después serían incluidos en sus respectivos discos solistas, como “Yo no quiero volverme tan loco”, “Inconsciente colectivo” (Charly), “Oh Dios… ¿qué puedo hacer?” (David) y “Espejismo en la nieve” (Pedro). Está claro por qué los cuatro integrantes decidieron que se editara esta grabación.


