Guillermo Piccolini: “Es un mundo peor que el de cinco años atrás”

El músico habla de su disco 'Peor', de Los Toreros Muertos y de las buenas decisiones

Por  DANIEL FLORES

septiembre 4, 2026

Dice que hace pocos planes porque cada vez que los hizo no le salieron del todo. “Así que opté por dejar de hacer planes y confiar en el devenir”, explica Guillermo Piccolini. Inmediatamente, por supuesto, pasa a enumerar una cantidad de… ¡planes!: acaba de publicar un nuevo disco solista, Peor, y lo presentará en el CAFF (Club Atlético Fernández Fierro, Sanchez de Bustamante 772, CABA), el 16 de octubre; sale de gira junto a Pablo Dacal y viaja a España para reencontrarse con la banda que formó en los 80, en Madrid: Los Toreros Muertos. “Bueno, es cierto, grabar un disco es un poco hacer un plan –se queda pensando, en diálogo con Rolling Stone–. Pero se me vinieron encima una serie de situaciones personales, mudanzas, esas pequeñas tragedias, y todo se retrasó muchísimo”.

La trayectoria de Piccolini está cargada, quizás no de planes, pero sí de música. Después de unos movimientos iniciáticos en Buenos Aires, su vida se trasladó tempranamente a Madrid, donde armó Los Toreros Muertos (junto al cantante Pablo Carbonell), el hitero grupo de rock satírico. También tocó con Lions in Love (de Daniel Melingo) y Pachuco Cadáver (dúo post-rock con Roberto Pettinato) e impulsó Venus, ya de vuelta en Argentina. 

En 2021, lanzó un tardío, pero celebrado primer álbum solista: Futuro imperfecto. Y ahora acaba de editar el segundo, titulado Peor.  “Las canciones son más pesimistas –admite–. Me di cuenta de que usaba la palabra peor tres o cuatro veces a lo largo del disco y llegué a la conclusión de que, aunque parezca difícil, quizás este es un mundo todavía peor que el de cinco años atrás, ¿no?”.

Peor es de lo mejor que ha producido Piccolini: diez canciones minimalistas, beneficiadas por una economía de recursos a rajatabla que empieza como consigna de trabajo y termina por realzar las virtudes de un artista del detalle.

 “La idea es la simpleza. No quiere decir que no pruebe un montón de cosas. Pero es poco lo que queda. No me interesa sumar instrumentos haciendo cosas reiterativas. Es como la anti pared de sonido de Phil Spector. ¿Qué haría Spector? Bueno, yo hago lo contrario. Hay momentos en los que uno se entusiasma y agrega. Pero lo que no se negocia es que no que hay batería. Es una limitación autoimpuesta, que te lleva a buscar otras soluciones”.

Y es lo contrario también de Los Toreros, donde siempre suenan un montón de cosas…

Es que, a ver, los Toreros empezamos con Pablo, Manny [Moure] en el bajo y yo, arriba de un escenario de dos por dos, con una caja de ritmos. O sea, básicamente el sonido de Pachuco Cadáver. Yo vengo esquivando la vacuna de la batería desde hace mucho.

Además de decir varias veces “peor”, en el disco también hay un “podrido”, en tu versión del tema de Horacio Fontova [“Me tenés podrido”, el improbable hit del Fontova Trío de 1982]…

¡Claro! El primer disco de Fontova fue muy importante para mí, te diría que comparable con el primero de Los Twist. Cuando me fui a Europa, en 1985, me quedé sin guita inmediatamente y hacía canciones de ese disco de Fontova…

¿Lo escuchabas como un oyente más o tenías relación con Fontova?

No, no, como fan. Lo conocí a Fontova, me lo crucé un par de veces, pero no más que eso. Cuando nos juntamos con Pablo Dacal para hacer un show dijimos de hacer un par de canciones que no fueran mías ni suyas. Él eligió “Cambalache” y yo, “Me tenés podrido”. Terminamos de ensayar, nos quedamos cenando, tomamos un vino y esa misma noche la grabamos.

En el disco también está Daniel Melingo…

Fue lo último que se grabó [el músico falleció el 30 de junio, una semana después de la salida de Peor]. El tema estaba más o menos terminado. Habíamos hablado de grabar un clarinete para hacer esas cosas que nos gustaban, como la música europea de vanguardia de los años 30, 40; esa sonoridad. Y entonces llegó al estudio y dijo: “¿Sabés que me olvidé el clarinete?”. Y se inventó esto de que lo cantemos a dúo. Una genialidad. Agradezco haber tenido una última oportunidad de estar en un estudio con él.

¿Con Melingo se conocieron en Madrid? 

No, yo ya lo conocía a Dani y cuando fue a tocar con Charly [García] a Madrid, se quedó por Europa y estuvo también en Marruecos. En ese momento estábamos con un cambio de formación en Toreros Muertos, así que les dije a mis compañeros: “Hay un tipo que puede tocar saxo, guitarra, teclado y percusión, y es genial en todo”. Lo traje, gustó y se quedó con nosotros dos años. Ahí grabamos Mundo caracol, donde hay varios temas de Dani. En ese ínterin se armó Lions in Love, y Daniel me invitó a participar. 

¿Cómo es tu relación con Los Toreros ahora?

Yo me fui del grupo de una manera un poco extraña porque, cada tanto, vuelvo y toco. Y es divertido. Voy, veo a los amigos. Me encanta tocar con ellos, pero no quería estar constantemente en un proyecto tan absorbente. Preferí quedarme acá, en Argentina, y remarla con mi proyecto. Como diría Federico Peralta Ramos, a mí me gusta acá. Pablo [Carbonell] sacó un disco con el nombre de Los Toreros Muertos, bastante bueno. Pero no participé, no me siento parte del proyecto hoy como para armar canciones con esa marca. Una cosa es hacer un show y grabar un disco en vivo, y otra es ponerse más serio, a los 60, con el proyecto de los 20. Pero Los Toreros son mis hermanos, me encanta tomar cerveza con ellos, subirnos a la furgoneta, morirnos de risa. Es como juntarse con una ex… 

Una ex española. ¿Es muy distinta de tus ex argentinas, es decir de tus colaboraciones con músicos argentinos?

Pablo es un tipo bastante particular. Es genial, nos llevamos bien, pero bueno, está comprometido con una idea musical que es, en algún sentido, burlarse de la música, como dice en muchas entrevistas, ¿no? Yo prefiero la emoción. No sé si me va a salir, pero prefiero hacer el intento.

Los Toreros también tienen sus temas conmovedores, como “Dejadme llorar” u “Hoy es domingo”…

Ahí está, ¿ves? Diste en el clavo. “Dejadme llorar” es justo un tema que Pablo no quiere cantar. Es el favorito de [la Negra] Poli, por otro lado. Y a mí también me encanta, pero no es lo más habitual.

Tu música también tiene una cuota de humor…

Puede ser, sí. Hay una mueca o una risa; una manera de jugar, espíritu lúdico. Volviendo a Dani, algo que nos unía era el gusto por el dadaísmo y el surrealismo. Y ahí había mucho humor también. Forma parte del puchero que uno es… Cuando canto “Sana, sana, patria, madre, hermana, sana sistema bancario internacional”, me doy cuenta de que digo un chiste, pero el espíritu de la canción no es de chiste. Quizás ese sea un problema; sería mejor que fuera completamente seria o completamente graciosa, puede ser. Somos así: acá le ponemos pasa de uva a la empanada. 

En Peor participa Julieta Laso, otra artista muy cercana a Melingo.

Es que Dani influyó en muchos músicos y músicas. Su influencia es enorme. No es casual: a Juli la conocí justamente por Melingo, en estos Encuentros Maximalistas que hacía. Me invitó, toqué teclados en un par de temas y nos conocimos con Juli, hablamos un poquito en el camarín. Es una barbaridad la interpretación que hizo.

También toca en el disco Skay Beilinson, otro argentino con el que te cruzaste en Madrid.

Claro, yo los conocí a Skay y a Poli antes de irme a España. Tuvimos una pequeña relación simpática, y de admiración por mi parte. Era muy fan de Los Redondos a partir del 82, cuando los vi por primera vez. Era mi grupo favorito. Y, bueno, no es casual: en el primer disco de Fontova, del que te hablaba antes, toca Skay. Después nos vimos en Madrid y ellos me ofrecieron el puesto de tecladista de los Redondos y tuve que declinar con gran dolor, porque no podía en ese momento. Pero compartimos un viaje por España ese año y Skay subió a tocar con los Toreros un par de veces. Por supuesto que hubo una oferta para que se quedara en Los Toreros. Pero, bueno, creo que hizo bien en no aceptar [risas].

¿Y vos, te arrepentís de algunas decisiones?

Soy muy feliz con la decisión que tomé de dedicarme a esto, y más feliz aún de que me haya sido concedida esa decisión. Porque uno puede tomar la decisión, pero por ahí no tiene la suerte. Se suele decir: “A mí nadie me regaló nada”. Y no es así: la guitarra ya estaba inventada: me la regalaron. Me regalaron a los Beatles, a Cafrune, al Cuchi [Leguizamón], todo me fue regalado en algún aspecto. Los materiales, la realidad en la que vivimos está construida por muertos. El parlante que tengo acá enfrente lo inventó uno que está muerto; el tocadiscos, el sillón y la penicilina, también. Yo agradezco haberme parado del lado del arte. Porque, si bien tenemos nuestros celos y nuestras cuitas, es un mundo bastante colaborativo en el cual consumimos de la que vendemos. E intentamos que no esté muy cortada [risas]

CONTENIDO RELACIONADO