Músicos demandan a Suno por usar su identidad y estilo sin autorización 

Los artistas acusan a la plataforma de inteligencia artificial de permitir la creación de canciones que imitan sus voces y estilos. Suno niega las acusaciones y asegura contar con medidas para evitar estos usos

septiembre 4, 2026

Thomas Fuller/SOPA Images/LightRocket/Getty Images

Jason Isbell y otros músicos llevaron nuevamente a los tribunales el debate sobre el uso de inteligencia artificial en la industria musical. El cantante y compositor estadounidense presentó, junto a otros tres artistas, una demanda colectiva contra Suno, una plataforma de generación musical basada en IA, a la que acusan de utilizar sus identidades sin autorización para crear canciones que imitan sus estilos. 

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La demanda fue presentada el lunes 31 de agosto ante un tribunal federal de Massachusetts y, a diferencia de otros procesos que actualmente enfrentan las compañías de inteligencia artificial en la industria musical, no se concentra exclusivamente en el uso de grabaciones, composiciones o letras protegidas por derechos de autor. En este caso, los músicos sostienen que Suno está explotando comercialmente elementos relacionados con su nombre, imagen, semejanza e identidad artística.

Además de Isbell, los demandantes son David Lowery, integrante de Cracker y Camper Van Beethoven; el músico de blues Guy Forsyth; y el saxofonista Eduardo Calle. De acuerdo con la demanda, Suno habría incorporado las características identificables de numerosos artistas a sus modelos de inteligencia artificial sin obtener su consentimiento, permitiendo posteriormente que los usuarios generen música que busca reproducir esas identidades.

Uno de los ejemplos incluidos en el documento involucra directamente a Isbell. Los músicos aseguran que, pese a que Suno afirma bloquear las instrucciones que contienen los nombres de artistas específicos, la plataforma puede responder a este tipo de solicitudes. Según la acción legal, al introducir el nombre de Isbell se obtuvo una canción titulada ‘Paper Bell’, descrita como una pieza de americana que imitaba características asociadas con su voz y su estilo country.

Los demandantes también señalan que el sistema habría sido capaz de producir resultados inspirados en otros artistas, entre ellos Carly Simon, Buddy Guy, Common y Chief Keef. Para los músicos, el problema no radica únicamente en que una inteligencia artificial pueda producir música parecida a determinado género, sino en que pueda utilizar la identidad reconocible de un intérprete como una herramienta comercial sin que este haya dado su autorización.

La diferencia es importante. Un artista puede haber cedido los derechos sobre determinadas grabaciones a una discográfica, pero eso no necesariamente significa que haya transferido el derecho a utilizar su propia identidad. Precisamente sobre ese punto se construye la demanda, que busca obtener una compensación económica y una orden judicial que impida a Suno continuar utilizando las semejanzas de los músicos de esta manera.

Suno, por su parte, rechazó las acusaciones y aseguró que considera que los reclamos carecen de fundamento. La compañía sostiene que su plataforma está diseñada para ayudar a los usuarios a crear música original y no para aprovecharse del nombre de ningún artista. También afirma que cuenta con medidas de protección, entre ellas el bloqueo de instrucciones que mencionen determinados artistas o canciones protegidas por derechos de autor.

El proceso abre así un nuevo frente en la disputa entre los músicos y las empresas de inteligencia artificial. Mientras buena parte de las demandas anteriores se ha concentrado en determinar si las compañías pueden utilizar material protegido por copyright para entrenar sus modelos, el caso de Isbell y los demás artistas plantea una pregunta distinta: ¿hasta dónde puede llegar una herramienta de IA al reproducir la identidad artística de una persona sin su consentimiento?

La respuesta podría tener consecuencias importantes para una industria en la que las herramientas capaces de generar canciones a partir de simples instrucciones son cada vez más accesibles. Por ahora, el caso Isbell v. Suno Inc. apenas comienza, pero suma una nueva dimensión al complejo debate sobre quién controla la voz, la imagen y el estilo de un artista en la era de la inteligencia artificial.

GABRIEL CAVALLO

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