El shoegaze nunca fue tan grande como lo es ahora

Los pioneros están de vuelta, y toda una nueva generación está reventando tímpanos y volando cabezas

Por  ROB SHEFFIELD

septiembre 17, 2026

Wisp.

SACHA LECCA

El shoegaze alguna vez fue descartado como una moda pasajera de los años noventa, pero hoy está explotando. Pioneros como My Bloody Valentine, Slowdive y Ride son mucho más queridos e influyentes ahora de lo que fueron en su etapa original. El sonido shoegaze sigue evolucionando, mientras artistas jóvenes continúan encontrándose a sí mismos en esas olas gigantes de guitarras saturadas y distorsionadas. Los fans y las bandas de la Generación Z se sumaron a la mezcla, creando un auge de nuevas variantes de zoomergaze. Hay algo en ese ruido capaz de sacudir los huesos que sigue golpeándonos directamente en los rincones más oscuros del alma.

La palabra shoegaze, al igual que goth o Trekkie, nació originalmente como un insulto antes de ser adoptada con orgullo por sus verdaderos creyentes. Una de las rarezas eternas del género es que las leyendas británicas de la primera ola todavía detestan el término y se niegan a ser asociadas con él, a pesar de que hace décadas que nadie lo utiliza de forma despectiva. Basta ver la ironía del excelente documental Beautiful Noise, donde la palabra “shoegaze” jamás se menciona porque era la única manera de conseguir que Kevin Shields aceptara participar. Pero, al igual que el drum and bass, es un sonido noventero que encontró una segunda vida en la década de 2020, convertido en un rico lenguaje musical cargado de posibilidades emocionales.

Este tipo de música siempre atrajo a los fanáticos de los equipos, esos que fetichizan sus exclusivos pedales de distorsión. Pero hoy también está al alcance de cualquier adolescente inquieto con imaginación. Wisp lanzó uno de los discos de shoegaze más destacados del año pasado con If Not Winter, aunque comenzó sin salir de su dormitorio universitario. Cuando tenía 18 años, creó “Your Face” cantando sobre una pista shoegaze que encontró en internet y grabándose con su teléfono. Después vio cómo la canción se convertía en un fenómeno viral en TikTok. Al igual que otros zoomers como Quannnic o Flyingfish, demuestra por qué al auge actual ya ni siquiera puede llamárselo un simple “revival”.

Nunca hubo tantas bandas de shoegaze tan inventivas, experimentando de manera tan libre, especialmente en el underground. Filadelfia se convirtió en una auténtica mina de oro gracias al sello Julia’s War y a una escena DIY poblada por grupos como Full Body 2, Bleary Eyed y Knifeplay. Los referentes locales They Are Gutting a Body of Water publicaron uno de los discos más impactantes de 2025 con LOTTO, un relato desgarrador sobre el dolor y la adicción.

El grupo de Nashville Total Wife se lanza al vacío con fantasías mutantes de hyperpop en el encantador Come Back Down, mientras que los oriundos de Phoenix, Glixen, exploran una veta más romántica en Quiet Pleasures. Desde Kansas City, Misuri, Forever Star incorpora ritmos breakbeat de drum and bass, lo que les valió la etiqueta de “junglegaze”. El sonido sigue transformándose gracias a bandas como Feeble Little Horse, de Pittsburgh; High., de Nueva Jersey; y Julie, de Los Ángeles. Grupos indie de gran nivel como Wednesday y Hotline TNT comenzaron sobre terreno shoegaze antes de despegar hacia direcciones completamente propias.

Los pioneros también están atravesando un gran momento. Swervedriver y Slowdive realizaron giras muy celebradas el año pasado, mientras que Ride había hecho lo mismo el año anterior. Incluso emergió de las sombras teñidas de magenta el otoño pasado para ofrecer una serie de multitudinarios conciertos en el Reino Unido. Su álbum de regreso homónimo de 2013 hoy suena menos como un regreso nostálgico a los noventa que como una visión anticipada del presente, especialmente por la forma en que incorporaba esos ritmos contundentes que desconcertaron a muchos oyentes en aquel momento, pero que terminaron siendo proféticos para la década de 2020.

Tanto el shoegaze como el drum and bass funcionan sorprendentemente bien en TikTok, ideales para generar impacto instantáneo en las redes sociales. Esa es una de las grandes razones por las que ambos géneros están viviendo un boom, mucho después de que los expertos los declararan muertos.

No parece haber fin para la corriente constante de derivados: doomgaze, grunge-gaze, twang-gaze y surf-gaze, entre otros. (Durante un tiempo, en los años 2000, hubo quienes intentaron imponer el término “shoetronica”. Por suerte, esquivamos esa bala.) Pero la explosión del shoegaze atrae a una nueva generación de oyentes, incluso a aquellos que no coleccionan viejos discos de Pale Saints. Todo reside en esa sensación de sobrecarga sensorial absoluta, en el temblor de pánico que podía provocar un concierto de My Bloody Valentine cuando extendían “You Made Me Realize” durante varios minutos más allá de cualquier duración razonable, hasta hacerte sentir que el páncreas se te derretía dentro de los riñones. Hoy más que nunca, es el momento indicado para dejar que una Fender Jazzmaster chirriante y distorsionada invada tu alma y te haga entrar en razón.

Esta nota forma parte de la serie Reasons to Love Rock, de Rolling Stone US, dedicada a los sonidos, tendencias, escenas y artistas que generan entusiasmo sobre el rock en 2026.

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