Piano y micrófono solamente. Ese mood manejaba Prince justo antes de morir el 21 de abril de 2016, en una gira mundial en la que el pequeño príncipe de Mineápolis había decidido encumbrarse, esta vez, como cantante y pianista. Y una pequeña muestra del momento de gracia en el que se encontraba es el tema con el que cierra Timeless, el más reciente álbum póstumo (el quinto con tomas y temas inéditos en diez años, a los que habría que sumarle cinco ediciones expandidas de cinco discos claves de su obra, tres compilados y un álbum en vivo) que los herederos legales, y la empresa musical que gestiona su famosa bóveda (the vault), acaban de editar. Se trata de una exquisita versión de “How Come You Don’t Call Me Anymore?”, tema editado en 1982 como lado B de “1999”, pero popularizado por Alicia Keys en 2002, al incluirlo en su Songs in A Minor. Prince derrocha falsete, les pega a las teclas de su piano púrpura (al que utiliza como mínimo acompañamiento percusivo), cambia de ritmos y juega con el público. Todo él solito y emociona. Cuando termina el tema, y el disco, instintivamente uno pide “u-na-más” y es comprensible quizá que una grabación oficial de esa última gira es lo que a estas alturas tendría que ya haberse publicado, no solo porque fueron conciertos memorables, sino también a manera de documento.
Pero lo cierto es que los ocho tracks que preceden a este final en vivo, es una colección de temas sueltos rescatados de aquí y de allá sin un concepto más que el de recorrer la obra de Prince cronológicamente, desde 1977 hasta 2016 (un plan de antemano utópico si se tiene en cuenta la extensa discografía del artista), a través de temas inéditos y grabaciones alternativas de un par de temas publicados anteriormente.
Paradójicamente, una de ellas, una toma previa de “Tick Tick Bang” (tema incluido en Graffiti Bridge, de 1990), es una de las joyas del álbum. La versión que aparece aquí fue registrada en 1981 (¡nueve años antes de ser editada!) y es un rock que va directo al pecho, con un riff ramonero que se sostiene de principio a fin (nada más lejos del pop sintético que terminó siendo en Graffiti Bridge).
De la producción de Prince en los años 70 solo aparece “I Am You” (1977), una canción que solía incluir en sus primeros conciertos como solista que aquí abre el disco.
Los años dorados de Prince en los 80 están cubiertos por “Heaven” (post Purple Rain) y la funky “I Wonder” (con un estribillo que se adhiere a tu mente por días).
En el casillero baladas épicas está la versión original de “With This Tear” (1991), que Prince le cedió a Céline Dion para su segundo álbum (Céline Dion, 1992) y que bien podría formar parte de Originals (2019), el muy buen álbum póstumo que recopiló sus grabaciones de temas que cedió a otros artistas como The Bangles (“Monday Morning”) o Sinead O’Connor (“Nothing Compares 2 U”).
“Stone” es uno de los descartes del álbum triple Emancipation y parece más una idea en progreso y “Calabama” (un salto cronológico en el álbum de 1995 a 2003) encuentra a Prince rapeando como si se tratara, casualmente, de 1995 (según reportó el managment de Prince luego de haberse editado Timeless, es el único track al que se le agregó algo; en este caso, los vientos).
“The Guilty Ones” (2007) vuelve a poner en el centro al Prince más rockero y violero sin igual, con la New Power Generation volando detrás. Otro punto alto del disco, que precede a “Bestest Friend” (2012) y al cierre con aquella grabación de la gira Piano & Microphone, tomada el 4 de marzo de 2016, en Oakland, un mes y medio antes de su muerte.
Allí, Prince canta eso de “todavía enciendo el fuego en una noche lluviosa” y vaya si su música lo sigue haciendo, a una década de su partida y muy a pesar de lo descuidado desde lo estético y conceptual que pueda ser este Timeless, al que definitivamente el mismísimo Prince Roger Nelson odiaría. Porque está claro que el hombre debe estar insultando en mil idiomas por cómo están manejando el incontable material musical que guardaba celosamente en su bóveda. De eso no hay dudas, como tampoco que la mayoría de estos tracks son solo descartes que Prince nunca hubiera querido que escuchemos (pero, así y todo, nos gustan).


