¿Es el personaje principal de la nueva serie de Apple TV+ Murderbot (Matabot en hispanoamérica) el ser con el que más nos podemos identificar en la historia de la ciencia ficción? Sí, la unidad de seguridad (interpretada por Alexander Skarsgård) no tiene genitales, pero sí armas mortales integradas en su cuerpo artificial. Pero sus deseos son simples: “Lo único que quería era que me dejaran solo para ver mis series”.
En el primer capítulo, Murderbot —adaptada por Paul y Chris Weitz de la popular serie de novelas de Martha Wells— descubre cómo desactivar el módulo que lo obliga a obedecer órdenes de los humanos. Y su primera tarea es descargar miles de horas de series y verlas mientras sus clientes humanos hablan sin parar sobre sus propios problemas. Es especialmente aficionado a una llamada The Rise and Fall of Sanctuary Moon, que parece increíblemente cursi; pero ni intentes decírselo a Murderbot.
Todo se cuenta a través de los ojos de Murderbot, que inadvertidamente llega a comprender el comportamiento humano y las emociones a través de Sanctuary Moon y otras series similares, y a menudo se decepciona de que las personas reales no se comporten como sus contrapartes guionizadas. Las novelas tienen un sentido del humor seco, pero son más ciencia ficción pura con chistes. Los hermanos Weitz (American Pie, About a Boy) nos permiten escuchar el monólogo interno de Murderbot, pero también hay mucho material mostrado desde la perspectiva de sus últimos clientes, un grupo de científicos sensibles de un colectivo socialista que están disgustados por la vasta corporación que controla tanto de esta parte de la galaxia (y que les alquiló este robot). La serie parece más una comedia con momentos de acción, suspenso y patetismo (los episodios duran alrededor de media hora, si no menos).
Los cambios de tono y género funcionan gracias a Skarsgård. En algunos aspectos, es una elección curiosa para el papel de lo que sugeriría el personaje asexual y sin género. Pero desde su primer papel en Estados Unidos, como un marine acertadamente apodado Iceman en la miniserie de HBO Generation Kill, hasta su reciente papel como un distante tech bro en Succession, Skarsgård parece emocionalmente desajustado o de algún modo inhumano, como si él mismo hubiera sido construido en una fábrica. Su interpretación de la narración en off es tan divertida como sorprendentemente dulce en ocasiones, inclinándose hacia la idea de que Murderbot se comporta como si estuviera en algún lugar del espectro autista. El contacto visual es increíblemente estresante para él, las señales sociales frecuentemente le eluden, y cuando un humano se muestra físicamente afectuoso, e incluso le coquetea, se horroriza y piensa: “¡Fundime ya!”.
Los clientes humanos son más variados. Noma Dumezweni es muy buena como Mensah, la líder del grupo que sufre ataques de pánico y que parece la más ansiosa por entender y ayudar a su nuevo colega artificial. David Dastmalchian hace un trabajo eficazmente sutil como Gurathin, un humano mejorado artificialmente cuyos implantes mecánicos lo hacen inherentemente más sospechoso de esta inusual unidad de seguridad.
Pero cuando aparece un peligro del que Murderbot tiene que salvar a sus clientes idiotas, la acción está bien escenificada, de manera tan emocionante como ligeramente cómica, ya que Murderbot es un modelo casi obsoleto, a menudo superado por sus oponentes robots o alienígenas. Y cuando la serie se adentra en emociones reales, ya sea que Murderbot las sienta o no, el público sí lo hará.
Murderbot no es una recreación exacta de los libros, pero es muy divertida y satisfactoria.


