Bad Bunny en la tapa de ROLLING STONE: “Siempre he dejado claro a la gente que soy una persona real, y mi música lo refleja”

El cantante y compositor boricua cuenta por qué se siente tan orgulloso de su último álbum, 'Debí tirar más fotos', reflexiona sobre salud mental y confiesa que sueña largar todo para dedicarse a la lucha libre

Por  JULYSSA LÓPEZ

febrero 28, 2025

Christopher Gregory-Rivera

Cuando sos Bad Bunny, los ascensores son todo un tema. En cualquier momento se abren las puertas y alguien te puede reconocer. Y si sos el artista latino más escuchado del planeta, la probabilidad estadística de toparte con un fan —seguidor devoto, oyente ocasional o turista emocionado— es bastante alta. Y no es que a la superestrella puertorriqueña le moleste nada de eso, simplemente pasa que se le complica un poco intentar ir de un punto A a un punto B.  

Eso explica por qué una fría mañana en Nueva York, dos días después de Navidad, Bad Bunny está en un ascensor que se dirige a las oficinas de ROLLING STONE. Va vestido de pies a cabeza con un conjunto deportivo gris y, como precaución adicional, los cordones de su capucha están tan apretados que sólo se le ve una pequeña porción de la frente. Parece más una criatura sin rostro del Laberinto del Fauno que una celebridad. La imagen —su crew de unas siete personas junto a una figura silenciosa de dos metros que le da la espalda a todo el mundo— es cómicamente extraña, pero el viaje transcurre tranquilo y sin interrupciones.

Diez pisos después, se quita la capucha y ahí está Benito Antonio Martínez Ocasio, barbudo y con el pelo ligeramente más largo, hojeando las últimas ediciones estadounidenses de ROLLING STONE, y hace algunos comentarios: en la de octubre de 2024, tapa Chappell Roan, explica que una peluquera del set de una película le introdujo hace poco a este fenómeno emergente del pop. “Tiene un aire a Lady Gaga, a Lana y a Sia”, comenta. “Es genial”. En cuanto a la edición de enero de 2025, con Chris Martin, de Coldplay, bromea: “Siempre dije que me recuerda a un delfín, y esta portada en el agua confirma que ROLLING STONE y yo estamos conectados”.

No quiere ninguna de las dos ediciones con su cara en la tapa (su primera portada en ROLLING STONE fue en junio de 2021; la segunda, dos años después). Los ejemplares que pide, en cambio, son el de Megan Thee Stallion de 2022, o algo vintage con la Shakira de los 90.

Aunque es conocido por ser reservado en las entrevistas, hoy Bad Bunny está lleno de energía e historias. En parte se debe a que el año pasado estuvo muy ocupado: películas, activismo, mudanzas. Y lo que es más importante, en los últimos meses ha estado preparando un nuevo álbum, Debí tirar más fotos, una obra impresionante de la que se siente más orgulloso que de cualquiera de los éxitos multiplatino que lo precedieron.

Aquí hay un sentimiento más profundo, casi como si este álbum lo hubiera acercado más a lo que quiere hacer. Es una culminación de sonidos e ideas basados en las tradiciones folclóricas y de raíces de Puerto Rico, el resto del Caribe y la diáspora en general. Hay salsa, hay bomba, hay trío… Todos retazos de su infancia que trajo consigo cuando pasó de ser un joven embalador de alimentos que subía canciones a SoundCloud hasta esta superestrella mundial. Casi vibra de alegría cuando habla de todo lo que aprendió haciendo este disco.

“Lo disfruté mucho, pero al mismo tiempo también pasó muy rápido”, comenta. “Por eso creo que voy a seguir grabando canciones, no tengo por qué publicarlas. Pero compartir ideas, ver a los niños tocar y disfrutar de la música, era tan bonito que lo haría todos los días. Iría al estudio todos los días para hacer una canción nueva”.

La última vez que hablamos, estabas viviendo en Los Ángeles. ¿Preferís Nueva York o L.A.?

Puerto Rico.

Si tuvieras que decidir…

Me gusta Nueva York porque está más cerca de casa. L.A. se siente muy lejano. A veces eso es bueno, porque te quieres desconectar, y Los Ángeles puede llegar a sentirse como otra galaxia. Pero si tuviera que elegir, si alguien me dijera: “Tienes que vivir en una de las dos”, me quedaría aquí. Aunque Los Ángeles tiene más cultura mexicana. Comencé a comer tacos de birria, que son los mejores. En Puerto Rico encontramos unos tacos de birria muy buenos, de un local de una familia mexicana y puertorriqueña que creció en Dallas.

Tu nuevo álbum se llama Debí tirar más fotos. ¿De dónde viene el nombre?

Viene de que odio las fotos [Risas]. Comencé a tener fama de que no me gustan las fotos porque a veces no me siento con ganas de tomarme una foto con un fan si quiero crear otro tipo de momento. Tuve una especie de reflexión: “Quizá estoy muy acostumbrado a las fotos con los fans, y no es un momento tan especial para la persona que me acaba de ver y que quiere guardar ese momento…”.

Pero tiene que ver más con que a veces hay momentos que vivo y los disfruto, pero no tomo fotos. Tengo buena memoria, pero sé que va a llegar un punto en el que no voy a recordar momentos realmente increíbles. Tiene mucho sentido en cuanto a desear haber aprovechado ciertos momentos. Esa es la idea: disfrutar del momento cuando se puede y valorar los recuerdos.

Las fotografías capturan la historia. Hoy en día, la gente puede hacer fotos de cualquier cosa, pero antes, recuerdo que las fotos solían ser muy especiales. Recuerdo que mi madre siempre tomaba fotos. Cuando había un cumpleaños o algún tipo de acontecimiento, se sacaban como dos fotos y luego las guardaban para la tía que tenía 90 años, o cuando venía fulanita con su nuevo bebé. Eran para algo especial. Cuando las revelabas, era todo un acontecimiento. Toda la familia se sentaba, las pasábamos y decíamos: “¡Vaya, mira eso!”. Se trataba de revivir esos momentos. Al crecer, me enojaba mucho cuando mami hacía fotos, porque le encantaba, y ahora es al revés. Pienso: “Rayos, ojalá tuviera una foto de esto”; son todos esos sentimientos nostálgicos de valorar esos momentos y estar agradecido, más allá de las fotos. El álbum también es un reflejo de cómo, cuando estás lejos, aprecias más las cosas y las entiendes mejor.

Hace unos años, coescribiste El playlist de anoche, un álbum para el pianista y cantante Tommy Torres. Una vez, dijo que sentía que tus temas de trap y reggaetón podían traducirse fácilmente en baladas o canciones pop.

Mi voz y la manera en que canto son cosas que intento no cambiar porque siento que soy yo. Podría cantar con cualquier flow, pero quiero que la gente diga: “Este es Bad Bunny”. Todas esas canciones que hice con Tommy podría haberlas hecho solo y habrían sido geniales, pero en la voz de Tommy suenan más impresionantes. Creo que también es cuestión de épocas. En otra época, habría practicado y tomado clases de canto. Para la gente mayor, que me va a criticar, habría sido un gran compositor, y lo digo de manera humilde porque sé adaptarme a cualquier época. Hay una frase [en mi nueva canción de salsa “Baile inolvidable”] en la que digo: “La nueva mama bien, pero no es tu boquita”. Sé que los viejos van a decir que arruiné la salsa, pero, si no pongo eso, es como si estuviera imitando [a alguien]. Podría haber puesto algo superpoético, aunque esa frase suena poética viniendo de mí [Risas]. Pero creo que sin importar la época en la que hubiera nacido, yo habría sido increíble.

¿Cómo fue hacer un tema de salsa?

Cuando lo escucho, pienso: “Esta es la mejor canción que he hecho en mi vida”. Es un sueño hecho realidad porque he tenido esta canción en la cabeza desde hace tiempo. El sintetizador que se oye al comienzo lo escuché por primera vez cuando estaba haciendo mi álbum de 2022 Un verano sin ti, y pensé: “Esto es una canción de salsa”. Pero gracias a que el álbum ya estaba lleno de diferentes cosas, dije que la dejaría para después. Y pasé casi todo este año haciéndola.

¿Y cómo surgió finalmente?

Te puedo mostrar las notas de voz que grabé cantando sobre la línea de sintetizador y luego yendo tan, tan tan, todas las partes. Y me seguía preguntando cómo haría realidad la canción, nunca había hecho salsa. ¿A quién podría acudir? No quería ir a los mismos compositores, quería buscar a alguien nuevo. Y de la manera menos esperada encontramos a este chico que está empezando a trabajar como productor de reggaetón. Tiene 24 años, pero viene de una escuela de música y le gusta hacer arreglos. Lo encontramos porque mi amigo Pino vio que él subió una historia con “Narcotics” de Bryant Myers, y la había convertido en salsa solo por joder. Mis amigos se lo tomaron como un meme, en plan risa, pero yo les dije: “¿Meme? ¿Ja, ja, ja? Esto es una locura. Es mejor que la original”. Cuando empecé a trabajar en el álbum, les dije que lo invitáramos. Es súper tranquilo, y se llama Big Jay porque es muy alto.

En ese momento estaba aquí, en Nueva York, y les dije: “¿Tenemos a todos los músicos? Necesito llegar a Puerto Rico y empezar a trabajar porque tenemos poco tiempo”. Empezaron a enviarme gente y yo les decía: “Este es bueno, este otro no estoy tan seguro”. Y luego, en TikTok, vi a un chico de unos 14 años; estaba con una banda de niños tocando, y él bailaba y tocaba los bongós. Pensé: “¡Mierda, se parece a un Roberto Roena bebé! Búsquenme a este niño”. Me dijeron que no lo pudieron encontrar. Llamé a Noah [Assad], mi representante, y me dijo: “Creería que lo mejor es buscar a un director musical. Encontramos a este chico que es bueno, y creo que nos habías enviado un TikTok suyo”, y yo pensé: “¡No puede ser!”. Cumplió 19 años cuando estábamos haciendo la canción. Él se encargó de encontrar a los músicos y, al final, acabaron siendo músicos que Big Jay también había recomendado. Todos se conocían. Y cuando empezamos a hacer la canción, fue la experiencia más increíble. Casi todos son de la Escuela Libre de Música de Puerto Rico; Julito, el que cumplió 19, el trombón y el trompetista son veinteañeros.

Era toda una Escuela de rock.

¡Exacto!

Para vos ¿cuál es el mejor reggaetón de la vieja escuela?

Últimamente, he estado escuchando bastante a Héctor & Tito, A la reconquista, de 2002. El reggaetón de 2002 a 2003, ahora que sabemos que el género explotó con “Gasolina” y todo eso, el reggaetón de esa época es el que más valoro: The Last Don de Don Omar, Tego Calderón. Pero A la reconquista de Héctor & Tito también.

Héctor & Tito han sido un poco olvidados.

Sí, las decisiones que tomas en la vida pasan factura. Así como Willie Colón enloqueció, y hacía música impresionante. [Nota del editor: recientemente, el legendario artista de salsa ha abrazado posturas de derecha y a favor de Trump]. Nadie le quita eso. Pero esa era del reggaetón, 2001, 2002, ese fue el mejor momento. O al menos, como dijiste, es a lo que vuelvo. Pero también depende de la temporada y de mi humor. A veces quiero escuchar cosas de cuando estaba en el colegio, de 2008 o 2010.

También has experimentado con el cine. Hasta el momento, apareciste en cuatro películas: Bullet Train, Cassandro, Caught Stealing, de Darren Aronofsky, y Happy Gilmore 2, con Adam Sandler. ¿Cómo fueron esas experiencias?

Tremendas. Trabajé mucho, demasiado. Grabé durante una semana Caught Stealing, y tan pronto terminé, comencé la otra, que era Happy Gilmore. Estuve 40 días en el set y luego me fui a Puerto Rico. Así que, básicamente, tuve el 24 y el 25 [de diciembre] libres.

Esas películas no podrían ser más diferentes.

[Risas] Sí, una está aquí y la otra allí [señala en dos direcciones diferentes]. Pero me gustó que fueran tan diferentes, y ya quiero que se estrenen para que la gente se sorprenda. Creo que con los proyectos que se avecinan, puedo centrarme más en sólo hacer películas.

¿Alguna vez considerarías ser sólo actor?

Sí, lo sería. Siempre voy a componer música, pero me gustaría pasar un tiempo haciendo películas y dedicándome a actuar. Cuando esas dos películas se estrenen, cuando la gente las vea, dirá: “Vaya, este tipo actúa de verdad”. Porque son dos películas diferentes, dos papeles diferentes, dos personas diferentes. Incluso físicamente, tuve que teñirme el pelo de rojo y afeitarme la barba para una película; para la otra, tuve que teñírmelo de negro. Todo es diferente. Con Bullet Train, cuando salgo, es como, “Oh, ahí viene Bad Bunny; salió del estudio y se pasó [por la película]”.

En Cassandro interpretaste más a un personaje.

Así es. En esa, era más un papel. Pero no la vio tanta gente como Bullet Train, que sí estaba en Netflix y tenía a Brad Pitt. Sin embargo, me encantaría que la gente la viera [Cassandro], porque se ve que es más un personaje. Y en estas dos es lo mismo, se ve que estoy trabajando y actuando, es como: “Joder, esto es un personaje, no es Bad Bunny”.

¿Qué te gusta de actuar? ¿Cómo ves que encaja en tu carrera?

Me encanta desde que era niño. En realidad, mi mamá no sabía que estaba haciendo estas películas, y cuando le dije, se puso muy contenta. Me dijo: “No sabes cuánto me alegra oír estas cosas. Cuando eras pequeño, aunque te encantaba la música, nunca imaginé que serías un artista musical, siempre te imaginé como actor. Cuando eras pequeño, solía decir: ‘Este niño va a ser actor’, nunca dije que serías cantante. Y verte haciendo estas cosas me hace muy feliz”. Y yo: “Vaya, mami, nunca me habías dicho eso, que me veías más como actor”. Así que es algo que me encanta desde niño, aunque era bastante tímido.

Sí, has dicho que eras tímido de niño.

Sí. Cuando era pequeño no podía explorar tanto esas cosas. No cantaba en público. Canté como dos veces en el colegio, pero me moría de miedo. Y no hice muchas presentaciones, quizá algunas en la iglesia. Nunca estuve en una obra de teatro en la escuela, ni nada por el estilo. Pero me gustaba. Cuando estaba en mi habitación, actuaba solo. Todo lo que veía, siempre me lo imaginaba actuando.

¿Pasaste tiempo con Adam Sandler en el set?

Pshhh, él es como mi tío. Adam Sandler es mi tío. Mira [me muestra sus mensajes de texto, donde Adam Sandler aparece como “Tío Sandler”]. Es el tío Sandler, es muy simpático.

Otra faceta de tu carrera ha sido participar en eventos de la WWE [la compañía de espectáculos de lucha]. Empezaste a hacerlo en 2021, ¿volverías a hacerlo?

Quiero hacerlo una vez más. Quiero poner mi vida en riesgo en el ring. Sentí que no la arriesgué lo suficiente, y quiero hacerlo. Quiero asustar a mi madre. ¿Cuándo? No lo sé. Estamos en contacto con la gente de la WWE, siempre estamos pendientes. Pero no sé cuándo será. Espero que haya un momento en el que pueda prepararme de verdad, como hice las últimas veces. Y me encantaría tomarme más tiempo para prepararme físicamente.

Pero, así como en la música, hago esto para mejorar y hacer algo diferente. A veces digo: “Voy a dejarlo todo y a ser un luchador tiempo completo”. Siento que a la lucha libre sólo voy de vez en cuando como una celebridad. Me encantaría hacerlo tiempo completo y ser un heel [como llama a los “malos” en estos espectáculos]. Siempre me han gustado más los villanos que los buenos.

¿Cómo fue llevar el evento Backlash de WWE a Puerto Rico?

¿Qué te puedo decir? Estuvo muy bien. Estuvimos ahí hasta que pudimos traer WWE a Puerto Rico. Y realmente siento que fue bueno para ellos y para todos, porque vi que el Backlash del año pasado fue en Francia. Ahora va a México. Ellos mismos vieron que funcionó.

A medida que te has hecho más famoso, tu vida amorosa se ha vuelto más pública. ¿Qué se siente saber que cualquier canción que lances sobre el desamor va a ser analizada línea por línea por los fans intentando averiguar de quién trata?

Cuando todo esté dicho y hecho, sé que pasará. Y la verdad es que no me molesta, sé que forma parte del proceso. Si digo algo y la gente sabe que me estoy expresando, sé que van a buscar asociaciones. Me hace gracia cuando están totalmente equivocados, y pienso: “Hombre, ¿qué te hace pensar eso?”. A veces, no hay ningún razonamiento para las cosas que se les ocurren.

Pero siempre he dicho esto, y no sé si es justo decirlo, pero creo que hay una diferencia entre dedicarle una canción a alguien e inspirarse en alguien. Puedo hacer esta canción inspirándome en lo que he vivido y en lo que ha pasado, porque es mi experiencia y me pertenece. Lo que viví me pertenece a mí y a la otra persona, así que creo que puedo expresarme y contarlo como quiera; puedo añadir, puedo quitar. Pero si escribo una canción sobre una situación que he vivido, no significa que se la dedique a esa persona. Esa es la diferencia. La gente puede confundirse, incluso la persona sobre la que se habla puede confundirse y decir: “¡Oh, esta canción es para mí!”. No, no es para ti. Es sobre ti, pero no es para ti, aunque a veces sí [Risas].

¿Te ha afectado la fama como compositor? ¿Pensás en estas cosas cuando escribís?

Sinceramente, no, no pienso demasiado en ello. O sí pienso en ello, y a veces me preocupa, pero no dejo que eso me limite para escribir lo que quiero y para ser honesto conmigo mismo y con la gente en mis canciones. Prefiero eso a inventarme cosas.

A veces hay mucha nostalgia y tristeza en tu música.

Hay nostalgia y tristeza. La gente se quejará y dirá: “¡Este tipo llora demasiado!”. [Para la canción “Turista”], estaba en Puerto Rico, salí de la oficina y empecé a dar vueltas por Ocean Park. En ese momento, estaba muy triste. Estaba llorando y tenía muchas cosas en la cabeza.

¿Por qué llorabas?

Me picó un mosquito [Sonríe]. Fui a la playa y vi a varios turistas en clases de baile y jugando al voleibol y haciéndose selfies junto a la puesta de sol, y simplemente dije: “Wow”. Me estalló la cabeza de pensarme en el auto, tan triste, y que esta gente estuviera tan cerca de mí y tan feliz, y que no tuviera ni idea de que yo pasaba por ahí todo triste. Y eso pasa. Ahora mismo [en esta sala], podría haber alguien que esté muy triste y no lo sepamos. Eso me voló la mente; y también pensaba en la situación [de Puerto Rico]. Decía: “Estas personas están aquí viendo esta maravillosa puesta de sol, sacando unas fotos putamente preciosas, se lo están pasando de puta madre”. Se van a ir y habrán disfrutado de lo mejor de Puerto Rico, pero en realidad no han vivido lo que los puertorriqueños pasan cada día, las partes negativas. Así que estacioné el auto y empecé a escribir una canción con esta idea de “en mi vida solo fuiste una turista”. Hay gente que entra en tu vida, y disfruta de lo mejor de ti, de la versión bonita de los primeros meses, y luego se va. Pero no llegaron a conocerme en profundidad, mis ansiedades, mis miedos, mi tristeza, mis traumas.

Compraste publicidad de vía pública en San Juan para protestar contra el Partido Nuevo Progresista antes de las elecciones a gobernador de noviembre. También interviniste en un encuentro de apoyo al candidato independentista Juan Dalmau. Siempre hablaste de Puerto Rico en tu música, pero ¿qué te llevó a mostrarte más, especialmente antes de las elecciones?

Creo que siempre lo he sido naturalmente. Pero cuanto más cabreado estoy, más voy a gritar. Siempre he dejado claro a la gente que soy una persona real, y mi música lo refleja. Soy una persona real, un puertorriqueño de 30 años, y toda mi carrera, no importa en qué posición esté, es lo que soy y de eso trata mi música. Hago canciones sobre el desamor, sobre el perreo y sobre temas sociales porque así soy yo, como tantas otras personas. No es que siempre estemos de fiesta viernes, sábado y domingo; el lunes hay que ir a trabajar. Así es como me expreso. Cuando es hora de salir de fiesta y hablar de culos y coños, y todo eso, lo haces. Cuando estoy triste por amor, lo digo. Pero cuando algo me enoja… y pasa mucho, pero no puedes quejarte todo el tiempo. Nuestra vida personal nos saca de eso: las relaciones, tu pareja, todo eso te saca a veces de los temas sociales. Así soy yo.

Las elecciones son cada cuatro años, pero no es algo de lo que hablemos solo cada cuatro años. Siempre hemos alzado la voz cuando se necesita. La gente se sorprende de que tenga este nivel de popularidad y de que esté en el mainstream, pero no me lo pienso dos veces a la hora de expresarme. Eso es lo que me hace humano. Yo voy a hablar, y a quien no le guste, no tiene por qué escucharme, o puede seguir escuchándome y yo puedo pensar diferente; todos vivimos en el mismo país. Y eso es algo que ya he dicho: los políticos aprovechan las situaciones para dividir a la gente, y ese nunca ha sido mi objetivo. Y nunca he tenido miedo de expresarme, porque así soy, cabrón.

Cuando hablaste en el encuentro de Dalmau, dijiste que dar discursos políticos te ponía más nervioso que cantar.

Soy tímido hasta cierto punto. Una vez que me siento cómodo con la gente, me enloquezco. Pero al principio siempre soy tímido, y cuando se trata de hablar de cosas así, me pongo muy nervioso, sobre todo si es un entorno que no sea mi concierto. Si es mi concierto, si es mi escenario, hago lo que quiero. Pero si tengo que ir a otro sitio a hablar, es muy duro. Me cuesta incluso hacer un brindis, termino diciendo: “¡Bendiciones a todos!”. Así que hablar de una situación tan personal y seria en un lugar donde había tanta gente, sabía que cada palabra iba a durar una eternidad. Estaba muy nervioso, pero también me sentí muy bien después de hacerlo.

¿Cómo mantenés la esperanza? Las elecciones en Puerto Rico y en Estados Unidos no resultaron como mucha gente quería.

Creo que ya estamos acostumbrados. Al final, en las elecciones hay alguien que gana y alguien que pierde. Pero no es la primera vez ni es algo nuevo. Creo que esta vez la gente tenía muchas esperanzas, y por eso ha sido un golpe tan duro. Pero no es nuevo para nosotros tener que seguir adelante con nuestras vidas y seguir luchando, y seguir resistiendo, y seguir defendiendo lo que es nuestro.

Hace poco, alguien me preguntó qué mensaje daría el día antes y el día después [de las elecciones], y sería el mismo. La situación no cambia, pero eso sigue creando conciencia social y fuerza.

Siempre has representado a Puerto Rico, sin importar el escenario. En los Grammy de 2023, por ejemplo, te acompañaron bailarines de bomba y plena. ¿Qué se siente al poder compartir esas tradiciones con el mundo?

Me hace sentir orgulloso y feliz conmigo mismo. Me encanta hacer esto. Me encanta hacer música. Siempre soñé con que la gente escuchara y reconociera mi música, y poder ganarme la vida con ella. Pero, aunque lo soñaba desde el fondo de mi corazón, nunca esperé llegar tan lejos. Así que empecé a preguntarme: “¿Qué sigue? ¿Qué sigo haciendo?”. Nunca intento batir un récord que ya he batido o hacerlo mejor que quién sabe qué. Con [cada álbum], no intento hacerlo mejor que Un verano sin ti o YHLQMDLG, no. Quiero crear algo nuevo; recuerdos diferentes, discos diferentes, algo diferente a lo que he hecho antes.

Entonces, ¿qué más quiero hacer? ¿Qué sentido tiene estar aquí? ¿Qué sentido tiene estar a este nivel? ¿Qué gano? Moriré y ya está, no me llevaré nada. Así que creo que eso es todo: mostrarle al mundo quién soy y cuál es mi cultura, dónde crecí. Hablar un poco de mí para que me conozcan más, y ese soy yo: soy puertorriqueño. Poder poner este género en una posición alta, poner a estos artistas en una posición alta… Están haciendo música de la misma manera que yo, sin esperar nada, solo por el puro placer y la pasión de hacer música, y para compartir un mensaje con otras personas. En este momento, eso es lo que me llena: poder ayudar y darles un espacio a ritmos diferentes y a gente joven como yo.

En algún momento dijiste que siempre trabajás con años de antelación y que ya tenés planeados tus próximos discos. ¿Cómo cambian esos proyectos una vez que empezás a trabajar en ellos?

Sí cambian. Con Debí tirar más fotos, tenía la idea inicial, pero, en mi opinión, cambió para bien. Empezó a formarse su propia personalidad y energía, su propio flow. Cuando estaba haciendo Nadie sabe lo que va a pasar mañana, quería empezar a trabajar en este. No quiero hablar mal de ese álbum, pero creo que fue el que menos disfruté, en el sentido de que me presioné para hacerlo. Y cuando me fui de gira para promocionarlo, me pasó lo mismo: “No quiero salir de gira. Quiero trabajar en un nuevo álbum”.

¿Por qué sentiste tanta presión con Nadie sabe lo que va a pasar mañana?

Me lo metí en la cabeza, me dije: “Quiero sacar un disco que sea solo trap y ese tipo de música”. Hay un momento en el que te metes en esos viajes mentales, en plan “esto es lo que quiere la gente”. Pero ¿cuál gente? Ahora mismo, estamos sentados en esta oficina, y siento que este álbum lo es todo, y que todo lo que pasa aquí lo es todo. Pero si abres Google Maps, no somos nada. Mi álbum no es nada, yo no soy nada. Entonces, ¿quién demonios está escuchando? ¿Y cuál es la presión que me estoy poniendo a mí mismo? Aprendes de lo que te pasa. Me encanta ese álbum, pero aprendí dónde quiero estar y adónde quiero ir. Estaré donde me sienta cómodo y feliz, y donde sienta que estoy contribuyendo.

Un verano sin ti rompió un montón de récords. ¿Imaginabas que llegaría tan lejos?

No. Creo que uno hace estos proyectos esperando que sean un éxito y que a la gente le gusten, pero no a esa magnitud extrema. Me imaginaba algo más pequeño [Risas]. Sí tenía cierta confianza al hacerlo; recuerdo que a mi mánager, Noah, le decía, “Estoy haciendo este disco. Por favor, trabájalo bien”. No repito fórmulas. Puedo repetir cosas, pero no una fórmula entera. Así que sabía que estaba haciendo un álbum rico en términos de que le gustara a todo el mundo. Dije: “Aprovecha, porque después de este, no voy a hacer otro igual”. Sabía que tendría éxito, pero no pensaba que fuera a suceder de la forma en que lo hizo. Ni tampoco lo buscaba. Quería crear ciertos sonidos y que la gente lo escuchara de principio a fin, que cada quien tuviera su canción favorita. Siempre he dicho que en Un verano sin ti, hay una canción para todos. Pero nunca imaginé que llegaría a ese nivel. Y, al final, estoy contento y orgulloso porque ese era el objetivo: que le gustara a la gente. Pero ahora ya está ahí.

¿Te ves haciendo esto hasta viejo?

De corazón que sí. A veces digo: “Creo que me quedaré aquí encontrando ritmos que me gusten y lo que me llena”. Siempre me ha encantado la percusión, los tambores, la conga, los bongós. Hay algo en mi ADN que me está llamado. Me encantó hacer Debí tirar más fotos, es el álbum que más he disfrutado hacer.

¿Tiraste más fotos esta vez?

[Risas] Tomé un par.

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