La nueva miniserie de Netflix tiene de todo en solo cuatro episodios. Según el capítulo, Adolescence es un policial; un estudio sociológico sobre la ira masculina, el ciberacoso y un sistema escolar británico en decadencia; un thriller psicológico; y una tragedia sobre cómo, en el siglo XXI, el lugar más peligroso para un chico puede ser su propia habitación.
Dos elementos unen tanto despliegue. El primero es que todo gira en torno a la misma investigación criminal sobre si Jamie Miller, de 13 años (Owen Cooper), asesinó a una compañera de clase. El segundo es que cada episodio está filmado en una sola toma.
Antes, los planos secuencia eran tan difíciles de realizar que solo los mejores directores como Alfred Hitchcock (La soga), Orson Welles (Sed de mal) o Martin Scorsese (Buenos muchachos) se atrevían a intentarlos. Pero el avance en la tecnología de cámaras (y, más recientemente, de drones) ha hecho que el proceso sea más común. Películas como Birdman se han presentado enteramente como planos secuencia y programas de televisión que van de True Detective a The Bear han hecho memorables y largos oners (como se los conoce también en la industria). Adolescence ni siquiera es la única producción centrada en este recurso y estrenada en marzo: la sátira de la industria del espectáculo de Seth Rogen, The Studio (Apple), presenta al menos uno en cada episodio, y tiene un episodio completamente en oner titulado simplemente The Oner.
Así que existe el riesgo de que el truco de Adolescence, escrita por Jack Thorne y dirigida por Philip Barantini, pueda parecer tan rutinario como pretencioso. Pero acá el recurso es poco menos que asombroso y esencial para entender por qué la serie funciona tan bien.
Barantini, el director de fotografía Matthew Lewis y equipo encuentran continuamente formas de hacer que el movimiento de la cámara sea fluido, sin importar qué esté filmando o hacia dónde se mueva. Los productores han declarado que estos episodios fueron, de hecho, filmados en una sola toma y no en múltiples tomas invisiblemente cosidas. En un episodio, cuando un sospechoso escapa de los policías Luke Bascombe (Ashley Walters) y Misha Frank (Faye Marsay) saltando por una ventana del primer piso, lo seguimos por la ventana, a través de varios edificios escolares, hacia el tráfico que pasa y aún más allá. El primer capítulo comienza con los policías entrando en la casa donde Jamie vive con sus padres, Eddie (Graham) y Manda (Christine Tremarco), y su hermana Lisa (Amelie Pease), luego los sigue a todos a una comisaría cercana; al final, parece que la cámara ha explorado cada habitación del lugar.
Sin embargo, el enfoque de una sola toma rara vez se hace notar. Está ahí para hacer que la expansión de ideas de la serie se sienta como parte de la misma historia, sin importar cuán diferentes parezcan los episodios. Y también para atrapar a los espectadores en la misma pesadilla en la que se encuentran los Miller al comenzar a contemplar la idea de que Jamie podría haber cometido un crimen monstruoso.

Como no hay cortes, tampoco hay escape de las emociones crudas e incómodas. Después de que Jamie es detenido, lo hacen desnudarse para que la policía procese su ropa en busca de evidencia de ADN. La cámara no muestra eso sino que se detiene en el rostro de su padre luchando por mantenerse sereno. Otros adultos en la sala optan por desviar la mirada mientras Jamie se desnuda, pero Eddie no puede apartar la vista por una mezcla de protección y horror, de la misma manera que no hay un editor que proteja a los personajes, a los actores o al público de tener que vivir cada terrible momento de la escena.
El segundo episodio tiene lugar dentro y alrededor de la escuela de Jamie, donde Bascombe y Frank han ido a buscar una evidencia clave, pero también porque Bascombe —cuyo hijo, por casualidad, estudia allí— está desesperado por encontrar una explicación de cómo pudo haber sucedido algo tan terrible entre estos niños. La hora se desarrolla en una gran locación, presenta docenas de extras y su enfoque sigue cambiando entre los policías, los maestros y varios grupos de estudiantes con respuestas muy dispares respecto del asesinato, desde una tristeza abrumadora hasta la diversión juvenil. Tiene escenas de lucha y la mencionada persecución, pero también pasajes de calma y dolor. Y transmite lo poco preparadas que están las escuelas para atender los problemas de los estudiantes en este momento, casi siempre mostrando y no diciendo. Es fuerte y audaz.
El tercer episodio (de las horas de televisión más conmovedoras que recuerdo en mucho tiempo) es su opuesto estructural: un dueto entre Jamie y la psicóloga asignada por el tribunal, Briony (Erin Doherty), en una habitación donde Jamie está detenido mientras espera juicio. En este caso, el oner se utiliza para ofrecer una mirada implacable a este chico. Briony está allí para evaluar cuánto entiende Jamie sobre la naturaleza y las consecuencias del crimen; y, como Bascombe, para intentar dar sentido a lo que parece completamente sin sentido. La cámara gira alrededor de los dos mientras se miden y no titubea cuando la conversación toma giros emocionalmente abrumadores.

Doherty lleva años actuando, notablemente en The Crown, y Graham es uno de los actores más requeridos del Reino Unido. Así que no sorprende que sean tan efectivos con un material tan complejo. Pero lo del debutante Owen Cooper es asombroso. Puede pasar de estar calmado, incluso juguetón, a estar triste o completamente aterrador en segundos, y todo se ve completamente natural y fascinante. Qué hallazgo.
Incluso con estas grandes actuaciones y con la brillantez técnica, Adolescence no es fácil de ver. Pero es candidata a convertirse en lo mejor del año en la pantalla chica.


