Crítica: The Pitt

La serie acude al llamado de emergencia de los que extrañaban 'ER', recoge su temática y algunas buenas prácticas

Por  ALAN SEPINWALL

febrero 17, 2025

Noah Wyle vuelve al rol de médico en The Pitt.

Max

En 2024, pasé horas volviendo a ver todos los episodios de ER mientras corría en la cinta. Algunos los vi incuso varias veces, porque hay días en los que la única manera de seguir adelante es viendo a John Carter tomar el mando de la sala de emergencias después de un derrame de benceno. Y a menudo pensaba: “Ya no hacen series así”. ER llegó a NBC en 1994 y ahí se quedó 15 años. En el camino, convirtió a George Clooney, Julianna Margulies, Noah Wyle y otros en estrellas, y cambió el ritmo al que se movía la ficción en la tele. Fue una serie pionera, con un nivel increíblemente alto de actuación, guion, dirección y producción.

Ahora, que con suerte tu serie favorita llegue a diez episodios en una temporada (en lugar de ocho o seis), es difícil imaginar una producción que se desarrolle durante una década, con muchas horas al año y con pretensiones creativas elevadas. Pero, demonios, parece que The Pitt, la nueva serie médica de Max, que reúne a varios colaboradores clave de ER, va a intentarlo.

Protagonizada por Wyle como el doctor de Pittsburgh Michael Robby Rabinavitch, The Pitt es un intento de hacer televisión que funcione como televisión, en lugar de una estirada película de 10 horas por cineastas a los que no les gusta o no entienden este medio. Acá, el creador es el veterano de ER R. Scott Gemmill, y uno de los productores (así como director del primer episodio) es el experimentado showrunner de ER John Wells.

La primera temporada tiene quince episodios; no los tradicionales 22 de los años de gloria de ER, pero una enormidad comparada con los seis de otras producciones actuales. Aunque hay muchos elementos serializados, se entiende la importancia de asegurarse de que cada hora sea una unidad cerrada en sí misma. Y el tratamiento dramático antiende tanto el trabajo de sus personajes como los problemas personales de estos médicos y enfermeras. No todo funciona, pero satisfactorio ver lo efectiva que todavía puede ser esta vieja idea.

Los herederos de Michael Crichton, quien es reconocido como el creador de ER porque la serie utilizó un viejo guion suyo para el piloto, han presentado una demanda alegando que Wells y Gemmill intentan hacer una secuela de ER en todo menos el nombre, después de que fracasaran las negociaciones para hacer un revival oficial sobre un John Carter mayor entrenando a una nueva generación de médicos de emergencia. Ciertamente, hay momentos en The Pitt que hacen referencia a la historia de Wyle aquella otra serie. El primer episodio muestra al Dr. Robby guiando a un grupo de jóvenes estudiantes de medicina y residentes en un recorrido por su nuevo lugar de trabajo; sus rostros expresan tanto terror como asombro, al igual que el de Carter cuando su áspero mentor Peter Benton lo llevó por el County General en su primer día. Wyle termina frecuentemente interpretando escenas al estilo de John Carter, solo que ahora es él el médico senior dispensando sabiduría —y, en ocasiones, ira— en situaciones en las que solía ser el que metía la pata.

Los obsesionados con ER podrían, por ejemplo, engancharse a una escena donde Robby instruye al residente senior Dr. Langdon (Patrick Ball) y al estudiante de medicina Whitaker (Gerran Howell) en un procedimiento, donde cortan profundamente en la carne de una víctima de quemaduras para ofrecerle alivio, y recordar que cuando Carter estuvo una vez en esa posición, se sintió mareado y no pudo terminar. Incluso la barba de Robby podría interpretarse como un guiño, ya que Carter ocasionalmente dejaba crecer su vello facial (para consternación de los fans del rostro de bebé de Wyle) cuando se sentía particularmente amargado por el estado de su vida y su carrera.

The Pitt no propone nada extravagante; de hecho, su mayor desvío del terreno familiar es, con mucho, su mayor debilidad. Pero funciona como un poderoso recordatorio de por qué ciertas fórmulas son tan duraderas y de lo satisfactorias que pueden ser si hacen bien.