El 5 de septiembre de 1975, Sui Generis ofreció un doble concierto de despedida, en el estadio Luna Park, frente a más de 30.000 personas. Esos shows históricos y multitudinarios, que se volvieron míticos, fueron registrados por Bebe Kamin (que en 1984 lograría un enorme suceso con Los chicos de la guerra) para un film, Adiós Sui Generis, que se estrenaría en las salas en 1976. A cinco décadas de uno de los grandes hitos del rock argentino en los años 70, este jueves 20 de noviembre vuelve a las salas la emblemática película en una versión digitalizada y con una nueva mezcla de sonido.
La génesis de ese proyecto la contó el legendario productor Jorge Álvarez en su libro de memorias: “En un café del centro estábamos sentados Charly y yo, frente a frente. Nuestra relación siempre fue extraña. Él a veces desconfiaba y pensaba que yo lo censuraba. Quería explicarme que no deseaba seguir con Sui Generis. Yo había trabajado como un burro, moviendo piezas y consiguiendo herramientas para armar aquella historia. Había costado mucho dinero, energía y astucia. Pero conocía a Charly a fondo. Sabía que lo que me estaba diciendo era definitivo. Por eso se me ocurrió proponerle que no hiciéramos lo que hacen todos los grupos. Pergeñamos de inmediato un concierto de despedida en el Luna Park y un álbum doble en vivo que después complementamos con el film que Babsy [Leopoldo] Torre Nilsson produjo conmigo y Casa América como socios”.
“No es que vino Charly un día y dijo nos separamos. Eso pasó pero fue un proceso paulatino”, le contó Nito Mestre al periodista de ROLLING STONE Oscar Jalil. “Hay una marca muy práctica que reconozco en mi forma de ser: yo siempre tenía un cuaderno con los recortes de las notas y de todos los shows y eso paró en noviembre de 1974. Ahí ya está, ahí chau. Había varios motivos: pelear tanto por el disco Instituciones, ponerle mucha garra, cambiar las cosas por la censura. Otra cosa que me sucedía es que cuando íbamos a tocar había momentos en que me aburría muchísimo. Cuando entraron Rinaldo y Juan la cosa se tornó más instrumental, había una pieza de 25 minutos, muy de los años 70. Me aburría como un hongo. Una vez fuimos a tocar a Chascomús y hubo un solo de bajo y batería que duró media hora, entonces les dije a los plomos: ‘avísenme cuando vayan terminando que me voy a tomar un té’. Todo se tornó repetitivo, arriba del escenario no nos escuchábamos, era imposible tocar sin retorno”.
El director de fotografía de la película fue Aníbal Di Salvo (que décadas después dirigiría Enfermero de día, camarero de noche, 1990, protagonizada por Tristán; y El Che, con la participación de Emilia Mazer, en 1997) y la cámara estuvo a cargo de Raymundo Gleyzer, director de México, la revolución congelada (1971) y Los traidores (1973), que pocos meses después sería uno de los 30 mil desaparecidos por la dictadura cívico militar.


