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Antonio Sánchez: 10 discos que me trajeron hasta aquí

Una selección de álbumes que han marcado los caminos de grandes figuras.

Por  ROLLING STONE

febrero 8, 2024

Cortesía Antonio Sánchez

Invitamos al icónico baterista mexicnao a escoger 10 grabaciones que han definido su carrera y vida personal. De igual manera, seleccionó un álbum de su propia autoría que considera definitivo en su trayectoria.

Antonio Sánchez saltó a la fama por su composición de la banda sonora de Birdman, cinta de Alejandro González-Iñárritu que le ganó un Grammy y Critics’ Choice Award por Mejor Soundtrack. En el 2022, el baterista presentó SHIFT (Bad Hombre, Vol. II), un álbum que reinterpreta canciones icónicas de artistas internacionales junto con su banda Bad Hombre.

Estos fueron los resultados:

1. The Beatles
Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band

Los Beatles han sido una parte importante de mi vida musical desde que tengo uso de razón.

Mi madre Susana, una de las melómanas más empedernidas que el mundo jamás haya conocido, me inculcó el amor por los Fantastic Four desde el vientre y los sigo escuchando, apreciando y admirando hasta el día de hoy. Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band me impactó de una manera completamente subconsciente. Yo debo haber tenido no más de 4 años y creo que mi oído ya distinguía (otra vez, gracias a mi madre) lo bueno de lo malo y lo bueno de lo extraordinario. Este álbum me sonaba extraordinario.

Mi tío Juan Ignacio tenía una novia por esos tiempos cuyo hermano era Fito Nava, baterista de La Banda Elástica. Él me enseñó técnica básica cuando yo tenía 5 años y lo que más disfrutaba era poner ese álbum y tratar de tocar exactamente lo mismo que tocaba Ringo Starr. Recuerdo inspeccionar la increíble portada de ese LP una y otra vez, buscando y encontrando nuevos secretos. Se convirtió en el primer disco con el que me obsesioné.

Tengo todavía muy presente cómo intentaba seguir cada detalle con mi micro-batería (de 3 tambores y un platillo) instalada en un rincón de la sala de la casa de mis abuelos, por horas y horas. Sin aburrirme. Sin cansarme. Es una obra maestra.

2. Led Zeppelin
Houses of the Holy

Después de haber escuchado a los Beatles y los Rolling Stones durante los primeros años de mi formación musical (Sticky Fingers merece mención honorífica en esta lista), un día descubrí a Led Zeppelin. Las primeras notas de guitarra de Jimmy Page junto con la voz aguda y brillante de Robert Plant en ‘Over the Hills’ y ‘Far Away’ eran como un universo lejano y misterioso que no comprendía, pero que era obvio que necesitaba explorar y conquistar. Un sonido nuevo que me sacudió inmediatamente. Pero el verdadero big bang sucedió cuando escuché entrar la batería de John Bonham y el bajo de John Paul Jones dándole forma a ese universo pesado e incandescente. Cada canción de ese álbum es un viaje a un universo sofisticado y profundo en el que pasé MUCHAS horas tocando la batería, tratando de descifrar e imitar al grupo que se convirtió en una de mis mayores influencias musicales y bateristicas. John Bonham ha sido una inspiración constante por su sentir y por el aire entre sus notas amplias y vastas.

3. Rush
Exit… Stage Left

Mi mundo cambió el día que escuché la batería de Neil Peart. Rush tenía un concepto y una manera de ejecutar su música que era inalcanzable para mí en ese momento. Compases irregulares, letras crípticas y un virtuosismo casi nerd que no se había escuchado en el rock de esa manera, hasta ese momento. Me obsesioné terriblemente y por un buen rato no se me antojaba escuchar nada más que ese disco. ‘Spirit of the Radio’, ‘Tom Sawyer’, ‘Xanadu’, ‘La Villa Strangiato’, ‘Closer To The Heart’…todo lo que escuchaba me volaba la cabeza, pero cuando llegó el solo de batería en ‘YYZ’ mi pobre cabeza se partió en dos. Una cátedra de musicalidad y virtuosismo que hasta ahora sigue siendo un parteaguas en el rock.

4. The Police
Reggatta de Blanc

El único grupo que me pudo sacar un poco de mi obsesión con Neil Peart y Rush fue The Police. El punk-new wave vertiginoso con el que tocaba este increíble trío fue algo que me hizo convertirme en fiel fan de Sting, Andy Summers y, sobre todo, de Stewart Copeland. La influencia ultra sincopada y ágil del ska y el reggae le daban a sus temas un sonido nuevo y refrescante. En cuestión bateristica, el sonido de tarola, contratiempo, splashes y octobans (tambores largos y cilíndricos) de Copeland son inmediatamente reconocibles en el firmamento del rock and roll, lo cual es una de las cosas más difíciles de lograr en cualquier estilo: un sonido y estilo nuevo y propio.

5. Wolfgang Amadeus Mozart
AMADEUS Music from the Motion Picture
Academy of St. Martin in the Fields

Siempre me gustó la música clásica porque mi abuelo (el gran actor Ignacio López Tarso) con el que yo crecí siempre la tocaba en su tornamesa a la hora de la comida. Tchaikovsky, Satie, Vivaldi, Beethoven, Wagner y Mozart entre muchos otros. Cuando vi la película Amadeus en los ochentas, me intrigó muchísimo el personaje de Mozart. El misticismo de un niño genio que podía componer sinfonías y óperas era algo magnético para mi y me obsesioné tanto con Mozart, con el film y con la banda sonora (el apreciado lector debe ya deducir que tengo una personalidad un poco obsesiva) que decidí aplicar a la Escuela Superior de Música en la Ciudad de México para estudiar piano y música clásica y descubrir las cosas que había creado el mismo Mozart. Estuve ahí 5 años y medio y aprendí mucho. Él siempre fue uno de mis compositores favoritos y este álbum es una especie de “grandes éxitos” escogidos para la película. Cada tema es una obra de arte pero el Réquiem y el Concierto para Piano Número 22 en Mi bemol fue mi pan de cada día por mucho tiempo.

6. Michel Camilo
Michel Camilo

Este álbum fue mi entrada al jazz latino. La manera en la que Míchel manejaba (y sigue manejando) su trío era como estar escuchando un big band de sólo tres personas. Los arreglos complejos y la ejecución increíblemente precisa de este álbum hicieron que pasara largas horas estudiando ritmos latinos adaptados para la batería y que formara varios ensambles en la Ciudad de México, donde tocábamos mucho del repertorio de Míchel. Este disco (y en especial el tema ‘Caribe’) fue una gran influencia en mi manera de tocar y apreciar la fusión del jazz con la música afrocubana.

7. Chick Corea Elektric Band 
Light Years

Mientras estudiaba música clásica, yo seguía tocando batería con varios grupos de rock y jazz latino en la Ciudad de México y éste fue el disco que logró sacarme de la fuerte obsesión que seguía teniendo con Rush y The Police. Recuerdo la primera vez que lo escuché. Tenía algunos elementos que identificaba del rock —un sonido grande y potente de batería, así como guitarra eléctrica distorsionada— pero lo que estaban tocando estaba completamente fuera de mi vocabulario y alcance musical. Era obvio el nivel de sofisticación rítmica, armónica y melódica, pero lo que más me llamó la atención fue la cantidad de vertiginosa improvisación que empapaba todos los temas. Este era un quinteto en el que todos los miembros eran absolutos virtuosos y maestros de sus instrumentos: Chick Corea en teclados y composiciones, Eric Marienthal en saxofón, Frank Gambale en guitarra, John Patitucci al bajo y el que se convertiría en mi gran influencia por muchos años: Dave Weckl en la batería.

Este disco tuvo todo que ver en que surgiera mi interés y curiosidad por la música improvisada ya que ligaba muchos elementos sónicos de rock con el jazz, lo cual hizo que mi oído se adaptara más fácilmente a este nuevo estilo de jazz-fusión. Chick Corea fue uno de los músicos más prodigiosos, prolíficos y versátiles de la música moderna y se convirtió en uno de mis ídolos y ejemplos a seguir. Tuve la gran fortuna y honor de tocar con él en varias ocasiones y de que haya compuesto y grabado un tema dedicado para mí en mi primer disco solista Migration, que se llama ‘One for Antonio’.

8. Miles Davis
My Funny Valentine, Four + More.
Live at Town Hall.

Me fui de México a estudiar a Berklee College of Music en Boston en 1993, con la intención de aprender el profundo y complejo lenguaje del jazz. Sabía tocar rock, jazz-fusión y jazz latino, pero el jazz tradicional y el bebop no eran estilos con los que estuviera muy familiarizado todavía. Cuando escuché este disco sentí el mismo impacto que cuando escuché The Beatles, Rush, The Police, Chick Corea y Mozart. Sabía que mi oído captaba algo especial que sucedía con este grupo, pero conceptualmente era algo muy avanzado para mí.

Nunca había oído un ensamble que funcionara como un organismo que se transformaba libremente de segundo a segundo. Era una manera de improvisar muy diferente a lo que había escuchado y estudiado con anterioridad porque había un nivel de libertad muy sofisticado y avanzado, donde todos formaban una parte igualmente importante y vital de dicho organismo.

Miles Davis en la trompeta, Herbie Hancock en el piano, George Coleman en el saxofón (posteriormente sustituido permanentemente por Wayne Shorter), Ron Carter en el bajo y un increíble Tony Williams de 17 años en la batería formaron parte de este legendario quinteto que cambió para siempre la manera de interpretar el jazz y la música improvisada.

9. Keith Jarrett
The Koln Concert

Este es uno de los álbumes más hermosos que he escuchado. Algunos alegan que fue la primera grabación de new age que existe, pero, para mí, el nivel técnico, lírico y dramático del piano de Keith Jarrett en esta grabación en vivo sobrepasa cualquier barrera estilística.

Según cuenta la leyenda, Jarrett estaba muy descontento con el piano que se le había proporcionado en Colonia, Alemania, y estuvo a punto de no presentarse. Una joven promotora alemana alcanzó a Jarrett en la calle bajo lluvia —ya a punto de irse de la sala de conciertos— y el resto como dicen, es historia. Hasta el día de hoy, sigo utilizando este álbum en clases magistrales y clínicas como un ejemplo perfecto de cómo contar historias a través de la música, cómo construir narrativas y desarrollar motivos y personajes musicales con una claridad y una paciencia admirables. Una obra maestra del siglo XX.

10. Pat Metheny Group
The Way Up

Tuve la gran fortuna de formar parte de esta increíble agrupación liderada por el gran guitarrista Pat Metheny del 2001 al 2010. Yo fui el tercer y último baterista de este ensamble y The Way Up fue el último álbum que grabamos antes del fallecimiento del gran pianista Lyle Mays, que era la mitad de la mancuerna creativa del grupo junto con Metheny.

Este álbum reúne todos los elementos que representan la larga e ilustre carrera de esta agrupación con más de 10 Grammys (influencias de jazz, rock, música clásica, música latina, free jazz, bebop, heavy metal) con la distinción de que el álbum fue conceptualizado como una sola pieza de principio a fin. Me parece una obra maestra de composición, desarrollo motívico, ingenio e inteligencia demostrada en la increíble narrativa de la pieza.

Fue uno de las discos más difíciles que he grabado y una de las giras más difíciles que he hecho, ya que los conciertos duraban aproximadamente tres horas y quince minutos y tocábamos 6 o 7 veces a la semana en una ciudad diferente cada día, durante 6 meses. La concentración y el nivel de estamina que necesitábamos para las presentaciones hizo que creciéramos mucho como individuos y como artistas. Es uno de los álbumes en los que he participado de los cuales estoy más orgulloso.

Un disco mío que me trajo hasta aquí

SHIFT (Bad Hombre, Vol. II)

Este ha sido uno de los álbumes más satisfactorios de mi carrera y un sueño realidad por la cantidad de invitados especiales que logré juntar para este proyecto. Todo comenzó cuando fui a escuchar a mi amiga e increíble cantautora Silvana Estrada en un concierto que dio en el Bajo Circuito en la CDMX. Hizo una canción ella sola con su cuatro que se llama ‘El Agua y la Miel’. Mientras la cantaba me imaginaba baterías, bajos, teclados y toda clase de texturas por debajo de lo que hacía, así que terminando el concierto le pedí que si me podía mandar su voz y su cuatro por separado con un metrónomo y que me diera permiso de experimentar con su tema. Al cabo de unas semanas recibí los archivos por email y comencé a trabajar. Me divertí tanto transformando su ya hermoso tema que decidí hacer todo un disco con este mismo sistema, en el que algunos de mis artistas favoritos me proporcionaran un tema original suyo con sus propias voces incluidas y que me dieran carta blanca para hacer lo que se me antojara, teniendo a la voz y a la batería como los elementos protagónicos. El segundo artista que incluí fue nada más y nada menos que al gran Trent Reznor, al cual conocí en los Golden Globes cuando fui nominado por la banda sonora de Birdman. Trent me mandó un tema nuevo que se llama ‘I Think We’re Past That Now’ con su voz pesada e inconfundible y me di a la tarea de transformarlo. Su canción era muy etérea y tenía algunos sintetizadores que grabó su compañero musical Atticus Ross, pero en general tenía una vibra bastante lineal, sin muchas crestas ni valles, pero con una energía bastante siniestra, lo cual me encantó.

Comencé a añadir capas de baterías, bajos y teclados (además de hacer coros yo mismo) y empezó a tomar forma en un especie de himno de rock industrial tipo Nine Inch Nails. Se lo mandé y por suerte le encantó el resultado.

La siguiente víctima fue Dave Matthews, que conocí gracias a mi amigo Bela Fleck, una vez que le abrimos un concierto en la Riviera Maya. Dave me proporcionó un increíble tema ya terminado que grabó a principios de los 2000 que se llama ‘Ee Hee’. Extraje todas sus voces de la sesión de Pro Tools que me mandó y la cambié por completo, transformándola con muchos compases irregulares y líneas de bajo bastante arriesgadas. También le pedí a mi amigo y mentor Pat Metheny que si podía tocar un solo en una de las acciones de la canción, así que es un honor increíble tener a esos dos monstruos de la música juntos en una sola canción en mi propio disco. Tenía mis dudas de si el resultado final le iba agradar a Dave, pero le gustó tanto que me dió crédito como compositor y además grabó video conmigo que está disponible en YouTube, lo cual fue un honor extraordinario para mí.

Los demás increíbles invitados con los que cuento en esta producción son: Lila Downs, Ana Tijoux, Rodrigo y Gabriela, Kimbra, Thana Alexa, Becca Stevens, Meshell Ndegeocello, Maro, SÓNICA y la participación especial de mi abuelo Ignacio López Tarso, a quien le escribí unos versos a manera de corrido para que fuera el maestro de ceremonias del álbum, lo cual fue muy emotivo para mí especialmente ahora que nos dejó en marzo pasado.

Este disco ha sido una de las producciones más complejas en mi carrera y un sueño como productor, ya que la materia prima con la que conté era de una calidad extraordinaria, pues todos eran temas originales de artistas consagrados y grandes narradores de historias que respeto y admiro muchísimo.