Cuando Adrian Quesada realizó el primer volumen de Boleros Psicodélicos en 2022, fue durante el aislamiento social provocado por la pandemia de COVID, donde podía comunicarse únicamente de forma digital. Esto dificultó el proceso de composición, especialmente por tratarse de un disco repleto de colaboraciones. Sin embargo, un universo sonoro de fusiones se abrió ante sus ojos, uno que retomaría años después en condiciones distintas.
En esta ocasión, Quesada no quería repetir el mismo proceso del álbum anterior; por ese motivo, invitó a la mayoría de los músicos al estudio de grabación para trabajarlo en compañía. Además, pese a ser un proyecto personal para el texano, permitió incorporar en el cuarto de producción la visión de otro vanguardista: Alex Goose (Aaron Frazer, Childish Gambino).
Ahora, con nuevas perspectivas que vienen fuera de su mente, el disco viaja por un mundo aún más diverso e innovador que el pasado, con el toque especial de cada artista que ha trabajado en él. Con más de 3 años componiendo el álbum –mientras está de gira con Black Pumas o recibe una nominación al Óscar–, Quesada comparte con ROLLING STONE en Español los momentos más especiales detrás del proceso de uno de sus discos más ambiciosos.
“En el primero hice casi todo solo. En este trabajo, yo ya había grabado mucho de la música, pero cuando se la di a Alex Goose –que viene del mundo del hip-hop y del soul–, le dije: ‘Haz lo que tú quieras, no quiero ser pretencioso con esto. No tiene que sonar como algo viejo, no tiene que sonar como nada’”, dice Quesada.
Con una agenda muy apretada, y mucho menos tiempo del que tenía en la pandemia, Adrian no podía manejar la producción del disco totalmente por su cuenta, como lo hizo en la primera edición. Fue entonces que Alex Goose entró al estudio de grabación y rompió algunas reglas que Adrian había puesto sobre la mesa, pero tal vez esa era la visión que el texano necesitaba para el proyecto: “Cuando trabajas en algo por tanto rato, te pones bien pretencioso de todo. A él [Alex] le valió madre, lo agarró y dijo, ‘Vamos a cambiar esto’. Me encantó pasárselo a alguien así, ver que no tenía miedo, también me dio confianza”.
Por otro lado, ya no se trataba de un álbum “pandémico”, por lo que Adrian llenó el estudio de músicos para dar la sensación al oyente de que estabas con ellos. “La primera cosa que quería hacer es tener a todos los músicos en el cuarto. En el primero, yo grabé casi todo, y se hizo en línea. Para este, hice unos demos, y luego tuve a todos los músicos aquí en Austin por una semana. Fueron dos días de grabar todos los instrumentales con ellos porque, en este también, quería que se sintiera que estabas en el estudio con nosotros”.
Algo que el miembro de Black Pumas no se esperaba eran los múltiples intercambios de ideas que llegarían con las colaboraciones en cada tema. “Angélica Garcia hizo una canción nueva. Antes de juntarnos en el estudio, me dijo, ‘Le cambié mucho, no te va a gustar’. Le digo, ‘Quiero escuchar todas las ideas que tienes’. Me mandó lo que hizo y era una canción nueva”.
“Si la gente escucha boleros, se imagina los boleros tradicionales. Lo que me encanta de esto es enseñarle a la gente que este género es música eterna. Presentarlo un poquito diferente, con estilo psicodélico, es un homenaje a los boleros, pero también, a la música psicodélica. Es parte de mí, de mi desarrollo como artista, la esencia de todo lo que estoy haciendo”, cuenta Quesada. “Con los boleros tienes canciones que se pueden tocar solo con un piano o una guitarra, y la gente puede llorar con eso. Y si luego le pones instrumentos eléctricos y una batería…”, suspiró extasiado, quedando sin palabras.
Los boleros han formado parte de su vida desde que era joven, dado que al haber nacido en la frontera, según el artista texano, se escuchan por todos lados. Pero lo que realmente despertó el interés de Adrian en ellos fue la música de la década de los 60 –en específico, el tema ‘Esclavo Y Amo’ de los Pasteles Verdes– donde los boleros eran reimaginados en el estilo psicodélico de la época, un género que había enamorado a Quesada desde sus inicios. Finalmente, había encontrado ese puente que buscaba unir dos mundos que, aparentemente, parecían totalmente opuestos.
“Me acuerdo cuando salió el primer disco, alguien había escrito, ‘Ni son boleros’. Pero tampoco le voy a poner al título: Boleros, y baladas, y esto y esto…”, bromea Quesada. “Estoy buscando mi voz en música. Hacer música es mi manera de comunicar”, cuenta. “Soy de la frontera y me pasé toda mi vida entre dos culturas”.


