Amazon parece empecinada en robar la tradición de Hallmark de presentar comedias navideñas tontas y edulcoradas al máximo, pero colmadas de buenas intenciones. ¡Vaya navidad! arranca con una declaración tan arriesgada como peligrosa. Mostrar los títulos de algunas de las mejores películas navideñas de la historia justo antes de empezar la propia.
Ese gesto resume a la perfección lo que sigue. La película quiere dialogar con los clásicos, pero solo consigue recordarnos que estamos viendo algo que jamás alcanzará ese nivel. Y la presencia de Michelle Pfeiffer, Felicity Jones, Jason Schwartzman y Chloë Grace Moretz no cambia la ecuación; si acaso, hace más visible la falta de ideas.
La premisa tiene chispa. Una madre agotada que reclama el reconocimiento que la cultura navideña suele reservarles a los padres o a los hijos. Ese punto de partida podría haber sido una sátira aguda de corte feminista o una fábula dulce sobre el desgaste emocional de sostener a una familia. En cambio, el guion reduce todo a una obsesión absurda de la protagonista por un concurso televisivo conducido por una gurú tipo Oprah encarnada por Eva Longoria. Lo que debía ser una reivindicación se convierte en un retrato involuntario de una mujer que el propio filme no entiende.
Pfeiffer queda a la deriva. La dirección no decide si Claire es víctima, heroína, caricatura o meme. Sus reacciones van del enojo legítimo a estallidos desconectados que nunca terminan de encajar con el tono. A veces parece la madre real que todos hemos visto esforzándose hasta el agotamiento; otras, una protagonista de Home Alone con adultos que el montaje abandona en medio de escenas inconexas. El resultado es un personaje que no se siente auténtico ni gracioso. Pero igual, estamos hablando de Michelle Pfeiffer.
La película también intenta copiar la dinámica de The Family Stone y Home For The Holidays, pero sin la química ni la tensión que sostienen a ese tipo de historias. Las hijas interpretadas por Jones y Moretz funcionan como arquetipos que nunca evolucionan; sus subtramas se cierran a los golpes, sin emoción ni conflicto. El hijo menor, interpretado por Dominic Sessa (The Holdovers) es escrito como un eterno adolescente que aporta poco más que ruido. Y aunque Joan Chen brilla como la vecina antagonista, su personaje está tan subutilizado que parece provenir de otra película más interesante.
El trayecto de Claire, supuestamente transformador, se apoya en una huida improvisada que nunca se siente orgánica. Uno de los problemas centrales de la cinta es que su “aventura” no tiene consecuencias reales. Se abre una línea cómica, se abandona a los cinco minutos; se introduce un personaje secundario, se lo olvida a los diez; aparece una lección emocional, se diluye en un montaje acelerado. Ni siquiera los números musicales o la presencia de Dennis Leary aportan mucha gracia. Todo es decoración y nada tiene verdadero pulso.
La película también funciona, sin pudor, como escaparate corporativo. Es imposible no notar cómo se glorifica el trabajo de reparto navideño, cómo se muestran paquetes, servicios, logos y dinámicas laborales que parecen diseñadas para dejar bien parado a Amazon. Ese subtexto corporativo sería anecdótico si la película funcionara; como no lo hace, termina siendo lo único que sobresale.
El humor es el mayor fracaso. Los chistes llegan tarde o dependen de referencias externas. Las tensiones familiares están escritas con trazo grueso y poca observación emocional. ¡Vaya navidad! cree que basta con subir el volumen y el caos para que algo sea gracioso, pero no hay ritmo ni mirada irónica. Peor aún, el momento en que la película intenta ponerse seria suena forzado, casi como si hubiera saltado a otra película sin avisar.
El final intenta recomponer los daños con un abrazo colectivo y una reflexión sobre el valor del tiempo compartido, pero ya es tarde. La cinta nunca nos convence de que esta familia se quiera, se entienda o incluso se conozca. Y la última imagen de Claire, tan amarga como confusa, confirma que la película no sabe qué quiso decir desde el principio.
¡Vaya Navidad! prometía un caos encantador y termina ofreciendo un caos vacío. Mucho nombre, poco cine. Una película que quiere ser tradición navideña pero que se acerca más al product placement. Si hubiera sido más Thelma & Louise y menos Home Alone 3…


