Aunque el foro anual de la ONU suele estar cargado de promesas y hojas de ruta hacia el cambio, los avances concretos siguen siendo esquivos, especialmente frente a la crisis humanitaria que ha dejado más de 65.000 muertos en el enclave palestino tras casi dos años del reconocido genocidio israelí en Gaza.
El acontecimiento más significativo de esta versión de la asamblea fue el reconocimiento oficial de Palestina como Estado por parte de países tradicionalmente aliados de Israel, como Reino Unido, Canadá, Australia y, posteriormente, Portugal y Francia. Con estas adhesiones, ya son 148 de los 193 Estados miembros de la ONU los que respaldan la existencia de Palestina, un impulso político sin precedentes hacia la llamada “solución de dos Estados”. Sin embargo, Estados Unidos, único miembro permanente del Consejo de Seguridad que aún no lo reconoce, mantiene su resistencia, mientras que China y Rusia lo habían hecho desde hace años, así como múltiples países como Colombia, que desde 2018 lo reconoció.
Voces en la Asamblea: críticas, protestas y divisiones
Las intervenciones de distintos líderes dejaron en evidencia la magnitud de la fractura política. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, advirtió que no reconocer a Palestina equivale a empujar a su pueblo “hacia Hamás como única opción”.
El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva fue aún más certero al denunciar que “nada, absolutamente nada, justifica el genocidio en curso en Gaza” y acusó a Occidente de haber sepultado bajo los escombros de la Franja el derecho humanitario y la ética internacional.
El presidente colombiano, Gustavo Petro, lanzó duras críticas durante su intervención en la Asamblea General de la ONU, cuestionando tanto al organismo internacional como a Israel y a su principal aliado, Estados Unidos, bajo el liderazgo de Donald Trump. “Los misiles caen sobre las 70 mil personas en Gaza y los matan…”, denunció el mandatario, al tiempo que instó a la ONU a transformarse y detener el genocidio. En su discurso, rechazó toda idea de supremacía étnica o religiosa: “No hay raza superior. No hay pueblo elegido de Dios. No lo es ni Estados Unidos ni Israel. Los ignorantes fundamentalistas de extrema derecha piensan así. El pueblo elegido de Dios es la humanidad toda”.
El Presidente @PetroGustavo fue contundente en su último discurso ante la Asamblea de las Naciones Unidas y dejó claro que la ONU tiene que cambiar y frenar ya el genocidio en Gaza.
— Presidencia Colombia 🇨🇴 (@infopresidencia) September 25, 2025
Hizo el llamado internacional para unir ejércitos y armas, y liberar a Palestina; sin dejar en… pic.twitter.com/bI9Bfu27Fs
Por su parte, el presidente palestino, Mahmud Abás, se dirigió a la Asamblea por videoconferencia tras serle negada la visa estadounidense. Con un tono firme, denunció la “guerra genocida” de Israel, calificándola como “uno de los capítulos más horribles de la tragedia humanitaria del siglo XX y XXI”. Abás también rechazó las acciones de Hamas y el antisemitismo.
Estados Unidos, en voz de Donald Trump durante su intervención, evitó mencionar la catástrofe en Gaza y se limitó a criticar el reconocimiento a Palestina, aunque posteriormente en otro pronunciamiento descartó apoyar planes israelíes de anexión en Cisjordania, otra de las grandes preocupaciones de los palestinos.
El viernes 26 fue el turno para el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Su presencia en el evento se convirtió en el episodio más polémico de la asamblea. Decenas de delegaciones abandonaron la sala en señal de protesta antes de que hablara, dejando el recinto prácticamente vacío. Aun así, Netanyahu acusó a los países que reconocieron a Palestina de enviar un mensaje de que “asesinar a los judíos se recompensa” e insistió en que la invasión del ejército de Israel en Gaza se mantendrá. Sus palabras fueron respaldadas por algunos sectores, pero el gesto de rechazo de la mayoría de delegados evidenció el aislamiento creciente de Israel.
El reconocimiento de Palestina y sus límites
El debate dejó claro que el reconocimiento de Palestina, aunque diplomáticamente poderoso, tiene un efecto práctico limitado. Según la Convención de Montevideo, un Estado debe contar con población permanente, territorio definido, gobierno y capacidad de relaciones internacionales. Bajo la ocupación y destrucción de Gaza, Palestina solo cumple parcialmente esos requisitos.
El reto inmediato recae en los países que han dado el paso: deberán ajustar sus acuerdos con Israel para hacer viable el funcionamiento de un gobierno autónomo en Palestina, así como detener los acuerdos comerciales que derivan de la explotación en territorios ocupados. En conclusión, traducir su reconocimiento en acciones prácticas.
Con esto en el panorama, la Asamblea General de la ONU número 80 quedó marcada por el contraste entre discursos de alto calibre moral y la falta de medidas concretas frente a una de las peores crisis humanitarias de este siglo. El secretario general António Guterres demandó nuevamente un alto al fuego inmediato, la liberación de rehenes y el ingreso sin impedimentos de ayuda humanitaria.
El aniversario 80 de la ONU, que en teoría debía ser un hito en la coordinación mundial ante los conflictos, una suma de experiencias, así como una reflexión sobre los logros del trabajo multilateral, ha estado bajo la lupa por el recordatorio de sus límites. Si bien es un foro global donde los discursos se multiplican, estos no son ajenos a los intereses de las potencias mundiales que tienen presencia permanente en el Consejo de Seguridad, el punto central donde detener la violencia y garantizar la justicia para los pueblos sin discriminación aún parece una promesa lejana.


