Airbag en la tapa de Rolling Stone: Guido, Pato y Gastón Sardelli cuentan su propia gran historia

De los ensayos en la casa familiar de Don Torcuato a la euforia de los estadios: el asombroso viaje de los tres hermanos y el rock

Fernando Gutiérrez

mayo 30, 2025

“Cuando íbamos a sacar Vorágine, el disco que tiene ‘Cae el sol’, ‘Bajos instintos’ y ‘Dónde vas’, de las canciones más reproducidas hoy de Spotify, le escribí a un director de una multinacional muy grande que conocía. Le dije que teníamos un disco y que queríamos sacarlo. Le mostré un par de canciones y su respuesta fue: ‘Todavía no está’. Y ahí dijimos: ‘Ah, este es un imbécil completo’”.

Sentado a una mesa junto a sus dos hermanos, Patricio Sardelli recuerda una de las tantas veces en las que Airbag se encontró con un obstáculo en su camino. “Hoy el tipo nos pide entradas para venir a vernos, ¿me entendés? Yo lo veo y le digo: ‘Pero escuchame, ¿no te acordás de cuando nos forreaste?’. Así le debe pasar a un montón de bandas y proyectos buenos. Entonces, siempre hay que hacer la de uno, y nosotros hicimos siempre la nuestra. Lo importante tiene que ser tocar y disfrutarlo. En un bar, en un estadio, en un garaje, o donde sea”.

La enumeración de lugares sirve para ensayar una cronología posible del ascenso de Airbag, que nació como un divertimento entre los hermanos Gastón, Patricio, y Guido Sardelli (43, 39 y 36 años, respectivamente) en la casa familiar de Don Torcuato, recorrió bares y boliches del corredor noroeste del Gran Buenos Aires y creció paulatinamente hasta convertirse en un monstruo de estadios, que el año pasado llenó tres veces el estadio de Vélez y hará lo propio este fin de semana con dos noches seguidas en el Monumental.

“Es un fenómeno muy especial el nuestro, no sé si puedo encontrar un equivalente a una banda de nuestra generación haciendo lo que hacemos en un estadio con sesenta mil personas”, analiza Guido sobre una sensación que es también una realidad. Airbag es la única banda argentina de rock nacida de este lado del milenio capaz de movilizar esa cantidad de público.

A lo largo de su carrera, Airbag hizo del hermetismo una política de trabajo. Aunque desde 2019 son casi abonados permanentes al Cosquín Rock y han sido parte más de una vez del Personal Fest y Lollapalooza, han preferido seguir su propio camino, y cuando tocan por su cuenta su escenario rara vez es visitado por músicos ajenos a la banda, convirtiendo a los tres integrantes en vértices de un triángulo infranqueable.
“Somos bastante herméticos y muchas veces se intenta tirar de un hilo como para ver si con eso se nos desestabiliza. Tenemos un vínculo muy extraño, valoramos mucho la opinión del otro y a veces hay fuerzas de afuera que tiran como para romper eso”, explica Guido, y Gastón sintetiza: “Lo familiar es muy difícil de separar. Por ahí, en un momento, aunque no quisiéramos vernos, nos juntábamos el fin de semana a comer en lo de mi vieja”. A su lado, Patricio saca cuentas y reflexiona: “Ya somos más banda que familia”, dice y les lanza una mirada cómplice a sus dos hermanos.

Si se tiene en cuenta que el primer single de Airbag salió cuando Guido tenía 14 años, a los tres hermanos Sardelli se les curtió rápido el cuero ante las críticas. En la época del hate como herramienta discursiva, tienen el pellejo a prueba de balas. “Somos de otra generación, más intermedia, no somos tan de cristal en ese sentido, y estamos acostumbrados a que si te subís, te la tenés que bancar, y eso te hace más fuerte”, explica Guido, antes de que Patricio tome la posta. “Eso es lo que hace que hoy la banda esté donde está. No es que somos parte de una movida, ni en pedo. Nunca hubiéramos dejado de hacer lo que queremos para entrar en una. Y si eso te va a generar críticas o si te van a cerrar puertas o lo que sea, nunca nos importó”, explica el guitarrista. “Cuando empezamos, quizás la que más me molestaba era que por ahí entrabas a un foro y decían: ‘Están ahí porque el tío es de Warner y no sé qué’. O sea, puteame porque tengo cara de pelotudo si querés, pero no digas eso de mi tío porque es mentira y me revienta”, explica el Sardelli menor.

Guido, Pato y Gastón Sardelli, en el show que Airbag dio en Vélez. (Foto: @irishsuarez)

Los tres ven en el éxito de Airbag un ejemplo inspiracional (el “sí, se puede” llevado al campo del Marshall y la Les Paul) que además parece sintonizar con el tagline de la adaptación de El Eternauta que realizó Bruno Stagnaro: nadie se salva solo. “Mi visión positiva es que esos Rivers y esos Vélez están llenos de pibes que tocan, lo veo todo el tiempo en redes sociales. De ahí van a salir un montón de grupos y músicos, y eso es importante. Hoy en día es todo un poco más individualista, hay muchas bandas que tienen nombre de banda pero en realidad es un solista, porque la gente no se aguanta tanto entre sí”, reflexiona Guido. Para él, el mérito de Airbag estuvo en nunca dar el brazo a torcer por más de que una pared de amplificadores haya ido perdiendo relevancia con el paso del tiempo.

El planteo lo pone (más) locuaz a Guido, que mete cuarta y encara derecho: “Creo que el rock está en un buen momento, me parece que inclusive hay cierto hartazgo de muchas cosas y de otros géneros, y los pibes están queriendo tocar instrumentos, volver a conectar con una guitarra. Las discográficas a veces dicen: ‘El rock ya está, los pibitos están a full con el trap, odian el rock’. Pero de repente nosotros tocamos un tema como ‘Apocalipsis confort’ en Vélez, una canción muy densa y rockera, y el estadio se la sabe de principio a fin… Esa canción no sonó en ninguna radio, es solo nuestra y de nuestro público. Es muy esperanzador para el público que fue a ver eso, porque viene de que le digan ‘no va más’, y de repente termina pensando: ‘Boludo, se puede’”.

Patricio tiene la misma lectura, pero la encara con menos modestia: “Creo que hacemos algo que muchas bandas quieren hacer y no se animan. Nos ha pasado muchas veces de que artistas consagrados nos digan: ‘Quisiéramos ser Airbag por un día’. Tocamos ‘Jinetes cromados’ o ‘Huracán’, canciones que tienen una esencia no de esta época, sino de la era dorada del rock, de los 70, los 80, y nuestro público responde a eso. Son los temas que hacen explotar el lugar acá, en Bolivia, Perú, Colombia, México, Chile, Paraguay y donde quieras. Todo porque tuvimos los huevos para seguir nuestro propio norte”.

Quizás una de las mayores legitimaciones rockeras que Airbag recibió en los últimos años llegó de la mano de La Renga. Primero, Chizzo y Tete invitaron a Patricio para tocar juntos durante el festival Panic Rock en diciembre de 2019, y una semana después el guitarrista del trío de Mataderos devolvió la gentileza (acompañado del Corcho Rodríguez) sumándose a un show de los Sardelli en Vorterix, donde alternaron entre temas propios (“Relámpagos” de un lado, “La razón que te demora” del otro) y ajenos (“Triste canción”, “Cotton Fields”, “Knocking on Heaven’s Door” y “Me gusta ese tajo”).

La alianza, dicen, se dio de manera natural al ver en ellos una suerte de modelo de conducta. “Nos conocimos y empezamos a frecuentar con Chizzo y vimos que había mucha música en común, Creedence sobre todo. Pero también en las formas de ver el mundo, el estar juntos siempre con la misma gente, con los mismos amigos, no perder la cabeza”, explica Pato, sobre una mirada compartida que los dejó “en el mismo lugar”. “Siempre nos han recibido muy bien, y hay algo de la familia, que ellos mantienen y que nosotros también tenemos. El papá de Chizzo hacía lo mismo que nuestro viejo, y había algo de comunidad, estaba bueno”.

Aunque no sería una presentación formal, Airbag llegaba, pocos días después de estas entrevistas, a River de la mano de su último disco, El club de la pelea. Es imposible disociarlo de la novela de Chuck Palahniuk, o si se quiere, de su adaptación cinematográfica a cargo de David Fincher. “La película puede ser interpretada de mil maneras, pero es una crítica básicamente al capitalismo, y ahora estamos viviendo en la era de los Ponzi. Lo loco es que cuando la ves, está criticando el sistema desde la derecha, pero desde la izquierda es el mismo planteo”, dialectiza Guido para explicar el concepto que une su álbum con el título de la obra que lo inspiró.

Tras una pausa para tomar agua, retoma la argumentación: “Ahora vivimos en una era en donde los hombres invierten millones de dólares en Only Fans. Los tipos lo que compran ya no es la foto erótica, sino el vínculo. Al tipo le puede estar respondiendo un bot, pero está pagando ese amor que quizás no tiene”, completa.

Para el menor de los Sardelli, la enseñanza de la obra de Palahniuk es que ante la crisis, lo importante es mantenerse unidos, algo que ellos como banda de hermanos parecen respetar a rajatabla. “Quizás el lema de la película es que los tipos no tenían nada, pero se tenían a ellos y eran más fuertes que el sistema, de alguna manera. La película está muy vigente en la situación en la que estamos hoy. Hay un momento donde se habla de que nuestra crisis no es ni económica ni nada, es espiritual. Estamos completamente quebrados”.

Después de ese desarrollo, una pregunta se impone por sobre todo lo demás: ¿qué diría el agente del caos Tyler Durden ante la noticia del desembarco de Airbag en el Monumental? Patricio se anticipa, como si la respuesta le quemara entre las manos. “¡Es obvio: le gustaría, boludo!”, dice eufórico mirando a Guido, y después completa su explicación: “El problemático es el otro, pero Durden es el que vive la vida que todos queremos tener. Iría a River de una y estaría hinchando las bolas para entrar a la prueba de sonido”.

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JOAQUÍN VISMARA

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