Un Aguacero en el alma llanera de Llane: una triste realidad para renacer 

El artista de Sabaneta presenta su historia y su alma al ritmo de música llanera entrelazada con nuevas sonoridades

Cortesía

Con el paso de los años, muchos artistas dejan de perseguir a una industria insaciable y empiezan a preguntarse: ¿cuál es la verdadera esencia de mi arte? ¿Qué es lo que realmente quiero lograr con mi música? Porque, aunque para muchos lo más importante es alcanzar los primeros puestos de las listas con canciones genéricas y sin mayor trasfondo, para otros prevalecen el arte y la emoción. Ese es el caso de Llane.

La nueva propuesta del cantante ofrece una mirada mucho más profunda a los sonidos que lo han acompañado desde su infancia y adolescencia. Además, cuenta historias poco convencionales dentro del mainstream musical, que abarcan desde las problemáticas sociales en las periferias y la pérdida de la inocencia en las ciudades hasta el asesinato de su padre cuando tenía apenas doce años.

Ya habíamos hablado de tu amor por la música llanera y de dónde nació. Ahora me atrevería a decir que, por mucho, Aguacero es la propuesta más íntima y con más alma de toda tu carrera. ¿Tú también lo ves así? ¿Cómo te has sentido en estos días desde que el disco salió al aire?

Me siento súper contento y emocionado. No hay nada mejor que lanzar algo que nace tan profundamente del corazón.

Así como lo dices, yo también lo definiría: Aguacero es alma. Es un disco que reúne todo lo que siempre quise y soñé hacer, tanto en lo musical como en lo visual. Para mí, este proyecto es verdaderamente arte en todos los sentidos: en las emociones, en las situaciones de la vida y en las vivencias que lo inspiran. Son expresiones que permiten que la gente conozca quién es uno realmente.

¿Por qué decidiste que era el momento de hacer ese sentido homenaje a tu papá en ‘Cucho,’?

Uno va sintiendo los momentos. Hace unos seis meses me fui para Venezuela con un amigo y gran artista que se llama Noreh. Conectamos porque ambos somos amantes del bolero y hacemos música contemporánea con elementos clásicos. Estuvimos en Valencia y terminamos uniéndonos a través de nuestras historias familiares, porque a los dos nos asesinaron a nuestros padres.

Él iba en el carro con su papá cuando un sicario lo asesinó frente a él. Incluso también intentó matarlo, pero el revólver se quedó sin balas. Yo le conté la historia del asesinato de mi padre y nos dimos cuenta de una coincidencia muy fuerte: ambos nos quedamos sin papá a los doce años.

Compusimos esta canción juntos y siento que no es casualidad que se haya dado esta hermandad entre un venezolano y un colombiano justo en este momento. La colaboración nació sin ninguna pretensión; fue algo completamente orgánico y, para mí, obra de Dios.

‘Cucho,’ es una canción con un mensaje fuerte que funciona como un recordatorio para Colombia y Venezuela de esos momentos difíciles. Es narrar esa realidad desde un lugar adecuado. No podemos volver a vivir situaciones tan horribles; yo no quiero tener un hijo que tenga que crecer sin su padre.

‘Don Jacinto’ es también una canción tan triste como hermosa. Además, cuenta una historia muy real que muchas veces la gente desconoce. ¿De dónde nace esta canción y por qué decidiste incluirla?

Yo soy un amante de la historia. Me encanta escuchar a Diana Uribe en sus pódcast. Desde hace algún tiempo he venido estudiando mucho más nuestra historia, la historia colombiana, porque me ha interesado entender ese gen de violencia que parece acompañarnos.

En ese proceso me he centrado especialmente en los campesinos, en sus vivencias y en lo importantes que son. Ellos son el pulmón de nuestras ciudades.

Cuando compuse esta canción junto a Vibarco quisimos contar una historia. La música llanera tiene esa magia: se presta para narrar historias. Queríamos visibilizar a todos los Don Jacinto de Colombia, su estilo de vida y todo lo que enseñan desde su conocimiento empírico de la naturaleza y desde su sensibilidad. También queríamos mostrar el conflicto y la resiliencia que muchos de ellos han tenido que vivir.

Creo que, por mis padres y por todo lo que he vivido, siempre he sentido una empatía especial por el dolor de las personas. Esas tres canciones —‘Cucho,’, ‘Don Jacinto’ e ‘Inocencia’— retratan una realidad muy dura de nuestro país.

La música tiene el poder de contar historias y transmitir mensajes que no siempre son felices, pero sí necesarios. En este disco lo haces justamente con esas tres canciones. ¿Por qué decidiste que este era el momento para que tu música fuera más allá de lo comercial o superficial y llevara un mensaje más profundo?

Cuando salí de Piso 21 hice una canción llamada ‘La reina’. Esa fue una especie de intento de lo que hoy es ‘Inocencia’, pero aunque tenía buenas intenciones, no terminó de funcionar como yo quería. Recuerdo que en ese momento tenía una necesidad muy grande de hacer algo más con mi música. Quería ayudar a través de ella, como lo ha hecho Bono con U2, pero sentía que todavía no encontraba la manera correcta.

Con ‘Inocencia’, que cuenta la historia de Valentina —y Valentina significa valiente—, y a través de la música llanera, encontré la oportunidad de hablar de estos temas desde una esencia propia, porque lo estoy haciendo con música colombiana y no desde sonidos foráneos. Es una oportunidad para empatizar con estas realidades; una necesidad que nace de mi corazón y de una profunda honestidad.

El verdadero éxito de este disco está en la conexión que pueda generar. Ya no existe esa necesidad de querer ser el número uno. La vida tiene etapas. Con Piso 21 y como solista ya he alcanzado grandes cosas, pero esto es algo que realmente proviene del corazón y me sorprende la aceptación tan bonita que está teniendo.

“ No podemos volver a vivir situaciones tan horribles; yo no quiero tener un hijo que tenga que crecer sin su padre”.

Siento que después de un disco tan sólido como Aguacero, tanto en lo sonoro como en lo lírico, debe ser difícil pensar en un futuro únicamente desde lo comercial, ¿no?

Sí. En este momento estoy recogiendo los frutos de un proyecto que nació completamente desde el corazón. Los arreglos musicales para el show en vivo son preciosos. Siento que este proyecto cuenta historias desde todos los frentes y que todo en él es verdaderamente orgánico.

Hoy me siento muy cómodo con mi arte y, sobre todo, muy feliz. Hacer este proyecto abrió una puerta enorme para mí y, musicalmente, quiero seguir creando canciones que realmente me hagan feliz. Me siento muy pleno.

Hablando de la industria, este es un disco que seguramente no estará en los primeros lugares de los listados. Además, no parece que ese sea su principal objetivo. Antes de lanzarlo, ¿sentías respaldo por parte de la industria?

Siempre hubo apoyo y, con modestia aparte, siento que existe un gran respeto por este disco por parte de mis colegas. Eso es muy bonito.

Hubo momentos en mi carrera en los que me sentí un poco perdido, pero vengo de un padre muy perseverante, alguien que siempre trabajó para sentirse tranquilo con lo que hacía y para ser feliz. Con este disco siento que finalmente encontré a Llane y encontré su sonido. Eso es lo que siento.

Al final del día, eso es lo que buscamos los artistas cuando hacemos arte de verdad: generar conexión desde nuestra esencia y no desde aquello que simplemente está de moda.

Estoy viviendo un nuevo comienzo, donde cada paso es lento, pero seguro. Te puedo asegurar que estamos en el camino correcto y se siente el cariño, el respeto y la motivación por parte de compañeros, industria y público.

Ese es el camino.

Gracias, mi hermano.

Para terminar, ¿cuál dirías que es el gran objetivo de Aguacero?

El título del disco estuvo entre Mi alma llanera y Aguacero. El primero era hermoso, pero Aguacero terminó representando algo mucho más amplio. Puede significar para cada persona lo mismo que significó para mí: un proceso de limpieza, transformación y renacimiento.

Durante este camino me conecté conmigo mismo y entendí quién era realmente. Eso me ayudó a perdonar muchas cosas que tenían mi corazón herido, a transformar lo negativo en algo positivo y a renacer en muchos sentidos. Ese es el gran objetivo del álbum: propiciar un renacimiento y una reconciliación con uno mismo y con los demás.

El Llano une a Colombia y Venezuela, y no me gusta ver los enfrentamientos que muchas veces ocurren entre dos pueblos que son hermanos. Yo quiero ser un puente que nos conecte a través de la música. En una sociedad tan dividida, es importante construir y unir.

Con profundo respeto por la música llanera, pienso mucho en mi padre, que se enamoró de este género hace veinticinco años. Tal vez esa sea una de las razones por las que hoy estoy llevando esta música y tendiendo puentes entre nuestros dos países. Esa es la historia que me gusta contarme y la que resume el gran propósito de Aguacero.

SANTIAGO SANABRIA URIBE

Redactor / Editor Gráfico Senior

  • 00:00
00:00
  • 00:00