En medio de una creciente escalada en Oriente Medio, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió extender el ultimátum impuesto a Irán para reabrir el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo para el comercio energético. La fecha límite, que inicialmente vencía este lunes 6 de abril, fue aplazada hasta el martes 7 del mismo mes, en lo que analistas interpretan como un intento por mantener abierta la vía diplomática sin renunciar a la presión militar.
La decisión llega tras varios días de amenazas directas por parte de Washington. Trump había advertido que, de no cumplirse sus exigencias, Estados Unidos lanzaría ataques contra infraestructura clave iraní. En declaraciones recientes, incluso aseguró que, si no hay acuerdo, “todo será destruido”, en referencia a posibles bombardeos sobre importentes instalaciones iranies.
En una conversación con Fox News, el mandatario reforzó ese tono al afirmar que “hay una buena posibilidad mañana” —lunes 6 de abril— de alcanzar un acuerdo. Sin embargo, advirtió que, si las negociaciones fracasan, “veremos cómo se derrumban puentes y centrales eléctricas por todo Irán”. En la misma entrevista, también garantizó “inmunidad” a los negociadores iraníes para que no sean blanco de ataques estadounidenses e israelíes, en un intento por facilitar el diálogo.
Pese a esas señales, el propio Trump generó nuevas dudas tras realizar una publicación en su red Truth Social, donde se limitó a escribir: “Martes, 8:00 p.m. hora del este”. Si ese mensaje corresponde a un nuevo ultimátum, el plazo se cumpliría a las 03:30 del miércoles en Teherán. Hasta ahora, ni el mandatario ni la Casa Blanca han aclarado el alcance de la publicación, lo que ha alimentado la incertidumbre sobre los próximos pasos de Washington.
Horas antes de ese mensaje, el presidente había utilizado un tono mucho más agresivo en la misma plataforma: “¡Abran el maldito estrecho, malditos locos, o vivirán en el infierno! ¡Ya verán!”, escribió, evidenciando el nivel de presión que busca ejercer sobre el gobierno iraní.
Te puede interesar:El ascenso de la oligarquía digital
El aplazamiento del límite, junto con estos mensajes contradictorios, sugiere que las negociaciones, aunque frágiles, siguen en marcha. De acuerdo con reportes internacionales, existen contactos indirectos entre ambas partes, con mediación de países como Egipto, que buscan evitar una escalada mayor.
Desde Teherán, la respuesta ha sido de rechazo. Las autoridades iraníes han insistido en que no reabrirán el estrecho bajo presión externa y han condicionado cualquier negociación a un cese definitivo de las hostilidades. En ese sentido, el gobierno ha rechazado propuestas de alto el fuego temporal, argumentando que no ofrecen garantías suficientes frente a futuros ataques.
El estrecho de Ormuz, ubicado entre Irán y Omán, es un punto crítico para la economía global: por sus aguas circula cerca del 20% del petróleo mundial. Su cierre, en el marco del conflicto, ha generado un impacto inmediato en los mercados energéticos y ha elevado el riesgo de una crisis económica internacional.
Por ahora, el nuevo plazo —aún rodeado de ambigüedad— mantiene al mundo en vilo. Mientras Washington insiste en que la reapertura del estrecho es condición indispensable para cualquier acuerdo, Teherán se mantiene firme en su postura. Con el reloj corriendo hacia una posible nueva fecha límite, el escenario sigue marcado por la incertidumbre, en una crisis donde cada hora puede definir si se abre una salida diplomática o se profundiza el conflicto.

