Fotografías por Karla Lisker. Ropa y accesorios por BOSS

Tenoch Huerta: el camino del corazón

Un recorrido por la historia y las reflexiones del actor mexicano que llega cada vez más alto, destacándose por su carisma y talento en el cine

Por: ANDRÉ DIDYME-DÔME Y RICARDO DURÁN

‘Mi nombre es Náhuatl’, dice Tenoch Huerta, el actor mexicano que desde sus orígenes humildes ha llegado a las más altas esferas del cine a nivel global. “Al investigar acerca del origen de mi nombre, descubrí que Tenoch es el nombre dado a la tuna de piedra, el fruto del nopal que se da en las piedras, y que representa el corazón humano”.

De acuerdo con las tradiciones ancestrales, desde las experiencias más placenteras, hasta las más dolorosas, hacen parte de nuestro tránsito por la vida. Teniendo en cuenta esa perspectiva, Tenochtitlán se convierte en el espacio geográfico y físico donde todo sucede. “Tenochtitlán es el lugar donde el espíritu se encarna en Tenoch -el corazón del hombre- y, por lo tanto, este se hace sabio. No creas, me costó mucho conquistar mi nombre. Por mucho tiempo fue objeto de burla”, confiesa.

Señala entonces que le gusta mucho El viaje de Chihiro, la película de animación japonesa de 2001 dirigida por Hayao Miyazaki, y nos recuerda que, “en ella Chihiro tiene que recuperar su nombre. Al principio posee un nombre genérico, Sen. Pero, al final tiene que recuperar el derecho de volver a llamarse Chihiro”. En muchas culturas a los niños se les asignaba un nombre solo cuando habían cumplido los seis o siete años de edad, y el caso personal de Tenoch establece un interesante paralelo con esa historia; “A mí me tomó casi toda la vida conquistar mi nombre, pero ahí está. La verdad, ahora me gusta mucho”, dice con orgullo.

Curiosamente, mucha gente conoció el trabajo actoral de Tenoch Huerta a través de una cinta titulada Sin nombre (2009), que fue escrita y dirigida por el estadounidense Cary Joji Fukunaga. La película cuenta la historia de Sayra (Paulina Gaitán), una chica hondureña que busca una nueva vida en los Estados Unidos.

Aquí Huerta encarna a Lil Mago, el brutal líder de una pandilla. Entre los productores ejecutivos de Sin nombre figuran Diego Luna y Gael García Bernal, personajes de importancia indiscutible para la cinematografía de América Latina y el mundo.

Hoy, después de un largo camino ante las cámaras, Huerta hace parte del elenco de Black Panther: Wakanda Forever interpretando a Namor, y se suma a García Bernal en el grupo de mexicanos en el Universo Marvel, por donde también ha pasado Salma Hayek con su participación en Eternals, de 2021. Mabel Cadena (Capadocia, El señor de los cielos, Los enviados) le acompaña interpretando a Namora, prima de Namor.

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Ese largo camino hacia la pantalla gigante y los grandes festivales de cine empezó casi sin quererlo, y Tenoch asegura que nunca soñó con ser actor. “No era mi proyecto de vida”. Sin embargo, llevaba ocho años actuando cuando obtuvo su primera nominación a un premio Ariel, de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas. “Tenía dos o tres cortos, no solo nominados, sino ganadores de premios. En mi segunda vez como parte del Festival de Cine de Cannes -esa vez como protagonista de una película- fue cuando por fin me di cuenta de que ya era un actor de verdad”.

Antes de eso él entendía las cosas de esta manera: “Yo trabajo como actor, pero no soy un actor”. Inicialmente no era su proyecto de vida, tampoco era algo con lo que se identificara, y eso solo empezó a pasar cuando ya tenía alrededor de 31 años. La razón por la que no se imaginaba en la pantalla es aparentemente sencilla, aunque tenga un trasfondo que revela su disposición para hacer frente a todo tipo de adversidades y desafíos: “Las personas de mi color de piel estaban ausentes en la pantalla de mi cine nacional. Si salían morenos en la pantalla, es porque salíamos a matar, a violar y a asesinar. También a abrir una puerta, a servirle a alguien o ser choferes de algún hombre blanco. No tiene nada de malo abrir una puerta, ni servir a alguien, ni ser chofer, pero lo otro sí. Lo que pasaba era que estos personajes no ocupaban una posición de poder, ni tenían influencia dentro de la historia. Más allá de eso no había gente morena en el cine y la televisión y, por esta razón, nunca imaginé ser un actor”.

La historia de Tenoch es aleccionadora desde cualquier punto de vista; nació en enero de 1981, fue criado en la municipalidad de Ecatepec, y asistió a la escuela primaria Alfonso N. Urueta Carrillo de Coacalco, en el Estado de México. Empezó a tomar talleres de actuación a los 17 años; “Solo porque mi papá me obligó”, confiesa. “Nadie de mi entorno es actor. Nadie de donde yo vengo es actor, salvo algunas honrosas excepciones, como ‘La Güereja’, María Elena Saldaña, quien fue mi maestra”. Luego de terminar la preparatoria comenzó a estudiar periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México, y cuando iba más o menos por la mitad de la carrera, su padre insistió para que retomara los talleres de actuación, esta vez con un actor llamado Luis Felipe Tovar. “Con él, conozco a otro actor que será mi mentor, Carlos Torres Torrija. No es solamente la persona que me forma, en el sentido estricto de la palabra, como actor. Fue quien que me dio las herramientas y los conocimientos, para convertirme en un ‘ente – actor’. Torres Torrija no solamente me enseña a actuar, sino que me enseña a ser actor”.

El maestro empezó por convencerlo de que realmente podría convertirse en un actor, porque veía en Tenoch todos los elementos necesarios para conseguirlo. Sin embargo, le hizo una advertencia que desde esos comienzos marcó su carrera actoral: “Él era atleta de alto rendimiento y representó a México en los Panamericanos. Torres Torrija me decía, ‘Más rápido. Más alto. Más fuerte. No eres bonito, ni mamado de telenovela. No eres blanco. No vienes de los espacios de poder. No tienes familia en el medio. No fuiste a sus colegios. No te mueves en sus círculos. No tienes nada para estar ahí. Por eso tienes que ser más rápido, más alto y más fuerte. Tienes que leer más libros, saber más, ver más obras. Tienes que esforzarte el triple porque te van a exigir más que a los demás. Y por ahí, algún día, tal vez, algún director inteligente te meta a los últimos cinco minutos del partido, cuando ya todo esté perdido. En ese momento, ¡tú tienes que meter un pinche golazo y hacer que se caiga el estadio, cabrón!’”.   

“Yo no soy un artista. Soy un actor. Soy un güey que tiene dos o tres ideas más o menos originales. Y que ni siquiera son tan originales. Soy simplemente un pinche megáfono que va amplificando voces”.
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Tenoch entendió que debía prepararse, luchar y aprender durante toda su vida para meter ese golazo, aunque probablemente esa oportunidad tardaría mucho, o nunca llegaría. “Después comprendí que cuando estás apasionado por algo, eso es lo que se hace de una manera orgánica y normal. Dedicarse a algo, trabajar por algo. Yo antes no lo entendía, pero toda mi vida me estuve preparando para hacerlo así”.

En esa época empezó a actuar como extra gracias a un amigo que lo llevaba a grabaciones de vez en cuando. Hacía pequeñas apariciones en telenovelas, en lo que fuera, pero seguía viendo eso como un hobby. Convencerse de sus capacidades le tomó un tiempo mientras fue entendiendo las dificultades y asumiendo la actitud necesaria para hacer frente a los prejuicios, a los filtros y a sus propios temores.

“No sé cómo funcione ahora, pero cuando yo estaba más chavo, el Centro Universitario de Teatro de la UNAM -que es una de las mejores escuelas que hay- tenía un filtro de clase. Solamente la clase alta y media alta podía acceder. El filtro consistía en que te decían, ‘Mientras estés estudiando, no puedes trabajar en nada’”, recuerda, y añade que si una persona llega a la Ciudad de México, obviamente necesita dinero para la renta, la comida, el transporte, la ropa, y para ir a asistir a obras de teatro como parte fundamental de su formación actoral. “Dime a qué estrato social tiene que pertenecer esa persona para mantener un nivel de gastos de ese tamaño sin tener que trabajar. La vida en Ciudad de México no es barata”.

Además, fue descubriendo que existía un perfil muy definido en cuanto a la apariencia física; “Más o menos moreno claro, tendiendo hacia lo blanco, y de cuerpo atlético”. La suma de todas esas condiciones hacía que él no lograra verse reflejado en las pantallas, no creía que podía llegar a ellas; “Me crie en Ecatepec, para mí, la actuación y los actores pertenecían al mundo de los otros”.

Sin embargo, a fuerza de talento y perseverancia, el mundo de esos “otros” empezó a abrirse poco a poco para él. Terminó su carrera y trabajó como camarógrafo en TV Azteca. Hizo de todo, hasta que un día llegó una oportunidad que le pareció grande, real y profesional: “Mi primera película fue Déficit, la ópera prima de Gael García Bernal como director y, a partir de allí, de ese primer año de mi carrera – tenía yo 25 años –, decidí no parar. Desde los 25 años hasta ahora, que tengo 41, no me he detenido. Pero no he vuelto a trabajar, lo que hago, lo hago con el mayor de los gustos”. Y agrega algo que no se debe pasar por alto: “Creo que el fenómeno de Gael [García Bernal] y Diego [Luna] ha sido algo muy positivo. Ahora lo que toca es que abramos espacio para más gente”.

Obtuvo su primera nominación a un Ariel con Café paraíso, un cortometraje de 2007 dirigido por Alonso Ruizpalacios, y recibió su primer premio en el Short Film Festival como mejor actor. Poco después se le vio en algunos capítulos de Capadocia, y también actuó en Get the Gringo, la película de 2012 protagonizada, coescrita y producida por Mel Gibson.


BOSS encontró en Tenoch Huerta un personaje que rompe paradigmas, poniendo en alto a México y América Latina a través de su autenticidad y de su testimonio al alcanzar el éxito a pesar de la adversidad.


Ese prometedor proceso le permitió continuar abriéndose puertas, y en 2014, América Latina puso sus ojos en Güeros, el aclamado largometraje en el que Tenoch interpreta a Sombra, nuevamente bajo la dirección de Alonso Ruizpalacios. Más tarde, en 2018, volvió a llamar la atención del público y la prensa con su papel de Rafael Caro Quintero, fundador del Cártel de Guadalajara, en Narcos: México. Para trabajar en esta serie estudió a profundidad al hombre que iba a interpretar, encontrando múltiples matices, un carisma sorprendente y una personalidad muy fuerte; todo eso le llevó a apasionarse realmente por el personaje.

A lo largo de su proceso de ascenso en el mundo de la actuación pasó por momentos de crisis de identidad en los que se cuestionaba por el contraste entre su origen humilde, las barreras impuestas por la industria y el mundo que poco a poco iba descubriendo. “Yo recuerdo que le eché muchas ganas a la asimilación. Le puse todo mi empeño a pertenecer. Pero lo que sucedió fue que, a la vuelta de los años, me estaba lastimando, estaba atentando contra mi identidad, y me perdí”, confiesa. “Siento que me diluí de alguna manera por querer ser y pertenecer, hasta que descubrí que nunca iba a suceder. Nunca me iban a aceptar. Y la verdad es que ya me estaba cansando. ¡A la chingada! Yo soy el que soy, y no necesito ser otra cosa”.

Cuando una persona con un carácter tan fuerte -y un discurso que cuestiona todas las estructuras de la sociedad- logra abrirse las puertas en las élites del entretenimiento, eso significa una sola cosa: hay un talento enorme sustentando cada una de sus apariciones. Con las primeras críticas y reseñas que se han hecho sobre Black Panther: Wakanda Forever, se confirma una vez más que Tenoch Huerta es un verdadero actor, con toda la madera para llegar siempre más lejos.

Un día cualquiera, hace más o menos dos años, recibió una llamada en la que le decían que el director Ryan Coogler quería hablarle. Allí surgió la propuesta para entrar al Universo Cinematográfico de Marvel en el papel de Namor, pero en el proceso apareció una pregunta específica e insistente para saber si Tenoch sabía nadar. Su divertida respuesta siempre fue que, hasta ahora, nunca se había ahogado. Algunos medios armaron polémica a raíz de esto, pero Tenoch, con su buen sentido del humor, ha sido muy claro: “Estrictamente hablando, yo no mentí. Me preguntaron: ‘¿Sabes nadar?’. Dije, ‘Yo no me he ahogado’, cosa que es real, si no, no estaría aquí”, aclaró en su conversación con El Escorpión para el canal de YouTube PelucheEn ElEstuche.

“Cuando te das cuenta de que no eres nada, que eres así de pequeñito, te ves chiquito, frágil y vulnerable, y eso está muy bien, te quita mucha presión darte cuenta de que, comparado con el tamaño del universo, no eres nada”.
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Con este panorama, vale la pena tener en cuenta que los superhéroes nacieron en el cómic en un contexto histórico específico. El mundo estaba en guerra y los países aliados se enfrentaban a la amenaza de los países del Eje. Casi inmediatamente, los superhéroes fueron usados como herramienta sociopolítica.

Pero antes del Capitán América, existió Namor. Contrario a lo que muchos suponen, la Antorcha Humana no fue el primer superhéroe de Marvel, sino este peculiar personaje, hijo de un humano y de una princesa de la Atlántida. En sus historias, Namor va contra los humanos por contaminar los mares y poner en peligro a su reino, que se encuentra en las profundidades del océano. Por esta razón, decide salir a la superficie para castigar a quienes atentan contra su modo de vida y la de sus congéneres.

En Wakanda Forever se continúa con la historia de Black Panther, el primer superhéroe afroamericano de los cómics, que obtuvo su nombre de un movimiento político y social que defendía los derechos de la población afroamericana. En una decisión muy inteligente, los productores de la secuela cinematográfica de Black Panther incluyen a Namor para continuar con el relato anticolonialista planteado, no solo en la primera cinta, sino en los cómics originales publicados en los años sesenta, la época de Martin Luther King y Malcolm X.

Ahora Namor no es un atlante y no posee rasgos orientales; en la cinta de Ryan Coogler es un mutante de origen azteca, que se opone a los seres que convirtieron a su pueblo en esclavos, y ahora buscan invadir su ciudad para explotar sus valiosos recursos. La elección de Tenoch Huerta, un actor mexicano orgulloso de sus orígenes y comprometido con las causas sociales y políticas, no pudo ser más acertada, y es también una muestra de lo lejos que puede llegar alguien que lucha por sus sueños con convicciones claras.


“No quisiera que me tomaran como modelo. Lo que deberían tomar como modelo, tal vez, son las ideas. Ni siquiera las mías, sino las ideas en general. Las ideas y los referentes de los que hablo”.


Su llegada a Hollywood y el hecho de que lo hayamos visto brillar en la Semana de la Moda en Milán junto a BOSS, envía un mensaje esperanzador en términos de diversidad e inclusión. Fue seleccionado como uno de los primeros latinos para celebrar la colección de FW22, que resaltó la autenticidad, la elegancia, el porte y el estilo de esta temporada. Allí estuvo al lado de grandes figuras, como Naomi Campbell, Future, Ashley Graham, J Balvin, Valentina Ferrer, Bella Poarch, Akmaz Twenty, y Chase Hudson.

La prestigiosa marca alemana destaca el valor de la comunidad latina a través de líderes de distintos ámbitos; atletas, actores, celebridades y artistas que inspiran al público para superar las dificultades, luchar por los sueños y con su mantra “Be Your Own BOSS”, anima a disfrutar del camino al éxito. BOSS encontró en Tenoch Huerta un personaje que rompe paradigmas, poniendo en alto a México y a América Latina a través de su autenticidad y de su testimonio al alcanzar el éxito a pesar de la adversidad.

Tenoch viene de la clase obrera y se identifica plenamente con ella, por ello, siente el deber de abrir nuevas puertas. “Fui criado con conciencia de clase”, dice. “Todas estas ideas están clavadas en mi cabeza y la conciencia de clase para mí es básica. Hay que abrir los espacios. Sé que llegué a Estados Unidos volando en primera clase y con visa de trabajo. Pero, si bien entré por la puerta grande, pertenezco al grupo de los que entran por la puerta trasera. Tengo el color, el origen y el orgullo de pertenecer al grupo de los que entran por la puerta trasera”.

En ese mismo sentido, Huerta lamenta que actualmente las mujeres no cuenten con la presencia justa y necesaria en todos los ámbitos, no solo en la industria del entretenimiento; “Las historias las cuentan los hombres y, por lo tanto, los mejores personajes son hombres y las mejores carreras son para hombres”. No obstante, en otros aspectos considera que el espectro se está abriendo. También habla de un principio transformador, propio de la Tierra y asociado a las mujeres: “No importa cuántas inmundicias le arrojes a la Tierra, ella siempre te va a dar flores. Eso tiene que ver con lo femenino, pero no necesariamente con las mujeres, porque no hay que poner atributos esclavizantes”.

En ese universo creador y transformador, Tenoch también ubica la ciencia, la filosofía y la cultura, sin dejar atrás el cuidado de la salud mental, el amor, el cuidado y el autocuidado. “No importa cuánto dolor nos arroje la vida, hay que procurar regresarle flores. Y si no tenemos flores, pues regresemos otra cosa. Hay que dar”, dice, sabiendo que cada plataforma que ha alcanzado debe servir en busca de una vida mejor para más personas.

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Ante los ojos de Tenoch, el arte y la ciencia nacen de un proceso mental similar. “No lo digo yo, lo dice la ciencia”. Con ese punto de partida, da un gran valor a la posibilidad de imaginar futuros, ideas y mundos posibles. “Tú agarras la piel de un animal, agarras un árbol hueco y tienes un tambor. Le pegas al tambor y produces otra cosa, que es música. Pero ¿cómo llegas a esa idea? Primero tienes que imaginar algo que no existe; el tambor primero está en tu cabeza. Tomas un pedazo de piedra, lo golpeas con un metal y produces una escultura. Un objeto con significado, lo combinas con otro objeto dotado de significado y produces un tercer objeto cargado de un nuevo significado”, reflexiona, y termina con algo contundente: “Hay algo mucho más bello y más cabrón. Por esa razón es que yo no me podría llamar artista. Yo no soy un artista. Soy un actor. Soy un güey que tiene dos o tres ideas más o menos originales. Y que ni siquiera son tan originales. Soy simplemente un pinche megáfono que va amplificando voces”. 

En medio de todos los logros que ha conquistado, los premios, las alfombras rojas, los aplausos y el reconocimiento, Huerta ha luchado para seguir siendo el mismo. “Mi capacidad económica aumentó, pero mi clase social sigue siendo la misma. Sigo leyendo la vida desde ahí, sigo siendo esto, solo que ahora hago las cosas en coche y no en bici, camión o metro. Sin embargo, prefiero llevar y traer a mi hija en metro porque en coche o camión es pesadísimo. Si tengo que trabajar al otro lado de la ciudad y no tengo en dónde dejar el coche, pues tomo un camión o en la noche tomo un Uber”, confiesa. “Cuando logré conciliar esto y entenderlo, logré mucha paz y tranquilidad, porque te confieso, yo sufrí una fuerte crisis de identidad.  Sobre todo, pude volver a abrazar quién soy y a mirarme con orgullo en el espejo y decir, ‘Esto es lo que soy, y está bien ser esto’”.  

Continuando su proceso de crecimiento creativo, siempre guiado por su espíritu de reivindicación, Tenoch acaba de presentar el libro Orgullo prieto, en el que expone sus experiencias y principios ante cualquier forma de discriminación, y este texto va alineado con el movimiento Poder Prieto, en el que lleva ya dos años trabajando. “Estaba en una reunión para una entrevista con Pepe Aguilar, Maya Zapata y Horacio Rojas. Nos dimos cuenta de que había una necesidad.  Muchísimas voces, en diferentes tonos, maneras y espacios, estábamos hablando sobre el mismo tema: la representación”, comenta.


“No importa cuánto dolor nos arroje la vida, hay que procurar regresarle flores. Y si no tenemos flores, pues regresemos otra cosa. Hay que dar.”


El movimiento reúne a una gran cantidad de actores, activistas y académicos, entre otros. Como en cualquier colectivo, encontraron diversas perspectivas y diferentes opiniones, posturas y puntos de vista. Por eso, “se tenían que conjugar todos y tener un sello identitario con el que nos identificáramos, incluso desde el nombre. En un momento dijimos, ‘Somos prietos’”, añade.

Parte de ese trabajo tiene que ver con replantear las narrativas que reciben las audiencias en relación con la belleza, el bien y el mal, o lo aspiracional. Esas narrativas son un fundamento de las percepciones con las que las personas ven el mundo, y de ellas se derivan sus prejuicios y conductas.

Orgullo prieto ha sido publicado por la editorial Penguin Random House, y representa otra confirmación de que Huerta vuela cada vez más alto, convirtiéndose en uno de los grandes líderes latinoamericanos en la actualidad.

Como líder, es consciente de que se enfrenta también a una gran responsabilidad, algo que no buscó intencionalmente, pero está ahí. Por eso recibe muchos mensajes de jóvenes que le hacen ver que lo toman como un modelo a seguir. “No quisiera que me tomaran como modelo. Lo que deberían tomar como modelo, tal vez, son las ideas. Ni siquiera las mías, sino las ideas en general. Las ideas y los referentes de los que hablo”, señala ante el hecho de convertirse en un ejemplo para las generaciones que vienen creciendo. “Lo más importante es que quisiera que se lo cuestionaran todo. Que se cuestionen cada cosa y cada aspecto de su vida y de su entorno. Esa es una actitud fastidiosa. No te va a hacer el más popular en las fiestas, pero les juro por Dios que cuestionar todo es algo muy chingón”.

Confiesa que esa actitud le costó mucho, implicó una deconstrucción de muchas cosas que hacían parte de su formación y su personalidad, pero asegura que el siguiente paso, el reconstruirse, fue muy satisfactorio porque lo hizo en sus propios términos, escogiendo los principios y premisas de una nueva identidad, más honesta, más segura, valiente y desafiante. Con esa nueva mirada ofrece un consejo a las personas más jóvenes: “Que no dejen piedra sobre piedra. Pero eso sí, que vuelvan a construir, porque destruir todo y dejarlo así, no tiene sentido”, dice con plena convicción. “Hay que dejar un mundo para los que vienen. Esos morros que ahorita tienen 16 años, el mundo es para ellos, siempre hay que estar dejando algo bueno atrás”. 

“Que no dejen piedra sobre piedra. Pero eso sí, que vuelvan a construir, porque destruir todo y dejarlo así, no tiene sentido. Hay que dejar un mundo para los que vienen”.
Fotografías por Karla Lisker. Ropa y accesorios por BOSS

En medio del gran éxito que viene alcanzando surgen también preguntas fundamentales, reflexiones muy profundas que hacen parte de una búsqueda de sentido; a eso apunta Tenoch cuando nos dice: “Cuando no entiendo la vida, cuando no sé qué hacer, o me siento perdido, me siento y me pongo a ver algún videíto de ciencia y tecnología, eso me da la perspectiva”.

La fama puede dar una percepción muy confusa de la realidad, de las personas, del éxito y el poder, por eso resultan tan necesarias estas inquietudes, que ayudan a poner los pies en la tierra a alguien que cada vez llega más lejos. Para Tenoch, las figuras públicas son como vasijas, recipientes vacíos en los que el público mete sus sueños, esperanzas, proyecciones, odios, envidias y pasiones. “La gente nos llena”, dice. Entonces, estos personajes corren el riesgo de convertirse en eso, en todos estos elementos que la gente está proyectando.

“Cuando te das cuenta de que no eres nada, que eres así de pequeñito, te ves chiquito, frágil y vulnerable, y eso está muy bien, te quita mucha presión darte cuenta de que, comparado con el tamaño del universo, no eres nada. En eso radica toda tu importancia y valor personal. Sentirse pequeñito está muy bien, da mucha alegría, y no lo digo por banalizar la vida, tú decides qué valor le darás a tu vida. Entender eso es tremendamente liberador”, dice Tenoch, para concluir con algo que definitivamente viene muy bien para hacer frente a la vida: “Cuando estoy ahogado en problemas, pienso en ello y encuentro refugio en mi familia, mis hijas, mis padres, mis hermanos, mis amigas y amigos, la gente que amo”.


Fotografía: Karla Lisker; Total Look: BOSS; Ropa y accesorios: BOSS; Fashion Director: Angélica Diazgranados; Stylist: Víctor Blanco; Asistnte de Stylist: Daniel Vásquez; Producción Ejecutiva: Bibiana Quintana; Asistente fotografía: Diego Carrasco; Producción: Daniela Garcia y Karla Barreda; Locación: Legorreta

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