Spider-Man: A través del SpiderVerso

La secuela de la cinta animada protagonizada por nuestro amigable vecino, el sorprendente Hombre Araña, es otra magnífica explosión de color y emoción muy cercana a la mágica experiencia de leer un cómic.

Joaquim Dos Santos, Kemp Powers, Justin K. Thompson 

/ Con las voces de Shameik Moore, Hailee Steinfeld, Jason Schwartzman, Luna Lauren Vélez, Brian Tyree Henry, Daniel Kaluyaa, Jason Schwartzman, Karan Soni, Oscar Isaac

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía Sony

Este verano, las salas les pertenecen a los superhéroes. Quienes crean que estos personajes surgidos de los cómics ya están de salida en el cine, deben pensarlo tres veces. La horrorosa e imbécil décima entrega de Rápido y furioso nada tiene que hacer contra la grandiosa tercera parte de Guardianes de la galaxia; contra el sentido y enérgico homenaje que Andrés Muschetti le hace a Richard Donner (Superman) y a Tim Burton (Batman) en The Flash; ni contra esta hermosa explosión de colores, formas y figuras conocida como Spider-Man: A través del SpiderVerso.

Para apreciar como debe ser a esta espectacular cinta animada, la pantalla IMAX es la mejor opción, ojalá en formato 3D y en su idioma original (huya, huya, huya del terrible doblaje en español que estropea de una manera casi que irremediable la mágica experiencia psicodélica).

En el cabezote de la serie antológica El maravilloso mundo de Disney, un coro cantaba “el mundo es una cascada de colores”. La secuela de Spider-Man: Un nuevo universo, no solo es más que una cascada de colores (piense mejor en un tsunami), sino que aborda posibilidades infinitas. Y aunque bien es cierto que Spider-Man: Sin camino a casa, Dr. Strange en el multiverso de la locura, la ganadora del Óscar Todo en todas partes al mismo tiempo, y The Flash abordan la teoría de los multiversos (que los cómics vienen explorando desde los años sesenta), lo cierto es que Spider-Man: A través del SpiderVerso lo hace de una manera refrescante, surrealista, apoteósica y, lo más importante, bella.

No es arriesgado decir que solo tres cintas, las cuales son la primera entrega de Sin City y las dos versiones animadas de Spider-Man, se acercan realmente a la experiencia de leer un cómic (¡Sí, niños! A los superhéroes se les debe leer y contemplar en la página impresa). Así como Muschetti le rindió tributo a las películas que lo iniciaron todo este universo de locura cinematográfica y televisiva (que algunos llaman equivocadamente “anti-cine”), aquí los directores Joaquim Dos Santos (autor de los eléctricos Showcase animados de Shazam, El Espectro, Jonah Hex y Flecha Verde para DC), Kemp Powers (el codirector de la hermosa Soul para Pixar) y Justin K. Thompson (animador para la película de Angry Birds y la serie Star Wars: La guerra de los clones), toman el guion ultra-geek escrito por Phil Lord y Christopher Miller (los magos detrás de la revolucionaria Película de Lego y de la primera parte de esta saga animada), para convertirlo en una cinta que se desborda de la pantalla con o sin gafas de 3D. Los Na’vi de Avatar lucen pálidos y con ictericia, ante el exquisito banquete visual ofrecido para deleite de nuestro lóbulo occipital.

Lord y Miller saben ofrecer subtexto con la experticia que los Daniels solo pueden llegar a envidiar. Y en esta cinta vaya que si lo logran. No solo llegan a utilizar todo el poder formal que hace mágico al cine para hablarnos sobre la inevitabilidad de la muerte y la sana necesidad de todos los jóvenes por emanciparse de sus padres, sino que también le hacen una crítica aguda al estado del cine actual, encarnada en la figura de Miguel O’Hara (Oscar Isaac), un personaje que los lectores ávidos de cómics conocemos como el hosco y severo Spider-Man 2099. Sin hacer spoilers, basta con decir que los fanáticos (que espantosa palabra) de las películas de superhéroes, así como de sagas como las de La guerra de las galaxias, El señor de los anillos, Harry Potter, las actualizaciones de los clásicos de Disney y ¡glup! Rápido y furioso, se rasgan las vestiduras cuando se irrespeta el canon. Lord y Miller (con ayuda de Dave Callaham, guionista de Shang-Chi y La mujer maravilla 1984), nos ofrecen una alternativa Spider-Punk (con la voz nada menos que de Daniel Kaluyaa, canalizando a los Bad Brains y con una animación al mejor estilo de un fanzine de los ochenta) al conservadurismo intolerante del público de hoy que representa Miguel, el supuesto Spider-Man del futuro. Si no se rompen las reglas, todo tiende a estancarse, marchitar y morir. ¡Qué viva la revolución! ¡Abajo las estructuras! ¡Qué vivan las nuevas generaciones! En esta cinta lo nuevo es viejo y lo viejo es nuevo.

La revolución aquí la encarnan nuestros dos protagonistas. Por un lado, está Miles Morales (Shameik Moore), el joven hijo de Jefferson Davis (Brian Tyree Henry), un policía afroamericano, y de Río (Luna Lauren Vélez), una mujer puertorriqueña. Y por el otro, está Gwen Stacy (Hailee Steinfeld), la hija de George (Shea Whigham), un rudo policía. Como nos enteramos en la entrega anterior, Miles se convirtió en Spider-Man y Gwen en Spider-Girl, pero ambos son de universos diferentes. Los padres del chico están exasperados por su incumplimiento en los deberes escolares y el deseo de alejarse de Brooklyn para cumplir con su sueño de convertirse en científico. El padre de la chica odia a Spider-Girl, considerándola como una criminal, y tanto los padres de uno como del otro, ignoran sobre la labor de sus hijos como superhéroes (esto resalta tanto la intención de Stan Lee de utilizar al Hombre araña como metáfora de lo que significa ser adolescente, como una alegoría sobre el dilema que implica “salir del clóset”).   

Además de enfrentarse a sus padres, Miles también tiene que lidiar con Spot (Jason Schwartzman) un científico convertido en supervillano de poca monta que, como es típico, culpa a Spider-Man de sus desgracias. Por su parte, Gwen decide revelarle a su padre su identidad secreta y, ante la intolerancia de este, decide abandonar su hogar para formar parte del equipo liderado por Miguel y que está conformado por hombres, mujeres, animales y figuras de lego con poderes arácnidos, encargados de detectar y corregir anomalías generadas en el multiverso.

Persiguiendo una supuesta anomalía causada por Spot, Gwen regresa al encuentro de su amigo Miles y esto los lleva a viajar a un mundo donde Spider-Man es el superhéroe más importante de la India (Karan Soni) y a vivir una serie de aventuras junto a Spider-Punk, Peter Parker (Jake Johnson) y su hija Spider-Baby, culminando en una revelación dramática que es mejor no revelar aquí. 

Spider-Man: A través del Spider-Verso acoge el tremendo caos que significa seguirle el rastro al superhéroe en los cómics, en el cine y en la televisión desde los años sesenta y lo utiliza para hablar sobre la diversidad y sobre los peligros de la libertad, pero también sobre el lado oscuro de acoger la ley y el orden de una manera radical y sin atenuantes. Y lo hace con un trabajo de animación soberbio (la primera parte obtuvo un merecido premio Óscar a la Mejor Película Animada).

Al igual que Rápido y furioso X, esta cinta queda en un incómodo “continuará”, pero a diferencia de lo que genera la recalcitrante saga de Toretto y su familia (¡Ya no más, por favor!), el espectador quedará con ganas de esperar el tiempo que sea necesario para reencontrarse con este interesante y seductor multiverso de la locura. ¡Excelsior!    

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