El ascenso meteórico en la carrera de Omar Courtz parece que se dio de la noche a la mañana, pero no fue así. Detrás de la cima en la que se encuentra, se relata la historia de un chico nacido en Carolina, Puerto Rico, con ambiciones grandes, sueños por cumplir y metas claras. Hoy, después de un trabajo consciente y sin descanso, son una realidad. Omar, desde su querida “Isla del Encanto”, se sentó a platicar con ROLLING STONE en Español para recordar sus inicios, reflexionar sobre la verdad de su proyecto y todo lo que hoy lo conforma como artista.
Su crianza fue muy normal; no obstante, la música ya representaba un papel simbólico desde sus primeros recuerdos. Su vida era como la de cualquier niño: ir a la escuela, practicar algún deporte, llegar a casa y comer lo que su madre le había preparado, para luego descansar y seguir con su rutina al día siguiente, pero de fondo se encontraba la música que su familia escuchaba en su cotidianidad, allí estuvo su primer acercamiento y el inicio de sus grandes influencias.

Por parte de su madre, Omar estuvo expuesto a música como la de Maná, mientras que su padre tenía una fijación por la salsa y, sorprendentemente, por el reguetón. “Mi papá tenía el disco de Tego, Daddy Yankee y Don Omar. Era cocolo, pero tenía discos clásicos del reguetón. Mi niñez fue normal, con padres trabajadores. Ellos son mis superhéroes, porque siempre los vi metiendo mano”, revela.
Con el paso del tiempo, Courtz fue encontrando su propio camino musical. Sus grandes influencias partieron con nombres legendarios dentro del género urbano, como Daddy Yankee, Zion & Lennox, Jowell & Randy, Arcángel y Cosculluela, además de artistas internacionales como Chris Brown, Justin Bieber y 50 Cent. Estas figuras marcaron un antes y un después en él, pues, desde su individualidad, encontró un sonido que lo llamó de forma particular, así fue cambiando su visión sobre la música.
La primera conexión de Omar con la música no fue como hoy la conocemos. Antes de ser cantante, el boricua encontró en la composición un refugio, un paso clave que le dio el poder de entender que la unión que tenía con la música era inusual y única. “A mí me gustaba más escribir. Por ejemplo, si la maestra nos decía que teníamos que escribir un párrafo de mil palabras, yo lo hacía bien rápido. Tenía la habilidad de redactar con fluidez, de sacarle la punta al lápiz, como le decimos nosotros”, recuerda. Desde ese momento, Courtz sabía que su don con la escritura no era una coincidencia, pues fue una chispa que se encendió su ser y jamás se apagó.
Sus primeras composiciones no se centraron en un contexto de éxito y los negocios, Courtz simplemente se estaba divirtiendo, descargando sus sentimiento e ideas en un lugar donde había encontrado paz y libertad. “Aprendí a ponerme en los zapatos de otras personas, a escuchar lo que ellos decían para sacar letras. Nunca lo hice por el negocio, sino por el lado de la diversión. En el corillo buscábamos musa, y solo estábamos kikeando. No era algo serio”, confiesa.

El primer escenario que vio surgir a Courtz fue el del reguetón cristiano. Llevaba consigo una libreta colmada de composiciones que orbitaban entre la fe y el ritmo, siempre a mano, como un refugio para atrapar cada destello de inspiración antes de que se desvaneciera. Allí, cuando la musa aparecía, encontraba forma su idea musical. El boricua no dejaba de escribir, de crear sin descanso; sin embargo, aquellas canciones permanecían en la sombra, esperando su momento para salir a la luz. “Diantre, no recuerdo una edad exacta, pero de verdad era chamaquito, chamaquito. Creo que estaba en la intermedia. En esa libreta estaban mis primeras canciones”, dice. “Este fue mi primer acercamiento a la música”.
Poco después, la aparición de plataformas audiovisuales en internet y programas musicales en la televisión influyó a toda una generación con respecto al nacimiento y expansión de nuevos artistas nacionales e internacionales. El corillo de Omar Courtz no se libró de ser influenciado por estos cambios y nacimientos sonoros, pues los llevó a crear y evolucionar en el género urbano, dejando atrás lo ya conocido. “Esto lo hice porque me nació. Mis panas aún me recuerdan cuando ellos estaban en la cancha, y yo siempre estaba con mi libreta. Me tiraban de loco. Yo estaba bien chamaquito, pero fue natural”, asegura. “El cambio de reguetón también fue natural. En Puerto Rico se usaban mucho los home studios, en el corillo un pana tenía uno, y fuimos. Escribí una canción y la grabamos. No noté mucho el cambio porque inicié en el reguetón cristiano gracias a mi madre. Ella iba a la iglesia, y esa música fue la primera que vi de frente. En la iglesia había de todo, también había un chamaquito que cantaba rap cristiano. Mi instinto fue copiarle a él”, explica.
La evolución fue inevitable. Omar siguió escribiendo y obteniendo una habilidad lírica que se fue afianzando con el paso del tiempo. Comenzar a escribir alrededor de los 12 años fue una ventaja sumamente importante, pues el progreso que mostraba año con año era muy veloz. Sumando su talento de la escritura con su atrevimiento al salir de su zona de confort y convertirse en cantante, el boricua comenzó su proyecto como artista desde una trinchera emergente, que probablemente no veía como un proyecto serio o a largo plazo, pero que, claramente y sin pensarlo, tenía un brillante futuro.
Sus primera aparición como cantante fue en SoundCloud, plataforma y movimiento musical que en Puerto Rico, con el tiempo, se hizo muy conocida y que era seguida por muchísimos corillos que disfrutaban de los artistas emergentes. Si bien los exponentes que brillaban en la plataforma no eran conocidos en lo internacional, en la isla se hacían notar por romper moldes y lanzar propuestas que no estaban dentro de lo que la gente consumía habitualmente. En esa época, los artistas que comenzaban en SoundCloud eran otra movida.
“Mis primeros temas los solté por SoundCloud. Las canciones que yo escribí, que eran reguetón cristiano, nunca las cogieron. Quizás estaban mal para ese momento [Risas]. Después solté mi música, y evolucioné poco a poco, crecí y practiqué. Tenía canciones que quizá me gustaban, pero no eran para que yo las cantara, así que se las mostraba a personas que sabía que les iba a gustar. Ellos después me tiraban”.

En toda historia llega el momento clave que lo cambia todo. En la vida de Courtz, el clímax de su historia fue ir a ver a Bad Bunny en concierto en el Coliseo de Puerto Rico José Miguel Agrelot. Durante la presentación de Benito en el “Choli”, Omar experimentó una epifanía, un giro argumental que fue un despertar para su ser. Este momento determinante le hizo tomar la decisión consciente y contundente de tomar la música seriamente, pues, simplemente con ver a Bad Bunny haciendo suyo el recinto más representativo de PR, entendió que él también podría cumplir sus sueños, aún viniendo desde lo más underground de la escena. Pista: no estaba equivocado.
“Lo decidí ahí, porque antes de la generación de Benito y Anuel AA, eran artistas muy grandes los que llegaban ahí: Daddy Yankee, Don Omar, Wisin & Yandel. Esos eran los artistas que yo veía en el ‘Choli’ desde bien nene. Se trataba de artistas que veía inalcanzables, en el sentido de que crearon un movimiento que llegó a niveles inmensos, lo que para mi generación estaba muy lejos. La generación de Bad Bunny cortó la distancia e hizo un puente. Unos artistas lo hicieron de una forma, pero después hubo otros, que nos enseñaron a hacer las cosas de otra manera. Al ver a Benito en el escenario me identifiqué porque lo vi desde que iba a discotecas bien pequeñitas, cuando casi nadie lo escuchaba, y también sacaba canciones en SoundCloud. Nosotros vimos bien de cerca esa generación, y verlos convertirse en artistas que llegaron al ‘Choli’, que es el lugar más grande de la isla, fue como acortar la distancia y crear una nueva ruta para la generación que venía debajo de ellos”.
La inspiración de Courtz fue asombrosa. Desde ahí, no bajó la guardia ni un momento. Si bien tuvo algunas caídas, como cualquier otro ser humano, hoy lo define su fuerza por cumplir sus sueños y determinación por no caer mientras se hacía un espacio dentro de la nueva ola de artistas que busca dejar en lo más alto el nombre de Puerto Rico.
Sin duda, su álbum debut, Primera musa, es la prueba contundente de su determinación, trabajo, disciplina y ambición. No es fácil que un artista cruce fronteras con el aliento de su primer larga duración; suele ser un camino de años, de ruido y de tropiezos. Pero Omar, ajeno a la polémica y a la estridencia, avanzó solo con lo esencial: su arte y su talento. Y con eso le bastó para lograrlo. “Cuando hice Primera musa, para mí era importante tomarme mi tiempo en este álbum. Quería estar seguro de lo que iba a hacer porque los primeros álbumes de los artistas son los más importantes, son los que más me gustan. Entendí que ese momento, en el que estás por salir a tocar a las personas, tiene que tomarse un tiempo. Fueron casi cuatro o tres años y medio haciéndolo”, recuerda. “Es algo que valoro mucho. Pienso que lo bueno se tarda”.

Siendo fiel a los ideales y promesas que se hizo cuando conectó con la música por primera vez, Primera musa no nace desde una estrategia de negocios o el deseo de ajustarse a un estereotipo de éxito. Courtz admite que este disco viene dedicado a su gente, nunca buscando tener un hit en la industria, solo deseando hacer música que le gustara realmente. “Yo sabía que este disco le iba a gustar a Puerto Rico, a los panas y al equipo. Surgió de esta manera”.
Con el éxito que recibió Primera musa, Omar siguió con los pies bien plantados en la Tierra. Su visión, ideales y camino siguieron intactos. “Fue una confirmación de que el trabajo estaba en el camino correcto. Estuve creando un material por tres o cuatro años, entonces llegó un momento de inseguridad porque yo no tenía el feedback de la gente, estaba encerrado. Solo estaba confiando. Cuando empecé a soltar los primeros temas, la gente lo agradeció. Lancé el álbum completo y sentí un alivio porque el trabajo valió la pena”, manifiesta. “Lo que viene detrás de esto son muchas cosas, principalmente seriedad con el proyecto. Todo suma a tener más enfoque. Es un alivio por un lado, pero, por otro, es una responsabilidad, porque tengo mucha gente que me sigue. Es todo en una forma buena, de motivación”.
Durante la plática, conmocionado, Courtz reflexionó sobre la evolución de sus musas. Aquellas inspiraciones que han ido evolucionando con el paso del tiempo, desde que era aquel chamaquito que cargaba sus libretas con sus primeras composiciones, hasta ser ese gran referente de la nueva ola urbana que está siendo portada de Future of Music para ROLLING STONE en Español. “No te voy a negar que siento un compromiso. Ya no solo me escuchan los de mi barrio y pueblo, sino que tengo gente más adulta y de otros países. Esto me hace pensar en mi proyecto y en lo que voy a decir. Reflexiono mucho en mi mensaje, en lo que quiero dejar. Esto se va a quedar plasmado para toda la vida”, dice. “Mis musas han ido madurando conmigo, poco a poco. Ya no soy el chamaquito de antes. Ellas también evolucionan y maduran”.
Con los años a cuestas y la experiencia latiendo en cada paso, Omar comprendió una lección esencial: el poder de habitar el instante. Mientras muchos se extravían en la nostalgia de lo que fue o se disuelven en la incertidumbre de lo que vendrá, el boricua eligió otro camino: el ahora, sin ruido ni ansiedad. Al comienzo, la prisa por cantar en discotecas y caseríos lo empujó a vivir con una euforia desbordada, tan intensa que apenas le dejaba espacio para reconocer el momento que atravesaba. Todo pasaba rápido, como un relámpago que ilumina pero no se detiene.

Hoy, en cambio, recoge cada emoción con calma, la decanta, la entiende. Vive y siente el presente como si el tiempo no se fragmentara en antes y después, sino que existiera únicamente en ese pulso inmediato. Y en esa quietud aprendida, se permite disfrutar la cosecha de un éxito que, ahora sí, puede mirar de frente y abrazar plenamente. Así es cómo nació su segundo álbum de estudio: Por si mañana no estoy. “Quería que la gente supiera más de mí con este álbum. En Primera musa no tenía esos oyentes, pero ahora, puedo mostrarles quién soy y lo que siento. Hice el álbum mientras estaba de gira. Tuve muchas musas, a decir verdad. Estaba viajando demasiado, lo que me sirvió de inspiración. Venía a Puerto Rico y grababa”, revela. “También quería dejar en claro cuáles son mis raíces, la gente que me inspiró a crear el álbum y mi sonido. También quería mostrar a los artistas que me inspiraron. Sabía que tenía que hacer otro trabajo bueno para la gente que me escucha. Es quien yo soy”.
El reconocimiento que ha conquistado Courtz no solo resuena en los pasillos de la industria, sino que encuentra su eco más honesto en los suyos, en la calle viva, en los barrios y caseríos que lo nombran con orgullo. Allí le han dado un título que pesa y honra a partes iguales: “El rookie que suena como un veterano”. Y aunque su historia apenas comienza, su voz ya se abre paso entre las grandes ligas, rozando sin titubeos a quienes hoy habitan los reflectores más intensos del género urbano. No es casualidad: el sonido de Courtz, su pulso lírico y la arquitectura de su propuesta no aparecen todos los días, ni nacen del vacío. Son el resultado de una identidad que se forja con intención, paciencia y una verdad que no necesita artificios. “Esto es algo superduro. Es el resultado de horas de estudio. Es un honor que me digan de esa manera. Lo que la gente diga, eso es”, comenta halagado. “Tampoco es que me meta presión, porque he aprendido a bloquearla en el proceso de evolución. Me concentro en lo que realmente importa, que es la música y las personas. No dejo que me suban ni me bajen. El sobrenombre es de bien, es positivo”.
Dejando dignamente a Puerto Rico en lo más alto, Omar deja en claro que su música va dedicada a sus raíces. Su lírica, voz y sonidos cruzan toda la región, y celebran cada latido de su cultura y tradición, que hoy, con la frente en alto, lleva a diversos rincones del mundo. “Mi familia y yo seguimos viviendo en Puerto Rico. Yo cargo con mi país a todos lados a los que voy. Gracias a Dios, los otros países han entendido y les gusta nuestra letra y sonidos. Yo siempre hago mi música para mi Puerto Rico”, aclara. “También represento mucho a las calles porque son las primeras que te apoyan. La calle, por alguna razón, es la que le da la oportunidad a los artistas nuevos, ya sea por la cultura o porque nacen de ahí. No sé muy bien por qué, pero sí te puedo confirmar que las calles y los barrios le dan oídos a la música cuando sale. Para mí, siempre es importante llevarlos, porque fueron los primeros en apoyarme”.

Sin duda, si el Omar de antes pudiera asomarse al presente, se vería con asombro… y con orgullo. No solo ha sabido resguardar intacta su esencia, sus ideales y sus valores, también ha convertido en realidad aquellos sueños que alguna vez parecieron lejanos. Todo lo que comenzó con una chispa: la decisión de cantar, encendida al ver a Bad Bunny sobre el escenario del ‘Choli’, en Puerto Rico, hoy es un sueño cumplido. No solo llegó a colaborar con él, sino a entonar ese mismo tema en el recinto que, años atrás, marcó el punto de inflexión de su vida. Como si el tiempo, caprichoso y preciso, cerrara el círculo en el mismo lugar donde todo empezó. “Tener a Bad Bunny en mi carrera es superdduro, lo he dicho múltiples veces. El mundo es gigante. La plataforma de él es mil veces más grande. Nos cambió la vida cuando nos dio la colaboración, a mí y a todo mi corillo. Es superduro y estoy sueguetperagradecido. Lo veo como referente y guía. Es muy gratificante verlo como está, además de que siempre vuelve para los chamaquitos de PR, porque es muy importante lo que hace. Nos cambió la vida”, dice.
Para este punto de la conversación, Omar ya había reflexionado puntos claves de su trayectoria, experiencias que lo han conformado para ser el gran artista que es actualmente. Pero, si bien la industria y el género lo consideran un éxito en el género urbano, para él, ¿qué es el éxito? “Mi definición de éxito… Diantre. Es duro esto. Tener éxito. Está bien difícil, pero profunda… Me pusiste a pensar”, medita. “Diantre. Yo creo que el éxito es muy subjetivo y personal. Considero que lo tienes cuando encuentras tu propósito, cuando tienes salud y a tu familia. Tienes éxito cuando sigues el camino de tu propósito. Tu propósito tiene que impactar a las personas. También creo que tiene que ver con un crecimiento continuo. Pienso que estoy en camino”.
Ser escogido como uno de los artistas que está definiendo el futuro de la música por ROLLING STONE en Español se suma a los grandes hitos del boricua. Omar Courtz asegura que este título es un orgullo total para su carrera y para el trabajo que ha hecho en estos años. “Me siento con responsabilidad, pero aún más motivado con este título. Quiero seguir metiéndole, y haciendo música. Me da felicidad por mi equipo, porque también le meten mucha mano. Siempre será muy duro escuchar estas cosas”, confiesa.

