No Music For Genocide es una iniciativa de activismo cultural que tiene un interés primordial: presionar a artistas y a la industria musical para que no actúen en países o contextos asociados con violaciones graves de derechos humanos. La organización especialmente entra en acción cuando se acusa a un gobierno de cometer genocidio o crímenes de guerra.
Actualmente, No Music For Genocide es una campaña de boicot cultural dirigida contra Israel. Más de mil artistas y sellos discográficos han restringido el acceso a su música o la han retirado de ese mercado como forma de protesta. La iniciativa se presenta como una respuesta a la situación en Gaza, a las políticas en Cisjordania, a denuncias de discriminación dentro del propio Israel y a la represión de movimientos propalestinos en distintos países, así como a los vínculos de la industria musical con conflictos armados y violaciones de derechos humanos.
Bajo este contexto, la organización se ha revelado para realizar un plan de acción y boicotear Eurovisión. El conocido Festival de la Canción se celebra anualmente por la Unión Europea de Radiodifusión (UER), donde países de Europa —y algunos invitados— envían un artista o grupo con una canción original para competir en directo. La controversia parte con la participación de Israel en el famoso concurso, el cual No Music For Genocide desea frenar.
En una carta abierta publicada por la organización, se lee que el boicot desea frenar que este acontecimiento suceda este mayo, donde millones de personas sintonicen el 70.º Festival de Eurovisión. “Por tercer año consecutivo, verán a Israel celebrado en el escenario a pesar del genocidio que sigue cometiendo en Gaza, mientras que Rusia permanece vetada por su invasión ilegal de Ucrania. Como músicos y trabajadores culturales, muchos de nosotros residentes en la Unión Europea de Radiodifusión (UER), rechazamos que Eurovisión se utilice para encubrir y normalizar el genocidio, el bloqueo y la brutal ocupación militar israelí contra los palestinos”, comparten en el comunicado.
Y agregan: “Nos solidarizamos con los llamamientos palestinos a las emisoras públicas, artistas, organizadores de eventos, equipos técnicos y aficionados para que boicoteen Eurovisión hasta que la UER vete a la emisora israelí cómplice KAN. Aplaudimos la retirada, basada en principios, de las emisoras españolas, irlandesas, islandesas, eslovenas y neerlandesas, y de los numerosos finalistas de las selecciones nacionales que se han comprometido a no participar en Eurovisión. Al igual que los artistas se opusieron a la opresión en Sudáfrica, nos mantenemos unidos ahora”.
La carta también habla sobre la presión que el presidente de Israel del apartheid, Isaac Herzog, ha ejercido sobre la televisora para que la región siga participando en el certamen. Eurovisión respondió que su papel refleja neutralidad, haciendo un reflejo de incongruencia cuando declaró en 2022 que la presencia de Rusia “desprestigiaría la competición”.
“¿Cómo puede un artista o un aficionado a Eurovisión participar con la conciencia tranquila en la próxima edición del concurso en Austria, en medio de los planes estadounidenses e israelíes para establecer campos de concentración con vigilancia extrema en la “Nueva Gaza”? Hay momentos en que el silencio pasivo no es una opción. Nos negamos a guardar silencio cuando la violencia genocida de Israel pone banda sonora y silencia las vidas palestinas. Cuando los niños en las cárceles israelíes sufren palizas por tararear una melodía. Cuando de casi todos los escenarios, estudios, librerías y universidades de Gaza solo quedan montones de escombros, bajo los cuales los cuerpos masacrados aún esperan ser recuperados y recibir un entierro digno”.
La carta hace hincapié en el valor del silencio, que no será opción para lidiar con la situación de esta edición de Eurovisión: “Como artistas, reconocemos nuestra capacidad de acción colectiva y el poder de la resistencia. Nos negamos a callar. Nos negamos a ser cómplices. Hacemos un llamado a otros en nuestra industria para que se unan a nosotros. Y nos solidarizamos con todos los esfuerzos basados en principios para acabar con la complicidad en todas las industrias”.
Con más de 1100 personas que han firmado la carta colectiva para boicotear Eurovisión, podemos encontrar grandes nombres dentro de la industria como Brian Eno, Massive Attack, Sigur Rós, Nadine Shah, Idles, Young Fathers, Kneecap, Erika de Casier, entre muchos otros.
La iniciativa de No Music For Genocide no tiene fronteras y está abierta a todos los artistas y sellos discográficos que deseen unirse.


