¿Meter a Dios en la educación? Viviane Morales y la contrarrevolución fundamentalista

El eventual nombramiento de Morales como ministra de Educación desató el debate sobre las prioridades de esta cartera y las repercusiones en un Estado laico.

julio 6, 2026

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La posibilidad de que Viviane Morales sea designada oficialmente como ministra de Educación ha desatado un intenso debate político. Aunque el nombramiento aún no ha sido confirmado, Morales encabeza el equipo de empalme de esa cartera y, desde hace varios días, distintos sectores la dan como la principal opción para asumir el cargo.

La eventual designación ha provocado rechazo en diversos sectores debido a la trayectoria política de Viviane Morales, la cual ha estado marcada por una activa militancia sustentada en sus convicciones religiosas evangélicas, la promoción de iniciativas contrarias al pleno ejercicio de los derechos de la población LGBTIQ+ y la ausencia de experiencia en el sector educativo.

Una trayectoria entre la fe y el derecho

La abogada Viviane Morales ha llegado a algunos de los cargos más importantes del Estado. Fue congresista, fiscal general de la Nación, embajadora de Colombia en Francia y aspiró a integrar la Corte Suprema de Justicia. A lo largo de su carrera, además de su trayectoria jurídica, su actividad política ha estado estrechamente ligada a la fe evangélica que profesa desde su juventud.

La principal preocupación expresada por analistas, políticos y sectores de opinión gira en torno a la falta de experiencia en una cartera con enormes retos en un país como Colombia, así como el futuro del Estado laico en caso de que asuma este Ministerio. 

Morales ha cuestionado de manera reiterada la separación entre las convicciones religiosas y las decisiones públicas, especialmente en instituciones educativas. Bajo la defensa de la libertad religiosa, la excongresista ha promovido una visión única de familia, de carácter tradicional en términos cristianos y se ha opuesto de forma consistente a la educación integral en sexualidad y a la igualdad de derechos para personas con orientaciones sexuales diversas. 

Uno de los episodios más recordados de esa postura ocurrió en 2016. Como senadora del Partido Liberal, Morales rechazó abiertamente la iniciativa del Ministerio de Educación que buscaba orientar a las instituciones educativas en la prevención y atención de las violencias y discriminaciones contra estudiantes con orientaciones sexuales e identidades de género diversas. Las cartillas elaboradas por el Ministerio pretendían ofrecer herramientas para que los colegios revisaran sus protocolos y garantizaran que niños, niñas y adolescentes pudieran vivir libres de discriminación y violencia. Morales fue una de las principales voces políticas que calificó la iniciativa como un intento de imponer la llamada “ideología de género” en los colegios.

Ese debate estuvo profundamente atravesado por el caso de Sergio Urrego, el adolescente que se suicidó tras sufrir acoso y discriminación sistemática en su colegio debido a su orientación sexual. En la sentencia T-478 de 2015, la Corte Constitucional concluyó que el plantel había vulnerado sus derechos al discriminarlo por ese motivo. El caso marcó un precedente para ampliar la discusión pública sobre la necesidad de fortalecer las respuestas institucionales frente a la discriminación por orientación sexual e identidad de género en los entornos escolares.

Las posturas de Morales se han inscrito en una tendencia que tomó fuerza en distintos países de América Latina y Europa, donde sectores cristianos fundamentalistas impulsaron campañas contra lo que denominaron “ideología de género”. En Colombia, ese discurso alcanzó uno de sus momentos de mayor visibilidad en 2016, en medio de las negociaciones e implementación del Acuerdo de Paz, pero que no han dejado de estar presentes entre sectores ultraconservadores. 

En 2018, la entonces congresista renunció al Partido Liberal después de negarse a firmar un manifiesto mediante el cual la colectividad exigía a sus integrantes reconocer que las convicciones religiosas no debían interferir en las decisiones políticas, respaldar la implementación del Acuerdo y defender los derechos de la población LGBTIQ+.

Educación, Estado laico y la “ideología de género”

Aunque Morales no cuenta con experiencia relevante en el sector educativo, su eventual llegada al Ministerio se vincula más con la posible agenda fundamentalista religiosa que se movió en la campaña presidencial. El propio presidente electo Abelardo de la Espriella habló de una “contrarrevolución” pedagógica, especialmente en contra de asuntos relacionados con la educación integral en sexualidad y la “ideología de género”.

A lo largo de su trayectoria política, Morales ha sido una de las principales figuras que han cuestionado esta supuesta “ideología de género”, como lo mencionó en un video difundido cuando le dio su apoyo a De la Espriella. El uso de esa expresión no es un asunto menor, especialmente cuando proviene de quienes podrían dirigir las políticas públicas de un país que mantiene profundas brechas de desigualdad de género y violencias por prejuicio contra la población LGBTIQ+.

La “ideología de género”, como se ha documentado, no constituye una categoría reconocida por la academia, ni por organismos que promueven los derechos humanos. Diversas organizaciones nacionales e internacionales han advertido que se trata de un término utilizado para desinformar y estigmatizar a poblaciones históricamente discriminadas. Más que un concepto analítico, funciona como un recurso discursivo para deslegitimar debates sobre igualdad y derechos. Su origen se encuentra en las reacciones de sectores ultraconservadores y religiosos frente a los avances en los derechos de las mujeres y de las personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas. 

En distintos países, el término de “ideología de género” ha contribuido a simplificar y distorsionar discusiones complejas sobre igualdad, además de convertirse en una herramienta de movilización política basada en el miedo, el pánico moral y la desinformación.

¿Un nombramiento para la “contrarrevolución”?

De confirmarse su llegada al gabinete, Colombia podría enfrentar un nuevo episodio de retrocesos en derechos y polarización, profundizando la desconfianza entre quienes defienden una educación pública, laica e inclusiva y quienes promueven una visión educativa sustentada en principios religiosos fundamentalistas.

Conviene recordar que Colombia como Estado laico exige separar las creencias religiosas de un determinado Gobierno de la orientación que pueda ejercer sobre la ciudadanía. En ese contexto, si el gobierno de Abelardo de la Espriella y su equipo (incluido su vicepresidente que se ha declarado públicamente como un hombre profundamente religioso), avanzan hacia una agenda alineada con sus convicciones, la promoción y protección de la igualdad de derechos de todo tipo de personas y familias se puede ver gravemente afectada. 

Un escenario de ese tipo acercaría la política educativa a una tendencia promovida por movimientos que han protagonizado procesos de fuerte radicalización basada en convicciones religiosas en distintos países de América Latina y que, según sus críticos, pueden representar un retroceso en los avances alcanzados para prevenir, atender y reparar las violencias basadas en género y la discriminación contra las personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas en los entornos escolares.

Galería

  1. ¿Meter a Dios en la educación? Viviane Morales y la contrarrevolución fundamentalista en el nuevo Gobierno
  2. “El debate ya no es solo quién ocupará el Ministerio de Educación, sino qué proyecto educativo podría llegar con Morales como ministra de esta cartera”.
  3. “La principal preocupación no es únicamente la falta de experiencia sólida en un tema clave para el desarrollo del país, sino el futuro del Estado laico en Colombia”. 
  4. “Viviane Morales ha sido una de las principales voces políticas contra la educación integral en sexualidad y la garantía de igualdad en derechos para la población LGBTIQ+”.
  5. “Diversas organizaciones advierten que el discurso de la ‘ideología de género’, el cual sectores religiosos ultraconservadores como el que representa Morales han posicionado, ha servido para desinformar y estigmatizar a poblaciones históricamente discriminadas”.
  6. “Cabe aclarar que la llamada ‘ideología de género’ no es una categoría reconocida por la academia ni por organismos de derechos humanos”.
  7. La llegada de Viviane Morales al Ministerio de Educación podría convertirse en la primera gran expresión de la ‘contrarrevolución’ pedagógica y cristiana anunciada por Abelardo de la Espriella en campaña. 
  8. La discusión de fondo no es sobre una persona, sino sobre qué tipo de educación y de Estado quiere construir este nuevo Gobierno, y cómo garantizará la pluralidad propia de un Estado laico como Colombia. 

MARCELA GUERRERO

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