Cientos de personas llegan al colegio Gilberto Alzate Avendaño (sección Tomás Carrasquilla), en el barrio Aranjuez de Medellín. Las edades se mueven entre los cinco y 55 años, y es claro que no toda esta gente proviene del sector. Hay varios personajes rubios, altísimos, que sobresalen en las canchas de basquetbol y microfútbol del colegio. En una de estas canchas hay un escenario en el que una joven DJ toca para calentar el ambiente.
Todas estas personas se han reunido en torno al hip hop, a sus cuatro elementos, y a la necesidad de expresarse y conectar. También está la necesidad de seguir reconquistando las calles, llenándolas de oportunidades positivas para la gente más joven del barrio. De un lado a otro, revisando y coordinando algunas cosas, camina Henry Arteaga, JKe, que lidera sus procesos y las iniciativas de Crew Peligrosos en 4ESKUELA, que hoy presentará un show con sus alumnos y alumnas.
El 12 de noviembre de 1999 Crew Peligrosos nació como un grupo de breakdance, inspirado por Beat Street (1984), una película dirigida por Stan Lathan en la que se muestra la cultura del hip hop en Nueva York a comienzos de los años 80. “El contexto y las carencias que yo vi ahí era lo mismo que se vivía en el barrio”, dice “Eso me identificó, y dije, ‘Esto es lo que voy a hacer’”, agrega.
Aprender a hacer todo lo que vio en Beat Street fue muy difícil en un comienzo; a finales de los 90, cuando Henry se interesó en el hip hop, la gente que ya hacía parte de esa cultura en Medellín se negaba a compartir el conocimiento. Con la ayuda de videos en VHS y Betamax fue aprendiendo poco a poco con algunos amigos, y la premisa era clara: “Vamos a compartir el conocimiento, y al que nos pregunte, le vamos a enseñar”. Empezó a llegarles gente que les hacía muchas preguntas, y eso les obligaba a estudiar e investigar constantemente.
Al comienzo escuchaban lo que ellos entendían como “rap comercial” en las estaciones de radio que transmitían algunas canciones de N.W.A., Snoop Dogg o Eminem. Por otro lado, las antenas parabólicas les permitían ver canales como MTV, MTV2 y MCM, de Francia. Así también les empezaron a llegar KRS-One, Guru, DJ Premier, Wu-Tang Clan o Heltah Skeltah. Cada cosa tenía su momento, y era un gran abanico que se estaba abriendo ante sus ojos.
Para el año 2003, y casi sin tener consciencia de eso, Crew Peligrosos ya tenía una escuela en que enseñaban a bailar a la gente joven del barrio. JKe recuerda perfectamente quiénes fueron los primeros niños que llegaron a preguntar. “Aquí están todos”, dice sentado en un aula del colegio en el que hoy tendrán lugar un showcase y varias clases de 4ESKUELA. “Esos manes nunca se fueron”, añade.
A unos metros de nosotros se está preparando una larga mesa en la que hay -entre otras cosas- empanadas, arepas, chicharrones, chorizos y morcillas. Los responsables recuerdan que llegaron siendo niños a la escuela; hoy tienen alrededor de 27 años, uno de ellos es chef, tiene su propia empresa de catering y un food truck.

Cortesía prensa Crew Peligrosos
“El simple hecho de que la comunidad sea nuestro principal respaldo, eso dice mucho”, afirma Henry. “Que los padres de familia traigan a sus niños a que vean otras posibilidades, que una mamá o una abuela confíe, eso es muy ganador. Como artistas entregamos nuestros conocimientos, pero los padres son los que guían a sus hijos”.
La escuela se sostenía inicialmente con una porción de lo que generaban las presentaciones de Crew Peligrosos, pero ahora trabajan a través de alianzas y convocatorias comerciales, sociales y culturales en las que encuentran apoyo público y privado de grandes organizaciones. También han creado su propia marca de ropa, MEDAYORK, que evoca el nombre del álbum que lanzaron en 2015.
El sueño es construir un edificio propio en el que 4ESKUELA pueda funcionar de forma autónoma, tomando como ejemplo diversas iniciativas que han descubierto en países como Francia y Brasil. La idea es continuar ofreciendo -de forma sostenible, con calidad y proyección- oportunidades creativas a la niñez y a la juventud de su ciudad.

(Cortesía prensa Crew Peligrosos)
A comienzos del milenio, el rap llevó a JKe a interesarse por escribir, y junto a PFlavor [Sergio Esteban Ospina] Crew Peligrosos empezó a producir su propia música. “Si allá samplean el góspel, ¿cuál es el góspel nuestro?”, se preguntaron. Eso los llevó a la música colombiana del Pacífico y el Atlántico, además de la ‘guasca’ antioqueña. A finales de la primera década de este siglo empezaron a hacer sus primeras canciones, y poco a poco fueron creando un sonido capaz de abrirles muchas puertas en espacios a los que el rap normalmente no llegaba en Colombia. Crew Peligrosos empezó a presentarse habitualmente en todos los grandes festivales del país.
La música les ha llevado a recorrer varios países con su música y con la cultura del hip hop. Les enorgullece ser partícipes y testigos de tantas historias en las que muchas personas han dignificado sus vidas a través del rap, del baile, el DJing y el graffiti. La música también les llevó un día (o dos) al Teatro Colón de Bogotá, para presentarse junto a la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, que para esos conciertos estuvo dirigida por el maestro Juancho Valencia, de Puerto Candelaria.
Esos shows inolvidables fueron el resultado de un viaje que empezó en El Retiro con el legendario rapero español KaseO, que en esa época estaba radicado en Colombia, inspirándose para su álbum El círculo, entre otras cosas. El recorrido buscaba que Crew Peligrosos se sumergiera en las músicas autóctonas de Colombia, y los llevó a Apartadó (Antioquia) con Amado Tovar, a San Basilio de Palenque (Bolívar) con
Kombilesa Mí, a Cartagena con Bazurto All Stars, Barranquilla, Santa Marta, Riohacha y La Guajira, conviviendo con las poblaciones para empaparse de su música y su cultura. Vieron de primera mano el abandono estatal, los ríos desviados, las masacres, el desplazamiento y toda la huella trágica que siempre han dejado los grupos armados, legales o ilegales. Esas perspectivas siempre han hecho parte de la mirada que Crew Peligrosos tiene frente a nuestra realidad.
Aunque hoy no lanzan canciones con la frecuencia que exigen las dinámicas de la industria musical, siguen creando y produciendo, manteniendo viva la llama. De hecho, hace pocos días lanzaron ‘Mueve el cuello’, un track con espíritu oscuro y callejero, en el que el rap convive con el raggamuffin en una colaboración que incluye a O.G.C. y Afaz Natural.
Tal vez la escuela parezca hoy una prioridad mayor, y -más allá del afán por la fama y el reconocimiento mediático- han encontrado otros caminos para desarrollarse como artistas. Esa forma de vivir el hip hop tiene otras maneras de retribuirles, y eso se hace evidente cuando hoy el colegio se sigue llenando de gente. Madres de familia, niños pequeños, chicas muy jóvenes y muchachos de todo tipo se agrupan frente al escenario en el que van desfilando números de baile y de rap. La pasión, el talento, la dedicación y sus resultados, se hacen evidentes.

Sin embargo, hay otras recompensas. Los rubios altísimos que sobresalen por ahí -y que ahora comen arepas con chorizo y chicharrón en una de las aulas- hacen parte de la Tomorrowland Foundation. Frederic De Gazelle es un belga que está al frente de la pequeña delegación; él asegura que la organización entiende que quienes asisten a sus festivales son personas privilegiadas que pueden darse ese tipo de gustos. Con eso en mente, inmediatamente surge la intención de atender a quienes no han tenido la misma suerte alrededor del mundo. “Queremos apoyar con recursos a ONG’s independientes que ayuden a la niñez a través de la creatividad, por eso estamos aquí”, dice mientras hablamos en una de las canchas del colegio. “Estábamos buscando una organización confiable, que llevara mucho tiempo trabajando con niños y niñas”, agrega.
Han sido muchos los obstáculos enfrentados por este colectivo a lo largo de los últimos 27 años; “Es que la vida es jodida, usted todos los días tiene que resolver”, dice Henry. “Creo que el hip hop me ha protegido… creo que siempre hay una luz”. Hablando de grandes satisfacciones, JKe no duda en asegurar que una de las más grandes ha sido que sus hijas se sientan orgullosas de lo que hace Crew Peligrosos. El sueño del edificio se siente como una sana obsesión; “Mis hijas creen en mí”, dice JKe. “El día que yo no esté, ellas lo hacen”.


