Desde Paraíso travel hasta películas como 180 segundos, Fragmentos de amor y ahora, Lejos, aquí, Angélica Blandón ha construido una carrera marcada por personajes atravesados por pérdidas, silencios y heridas emocionales difíciles de nombrar. En la película de Ana Sofía Osorio interpreta a Emma, una mujer obligada a reencontrarse con el padre de su hija fallecida para emprender un viaje donde el duelo nunca desaparece del todo. Lejos, aquí entiende algo dolorosamente real: hay viajes que no sirven para dejar atrás el pasado, sino para aprender a convivir con él.
Lejos, aquí me pareció una película que de alguna manera recupera ese cine independiente de los noventa, ese cine muy sencillo, de bajo presupuesto, pero profundamente humano. ¿Qué piensas tú de eso?
Sí, esa era la intención, la verdad.
Alejandro y yo —Alejandro Aguilar, el actor— decidimos empezar a hacer producciones nuestras, películas propias. Armamos un movimiento que se llama Fast Movies con la idea de hacer películas exactamente como tú dices: de bajo presupuesto, viables para nosotros y que además nos permitieran expresarnos como actores. Queríamos usar la herramienta actoral para contar historias profundas.Y también yo, como mujer, venía sintiendo en los últimos años de mi carrera la necesidad de profundizar en ciertas heridas de la humanidad, ¿sabes? Entonces cuando nos juntamos para hacer esta película coincidieron muchas cosas. Yo estaba atravesando un momento personal muy difícil y la directora también estaba viviendo situaciones muy fuertes en su vida. Y de alguna manera hicimos match desde esos dolores y desde esas necesidades emocionales. Ahí apareció Lejos, aquí.
Precisamente quería preguntarte por eso, porque tu actuación se siente muy intensa y personal. Además la película habla de algo tan universal como el duelo y la manera de procesarlo. También siento que hay una evolución muy clara en tu carrera reflejada en este personaje. Quería preguntarte por las herramientas actorales que utilizaste y cómo fue la preparación.
Sí, hay varias cosas importantes ahí. Alejandro siempre me insistía muchísimo en que ya estábamos en una etapa distinta de nuestras carreras. Él tiene mucha fe en mí como actriz. A veces yo tengo mucho síndrome del impostor, pero él me decía: “Amiga, ya estamos en edad y en momento de hacer proyectos más profundos, más serios”.
Y justo en ese momento yo me estaba separando de mi pareja después de once años. Entonces, aunque yo no he vivido literalmente la pérdida de un hijo sí estaba atravesando un duelo emocional muy fuerte. Estaba muy triste.
Además la directora había vivido un aborto espontáneo y después de eso tomó la decisión de no volver a intentar ser mamá. Entonces sí ocurrió algo muy emocional entre todas esas experiencias. Sus palabras, mi dolor, historias que escuchaba de amigas, frases que yo misma había querido decirle a exparejas… Todo eso terminó entrando en la película.
Además había mucho espacio para improvisar. La película no tenía diálogos completamente cerrados. Teníamos puntos de partida y ciertas intenciones hacia donde debían ir las escenas, pero realmente agarrábamos carretera y empezábamos a jugar. Entonces sí, siento que en la película salieron muchísimas cosas que yo necesitaba decir en ese momento de mi vida.

La película es una road movie y este tipo de cintas normalmente parten de un viaje físico que termina convirtiéndose en una transformación emocional. Y aquí esa transformación está atravesada por la pérdida…
Alguna vez escuché a una psicóloga experta en duelo decir que la muerte de alguien cercano realmente nunca se supera: simplemente aprendemos a vivir con ella. Y siento que ese es uno de los mensajes centrales de la película.
Sí, totalmente. Bueno, la película tiene muchos temas, pero el duelo es claramente el más visible, el más presente. Y hubo algo muy fuerte que yo aprendí haciendo la película: cuando uno pierde a sus padres queda huérfano, pero cuando pierde un hijo no existe una palabra para nombrar eso. Imagínate el tamaño de ese dolor para que ni siquiera tenga nombre.
Entonces sí, yo creo que uno no se recupera completamente. Uno aprende a convivir con eso. Hay días en los que lloras más, otros donde recuerdas ciertas cosas, otros donde el recuerdo se vuelve más borroso. Con el tiempo empiezan a desaparecer sonidos, olores, sensaciones… y uno se aferra precisamente a eso. A lo que todavía queda.
Y de ahí me agarré mucho para construir a Emma. De esa sensación de intentar sostener cosas que ya no están realmente ahí.
Otra cosa muy importante en la película es el rol del cuidador. Tu personaje no solamente era madre: también cargaba el peso de cuidar emocionalmente a los demás.
Sí, completamente. Emma no solo materna a su hija. También materna a una persona enferma. Y eso pone sobre la mesa algo que muchas veces no se habla suficiente: el agotamiento de quien cuida. Y eso además conecta muchísimo con la realidad de muchas mujeres.
La mayoría de mis amigas son madres solteras. Son mujeres que trabajan, sostienen económicamente sus hogares y además tienen toda la responsabilidad emocional encima. Entonces aparece una exigencia constante: Tienes que rendir en el trabajo, sostener tu casa, tienes que cuidar, estar emocionalmente disponible para todos. Y eso genera un cansancio muy profundo.
Yo no tengo personas enfermas bajo mi cuidado, pero sí entiendo perfectamente ese lugar de maternar casi en solitario y ese desgaste emocional permanente.

Y hay algo muy fuerte en la película: Cuando la hija muere, Emma pierde completamente su centro. Pero eso también puede pasar incluso sin la muerte.
Muchas madres construyen toda su identidad alrededor de cuidar a sus hijos y después no saben quiénes son cuando esos hijos se van. Siento que la película también habla de recuperar sentido.
Claro. Totalmente. Y eso me parece muy bello de la película. A veces uno cree que ya tiene la vida completamente organizada, que ya llegó a cierta edad y que no va a pasar nada más importante. Y de repente todo cambia. Hay parejas que duran cuarenta años y un día simplemente se separan. Y entonces uno se pregunta: “¿Y ahora quién soy?”.
Lo mismo pasa con la maternidad. Dedicas toda tu vida a cuidar a alguien y de pronto esa persona ya no está o simplemente hace su propia vida. Entonces toca volver a empezar. Y creo que Emma justamente descubre eso durante el viaje: Que todavía puede vivir para ella.
Hay un momento donde ella prácticamente dice: “Quiero vivir, pero ya no quiero cuidar a nadie más. Quiero cuidarme yo”. Y yo sí siento que después de la película Emma va a viajar, va a estudiar, va a hacer cosas que no pudo hacer durante años. Y además va a hacerlo sola. Eso también es hermoso.
Hay algo muy bello y honesto en la película: ellos dos se reencuentran, atraviesan este viaje, logran entenderse mejor… pero uno siente que no necesariamente van a volver como pareja.
No, yo tampoco lo creo. Pero justamente me parece hermoso lo que ella le dice a él en algún momento: “Entenderte me hace perdonarte”. Y eso me parece muy poderoso porque el perdón muchas veces no tiene tanto que ver con la otra persona, sino con uno mismo.
La otra persona sigue viviendo su vida, pero uno se queda cargando el rencor. Entonces cuando intentas comprender al otro —aunque no estés de acuerdo con lo que hizo— algo empieza a sanar. Porque entiendes que todos somos el resultado de muchas cosas. Y siento que eso le pasa mucho a Emma durante el viaje. Ella logra soltar parte de esa rabia.
La película sí habla de la muerte, claro, porque la muerte está completamente presente, pero en el fondo también habla de perdonar y de entender que el vínculo entre ellos nunca va a desaparecer. Ellos siempre van a ser los padres de esa hija. Lo que cambia es la forma de ese vínculo. Ya no está sostenido desde el resentimiento sino desde otra cosa mucho más tranquila, más liberadora.
A mí siempre me ha parecido muy extraño cómo dos personas pueden compartir una vida tan íntima durante años y después convertirse en desconocidos absolutos.
¡Sí! A mí eso también me parece loquísimo. Personas que durmieron juntas, que se tocaron, que se amaron profundamente… y de repente no pueden ni saludarse. Ves parejas separadas donde uno llega a recoger a los hijos y el otro ni siquiera sale a saludar. Y uno piensa: “¿Cómo llegamos a eso?”. Porque hubo una intimidad muy profunda ahí.
Y yo siento que la película también habla de eso: De cómo el amor no necesariamente desaparece. El amor se transforma. Puede ser que ya no quieras estar con esa persona como pareja, que ya no exista ese deseo romántico, pero el amor puede seguir presente de otra manera.
Y creo que ahí aparece algo muy importante de la película. Es una película pequeña, muy íntima, pero profundamente significativa.
Sí, totalmente.
Ojalá el cine colombiano siga explorando más ese tipo de historias, porque siento que ahí hay algo que realmente nos diferencia de las megaproducciones industriales.
Es un cine mucho más cercano. Un cine hecho entre amigos, además. Muy desde lo humano. Y me parece bonito porque aunque Lejos, aquí está atravesada por paisajes colombianos, por nuestra comida, por nuestras carreteras y nuestras formas de hablar, también cuenta algo completamente universal. Habla de perder, de transformarse y de volver a empezar.
Y formalmente también me parece muy interesante el manejo de cámara. Esa sensación de estar atrapados dentro del carro con ellos.
Sí, esa fue una apuesta muy clara de la directora desde el principio. Incluso en algún momento le propusimos hacer más planos por fuera, mover más la cámara, pero ella tenía muy claro que quería mantener esa cercanía casi todo el tiempo. Y creo que tenía que ver mucho con la presencia de la hija.
Por eso los personajes miran tanto hacia atrás, sienten cosas, voltean… porque la hija sigue estando ahí de alguna manera. Eso también me parece muy bonito de la película: el cuerpo desaparece, pero quedan demasiadas cosas viviendo dentro de uno.
También es una película sobre un hombre que no sabe expresar su dolor ni sabe cómo pedir perdón. Hay algo muy latinoamericano en esa incapacidad emocional masculina.
Sí, totalmente Eso es muy latinoamericano. Esa idea de que los hombres no pueden llorar, no puede hablar de lo que sienten, no pueden expresar amor abiertamente. Y el personaje de él tiene mucho de eso. Es alguien que probablemente nunca supo cómo quedarse, pero tampoco supo cómo irse. Entonces hizo lo único que sabía hacer: desaparecer.
Y eso es muy fuerte porque Emma se lo reclama todo el tiempo: “¿Por qué no me dijiste? ¿Por qué no hablaste conmigo?”. Porque sí había una comunicación entre ellos. Ella no era una persona cerrada emocionalmente. Entonces lo doloroso es entender que él simplemente no sabía cómo relacionarse desde un lugar profundo.
Y creo que la película va entendiendo poco a poco que esa también es una forma de ser. Una forma dañada, limitada, pero real.
Angélica, ¿qué proyectos vienen ahora después de esta película?
Ya rodamos otra película con Alejandro. Es completamente distinta en lenguaje y tono. Es un slasher.
La película gira alrededor de un francotirador, pero tiene una particularidad muy interesante: nunca vemos la cara del asesino. Está construida en siete planos secuencia y ocurre prácticamente en un solo espacio. Somos siete actores y funciona casi como una pieza teatral filmada. Además tiene muchos efectos prácticos hechos en caliente. Los disparos, la sangre, las prótesis… todo ocurre frente a cámara, casi como teatro grabado.
Fue muy divertido hacerla porque tiene momentos bastante gore. Mucha sangre.
¿Ya tiene título?
Sí, se llama Uno a uno. Y la idea con Alejo es seguir explorando distintos lenguajes cinematográficos y seguir disfrutando hacer cine. Porque a veces siento que muchas películas terminan haciéndose más pensando en festivales o en validaciones externas que en generar realmente una conexión con el público.
Y nosotros queremos dialogar con la audiencia. Queremos usar el cine como una herramienta de comunicación real. También porque cuando una película enamora genuinamente a quienes la hacen, eso termina transmitiéndose al público.
Ahí la idea es dialogar.
Yo sí creo que actuar, comunicar y hacer lo que hacemos tiene algo de don, pero también algo profundamente antropológico. Uno tiene la posibilidad de relacionarse con la gente a través de estas historias y generar conversaciones sobre cómo vivimos, cómo nos relacionamos y cómo nos entendemos.
El cine también funciona como un espejo. Muchas gracias. Y felicitaciones por la película.
Ay, muchas gracias. Estamos muy felices con ella. Todavía no la ha visto demasiada gente, pero quienes la han visto la han recibido muy bonito. Y sí creemos que puede conectar muy fuerte con las audiencias.
Yo también lo creo. Muchas gracias, Angélica.
Gracias a ti.


