Si 2025 confirmó algo, es que la televisión en español ya no está jugando a “parecerse” a nadie: está escribiendo su propia gramática. En estas diez series y miniseries el entretenimiento no sirve de anestesia, sino de un bisturí que abre la historia, la intimidad, la violencia estructural, la identidad y la paranoia social como si fueran habitaciones contiguas. Algunas lo hacen desde el thriller, otras desde la comedia amarga, otras desde la épica; todas entienden que la pantalla también es un territorio y que el territorio, a veces, se comprende mejor cuando duele.
10. SUPERSTAR (España)
Nacho Vigalondo convierte el relato del ascenso y caída de una figura pop en una disección del ecosistema mediático contemporáneo, donde la identidad es un producto y la intimidad una moneda de cambio. Superstar no observa la fama desde la caricatura ni desde la fascinación, sino desde una incomodidad sostenida: la de un sistema que necesita devorar a sus ídolos para seguir funcionando. Ingrid García-Jonsson construye a su personaje desde la ambivalencia, evitando cualquier lectura complaciente, en una serie que entiende que el espectáculo no es solo lo que se ve, sino lo que deja atrás.
9. DOS TUMBAS (España)
Este thriller apuesta por la densidad emocional antes que por el golpe efectista. Dos tumbas articula su misterio alrededor de la memoria, los silencios familiares y las decisiones que regresan cuando ya es tarde para corregirlas. Kiti Mánver aporta una gravedad moral que sostiene la serie incluso en sus momentos más contenidos, mientras Álvaro Morte trabaja la culpa y el desgaste desde una contención que evita el subrayado. Aquí el suspenso no se construye con giros, sino con el peso de lo no dicho.
8. ANATOMÍA DE UN INSTANTE (España)
Alberto Rodríguez transforma el intento de golpe de Estado del 23-F en un estudio minucioso del poder, el miedo y la dignidad. Más que reconstruir un episodio histórico, la serie observa gestos mínimos —quién se levanta, quién se queda sentado, quién tiembla, para entender cómo se escribe la Historia en tiempo real. Con un elenco sólido y una puesta en escena sobria, Anatomía de un instante demuestra que el verdadero suspenso político no está en las armas, sino en las decisiones.
7. LA VORÁGINE (Colombia)
Esta adaptación de la novela de José Eustasio Rivera entiende que el paisaje no es decorado, sino fuerza narrativa (toma nota, Cien años de soledad). La selva, la explotación y la violencia se presentan como sistemas vivos que devoran cuerpos y voluntades. A diferencia de otras adaptaciones literarias recientes, La vorágine, protagonizada por Juan Pablo0 Urrego, Nicole Santamaría, Marlon Moreno y Majida Issa, evita la solemnidad soporífera y apuesta por una narrativa ágil, visualmente poderosa y emocionalmente áspera, que pone al espectador frente a las cicatrices del colonialismo y la modernidad sin anestesia.
6. EL DENTISTA (México)
Un policial gótico con ambición histórica y ética. Al imaginar que Jack el Destripador cruzó el Atlántico y continuó su violencia en América Latina, El dentista no busca el truco narrativo, sino explorar el nacimiento de la ciencia forense y la violencia patriarcal como estructura. Demián Bichir compone a su investigador desde la contención y el duelo, mientras la serie construye una atmósfera donde el horror no es excepcional, sino sistémico.
5. EL MEJOR INFARTO DE MI VIDA (Argentina)
Basada en el libro de Hernán Casciari, esta comedia dramática entiende el infarto no como evento médico, sino como quiebre existencial. Con humor, ironía y una honestidad poco común, la serie reflexiona sobre el fracaso, el amor y las segundas oportunidades sin caer en el sentimentalismo. Alan Sabbagh lidera un elenco que encuentra en lo cotidiano una forma de redención narrativa, recordando que sobrevivir también implica reorganizar el sentido de la vida.
4. CONSUELO (México)
Partiendo de la comercialización clandestina de vibradores en el México de los años 50, Consuelo construye una comedia política inesperadamente incisiva. La serie comprende que el objeto es solo el síntoma: el verdadero tema es el deseo femenino como territorio vigilado por la moral, la medicina y la familia. Cassandra Sánchez Navarro interpreta a su protagonista con inteligencia y humor, en una ficción que desmonta la hipocresía social sin necesidad de discursos solemnes.
3. LAS MUERTAS (México)
La adaptación de la novela de Jorge Ibargüengoitia evita cualquier glamurización del crimen para centrarse en el poder, la explotación y las contradicciones morales del capitalismo. Las muertas incomoda porque no ofrece refugio emocional: obliga a mirar de frente la violencia como negocio y estructura social. Su elenco encarna personajes complejos sin concesiones, sosteniendo un relato tan hipnótico como perturbador.
2. EL ETERNAUTA (Argentina)
La adaptación del clásico de la historieta argentina combina ciencia ficción y memoria histórica con una sensibilidad contemporánea. En un Buenos Aires asediado, la supervivencia se vuelve un acto colectivo, y la épica nace de la solidaridad. Con Ricardo Darín al frente, El Eternauta logra un equilibrio poco frecuente entre espectáculo y reflexión, dialogando con el pasado dictatorial y las crisis actuales sin perder potencia narrativa.
1. MENEM (Argentina)
La serie más ambiciosa y relevante del año. Menem no se limita a retratar a un personaje histórico, sin o que disecciona una época. Política, economía, cultura pop y construcción del mito se entrelazan en una escritura que articula nostalgia y crítica con precisión quirúrgica. Su mayor logro es mostrar cómo el poder se narra a sí mismo, cómo seduce y cómo se convierte en identidad colectiva. Televisión que dialoga con la historia sin simplificarla.


