Hay 4 tipos de insectos nombrados en honor a Taylor Swift

Se descubrió el género Swiftiephylus en Australia, pero esto no limitará su popularidad global, tal como la superestrella del pop.

septiembre 14, 2026

Taylor Swift ha recibido muchos honores, pero este parece ser el primer insecto que lleva su nombre. CC: Taylor Hill/FilmMagic

Taylor Swift ha trascendido la raza humana. Sarah Schroeder, una entomóloga emergente de la Universidad de California en Riverside, ha bautizado a 4 especies de insectos con el nombre de Swift. Son criaturas tan singulares que han sido clasificadas en su propio género: Swiftiephylus.

El distintivo se llevó a cabo “en reconocimiento a su talento extraordinario, letras conmovedoras, a la alegría y el consuelo que ha brindado a tantos”, escribe en su nuevo estudio, publicado el 9 de septiembre en la revista científica Insect Systematics & Evolution.

Los insectos, nativos al territorio australiano, son diminutos, de menos de dos centímetros de largo, portan sus colores que aparecen al examinarse bajo el microscopio. Hacen parte de un gran grupo denominado “bichos verdaderos” [“true bugs” en inglés]. A pesar de la creencia errónea de que todos los insectos son “bichos”, los cuales se categorizan como aquellos insectos con piezas bucales con forma de pajilla y alas semitransparentes.

La nueva especie pertenece a la familia de los “insectos de las plantas” [“plant bugs” en inglés]. Aunque la investigación original no incluye estudios del comportamiento, los ejemplares de esta familia llevan vidas breves e intensas que duran uno o dos meses. 

Para alimentarse, insertan sus piezas bucales perforadoras-succionadoras en los tallos y brotes de las plantas y sorben sus fluidos. También utilizan feromonas químicas para buscar pareja y reproducirse. Pasan gran parte del resto de sus días con sus seis patas “cruzadas”, metafóricamente hablando, esperando no ser detectadas por depredadores como aves o lagartijas.

Swiftiephylus amator y Swiftiephylus taylorae, dos de los insectos nombrados en honor a Taylor Swift debido a su coloración rubia y roja.
CC: Cortesía de Brad Balukjian, Ph.D.

Los Swiftiephylus parecen ser muy hábiles para evitar ser devorados, gracias a sus marcas de color rosa rojizo y a su cuerpo rubio, que se camufla a la perfección con las flores de las plantas que habitan: los “sheoaks” que, en realidad, no son robles [“oaks” en inglés] en absoluto. Lamentablemente, los primeros colonos europeos en Australia solían anteponer el prefijo “she” [ella en español, un prefijo que se refiere a algo femenino en inglés] a ciertas palabras para denotar inferioridad, en este caso, se referían a la calidad de la madera de la planta. Lejos de ser inferiores, estos árboles, similares a los pinos por sus largas acículas colgantes y flores de color naranja rojizo, albergan una gran diversidad de insectos además de los Swiftiephylus, convirtiéndose en un lugar de reunión muy popular para dichas bestias de seis patas.

Cuando la entomóloga de 27 años comenzó su investigación en 2022 como una estudiante de PhD en su primer año, fueron los colores resplandecientes de Swiftiephylus, los tonos rubios y rojos, por ejemplo, las manchas rojas le recuerdan al labial característico labial de su artista favorita. En ese entonces, no era consciente de la cantidad de nuevas especies que descubriría. Su mentora y coautora, Christiane Weirauch, junto con otros científicos habían recogido 593 especímenes en expediciones al país oceánico hace más de 20 años. No obstante, quedaron en una estantería esperando ser examinados. Weirauch los había clasificado en grupos que se parecían entre ellos. Sin embargo, Shroeder duró años analizándolos meticulosamente para encontrar sus identidades. Al comparar el ADN y las características físicas de todos los especímenes con los conservados en museos de todo el mundo, Schroeder pudo determinar que existían cuatro especies estrechamente emparentadas, pero distintas que debían agruparse bajo una misma categoría, a la que denominó Swiftiephylus.

Pero la parte divertida acababa de empezar. El espécimen caracterizado por una mancha roja en el centro del dorso, la misma que inspiró el nombre para las otras tres, eligió nombres basados ​​en los álbumes de Swift: “S. amator”, [amante en latín] recibe su nombre de Lover (2019), una obra romántica, esperanzadora y soñadora; “S. intrepidus” alude a Fearless (2008); y S. poetorum hace referencia a The Tortured Poets Department (2024). Aunque existen sutiles diferencias entre ellas, las cuatro especies comparten un rasgo distintivo: la presencia de espinas cerca de la punta del pene. Aún se desconoce la función exacta de estas espinas durante el acto sexual; según Weirauch, “habría que congelarlas rápidamente mientras copulan y examinar las estructuras”, se refiere a una práctica aceptada en el mundo académico que consiste en congelar insectos durante la copulación para observar la interacción de sus órganos.

Todo este trabajo es de un carácter profundo y personal para Schroeder. Creció en Rochester, Minnesota, asistía a ensayos de coro y fortaleció los lazos con su madre al escuchar la música de la cantante. Su oficina está llena de fotos de la cantante y, el año que viene, caminará hacia el altar al ritmo de ‘Enchanted’. La oportunidad de vincular su amor por la música con su pasión por la ciencia y el mundo natural resulta muy gratificante. Si bien la ciencia suele percibirse como algo frío y excesivamente lógico, para ella, su práctica despierta un sentimiento de humildad y aprecio por la inmensidad de la naturaleza y la profundidad del tiempo.

Le “encanta intentar destapar lo que hay ahí fuera y qué ha sucedido en el pasado”. Se pregunta, “¿Cuál será esa diversidad desconocida que habita bajo nuestras narices?”.

Quedan grandes cantidades de especies por descubrir. A pesar de que, cada año, se invierten millones de dólares en intentar hallar vida en otros planetas, solo hemos documentado alrededor del 10% de la biodiversidad terrestre; se estima que todavía quedan entre 5 y 20 millones de especies de insectos por identificar. Por la crisis de biodiversidad provocada por la modificación del entorno por parte del ser humano, corremos el riesgo de perder muchas de estas criaturas antes de conocer de su existencia, y mucho menos de comprender las funciones que han desarrollado a lo largo de millones de años de evolución. “Sabemos tan poco sobre estos bichos. En realidad, no somos conscientes de lo que estamos perdiendo”, afirma Weirauch.

La joven tiene como misión encontrar soluciones y forma parte de una generación de jóvenes taxónomos (los biólogos que clasifican y describen especies) que reivindican el valor de su disciplina científica, a menudo menospreciada por otros colegas que la consideran meramente “descriptiva” o equiparable a coleccionar sellos. Sin embargo, la gente se muestra de todo menos aburrida cuando ella habla de sus nuevos descubrimientos, lo que demuestra la fascinación del público general por el hallazgo de nuevas especies.

Comenta que “La reacción suele ser: ‘¡Dios mío, has descubierto una especie nueva!’. (…) Les asombra saber que todavía existen especies desconocidas”.

Va corriendo hacia el trabajo de sus sueños: ejercer algún día en un museo donde pueda seguir descubriendo y describiendo nuevas especies… eso sí, siempre y cuando Taylor Swift publique suficientes álbumes para seguirle el paso.

*Brad Balukjian es el editor de la revista Natural History.

BRAD BALUKJIAN

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