noviembre 12, 2022

El viaje al pasado de Father John Misty en el Primavera Sound Buenos Aires

En su segunda visita al país, Joshua Tillman construyó un relato anacrónico cuando caía la tarde en el escenario Flow

Por  FEDERICO MARTÍNEZ PENNA

Father John Misty en el Primavera Sound Buenos Aires (Foto: Ignacio Arnedo)

Ignacio Arnedo

Por alguna extraña razón, casi ni hay smartphones en alto cuando Father John Misty se sube al escenario Flow. Y no es porque falte gente.

Las pantallas LED de los costados están apagadas, ni se molestan en proyectarlo. Y hasta una pareja de drones copulando en el aire resulta insolente. Debe ser porque Joshua Tillman, o Mr. Tillman, el también personaje y nombre del bufón bohemio de una de las primeras gemas de su exquisito set, construye su relato en lo anacrónico, donde el activo más grande de la tarde es virar del presente al pasado.

Joshua Tillman, o Mr. Tillman, en el Primavera Sound Buenos Aires (Foto: Ignacio Arnedo)

Ya sea dentro del rock guitarrero inicial de “Hollywood Forever Cemetary” o el pop barroco de “Nancy From Now Own”, esto no es materia de urgencias de Tinder o TikTok. Esto es para los pocos que todavía creen en el amor romántico de cocción lenta, donde el triunfo de la seducción es esencial. Y Tillman los tiene a todos comiendo de la mano.

Aún sin su prominente melena y sin traje, Tillman es magnético. Y la banda lo protege: acompañado de nueve músicos en escena, hay una enorme deuda en partes iguales a Crazy Horse, The Band o quizás Wilco, pero sin tantas costuras a la vista, con una lupa de soul y música de salón.

Aún sin su prominente melena y sin traje, Tillman es magnético (Foto: Ignacio Arnedo)

En esa dimensión romántica es imposible de eludir, y Tillman de a poco comienza a despegar. Bromea con el público (“yo me voy a tatuar tu cara y vos la mía”, le dice a un fan), con la ironía de la situación (“por favor denle la bienvenida a Travis Scott”, “perdón, pero se supone que debería haber pirotecnia, de acá a acá”), y se arrodilla en una pantomima sufriente, aullando con las manos a la cabeza en el punto más emocional de “We Could Be Strangers”.

Para el cierre, Tillman puso a sonar su ya casi ¿clásico? “I Love You Honeybear”, donde aquellos capaces de salir del hechizo lo abrazaron con un sentido aplauso. Y alguna que otra pareja quizás haya encontrado en esta hora su futura banda sonora para el vals.

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