enero 18, 2022

Entre la niebla

El Páramo de Sumapaz es el escenario de una película experimental que intenta capturar el espíritu de Eraserhead y Begotten

Augusto Sandino 

/ Sebastián Pii, Mario De Jesús Viana

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Cine Colombia

Al interior de las escuelas de cine se suele decir que, si una película no posee guion, lo mejor para defenderla es llamarla “experimental”. Andrei Tarkvoski odiaba este término y prefería hablar de obras poéticas y personales. 

El cine experimental se caracteriza por ser anti-narrativo. Es decir, se opone a la estructura aristotélica conformada por un inicio, un nudo y un desenlace. Asimismo, el cine experimental es un cine de metáforas, alegorías y simbolismos, donde lo que se presenta está sujeto a múltiples interpretaciones. 

El movimiento underground, que hizo parte del movimiento contracultural de la segunda mitad del siglo XX, rechazaba el realismo y los estándares de la industria (géneros cinematográficos, lugares comunes) en una especie de pastiche de prácticas extrañas y contestatarias, que buscaban probar los límites del cine como medio de expresión artística y explorar los fantasmas del deseo, de la sexualidad y la psique humana, siguiendo la tradición psicoanalítica adoptada por el surrealismo de Breton y que Buñuel, Dalí y Dulac llevaron a las pantallas en los locos años veinte.

Augusto Sandino, quien en el 2015 estrenara su primer largometraje llamado Suave el aliento, una obra heredera del cine de Fassbinder y protagonizada por Gustavo Angarita y Vicky Hernández, regresa a las pantallas con Entre la niebla, un trabajo decididamente experimental y que va por la línea de Eraserhead de David Lynch y Begotten de E. Elias Merhige.

Emular lo logrado con esas dos cintas, es una tarea prácticamente imposible. Además, el fantasma de Memoria, la reciente obra maestra del cine experimental, dirigida por el tailandés Apichatpong Weerasethakul y filmada en Colombia, afecta muchísimo la percepción de la cinta de Sandino como obra original e individual. 

Entre la niebla es una película que se desarrolla en el Páramo de Sumapaz (un lugar frío y misterioso que nos recuerda al cine de Herzog), y es protagonizada por el fotógrafo profesional y actor natural Sebastián Pii, una persona que padece el síndrome de Hallermann-Streiff, una enfermedad congénita caracterizada por anomalías en el cráneo y el rostro, lo que le da al personaje de F una presencia fuerte y difícil de olvidar. 

F es un campesino que vive con su padre Colombo (Mario De Jesús Viana), un hombre que perdió el deseo de vivir luego de la muerte de su esposa. Cuando no está cuidando de su padre, F interactúa con personas (algunas supuestamente reales, otras tal vez producto de su imaginación), las cuales hablan en noruego, alemán, checo, inglés, español y en jeringonzas inteligibles. F huye aterrorizado de una serie de bombardeos y explosiones que lo persiguen, tiene visiones de ríos de sangre que se desplazan como lava por el páramo, reza con devoción y se masturba utilizando frutas que se asemejan a una vulva, las cuales lame como si se tratara de un cunnilingus. 

Los cinéfilos entenderemos rápidamente que esta película trata de hablar sobre la violencia de durante siglos ha azotado a Colombia (especialmente a la población campesina), como también sobre la soledad, la exclusión, la alteridad, el deseo y el daño que los seres humanos le hemos hecho al medio ambiente. Entre la niebla logra dislocar, incomodar y fascinar (el trabajo de fotografía de Gio Park es de una extraña belleza). Pero del mismo modo como las explosiones persiguen al aterrorizado F, los fantasmas de Buñuel, Jodorowsky, Lynch y Merhige acosan a esta película y no la dejan respirar.