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“Él único territorio del que no nos van a poder expulsar es el territorio de la imaginación”

Entrevista a Laura Mora directora de la película Los reyes del mundo sobre su “respuesta rebelde a los Goonies y el paradigma del cine de aventuras anglosajón”

Por  RODRIGO TORRIJOS

octubre 14, 2022

Juan Cristobal Cobo

Conversamos con Laura días antes de viajar al festival de cine de San Sebastián, tuvimos la oportunidad de ver Los reyes del mundo antes de que se alzara con la concha de oro, uno de los premios más importantes para la industria cinematográfica internacional y de que fuera seleccionada como la representante ante los premios Oscar de la Academia de Artes y ciencias cinematográficas norteamericana. Luego vimos la película en una sala de cine en su primera exhibición ante el publico colombiano en Bucaramanga durante el festival Internacional de cine de Santander FICS, fue la cinta inaugural en una noche de gala en la que algunos políticos locales, hombres de negocios y sus elegantes acompañantes huyeron antes del final, probablemente no estaban preparados para una película que los mirara directamente a los ojos.

Este fin de semana se estrena en salas comerciales en Colombia y nos intriga la respuesta del público, la audiencia se va a encontrar con un relato de rebeldía, esperanza y hermandad, pero también con una proclama ante la realidad de un país en donde la tenencia de la tierra es uno de los asuntos fundamentales por discutir.

Cuando estrenaste Matar a Jesús hablamos sobre la impresión de volver a Medellín a rodar esta película sobre la muerte de tu padre, decías que te sorprendió volver a descubrir el ruido, algo presente en la sensación que genera la película, (que también tiene una banda sonora muy cargada de canciones emblemáticas). Para Los reyes del mundo empacaste menos música en la maleta, ¿Por qué esta diferencia?

Es una película que se debe más al descubrimiento interior de los personajes, Hay una canción propia que suena en un burdel que en la película yo considero “es Colombia”, es una tonada de un piano desafinado que compuso un chico autodidacta al que encontramos accidentalmente tocando un piano destartalado en una whiskería de “mala muerte” que visitamos mientras buscábamos locaciones para la película. Ahí tengo una anécdota muy particular. Y es que cuando yo escribí todas esas escenas estaba pensando en música de Nick Cave o algo así y cuando lo encontramos dije: “esto tiene que salir en la escena”. Y le pedí a él  que me mostrara si tenía composiciones originales. Entonces pues, esas dos piezas de piano son compuestas por este chico en ese piano desafinado. Es muy particular.

Luego está esta mujer de nuevo, cantando en el burdel. Esa es una canción llanera, los llanos venezolanos para mí… yo quería algo que, como una canción vieja, que hablara un poco de la tierra y de cómo extraña uno la tierra. Y pues el tercer y gran momento, digamos, de la película en términos de canciones, pues es indudablemente “Tren al sur”. “Tren al sur” ha sido una canción que a mí toda la vida me ha acompañado. Y hubo un chico con el que yo durante mucho tiempo pensé que iba a ser el protagonista de la película, y cuando hicimos el teaser de la película yo puse “Tren al sur” en el carro y él se la sabía y a mí me pareció muy particular y dijo: “no, es que a mi mamá le gusta mucho esa canción”. Claro, la mamá de él era de mi edad. Y después cuando fui juntando a los chicos para el casting, muchos decían lo mismo. Y eso me parecía muy particular. Pero esa sí fue una canción que siempre estuvo, siempre estuvo. Yo intenté hacer una versión como más extraña, con Adriana García, que es muy amiga mía, a quien admiro mucho. En la pandemia hicimos una versión que yo le envié cantada por mí. Como que intentamos y después fue como: “no, queremos la versión más himno”. Y pues conseguimos los derechos del primer demo grabado por Los Prisioneros.

Cortesía Laura Mora

 ¿Por qué la del primer demo?

La cosa es que Los Prisioneros están muy agarrados con todo el mundo y con las disqueras, y esa canción en particular está en disputa. Entonces la única posibilidad de negociarla era el primer demo. Y al principio yo dije “¡qué pesado!”. Me dio muy duro, pero de todas maneras me gustó como esa punkeridad de esa grabación. Muy casera, que se oye como con tarros. Y como esta voz de Jorge González aún muy joven. Y dije: “no, vámonos con esa”. Al final, es la voz también lo que me interesa.

En el bar hay un momento previo a la primera vez que ellos cantan la canción –que es una cumbia que compuso Leo. Y la razón por la que es una cumbia es porque estos chicos aman la cumbia, AMAN, la cumbia villera. Estos chicos no oyen reggaetón, es pura guaracha y cumbia villera. Y ellos le mostraron una canción de un grupo argentino que se llama Los Pibes Chorros; esa canción se llamaba “Cinco Amigos” y ellos la cantaron mucho durante la película y me pidieron ese día que se las pusiera en el bar. Pero no… no hubo tampoco manera de negociar esos derechos, fue imposible. También andan con muchos líos ellos, entonces… Lo que hicimos con Leo fue componer una cumbia (ríe). Eso es como para darte el viaje musical de la película.

Hay una cosa que dijiste ahorita… que había alguien con quien soñabas que fuera el protagonista pero no pudo serlo. ¿Quién? ¿Quién era?

Pues yo creo que yo no puedo ahondar mucho en esa respuesta. Lo siento. Pero es un chico que salía en Matar a Jesús. Un chico que salía en una de las escenas de Matar a Jesús. Yo en un principio le había hecho casting para eso y me parecía que era muy joven, sale precisamente en las escenas de las bicis que tengo en Matar a Jesús, también. Porque yo cuando empecé a buscar para Matar a Jesús, ya existía una escena con los chicos haciendo Gravity porque cuando yo era joven nosotros subíamos a la altura de las palmas a verlos descolgar. Yo por eso metí esa escena en Matar a Jesús. Y cuando me encontré ya con estos chicos años después, pues a mí siempre me ha llamado mucho la energía de ellos, porque son demasiado rebeldes. Libres. ¡Para mí ellos son los punkeros del barrio y no lo saben! Pero su espíritu es absolutamente punkero. Ellos pues por eso es que no están en un combo… pues porque están en la calle siendo ellos y no quieren estar obligados a nada. Ni a ponerse un uniforme para trabajar ni para la guerra. Entonces cuando yo empecé a escribir Los reyes del mundo, yo decía: “yo tengo que concentrarme mucho en el casting como con este tipo de chicos que hacen gravity, que azotan, porque esa es la energía que yo requiero”.

Obviamente yo quería volver a hacer una escena en bicis, esta vez como a los chicos que compiten mucho y como que te muestran ese poder de su masculinidad con la bicicleta. Pero más allá de eso, era que yo centré mucho mi casting con estos chicos por el espíritu que yo encuentro en ellos. Entonces, este chico que había salido en Matar a Jesús, pues durante un rato, cuando yo escribí el guion, me lo imaginé mucho. Pero después las circunstancias no se dieron. Y creo que fue un regalo, de alguna manera, para la película. Porque trajo a Andrés. Apareció de la manera más extraña del mundo. Apareció en Yarumal, no surgió en Medellín. Había pasado tiempo en Medellín en la calle pero ya había vuelto donde su familia al norte de Antioquia. Hacía Gravity pero Andrés traía consigo… traía la tierra en él. Es un chico que sabes que en su pasado estuvo en el campo, que se movía muy bien en la tierra. Pero además, trae una ternura y un sentimiento paternal que yo sí no había visto en ningún otro chico. Entonces pues, la historia para resumirla porque no quiero entrar en detalle ahí (ríe).

Andrés llegó con una vuelta muy rara de la vida. ¿Cómo fue la vuelta por la que llegó él? Y ¿cómo llegaron los otros chicos del elenco?

Pues digamos que… Voy a ir de atrás para adelante en la respuesta. Por ejemplo, Winnie, que es una maravilla, chiquitín. Yo lo había visto en una reunión de chicos que hacen Gravity. Él estaba muy chiquito y yo le tomé una foto desde la distancia porque yo dije: “el día que yo ya arranqué el casting de esta película (en ese momento todavía estaba muy crudo el proyecto), yo quiero que este chico sea mi referente”. Y bueno, pues, antecito de la pandemia por casualidad ví que estaban teniendo problemas con unos vigilantes, él estaba por correr y yo corrí detrás de él. Y como que traté de defenderlos ante esta cosa que les estaba pasando, como que “no, yo los conozco, yo los conozco” y me metí y tranquilicé todo, entonces le conté que iba a hacer la película.

Él se acordaba de mi casting. Y yo le dije: “pásame tu teléfono que ahora sí vamos a arrancar la película y yo le quiero hacer casting, ¡ándale, mami, ándale!”. Me dio los datos y era como esa energía hermosa de él. Pero bueno, llegó la pandemia y fue muy difícil volverlo a encontrar, pero fue como… cuando yo le mostré –porque yo le había tomado unas fotos a él– y cuando le mostré las fotos a la del casting me dijo “no, marica, tenemos que encontrar a ese chico como sea”. Y cuando lo encontró, después de una búsqueda impresionante, ella me dijo: “ese chico es Winnie con toda”. Yo creo que Winnie fue el personaje al que menos pruebas hicimos. No hicimos otros castings. Creo que él fue el que era.

Luego Davison, que es Sere, que es el chico que tiene la mano un tanto mala. Ese es el chico con quien yo tengo una relación más vieja. Yo lo conocí a él gracias a todo esto del Gravity hace mucho tiempo y él… Básicamente casi que hacía un año que había sufrido el accidente. O sea, Davison perdió la movilidad en su brazo por un accidente en la bicicleta. El era muy famoso porque él se descolgaba con su chica; el a veces piloteaba y Joana iba atrás. Y a veces Joana piloteaba y él iba atrás. Y un día subieron al alto de las palmas muy tarde y ella decidió que ese día ella era la que piloteaba y se estrellaron. Ella se mató. Y él tuvo una fractura de columna –que de milagro no está inválido–, pero pues perdió la movilidad en el brazo. Sobre todo, pues, por tema de la catástrofe, digamos, del sistema médico para chicos como estos. Pero también, él le cogió mucho miedo a volver al médico porque la familia de ella lo culpó a él mucho por la muerte de ella. Y cuando yo lo conocí a él, a mí me impresionó mucho como el misticismo de Davison. Como que Davison es un chico que cree en el más allá, que tiene una fe en los muertos… No solo como en un tema con la religión católica, sino realmente como un misticismo muy profundo en la vida después de ese accidente.

Entonces yo con él tengo una relación muy cercana. Como que salíamos mucho a caminar y cuando yo empecé a escribir el personaje de Sere, me acordé mucho de él. No sabía si él iba a tener la disposición para eso; es un chico muy sensible, es un chico que sufre mucho por su propia sensibilidad. Y luego fue como, “este chico es Sere, totalmente”. Y cuando ya lo vimos en grupo fue increíble.

Cristian que es Mano, que es el niche, que es el afro… A él lo conocimos en un casting que hicimos en un lugar que se llama La Institución San José, que como que se llevan chicos que no tienen un proceso penal en sí mismo, pero que ya han estado como en problemas. Y cuando llegamos allá, nos impresionó mucho porque él estaba muy medicado. Como que tenía unos problemas de ansiedad muy duros y estaba como muy ausente. Había algo en esa ausencia que era muy bello pero nosotros nos empezamos a dar cuenta de que, dentro de más actividad tenía, menos ansiedad tenía. Y algo en él se despertaba, a pesar de esta cosa que tiene el personaje. Él no hace Gravity, digamos, él no viene de este mundo de los chicos, pero conocía a Brahian, a Winnie. Se conocían de la calle.

Luego está Culebro, que es como el malvado, el pesado del combo; que es Tom. Tom sí es un chico muy famoso haciendo Gravity. Nosotros ya le habíamos hecho una entrevista a él, en la primera fase del casting, antes de la pandemia. Y él era muy brusco, pero al mismo tiempo él me contó una historia de la muerte de su hermano y algo en él se fragilizó.

Entonces digamos que ya teníamos el grupo de los cuatro chicos y estábamos muy cerca al rodaje y no teníamos al protagonista. Teníamos ya a estos chicos como muy consolidados y… pues este es un protagonista muy especial. Es un chico que es muy fuerte en la calle pero que tiene este lado paternal un líder, pero no es un pillo de combo, ¿sí me explico? Entonces como que no lográbamos y no lográbamos y Karel, mi jefe de casting, me dijo “yo voy a abrir el casting y voy a arrancar hacia los municipios cercanos a Medellín, a ver que me encuentro donde sé que también hacen Gravity. A ver si encuentro a alguien por allá”. Y se fue. Estaba en la casa de la cultura de Yarumal como descansando y diciendo “no voy a encontrar a nadie”, y de repente vio a unos chicos que los estaba reprimiendo la policía. Y ahí estaba Andrés.

Se quedó como mirándolo y lo invitó por una gaseosa. Este chico hacía Gravity, habló con él y me mandó una foto. A mí me impresionó mucho. Recuerdo que me pareció como un personaje de una película de Pasolini ¿sabes? Como esa mirada mediterranea y como una tristeza. Y le dije: “bueno, si él está dispuesto, traigámoslo a Medellín”. Y yo me senté a hablar con él y me impresionó mucho como su historia de vida. Me pareció muy hermoso y frágil y fuerte al mismo tiempo. Y de repente lo pusimos a trabajar con todos los chicos y… No sé, fue muy impresionante como los chicos lo acogieron –que ya era difícil– y como él se ganó ese lugar. Y como a medida que íbamos rodando la película, él también desafiaba sus propios miedos. Decía “es que yo soy una persona muy tímida. Yo todos los días de la película decía ‘yo creo que no voy a ser capaz, me voy a volar’”, y nunca lo hizo. Yo creo que para él fue un desafío de su propia personalidad y darse cuenta que tiene un talento y una capacidad de escucha y unos recursos creativos para improvisar. Es un personaje increíble.

Cortesía Laura Mora

Había algo que también que siento entre las dos películas, como el registro del descenso y del Gravity.  ¿Es por el momento de la película en el que pasa o… sentías que no querías volver a filmar el movimiento detallado? Siento que es muy diferente la forma en la que pasa entre las dos.

Sí, es totalmente distinta. Lo que te decía ahora, la idea era filmarla como que, en ese momento de esa escena, ellos ya están dejando la ciudad para entrar al mundo que realmente desconocen. Entonces era un poco como la despedida de ese mundo, como dejar ese mundo atrás. De hecho, es mucho más estática la manera como se filma. Más estable, más estabilizada la manera como se filma. Pero también era… como…

Como que hay una distancia mayor, como que todavía no te estás metiendo en el alma de ellos, como sucede más adelante, ¿cierto?

Claro. Y se están metiendo como en el paisaje. La manera como termina esa secuencia es, ellos se los traga la curva y se los traga la montaña y el paisaje.

Y luego, había una cosa importante en esos, que son dos personajes que son muy parecidos que uno más o menos intuye que tienen una historia, un pasado familiar. Pero yo siento que la competencia puede ser una herencia muy masculina. No quiere decir que solo de los hombres. Obviamente las herencias somos todos quienes las heredamos. Yo siento que la violencia y la competencia pueden ser dos herencias muy masculinas. Entonces también, estos dos chicos, muy fuertes los dos, que al final tienen un final trágico entre ellos. Que podemos intuir que son medio hermanos, medio no. Compitiendo también en ese momento. También se está midiendo la fuerza.

Como dirigiéndose a su destino.

Sí. Sí, sí.

Hay algo de los asuntos fundamentales que atraviesan la historia de Colombia y es, el problema de la tenencia de la tierra. ¿Cómo hilas eso con una historia humana y de descubrimiento y de todo lo que sucede dentro de estos chicos?

Sí, para mí pues era claro que la película… yo empecé a escribirla al 2016, que, pues, eso fue muy justo después de terminar Matar a Jesús. Yo hice un viaje a la costa y atravesé el norte, de Antioquia al Bajo Cauca, que siempre había sido una región que me intrigaba mucho.

¿Por qué te intrigaba?

Pues porque los que somos de Medellín siempre que hemos ido al mar, estamos todos un poco traumatizados por el paso, por el alto de ventanas, que es como una falla geológica cubierta por la neblina que todos recordamos desde chiquitos. Pero luego la entrada al bajo cauca y ver la presencia de ese río encañonado. Es un paisaje que me ha acompañado siempre en la vida y que me parece tan accidentado, ese trópico tan extenso… Y luego toda la historia de violencia que han tenido, o sea. El norte de Antioquia está atravesado por la historia de los inicios del paramilitarismo, de los 12 apóstoles, a donde llegó Yair Klein. El Bajo Cauca tan disputado entre tierra, roca, agua, oro. Todos estos tesoros malditos…

Entonces ese pasaje por ahí, desde que era muy joven, siempre también va cargado de unas tensiones; como que es bellísimo, pero al mismo tiempo da miedo. Y eso es muy colombiano; esa relación con el paisaje que carga un miedo.

Entonces, cuando terminé de rodar Matar a Jesús, me fui a hacer ese viaje y empecé a tener esas imágenes: unos chicos atravesando el paisaje en busca de la libertad. Y escribí: “Somos los reyes del mundo”. Y así empezó: como una proclama por la libertad. Y a mí el tema de las tierras, pues como viste, lo que es el gran tema, el tema neurálgico de nuestro conflicto, de nuestra historia… Entonces, dije: “bueno, ¿qué tal si hay unos chicos que nunca han tenido nada y de repente tienen la posibilidad de tener un lugar en el mundo para ellos mismos donde pueden existir libremente y estar a salvo?”.

Esa fue la premisa con la que escribí. Por eso te digo también que es una historia muy libre, y es una historia en la que el hilo narrativo igual es delgado. Es decir, vamos a reclamar la tierra que a alguien le quitaron y vamos a tener el sueño de llegar allá, porque allá por fin vamos a tener algo. Al final… la película todo el tiempo plantea que todos los territorios están cogidos –hasta en la ciudad. La película empieza con que ellos están siendo expulsados de una esquina.

Porque todo tiene dueño, todo está cogido. Entonces ¿cómo soñar con volver a ese lugar?, que creo que al final es un relato absolutamente universal y humano. Es decir, todos estamos buscando ese pequeño espacio donde existir libremente y donde estar a salvo, desde nosotros hasta quien está cruzando el Mediterráneo a Europa en busca de un lugar donde estar seguro… Todos buscamos la tierra prometida. Y lo que yo iba entendiendo, ya que iba escribiendo la película y a medida que iba viendo sobre cosas de tierras y leyendo sobre muchas otras cosas, era que al final el único territorio del que no nos van a poder expulsar es el territorio de la imaginación.

Y por eso para mí era importante que en el existieran como estos lugares de delirio que eran unos lugares bellos, ¿no? Que eran lugares tranquilos donde él se imagina este caballo que de alguna manera el caballo lo va guiando a la casa… Como dice el proverbio árabe, el caballo es el que lo guía a uno. Pero para mí era importante que en medio de la dureza del mundo real, existieran estos pequeños paréntesis en su imaginación y esas pequeñas islas a donde ellos van llegando –como el prostíbulo, como la casa del viejo, como estos ancianos que uno no sabe si están vivos o muertos…; son como espacios de donde nadie te va a expulsar porque están en el límite del delirio y la realidad; en la imaginación.

A mí me pareció curioso cuando hablamos hace mucho tiempo, creo que era el final del lanzamiento de Matar a Jesús, yo te pregunté… O creo que fue a Cristina, que le pregunté qué pensaba hacer después. Y me dijo: “es una película que es como los Goonies”.

[Ríen].

¡Sí! De alguna manera. Y yo siempre lo dije, que esta película es también un intento de rebeldía ante el relato impuesto anglosajón en términos de la película de aventuras. Como que ese relato con el que crecimos, donde iban a encontrar un tesoro y que era el tesoro, pues, con la caja de oro, y les pasaban un montón de vicisitudes propias de un país desarrollado. Yo respondo eso y te digo: acá el tesoro es la tierra. Y lo que van a tener que atravesar es la vida misma. Entonces era como una respuesta, también, a esas películas con las que habíamos crecido.

Hay dos cosas que se atraviesan entre el momento en el que surge la idea y la culminación de la película, que son: la pandemia y el estallido social colombiano, ¿qué tanto transformaron lo que sucedió al final?

No pues, el estallido social para mí fue increíble. Porque yo soy de la generación, o de ese grupo de la sociedad, que también siempre había esperado ese momento. Y entonces, como el fin es donde yo puedo imaginar el mundo, también yo… Por ejemplo, esa escena de la barricada fue de las primeras escenas. O sea, estuvo en todas las versiones, desde la versión UNO. Y era como una manera mía de imaginarme como, cuando uno ya no tiene herramientas, entonces la herramienta es bloquear y prender fuego, ¿cierto? Cuando ya el mundo a uno ya lo deja sin posibilidad alguna, cuando ni siquiera unos papeles legales te sirven para demandar tu existencia y tu propiedad, entonces… Yo quería una escena en la que ellos de alguna manera se vengaran simbólicamente de ese mundo que les tocó.

Y muchas veces en esa escena ese chico atravesaba el fuego. Y lo que cambió con el estallido es que una vez hablando con Marta Andreu, que es una pensadora increíble (yo hice una residencia artística con ella), ella me dijo “de alguna manera estos chicos, su venganza también es que permanecen insultantemente vivos”. Como que decirle al mundo “permanezco vivo” también es una forma de vengarse. Y eso me pareció bellísimo y justo en ese momento escribí el prólogo del libro de Víctor Gaviria, La reedición de El peladito que no duró nada, y pensé mucho en esa escena y dije: “en esa escena tiene que haber la ambigüedad de qué pasa”, ¿cierto? Este chico tiene que levantar el brazo izquierdo, además.

Creo que, entonces, lo que surgió… Como que esas ideas y esas otras preguntas sobre esa escena me las regaló el estallido social, pero pues nosotros rodamos además casi al final de la gran parte del estallido, al final del 2021. Y pues también es bonito ver que uno como artista o como cineasta, también está leyendo su propio tiempo, ¿sí me entendés? Más que aprovechar el tiempo es que las películas coincidan con su tiempo, porque uno también, de manera intuitiva y de cómo uno se va preparando para esos procesos, coincide porque está teniendo una lectura del mundo. Que creo que en mí había hace rato un deseo de que esto pasara y de que, quienes fueran los protagonistas de esto, fueran quienes fueron: puros pelados que se les había negado todo y que se asumen políticamente. Reconocen que si su poder es bloquear, entonces bloqueamos.

Eso por un lado fue coincidente y hermoso y me alegra que la película también dialogue con este momento que para mí ha sido tan importante. Y para todos, pues. Que nos ha puesto a soñar, también, ¿no?

Y luego pues la pandemia, muy dura. Por un lado, nos paró el rodaje, nos paró el inició de la preproducción; nosotros pensábamos rodar en el 2020 y eso nunca pasó. Pues, lo que te contaba ahora del cast, que se desaparece. Horrible. Pero, por otro lado, me regaló tiempo. Y tuve mucho tiempo para re-escribir la película, para re-pensar la película. Estuve en esta residencia artística que fue increíble se le llama residencia Walden, la tuvimos que hacer virtual. Y esa residencia artística para mí fue todo en este proceso. Entonces, tengo el privilegio de decir que pude aprovechar ese tiempo para terminar de escribir una película que creo que fue mucho mejor de lo que pude haber hecho.

Hay una imagen que me ha parecido bella y poderosa, y es la imagen de este chico echándose gasolina tan cerca del fuego. Cuéntame un poquito de como llegaste ahí.

Como que yo tenía muy bien definidos los personajes y, como te digo, Sere es el místico de este combo; está conectado con el más allá. Y el místico también puede ser un mártir. Está dispuesto a morir porque también reconoce que hay un cielo al otro lado.

En ese momento, cuando él se da cuenta de que ya la turba viene y que es muy posible que los maten, pues entonces él dice: “me verán morir”, ¿no?, “tendrán esa imagen de la que no se olvidarán, pero pues, salvaré a mis amigos y creo en el más allá”.

Siempre está conectado con el más allá. Ya lo hemos visto al filo del abismo, como en ese muro blanco –pues en ese muro contra la neblina. Entonces yo siempre pensé que ese chico místico tenía que ser el mártir en algún punto de la película.

Y después, es lo que te digo, en muchas versiones ese chico cruzaba el fuego y caía al otro lado. Y lo que a mí me aportó ver las imágenes del estallido social fue re-pensar el final de esa escena y decir: no tengo que verlo cruzar el fuego. Tengo que ver su provocación de decirle al otro “puedo morir y no te olvidarás de mí”. Y ahí queda un poco la escena, porque esa escena, por lo menos yo lo que siento es que, después de esa escena, para mí entra el epílogo de la película. Y entramos como a un limbo en el que uno no sabe si están vivos o muertos, si llegan a la casa de estos viejos, si cruzan esa ruina después de la casa a la tierra prometida. Después vemos a los amigos que ya han quedado atrás aparecer por un instante entre esos mineros. Entonces, para mí, entra el epílogo de la película gracias a esa escena. Pero lo que me regaló a mí todo ese estallido social fue decir “ese chico no va a cruzar el fuego; ese chico, dispuesto a morir, va a levantar la mano y va a decir: aquí me tienen insultantemente vivo”. Entonces, digamos, esa es la historia de esa secuencia; que siempre estuvo, pero que cambió para decir “no cruzo el fuego, levanto mi brazo izquierdo”.