Richard Blair: 10 discos (ajenos) que me trajeron hasta aquí

Una selección de álbumes que han marcado los caminos de grandes figuras.

mayo 25, 2026

Fotografía por ÓSCAR SASTOQUE

Algunos de los discos más importantes de la música colombiana han contado con la sabia y serena presencia de Richard Blair, un inglés que llegó a Bogotá a comienzos de los 90, y echó raíces más profundas que las de muchos de nosotros. Acá todo el mundo se volvió loco porque había llegado un tipo que trabajaba para Peter Gabriel.

Blair metió sus manos en el sonido de Totó La Momposina, en las canciones de Aterciopelados, en La Derecha, en La tierra del olvido de Carlos Vives, en Sidestepper y en el Bloque de Búsqueda, para mencionar solo algunos ejemplos que deberían dejar claro de quién estamos hablando.

En los años más recientes ha trabajado con Superlitio, con la española Cristina La Mar, y con el dominicano Vicente García. Sigue yendo y viniendo, moviéndose entre Londres y Bogotá; inspirando y respirando música con la pasión tranquila de quien no necesita demostrarle nada a nadie.

Ha aceptado nuestra invitación para hablar de los álbumes que han marcado su vida, y estas son sus palabras, las palabras de un veterano que todavía tiene muchos discos por entregarnos:


“Son pocos los discos que duran para toda la vida. Los gustos cambian, pero el disco no. Hay discos que amaba en ese entonces, pero ahora no los soporto. Siendo honesto, algunos de esta lista no los oigo seguido, o nunca, pero tuvieron un impacto tan fuerte que dejaron una huella permanente.

Hay otros pocos que llevo para toda la vida, nunca he dejado de oirlos. Todavía suenan bien, siguen transmitiendo su poder. Lo que sí es cierto es que cada uno de estos discos representa otros, los que no caben en una lista corta, ¡los otros 100!”

Howlin´ Wolf
Howlin´ Wolf (Chess) 1957-1962 Recordings
1962

“Como muchos pelados del momento, llegué a los blueseros originales por los rockstars ingleses que los nombraban con tanta reverencia. Los mismos rockstars que empezaron sus carreras con amor genuino por esta música. Siempre me gustó más el rhythm que el blues, y los grooves en este disco son tremendos, hechos por una banda que nadie puede pulir.

Tiene un sonido rudo, sucio. La voz de Howlin’ Wolf domina la pista totalmente, tomando control de una manera que logran pocos cantantes. Desde entonces, y sin pensarlo, he comparado a todos los vocalistas con este man. Tiene algo verdadero en su voz y sale sin barniz.

Al final de los años 70, cuando estaba oyendo esto, vivíamos en plena ola punk, post punk y tales, pero al lado de Howlin’ Wolf esos jóvenes punkeros sonaban como niños cansones, llenos de furia inútil. Él sonaba como un hombre más allá de la rabia, ¡el sufrimiento no lo había vencido!”

Van Morrison
Astral Weeks
1968

“Grande, atrevido y místico, lo más romántico que había oído. Hay discos que suenan como el goce de ser joven, pero pocos que evocan la profunda vulnerabilidad, el poder abrumador de sentir todo sin entender nada, estando abierto a todo lo que la vida puede traer; ¡magnífico y aterrador!

Morrison canta con una pasión imparable, con un poder del más allá, y uno lo siente. Se siente tal cual como es; joven y enamorado, tomando whisky en el frío del otoño, con las hojas cayendo de los árboles, la luz tenue a las cinco de la tarde, y la chimenea prendida en el pub. Música para los sensibles y callados, los que anhelaban la poesía de las tierras celtas”.

Nick Drake
Pink Moon
1972

“El tema ‘Place to Be’ arranca así: ‘Cuando era joven, más joven que antes…’. Soy el mismo ser, y el disco se volvió parte de mí, imposible separar el sonido que escucho ahora del efecto que tenía cuando lo oí por primera vez. Meditativo, calmante, y no solo implica un plano espiritual, viene de ahí. Aunque murió a los 26, su música suena como la obra de un maestro realizado.

Todavía hay letras que nadie entiende…¿qué es lo que dice ahi ? ¿Quién sabe?, pero es parte del misterio, es intencional, diría yo. Está comunicando tanto con la guitarra, que tal vez quería sonidos más que palabras. Son letras increíbles de todos modos, aunque él suena como si estuviera apenado de cantarlas, algo que solo empodera más su música. Viene de la humildad y una sensibilidad inmensa”.

David Byrne & Brian Eno
My Life in the Bush of Ghosts
1981

“Este disco tuvo una influencia muy grande en mí. Todas los viejos paradigmas están ausentes; no tiene estrofas ni coros, ni una voz líder convencional. Los licks, los hooks, todas las técnicas del pop music están al servicio de algo mucho más raro: una atmósfera rarisima.

La libertad de pensar que la música es sonido, que se puede hacer música a partir del sonido que se quiera, ya sea una melodía arabe o la voz de un predicador gringo, liberado de su contexto original y usado para invocar un mundo jamás escuchado.

Este es el sonido como materia sónica cruda para la maquinaria del estudio. Proto world music y sampling antes del hecho. ¡Además, el disco es super groovy, y tiene unos beats bien exóticos!”

Linton Kwesi Johnson
LKJ in Dub
1980

“Algo permanente en la tornamesa. Poesía dub. La música es sensual y fluye como el agua, pero es el sonido del disco lo que más me impresiona. Tiene una textura masticable, tangible y perfectamente orgánica. A veces suena como agua o madera, como un jardín salvaje, natural y poco arreglado; apenas se percibe la mano humana en su diseño. Oí mucho dub reggae, pero esto es la tapa, ¡y la lista es larga!

Sabía que el poeta Linton Kwesi Johnson era londinense, pero pasé 20 años asumiendo que el disco era jamaiquino. Resulta que lo hicieron en Londres, y sí escucho las diferencias. Suena un poco más pulido que el lo-fi de Lee Perry o King Tubby. Sobre todo, se siente que en Londres estaban liberados de lo que había vuelto formulaico durante los 70 en Jamaica; usaron el lenguaje del dub en nuevas formas.

Linton Kwesi Johnson está casi ausente, porque es un disco de dub, pero las palabras que hay son claves. Lo conocí años después en un festival en Singapur. Un caballero. Tomamos Guinness y fumamos tabaco de liar. Un man con una inteligencia feroz, y eso no estaba en venta, era un rebelde, un difícil, un líder que sabía usar el poder de la palabra”.

Ini Kamoze
Ini Kamoze
1984

“Espacioso, grande y minimalista, con las notas apenas suficientes para mantener el beat. Como el ‘Natural Mystic’ de Bob Marley, fluyendo por el aire, los músicos están tocando unas pocas notas por debajo del silencio.

Las melodías de la voz son tremendas, y Kamoze es un gran cantante. Pero otra vez, es el sonido del disco lo que me fascinaba (el comienzo del peso y la claridad de la época digital) pero tocado todavía por los mejores músicos; Sly & Robbie en la batería y el bajo; en los controles Paul ‘Groucho’ Smykle, un mago inglés que creó un sonido super influyente con este disco y sobre todo, los de Black Uhuru.

Suena como una playa virgen, con la arena y cielo, el pulso del verde atrás, los grillos, el calor y el espacio que no requiere nada más”.

Massive Attack
Blue Lines
1991

“Este disco, y ellos, fueron la cosa más cool de entonces. Más hip que los hipsters. Un cool sin esfuerzo, bastante relajado, sin interés en la fama ni la plata. Una actitud muy de Bristol. Suena como la melancolía ahumada, como el té y la bareta, como un parche de cielo gris.

Eran años de muchos cambios. La música estaba saliendo de las manos de los músicos a los deejays y productores, los que tenían oído para lo que sonaba bien, los estilistas musicales. Si los punks mostraban que el virtuosismo no era un requisito para hacer un disco, ahora no era necesario ni siquiera tocar un instrumento, ni siquiera tres acordes.

Esta banda no era una banda, sino un DJ, un grafitero y un beatmaker. Todos raperos, en la manera Bristol, bastante relajada. No era una banda, sino una idea, expresada por un combo suelto, cuajado por los mismos gustos, por el amor de una caja de discos llena de reggae, funk, soul y hip-hop neoyorquino.

Massive Attack no tenía una voz líder permanente, tenía cantantes invitados, como el featuring antes del hecho. Eran pioneros en todo sentido. Abrieron camino a mucho joven productor aspirante; nos dieron permiso de

pensar como artistas. De pronto sin Massive Attack no hubiera empezado Sidestepper”.

Totó La Momposina
Pacantó
1999

“Tal vez va en contra de la reglas incluir este disco (yo fui el ingeniero) pero sin Totó no hubiera ni siquiera venido a Colombia, mucho menos pasar 30 años acá. Ella es mi maestra, y no puedo dejarla fuera.

Hace años estaba de DJ en un evento en Barranquilla, al aire libre en una plaza que se volvió pista de baile. Puse de todo esa noche, pero ‘El porro mangueleño’ tuvo un efecto increíble. Sonó más grande y más potente que cualquier otro disco. Era como la bajada de los ancestros… estaba asombrado, sentía escalofríos, y sentía su presencia.

Siento que el espíritu de la cumbia es elusivo, ella no se deja captar fácilmente. Para mí los mejores momentos pasaban en la parranda o en el patio, sin micrófono o parlantes, pero esa noche pasó algo místico. Todo el espíritu libre y suelto de la cumbia había sobrevivido el artificio del estudio, los cables y los equipos…y sonaba intacto, rudo, poderosísimo. Totó era el canal”.

Johnny Pacheco y su Charanga
Que suena la flauta Vol. III
1962

“Estamos entrando ahora a la vida nocturna del DJ, subiendo a la oficina de la rumba, en el turno donde no escuchamos discos enteros, sino el único tema del álbum que realmente sirve pa’ la pista de baile. El resto del disco se olvida. Escogí este álbum por uno de esos temas, ‘Acuyeye’, uno de los mejores dance records jamás hechos, en mi opinión. Ligero y poderoso, ágil, el groove super apretado, pero elegante, moderno y minimalista. Un goce. Diversión sin pretensiones. Dos minutos y 30 segundos.

En 1962, cuando hicieron este disco, estaban presentes todos los elementos que definieron la salsa en los años que siguieron; antes de que los músicos sintieran la necesidad de hacer arreglos cada vez más complicados, antes de que se volviera una fórmula cansada. Acá hay un tumbao, una melodía, letra, y fuera. Como el rock & roll de Little Richard comparado con el exceso de Led Zeppelin”.

Granmoun Lélé
Soleye
1995

“Puro groove. Tambores y voces de los mejores; lo escuché con mi novia todos los días durante un año. Nos encantaban los beats, muchos en 6/8, elásticos pero sólidos. Un baile full apretado, fluido y potente. Pero creo que lo que realmente nos enamoraba eran las voces. El Granmoun, como taita o mamo, tengo entendido, tiene una voz muy especial, con un rumor de raspa, de nieque, pero el man baila con esa voz de una manera impresionante. Las coristas responden igual, una octava más alta, en todo sentido. Con melodías que no había escuchado nunca y jamás he vuelto a oír. Líneas largas, la mayoría en unísono con unas pocas notas armonizadas al final de la frase, una técnica super efectiva.

La música se llama maloya, de La Réunion en el Océano Índico, cerca de Madagascar. Hay una teoría sobre la biodiversidad de islas; que suele producir variedad única, diferente a la que se encuentra en un continente. Creo que en la música pasa algo parecido. No solo las melodías, los grooves también son raros, distintos. El disco es una belleza.

UN DISCO MÍO QUE ME TRAJO HASTA AQUÍ:

Sidestepper
3AM In Beats We Trust
2003

“Todas las órbitas coincidieron en el momento justo. Ivan Benavides, yo, los cantantes Janio Coronado y Ronald Infante, el cubano, la disquera Palm Pictures dispuesta invertir en el proceso… todos los personajes se alinearon en el tiempo. Un equipo grande haciendo música que sonaba como el momento, pero un poquito anticipado.

Quería intentar una cumbia con un sonido moderno, explorando los lazos con sus primos hermanos caribeños, sobre todo el dancehall Jamaiquino. Ivan escribió una letra que habló de Colombia con un tono perfecto:‘Más papaya’ fue el resultado. Hicimos un buen dance record, el tema pa’ los deejays.

Logré el sonido y la vibra que realmente venía buscando en los temas ‘Dame tu querer’ y ‘Aunque me duele la vida’. ‘Deja’ es otro. Música para los rumberos después de la rumba. La hora del espacio y la calma después de soltar todo. Un sonido cálido, lleno del anhelo latino, filtrado por la distancia londinense, por la mirada modernista”.

RICHARD BLAIR

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