El Madrileño: C. Tangana miró a la raíz para redefinir el futuro de la música

A cinco años de su lanzamiento, recordamos el álbum que demostró que celebrar la tradición no es mirar al pasado, sino proyectarse hacia el futuro con mayor profundidad

En los últimos años, se ha vuelto cada vez más común ver a los artistas más influyentes del mundo alejarse, aunque sea momentáneamente, de los sonidos que los llevaron al centro del mainstream para mirar hacia adentro y reconectar con sus raíces musicales. Álbumes como Debí tirar más fotos (Bad Bunny, 2025) y La vida era más corta (Milo J, 2025) lograron traducir identidades locales y ritmos tradicionales a lenguajes contemporáneos, combinando memoria cultural y producción moderna. 

Sin embargo, antes de que esta tendencia se instalara en los nombres más visibles de la industria, hubo quien decidió ir a contracorriente para construir un proyecto profundamente identitario y el que es sin duda uno de los mejores álbumes del siglo: C. Tangana con El Madrileño. “Por lo menos en España ha sido uno de los discos más importantes del siglo, de los que más ha calado social, artística e incluso comercialmente. Es algo bastante irrepetible”, explica a ROLLING STONE en Español Cristian Quirante Catalán, más conocido como Alizzz, productor del material. 

Este disco es un recorrido de 14 canciones en el que “Pucho” guía al oyente por distintos paisajes de la tradición musical española, incorporando también ritmos latinoamericanos que, lejos de sentirse ajenos, complementan y enriquecen una propuesta profundamente anclada en la cultura madrileña. Sin embargo, este viaje no puede comprenderse del todo sin mirar los inicios del artista en el underground urbano español, un punto de partida que hace aún más significativa su posterior reinvención.

Antón Álvarez Alfaro, hoy mejor conocido como C. Tangana, nació en Madrid en 1990, y creció bajo influencias urbanas especialmente de Estados Unidos, comenzando su carrera musical muy joven en el mundo del rap underground de la capital española bajo el seudónimo “Crema”, tratando de dar esa imagen de chico rebelde y callejero. Fue a mediados de la década de los 2000 cuando empezó a circular freestyles y demos por internet, lo que le dio sus primeros reconocimientos entre los aficionados al hip-hop. En 2005 lanzó un EP llamado Él Es Crema y más material independiente, explorando ritmos urbanos tradicionales que eran populares en esa escena emergente.

En 2008 nace Agorazein, un proyecto junto a artistas como Sticky M.A. y I-Ace, y el madrileño seguiría explorando más ese mundo, pero sin estar conforme del todo con esa propuesta. Es así que en 2011 decide dejar atrás su identidad como Crema, marcando su renacer artístico como C. Tangana. En esta etapa, “Pucho” abandonaría el tema de los códigos y la calle para centrarse en una visión más ambiciosa de la vida, con canciones marcadas por una actitud provocadora y conscientemente excesiva acompañando un discurso de éxito, lujo y dinero que lo alejaba del rap ortodoxo del que provenía, pero que respondía a una necesidad clara de evolución. 

Tras varios lanzamientos que consolidaron su personaje, el verdadero punto de quiebre llegó en 2016 con ‘Antes de morirme’ junto a Rosalía, un tema que lo colocó en el radar del mainstream español y sembró la semilla de un sonido híbrido y experimental. Al año siguiente firmó con Sony Music, los medios comenzaron a tomarlo en serio y ‘Mala mujer’ se convirtió en un éxito masivo que dejó claro que su música ya no estaba limitada al rap, sino que podía dialogar con el pop, el reggaetón o el trap, pero sin perder la identidad que hasta ese momento había construido.  

Álbumes como Ídolo y Avida Dollars profundizaron esa transición hacia una estética que tenía al ego como pieza central, sin embargo, el verdadero momento clave apareció con  ‘Un Veneno’, junto a Niño de Elche. Esta canción significaría el primer paso del cantante en su exploración por la música tradicional de su país. Durante años, entre referencias a la cultura popular, la religión y las costumbres españolas, y una fascinación paralela por los ritmos caribeños y latinoamericanos, su obra fue ampliando su horizonte. Todo ese recorrido, en realidad, fue el abrebocas para el proyecto que estaba destinado a sintetizarlo todo: El Madrileño.

Estrenado el 26 de febrero de 2021, llegó en medio de la incertidumbre. El mismo cantante cuenta que el punto de partida fue ‘Un Veneno’, la canción en la que descubrió que podía hacer música más orgánica y mezclar su lenguaje urbano con sonoridades tradicionales sin perder identidad. Ese hallazgo se reforzó con el éxito de ‘Nunca Estoy’, su primer número uno en España, que terminó de despejar cualquier duda: el camino no estaba en un disco urbano convencional, sino en un proyecto más personal y arriesgado. Lo que inicialmente iba a ser un álbum de rap, R&B y reggaetón quedó relegado, y El Madrileño pasó a ocupar el centro absoluto de su atención.

Tras el éxito del álbum llegó una larga gira, en la que el cantautor madrileño Pablopablo participó como parte del equipo. “De las cosas que más aprendí de estar en la gira con él fue la ética de trabajo, es muy inspiradora y motivacional”, explica. “Se trató de no ignorar y perseguir todas las paranoias que tengas, creo que así trabaja “Pucho”, se lanza en todas las direcciones que le surjan y eso es muy positivo, es muy inspirador”. 

Ese compromiso con una idea de la música más orgánica y colectiva también se hizo visible fuera de la gira. Un ejemplo de esto fue la actuación de Tangana en la ceremonia de los Premios Goya 2022, donde se rodeó de una amplia formación de músicos en directo. Allí coincidió con Rita Payés, cantautora y trombonista catalana. “Para mí fue todo un halago trabajar con él porque, la verdad, en el momento en el que pasó todo eso yo a ‘Pucho’ no lo conocía porque nunca había tocado con su música”, explica en entrevista con ROLLING STONE en Español. 

“Después, cuando fui a tocar con él, me quedé flipada de lo maravilloso que es que haya gente que siga queriendo la música. Con ‘Pucho’ tengo mucho esa sensación de que realmente lo que le gusta es la música, y lo ha demostrado llevando a 30 músicos encima del escenario pudiendo ir él solo con DJ. En ese sentido lo admiro mucho, creo que realmente es una persona que se lo quiere y que lo cuida, y me gusta ver eso en gente que tiene tales volúmenes de público. Me da esperanza”, concluye la artista.

El disco nos da la bienvenida con ‘Demasiadas mujeres’, un tema cargado de referencias visuales y líricas que deja claro desde el inicio cuál será el rumbo del proyecto. En la introducción se escucha música propia de las procesiones católicas españolas, mientras se muestra un pequeño pueblo donde tiene lugar lo que parece ser una marcha fúnebre. Las mujeres tiñen sus ropas de negro y se preparan para un entierro cristiano, una imagen que funciona como metáfora de la muerte de la etapa anterior de Tangana y el nacimiento de una nueva.

La canción retrata la incapacidad de “Puchito” para construir relaciones duraderas, marcada por el miedo a amar demasiado. Él sabe que es capaz de querer bien —ese famoso “querer bonito”—, pero el temor termina ahogándolo y lo empuja a vínculos pasajeros que no le aportan nada. “No he olvidado el olor de la que me follé / En el baño de un garito, borracho en Berlín / Escuchando un techno que me hacía empujarla como un animal / Música del infierno que sonará el día de mi funeral / Aún me acuerdo de ti” canta, desarrollando el tema entre recuerdos difusos, excesos y noches huecas, transmitiendo el intento constante de llenar un vacío que persiste, mientras la sombra de un amor que dejó escapar sigue presente. En medio del ego y la superficialidad que rodean su vida, el videoclip combina símbolos tradicionales con una estética contemporánea, funcionando como el comienzo perfecto para lo que será el resto del álbum.

Una progresión de acordes en mi menor (Em) nos introduce a ‘Tú me dejaste de querer’, estableciendo desde el inicio un clima melancólico que atraviesa toda la pieza. Decir que es simplemente una rumba fusionada con bachata sería reducirla injustamente, ya que la canción también dialoga con el pop contemporáneo y con giros propios del flamenco, construyendo un híbrido que suena tan orgánico como moderno. 

El tema funciona como una continuación emocional del anterior, profundizando en el sentimiento de abandono y la herida abierta que deja una ruptura, algo que se condensa en versos como “tú me dejaste de querer cuando te necesitaba / Cuando más falta hacía, tú me diste la espalda”. La guitarra de Niño de Elche y la voz de La Húngara acompañan perfectamente a Antón, aportando una carga expresiva que remite a la tradición y al cante popular, mientras los sintetizadores y los drums mantienen el pulso contemporáneo. Esa tensión entre lo íntimo y lo expansivo, entre lo folclórico y lo urbano, es precisamente lo que convierte a la canción en uno de los puntos centrales del álbum y una de las que mejor representa el concepto del proyecto.

‘Comerte entera’ introduce a la sensualidad y el deseo, pero también esos ritmos latinos y caribeños en plenitud. Juntando bossa nova y funk brasileño, la canción es una oda al cuerpo femenino, y a la obsesión del cantante por este, bailando entre lo explícito y lo romántico, y añadiendo un poco de celos a la ecuación. El coro, donde se escucha el famoso “Essa mina é um perigo” (esa chica es un peligro), es un sample del tema ‘Daniella puxa o bonde’ de la cantante MC Novinha, reforzando no sólo el vínculo con la cultura musical brasileña, sino también la idea de un deseo que se vive desde el exceso y la advertencia. 

‘Nunca estoy’, en contraste, es un tema narrado desde una perspectiva femenina, o femeninas, ya que se alude a diferentes mujeres a lo largo de la canción. “No me has llama’o / Van dos semanas fuera / Todo lo que sé / De ti es lo que sale en las redes si escribo tu nombre” reza C. Tangana, poniéndose en la piel de su madre, demostrando que esta vida de fama y lujos ya no le da tiempo para estar con quienes quiere. Súbitamente cambiamos al papel de lo que parece ser una pareja, quien le reclama diciendo “Y otra vez soy una imbécil esperando a su hombre”, rematando con un coro que sentencia: “Cómo quieres que te quiera / Si no estás aquí“. La letra vuelve sobre la tendencia a alejar a quienes aman por miedo a no estar a la altura y al compromiso, optando por el silencio —llamadas y mensajes ignorados— como mecanismo para evitar enfrentar esas fracturas emocionales, todo mientras el Funk vuelve a ser protagonista.

‘Párteme la cara’, de la mano de Ed Maverick, nos sitúa de lleno en el momento posterior a una ruptura. “El resto de cosas que importan se fueron contigo” canta “Pucho”, mientras le suplica a su ahora exnovia que es preferible que le mienta con la promesa de quererlo antes de dejarlo. Musicalmente, la canción se sostiene sobre una base minimalista, dominada por guitarras acústicas y una percusión apenas insinuada, que deja espacio para que las voces carguen con todo el peso emocional. Maverick complementa ese sentimiento con su timbre de voz tan melancólico: “Mejor no me digas nada / Ya no quiero más palabras / Acuérdate bien de que me tienes / Cuando quieras, ven, acá no pasó nada“.  

Luego llega ‘Ingobernable’, una de las piezas más completas del álbum. Entre rumba catalana, flamenco y pop, Puchito canta sobre una mujer que, como anuncia el título, es imposible de dominar. Con ella no basta ser un buen hombre, dedicarle canciones ni recurrir a gestos cursis con la intención de enamorarla, y esa impotencia termina por frustrar a “Pucho”: “Ni una escalera para poder alcanzarte / Ni una pistola para poder gobernarte”. La inclusión de Gipsy Kings en los coros aporta un peso tradicional y autóctono que define el carácter de la canción, mientras que el uso del autotune mantiene el vínculo con una estética contemporánea. Por momentos, la instrumentación se reduce casi por completo a una guitarra con rasgueo de rumba, reforzando su raíz popular. El videoclip amplía el sentido de la letra al mostrar a Antón en una cena aparentemente familiar, rodeado de mujeres —entre ellas su madre—, extendiendo el conflicto más allá del deseo romántico y llevándolo al terreno de las expectativas familiares y la imposibilidad de cumplirlas todas a la vez.

‘Nominao’, Junto a Jorge Drexler, es una de las canciones más irónicas del álbum. A primera escucha puede parecer un tema ligero y sobrio, acompañado solamente por una guitarra y percusión, pero en el fondo funciona como una crítica al éxito, a la validación pública y a la obsesión por el reconocimiento. C. Tangana canta desde el lugar del artista que lo tiene todo, pero que sigue sintiéndose insuficiente si no es celebrado constantemente. La letra gira en torno a la ansiedad por estar siempre “nominado”, por figurar, por no desaparecer del radar, y expone cómo el triunfo también puede convertirse en una carga. 

‘Un Veneno (G‑Mix)’ funciona como una relectura más densa y ceremonial de la versión original, ampliando su carga emocional y simbólica. Si ‘Un Veneno’ ya había marcado un giro hacia lo orgánico y lo tradicional, el G-Mix profundiza ese camino al incorporar nuevas capas sonoras y voces que refuerzan su carácter atemporal. Esta puede ser la canción donde el ego se hace más presente que nunca, teniendo la ambición por ser el mejor como una toxina que se adentra en el alma y pudre todo desde adentro, mientras las demás personas solo miran: “Es un veneno que llevo dentro / En la sangre metido / Que va a hacer que me mate / Sin que me hayas siquiera querido“. La participación de José Feliciano en los coros añade un peso casi clásico, cercano al bolero y a la canción latinoamericana de raíz, mientras que Niño de Elche mantiene el dramatismo desde un registro más áspero y expresivo. 

‘Te olvidaste’, junto a Omar Apollo, es quizá el retrato más íntimo —pero también el más contradictorio— de todo el álbum. Antón recuerda una relación pasada en la que ella intentó cambiar sus malos hábitos, hacerlo mejor y sostenerlo emocionalmente, mientras él, atrapado en su ego y su ambición, fue incapaz de dimensionar el impacto de sus actitudes. La canción expone ese desequilibrio con crudeza: ella insiste, cuida y espera; él avanza sin mirar atrás. Cuando finalmente decide marcharse, “Pucho” comprende demasiado tarde cuánto amor había recibido y cuánto había ignorado. El dolor de esa pérdida no lo conduce a la reflexión inmediata, sino que lo empuja aún más hacia ese mismo mundo de excesos y distancia que, desde el inicio, había provocado la ruptura, no sin antes reclamarle con un “Te olvidaste de quien te enamoraste”.

La segunda parte de la canción nos sitúa de lleno en esa inmersión en la oscuridad, mostrando al protagonista como un ególatra narcisista, atrapado en un mundo material hecho de fiesta y excesos (“Siempre listo pa’ la gresca / Siempre en farra, siempre en fiesta”). Aquí aparece un personaje incapaz de asimilar la crítica, que monta un escenario mental en el que todos hablan mal de él y lo envidian, utilizando esa narrativa como un mecanismo de defensa frente a una ruptura que, al parecer, aún no logra superar. La paranoia y la soberbia se entrelazan en versos como “Si mi vida les molesta / Al salir cierren la puerta / Que aquí nadie le ha invitado / No me interesa lo que piensan / Y que se mueran todos los hijos de puta / Que están hablando a mis espaldas para que caiga”, dejando al descubierto cómo el ego funciona como refugio, pero también como prisión.

‘Muriendo de envidia’ es un bolero romántico acompañado por la voz de Eliades Ochoa. A través del flamenco y de la música tradicional cubana, el álbum se aparta momentáneamente del ego y la ambición para situarse en un terreno mucho más íntimo, donde Tangana parece demostrar que sí es capaz de amar de verdad. Ochoa abre el tema evocando a la mujer más hermosa que puede existir, reinterpretando la canción ‘Lola’: “Se están muriendo de envidia / Las flores, las estrellas y la mar bella / Porque Dios te hizo, Lola / Más bonita que a todas ellas”.

Esta parte da paso a Antón, quien alejado del narcisismo canta “Si un día Dios me arrebata to’ lo que hasta ahora me ha regala’o / Nada me va a importar / Mientras tú despiertes aquí a mi la’o”, dejando claro que el amor —y no el éxito, el dinero o la validación externa— es el único refugio real frente a la pérdida y la incertidumbre, situando a la pareja como el centro absoluto de su mundo, todo en medio de un cambio de ritmo donde el flamenco se lleva todas las luces, desatando una fiesta total dentro del tramo final del álbum.

‘CAMBIA!’ completa ese cambio de paradigma dentro del álbum, donde C. Tangana junto a Carín León y Adriel Favela cuestionan el machismo en el que los hombres son criados, todo por medio de un corrido mexicano, un género históricamente ligado a ideales de masculinidad basados en el dinero, el poder, la dureza y la virilidad como únicas vías para obtener respeto. Tangana reconoce haber crecido bajo esa lógica —“Crecí pensando que solo el billete me daría mi respeto / Que un hombre que no tiene pa’ gastar / No es un hombre, solo un muñeco”— y haber construido su carrera desde ahí, solo para descubrir que, incluso tras alcanzar el éxito, la satisfacción nunca llegó.

En ese sentido, las colaboraciones con León y Favela refuerzan el mensaje. Ambos provienen de un género atravesado por relatos de hombres “valientes” que lo consiguen todo mediante la violencia o la ostentación. Así, el tema dialoga con ese imaginario para exponer su contradicción central, en la que al hombre se le enseña a no ser sensible, a endurecerse, pero cuando encarna ese modelo termina siendo igualmente señalado.

“En ‘CAMBIA!’, cada quien habla de algo muy suyo, muy propio y arraigado a su cultura”, explica Adriel. “Lograr que eso pase, que otras culturas lo entiendan y que ya se quite ese rollo de ‘eres español’, ‘eres mexicano’, ‘eres colombiano’, que simplemente concuerden con un ideal o concuerden con una manera de pensar en apoyo y energía positiva, no tiene precio, definitivamente es un antes y un después. Nos abrió el panorama por completo”, concluye. 

Carín coincide, diciendo que “hay un antes y un después de la música, por lo menos para mí que soy súper fan de ‘Pucho’. La neta creo que fue como un mensaje divino”, cuenta. “Cuando me manda mensaje ‘Pucho’ y me envió la rola dije ‘verga, no mames. qué es esto, vamos a ver qué pasa’. Hicimos la rola y cuando escuché el disco completo salí totalmente enamorado de la obra de arte que se aventó Puchito”, explica el cantante sobre cómo llegó al proyecto y lo que le generó. 

‘Cuando olvidaré’ no solo es la pieza más lenta de El Madrileño, sino también una de las más experimentales. “Pucho” construye la canción como un collage emocional donde dialogan distintas tradiciones de la música hispana: hay ecos del tango ‘Nostalgia’, guiños a la bulería ‘Pasan los días’ y referencias a sonoridades clásicas que refuerzan la angustia del abandono. No son simples citas estéticas, sino que funcionan como espejos del propio estado del protagonista, que se siente devastado, orgulloso pero herido, atrapado en la idea de que su expareja ya puede estar con otro.

La canción también juega con contrastes culturales. En medio de esta reivindicación de lo hispano aparece un sutil guiño —casi irónico— a la canción ‘Slide’, de H.E.R, utilizada como textura vocal de fondo. Ese detalle cobra sentido cuando irrumpe el interludio con la voz de Pepe Blanco, donde el artista defendía la autenticidad de la música española frente a la anglosajona: “Un inglés no puede cantar un fandango ni una jota ni un pasodoble…”.

La penúltima canción del álbum, ‘Los tontos’ es toda una declaración de intenciones en la que Tangana se une a Kiko Veneno. Musicalmente, la canción se apoya en una estética flamenca, pero sin ceñirse a un palo tradicional. La guitarra,  y el fraseo vocal remiten al flamenco más íntimo y confesional, mientras que la producción es sobria y contemporánea. No hay exceso de arreglos y todo está pensado para que la voz y el sentimiento lleven el peso del tema.

 En cuanto a lo lírico, la letra responde a una relación en la que ambos, Anton y Veneno, han sido tomados por tontos, como dice el título del tema. Ser buenos y amables solo ha servido para que los vean como serviles y útiles a intereses ajenos: “Tú te has creío’ que por ser yo bueno / Puedes ir pisando por donde friego”. Ahora se rebelan desde el hartazgo y la dignidad recuperada, marcando un límite claro: “Porque te advierto que me he cansa’o / Que hasta los tontos tenemos tope / Y esta vez voy a acertar aunque sea de rebote”. Para muchos, ‘Los tontos’ sintetiza toda la esencia del proyecto, con elementos tradicionales y contemporáneos conviviendo en un solo espacio, logrando uno de los temas favoritos de los fans y una de las confesiones más honestas y humanas de todo el álbum, donde la vulnerabilidad se transforma en aprendizaje y límite.

El último tema, ‘Hong Kong’, es la conclusión perfecta para todo el viaje por el que C. Tangana nos ha llevado. “Pucho” cambia el sonido radicalmente, moviéndose hacia el rock con guitarras eléctricas muy presentes y hasta por momentos, protagonistas. Además funciona como un epílogo caótico, donde la euforia y el desenfreno aparecen no tanto como celebración, sino como último refugio. En colaboración con Andrés Calamaro, el tema nos sumerge en una noche interminable de excesos, lujo y estímulos constantes, un espacio donde las reglas parecen no existir y todo es posible, al menos por unas horas.

Desde el arranque, frases como “Lo que no hay en Hong Kong es que no existe” construyen un imaginario de omnipotencia y abundancia, casi fantasioso, donde el deseo se satisface de inmediato. La anécdota de salir por tabaco y volver sin él, pero cargado de vivencias extremas, refuerza esa lógica de pérdida del control. Estribillos como “Tengo una flor en el culo y un camello en Hong Kong”, mezclan humor en exceso y arrogancia. La “flor” remite a la suerte desmedida, mientras que el resto de imágenes refuerzan un mundo donde todo está al alcance: drogas, viajes, cuerpos, emociones intensas. Las referencias a lugares y símbolos exóticos no buscan realismo, sino exagerar esa sensación de irrealidad y desconexión emocional.

Líneas como “Hagamos que parezca un accidente” o “Espero que esto dure para siempre” dejan entrever que detrás del hedonismo hay conciencia del vacío y del final inevitable. No se trata solo de disfrutar, sino de retrasar el momento en que haya que mirar de frente las consecuencias. El videoclip de la canción acompaña perfectamente esa narrativa, en la que vemos a ambos cantantes compartiendo una de esas noches locas en las que en la mañana todo lo que se vivió se ve borroso.

El Madrileño no es solo un ejercicio de fusión sonora, sino un relato coherente sobre identidad, ego, amor y pérdida. A lo largo del álbum, C. Tangana se expone sin atajos, cuestionando la masculinidad aprendida, el éxito como medida de valor y la incapacidad emocional que deja a su paso. Cada canción funciona como una escena distinta de un mismo viaje, donde lo tradicional no aparece como nostalgia, sino como un lenguaje vivo capaz de dialogar con el presente.

“Estoy muy orgulloso de ese proyecto”, cuenta Antón. “No va a ser fácil alejarme de él porque realmente captura mucho quien soy. Creo que todos los artistas, cuando sacan algo nuevo, tratan de renovar; es como lo que tienes que hacer con el DNI o con el pasaporte, tienes que actualizar quien eres”, explica. 

“Estoy muy contento con El Madrileño. Creo que los mejores proyectos son cuando alguien consigue hacer algo que durante 10 años puede estar diciendo, ‘Vale, esto me sigue representando’, y este álbum es ese tipo de proyecto. Podría dejar la música, quedarme con este disco, y estaría a gusto”, concluye “Pucho”. 

Su impacto va más allá de lo artístico. El disco abrió una puerta que hoy muchos atraviesan, que es el demostrar que mirar hacia las raíces no es retroceder, sino avanzar con mayor profundidad. Al llevar sonidos locales al centro del mainstream sin folclorizar ni diluir su peso cultural, El Madrileño redefinió las reglas del juego y dejó claro que la identidad —cuando se asume con honestidad— puede convertirse en la fuerza creativa más revolucionaria de la industria musical contemporánea.

GABRIEL CAVALLO Y PABLO MONROY

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