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Crítica: The Beach Boys

El estupendo documental sobre la leyenda del surf rock apelará tanto a los expertos como a los neófitos.

Frank Marshall, Thom Zimmy 

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Disney+

Los amantes del rock, aquellos que nos negamos a verlo morir y que tenemos la esperanza de que haga su regreso triunfal con una nueva banda que deje a todos con la boca abierta y los oídos atentos, estamos de plácemes gracias a los esfuerzos de la plataforma de streaming de Disney por dar a conocer las leyendas del rock a las nuevas generaciones con una serie de documentales magistrales. 

Primero tuvimos al gran Peter Jackson, la persona detrás de las seis películas de El señor de los anillos, entregándonos Get Back que, sin lugar a duda, es el documental definitivo sobre los Beatles. Ahora, Frank Marshall, el productor de The Last Waltz (1978) de Martin Scorsese, una de las mejores películas en concierto de todos los tiempos, nos entrega lo que viene a ser el documental definitivo sobre los Beach Boys, una de las bandas más icónicas y representativas del rock, conocidos por su distintivo sonido vocal armonioso y sus temáticas relacionadas con la vida en California, particularmente el surf, los autos y el romance juvenil. 

El documental nos cuenta cómo los Beach Boys se formaron en Hawthorne, California, en 1961, con la formación original que consistía en los hermanos Brian, Dennis y Carl Wilson, su primo Mike Love y su amigo Al Jardine. Desde el principio, la banda se caracterizó por sus armonías vocales complejas y las sofisticadas composiciones de Brian Wilson, quien se convirtió en el principal compositor y productor del grupo (la estrella del country Glen Campbell fue miembro durante un breve período). 

El primer sencillo de los Beach Boys, Surfin’, fue lanzado en 1961 y marcó el comienzo de su asociación con el surf rock, un género particularmente instrumental (Dick Dale, The Ventures, Duane Eddy) y que desde ese sencillo pasó a ser eminentemente vocal (¿dónde están Jan & Dean en este documental?). Sin embargo, su primer gran éxito llegó con Surfin’ Safari en 1962, seguido por éxitos como Surfin’ USA (con una clara influencia de Chuck Berry), Surfer Girl y Be True to Your School (donde se evidencia la influencia del folk universitario y especialmente de The Four Freshmen) y la archiconocida I Get Around. Estos temas ayudaron a consolidar y popularizar el sonido del surf rock y establecieron a los Beach Boys como los representantes principales de este género. Nada mal para una banda cuyos integrantes no sabían surfear (con la excepción del fallecido Dennis Wilson, un verdadero chico de la playa). 

A medida que avanzaron los años 60, Brian Wilson comenzó a alejarse del surf rock para explorar terrenos más complejos y experimentales. Esta evolución culminó en el álbum Pet Sounds (1966), un fracaso comercial comparado con los trabajos anteriores de la agrupación, pero que hoy en día es considerado como uno de los mejores álbumes de la historia del rock (que lo diga Paul McCartney, uno de sus más fervientes admiradores). Pet Sounds mostró ser una producción innovadora, con arreglos orquestales complejos y letras introspectivas. Temas como Wouldn’t It Be Nice, God Only Knows y el cover del tema tradicional Sloop John B (también grabado por la agrupación de folk universitaria The Kingston Trio, que ejerció gran influencia en los Beach Boys), reflejaron la madurez artística de la banda y la influencia de la música psicodélica de vanguardia.

Después de Pet Sounds, Brian Wilson se embarcó en el ambicioso proyecto Smile, un álbum que debía ser aún más innovador. Sin embargo, debido a problemas personales (abuso de sustancias y salud mental), así como la presión de la discográfica, el proyecto fue abandonado en 1967. Algunas de las canciones grabadas para Smile se lanzaron en álbumes posteriores como Smiley Smile (1967) y el proyecto completo fue finalmente terminado y lanzado por Brian Wilson como solista en 2004. De todas maneras, de esa etapa surge Good Vibrations, una de las canciones más hermosas y complejas en la historia del rock y quizás el mejor sencillo en toda la carrera de los Beach Boys.

A pesar de los desafíos, incluyendo la disminución de la participación de Brian Wilson en la agrupación debido a problemas de salud mental y abuso de sustancias, los Beach Boys continuaron teniendo éxitos durante los años 70. Canciones como Do It Again, Good Timiny Sail On, Sailor mantuvieron a la banda relevante. Además, su hermoso álbum Sunflower (1970) es a menudo considerado uno de sus trabajos más subestimados.

Nada es perfecto en este mundo y mucho menos en lo que respecta a los documentales sobre el rock. Get Back se centró en la grabación del último álbum de los Beatles y el documental de Marshall omite la sorprendente resurrección de los Beach Boys en la segunda mitad de los años ochenta (con temas como Come Go with Me, Getcha Back, la colaboración con la agrupación de rap The Fat Boys en Wipeout y ese número uno conocido como Kokomo). 

Pero lo cierto es que en este tipo de documentales lo que importa es explorar los procesos creativos de los artistas y dar respuesta a la pregunta que tanto los expertos como los neófitos nos hacemos a la hora de ver una película como esta: ¿Por qué se convirtieron en leyenda? Marshall y su codirector Thom Zinny (un hombre curtido en documentales sobre Bruce Springsteen) nos dan varias respuestas satisfactorias y nos muestran cómo el secreto de los Beach Boys estuvo siempre en el trabajo arduo y la búsqueda de las armonías perfectas. 

Asimismo, el documental no elude los aspectos oscuros en la historia de la agrupación, como la terrible conexión entre Dennis Wilson y Charles Manson (los Beach Boys grabaron una de sus canciones) y la explotación desmedida de Murry, el padre de los Wilson, quien fue su mánager durante muchos años y que terminaría vendiendo los derechos de sus canciones, por no hablar de los devastadores efectos psicológicos que ejerció sobre Brian motivados por la codicia y la envidia.

La peculiar asociación entre Disney y los Beach Boys se remonta al estupendo documental I Wasn’t Made For These Times (1995) dirigido por el músico y productor Don Was y centrado en el trabajo de producción obsesivo y meticuloso de Brian Wilson. Pero los antecedentes del documental de Marshall y Zinny los encontramos en el revelador The Beach Boys: An American Band (1985) de Malcolm Leo y Endless Harmony (1988), un elocuente trabajo de Alan Boyd (quien también dirigió un documental sobre la grabación de Star And Stripes Vol. 1, el vigésimo octavo álbum de la agrupación), así como el fabuloso episodio de la serie Classic Albums sobre la grabación de Pet Sounds (2016). Tampoco podemos olvidar la maravillosa cinta Love & Mercy, centrada en Brian Wilson y protagonizada por Paul Dano).  

Pero de todos los viajes a la playa, quizás este sea uno de los mejores.

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