Crítica: La vida es

La crisis de los cuarenta rara vez se retrata con tanta honestidad, humor y vulnerabilidad como en esta mirada femenina sobre los caminos que la vida toma cuando deja de seguir nuestros planes

Lorena Villarreal 

/ Natalia Plascencia, Naian González Norvind, Paulina García, Rubén Ochandiano, Geraldine Zinat, Lumi Cavazos, Fernando Ciangherotti

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Cinemex

A punto de cumplir cuarenta años, Nora (Natalia Plascencia) descubre que la adultez no se parece en nada a la versión que imaginó cuando era joven. Su relación sentimental atraviesa una crisis, el desempleo amenaza su estabilidad, los conflictos familiares siguen abiertos y el futuro parece más incierto que nunca. A partir de esa premisa, La vida es se convierte en una exploración de las expectativas incumplidas y de la necesidad de reconstruirse cuando los pilares que sostenían nuestra identidad comienzan a tambalearse.

El guion de Lorena Villarreal e Ian Martin parte de Que no se case Kelly, una historia original de Diana López y Alba Garza, para construir un retrato contemporáneo sobre las crisis afectivas, familiares y existenciales que acompañan la entrada a la madurez. La directora Villarreal (Silencio, Las lloronas), aborda estos temas desde una estructura fragmentada que salta constantemente entre presente y pasado. Los flashbacks, la ruptura ocasional de la cuarta pared y la división narrativa entre distintos personajes permiten observar una misma historia desde perspectivas complementarias. Lejos de sentirse dispersa, la película encuentra coherencia en las emociones de sus protagonistas, mujeres que intentan comprender quiénes son cuando dejan de definirse únicamente por sus relaciones, sus trabajos o sus responsabilidades.

Nora nunca aparece como una víctima de las circunstancias ni como una heroína ejemplar. Es una mujer contradictoria, impulsiva, vulnerable y profundamente humana. A su lado, Naian González Norvind aporta una sensibilidad distinta con Ely, un personaje que funciona como espejo emocional y contrapunto narrativo. La química entre ambas resulta fundamental para que la película encuentre autenticidad en sus momentos más íntimos.

La actriz chilena Paulina García (Gloria, Querido trópico), se adueña de cada escena en la piel de Greta, una figura cuya presencia atraviesa gran parte del relato. Más que un personaje secundario, representa una filosofía de vida que la película utiliza para reflexionar sobre la aceptación del dolor, la pérdida y la capacidad de seguir adelante incluso cuando las respuestas nunca llegan del todo.

Villarreal no reduce la experiencia femenina a un único conflicto. La película habla del amor romántico, pero también de la amistad, la maternidad, la sexualidad, la muerte, los vínculos familiares y la violencia que atraviesa la vida cotidiana de muchas mujeres mexicanas. Temas complejos que aparecen integrados de forma orgánica dentro de una narrativa que nunca pierde de vista a sus personajes.

La fotografía de Matías Goth aprovecha los paisajes de Baja California para construir imágenes luminosas que contrastan con la confusión emocional de los personajes. Las playas, los caminos abiertos y los espacios naturales funcionan como extensiones del viaje interior que experimenta Nora. La banda sonora de Jesse Voccia termina de reforzar esa mezcla de nostalgia, melancolía y esperanza que atraviesa toda la película.

Más que una historia sobre la crisis de la mediana edad, La vida es habla de la capacidad de aceptar que la vida rara vez ocurre como la planeamos. Lorena Villarreal encuentra belleza en ese caos cotidiano y construye una película profundamente empática con quienes alguna vez han sentido que llegaron a una etapa de su existencia sin las respuestas que esperaban encontrar.

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